30/10/09

La Sede de Las Cortes de Castilla y León

Las Cortes de Castilla y León tienen su sede en un moderno y funcional edificio situado en una de las áreas mas pujantes de Valladolid.

Ubicado al pie de la avenida de Salamanca, verdadero eje neurálgico de las comunicaciones de la ciudad, y abierto a ella a través de una amplia plaza de nueva ejecución que reorganiza el espacio urbano del Plan Parcial Villa del Prado, la nueva sede de las Cortes de Castilla y León, más allá de proporcionar unas instalaciones adecuadas y dignas para el ejercicio de las tareas parlamentarias, tiene la vocación de convertirse en uno de los edificios más representativos de la Comunidad Autónoma: el lugar donde se produce el debate político y la caja de resonancia de las inquietudes y expectativas de su dinámica sociedad, que renueva sus dotaciones urbanísticas y su imagen exterior, y simboliza con su acentuado carácter representativo la esencia democrática de la más destacada institución de la Comunidad, configurando, en definitiva, un edificio para las Cortes del Siglo XXI, que cubre sobradamente sus necesidades funcionales y ofrece al mismo tiempo la imagen más moderna y pujante posible de Castilla y León.

Principales características de la sede de las Cortes de Castilla y León

En su definición final, el edificio se compone de cuatro volúmenes y dispone de una superficie construida de casi 30.000 metros cuadrados.

El primer volumen, de planta rectangular, se integra por las plantas baja, primera y segunda. La fachada vista es de hormigón blanco, con unas dimensiones de 175 m de largo por 50 m de ancho. Este volumen se abre con una celosía abierta en su fachada oeste a los espacios destinados a oficinas. En su fachada sur se abre un gran hueco al que da el Salón de Recepciones y el despacho de Presidencia.

En la fachada este, bajo el Hemiciclo, se ha abierto un hueco hasta la planta primera, ofreciendo con ello condiciones de iluminación a la zona de entrada al salón de plenos. La altura de este volumen llega a los 14,50 m.

El segundo se corresponde con la biblioteca que, con franjas horizontales de protección de aluminio y vidrio, se abre hacia el plano inclinado de césped que recorta la perspectiva desde la Avenida de Salamanca.


El tercero se corresponde con el volumen del Hemiciclo, con planta de 26x26 m y altura de 13,30 m sobre la cubierta del volumen principal. Su fachada exterior se ha diseñado en vidrio serigrafiado utilizando imágenes digitalizadas de alabastro, con una interpretación de los arquitectos de color y volumen ofreciendo una imagen más cálida y que contrasta con el hormigón blanco sin caer en el mimetismo de la piedra. La luz penetra hacia el interior por una segunda piel de alabastro, y tamiza el recinto del Hemiciclo donde predominan las maderas nobles. Los juegos de luz resultan refrescantes y sorprendentes, contribuyendo de día y noche a una cambio en el paisaje urbano de la Avenida de Salamanca.


El cuarto es el volumen de vidrio con muro cortina de dos plantas y que nace de la cubierta del basamento, pero a la vez se macla en él en los patios. Es un volumen de 150 m de longitud por 10 metros de anchura, con perfilaría de aluminio en color burdeos-marrón y donde el color del vidrio tabaco permite una lectura unitaria del volumen proyectado.
La cubierta del basamento de hormigón se convierte, tal y como establecía el proyecto original, en la quinta fachada, con un tramado de terrazas y patios singular, por donde penetra la luz al edificio.
Sin duda nos encontramos ante un edificio que, desde su posición en la trama urbana de Valladolid, contribuirá a potenciar la Arquitectura en Castilla y León.

Cronología y fases en el desarrollo del proyecto

En los últimos años, el importante incremento de las tareas parlamentarias, venía aconsejando el traslado de la sede de las Cortes de Castilla y León, desde su ubicación provisional del Castillo de Fuensaldaña a un edificio más moderno y funcional.

Con tal fin, se convocó un concurso de ideas, resultando ganador el arquitecto granadino Ramón Fernández Alonso, con un proyecto caracterizado por el uso de elementos y volúmenes constructivos que revestían un acentuado carácter institucional y, al mismo tiempo, facilitaban la realización de las tareas parlamentarias en óptimas condiciones de eficacia y funcionalidad.
Ubicado en el Plan Parcial "Villa de Prado", en el solar cedido por el Ayuntamiento de Valladolid, el proyecto de la nueva sede de las Cortes de Castilla y León se articulaba en dos partes bien diferenciadas: la institucional, donde se sitúa el Hemiciclo; y la administrativa, donde se ubican los servicios auxiliares de la Cámara.
Con objeto de "prevenir las necesidades de un parlamento del siglo XXI", en palabras del Presidente de las Cortes de Castilla y León, José Manuel Fernández Santiago, se elaboró durante el mes de julio de 2003 el proyecto definitivo, para aumentar la versatilidad y funcionalidad de sus dependencias, y conseguir la mejor adecuación al trabajo, tanto de las distintas Comisiones y órganos del Parlamento regional, como del aparato administrativo que permite su desenvolvimiento.

El 29 de julio de 2003 la Mesa de las Cortes aprobó el proyecto de ejecución y el 19 de agosto de 2003 se publicó en el Boletín Oficial de las Cortes de Castilla y León la resolución de la Presidencia por la que se anuncia la licitación de las obras de construcción de la nueva sede mediante procedimiento abierto y adjudicación por concurso con variantes, con un plazo de ejecución de 28 meses.
En su reunión de 18 de febrero de 2004, la Mesa de las Cortes adjudicó el contrato de construcción de la nueva sede de la Institución a la Unión Temporal de Empresas integrada por las sociedades “Fomento de Construcciones y Contratas” y “Construcciones y Obras Llorente”.
La obra se inició en el mes de abril de 2004 con la intervención de un Equipo de Dirección de la Consejería de Fomento de la Junta de Castilla y León, al que se incorporó poco más tarde la empresa EPTISA como adjudicataria del concurso de Asistencia Técnica para la dirección facultativa de las obras.
Tras un año largo de trabajos del Equipo de Dirección de la Obra con los Equipos designados por la propiedad y la empresa constructora, se avanzó sustancialmente en la mejora del diseño inicial, adaptándolo a un mejor programa funcional, modificando los acabados de cara a su mayor durabilidad, y mejorando sustancialmente las instalaciones en materias como la climatización, electricidad e iluminación.

-Fuente: http://www.ccyl.es/cms/conoce/sede/

-Recorrido Virtual

-Cortes de Castilla y León


El Palacio de los Condes de Benavente


Aunque venido a menos, tiene este edificio rango de palacio real. Ha pertenecido a los condes de Benavente, ha sido escenario de Cortes y sirvió de residencia a la familia real al tiempo que se preparaba en 1601 el palacio que fuera de don Francisco de los Cobos. El 22 de septiembre de 1601 nació en este edificio la infanta Ana Mauricia, que casaría con Luis XIII de Francia; también vino al mundo el 1 de enero de 1603 la infanta Doña María, hija de Felipe III y Margarita de Austria.


El palacio siguió engrandeciéndose a lo largo del siglo XVII. De ello es testimonio el inventario que se hizo a la muerte del conde-duque de Benavente, don Juan Alfonso de Pimentel, en 1652. Este personaje había sido virrey de Nápoles y esta circunstancia determinó la llegada al palacio vallisoletano, donde falleció el conde-duque, de una serie importante de cuadros, entre los que había originales de Caravaggio y Ribera. El 20 de julio de 1716 se declaró un tremendo incendio en el edificio. Murieron cuatro personas y se perdieron obras de arte de valor incalculable. Este nuevo incendio asoló la segunda planta del edificio, las torres y otros elementos. Por esta razón, monumento de tan claro linaje, le contemplamos hoy desprovisto de sus galas artísticas.

El patio antes de su restauración

Tenemos noticia de que se estaba edificando el palacio en 1518, por una queja elevada por el platero Francisco de Saldaña, de que se le construía con el carácter de casa fuerte, cosa que estaba prohibido, según fijaron los Reyes Católicos. Por un acuerdo del Regimiento, de 26 de enero de 1519 se embargó la obra, hasta tanto averiguar la certeza del aserto. Especialmente se reparaba en la solidez del torreón de la parte que miraba al río. Se nombró una comisión para dictaminar, la cual emitió informe favorable, para que prosiguiese la edificación. Solamente se limitó el grueso de los muros de torreón.


El edificio es de enormes proporciones. Dispone de amplios sótanos. Se ha usado piedra en los puntos fundamentales, como zócalos, esquinales, portadas, etc. En los demás se emplea ladrillo y tapias de tierra prensada, material como se sabe harto frecuente en Valladolid. El conjunto se organiza a base de dos patios, cosa propia de los grandes conjuntos palaciales, entre los que quedaba la escalera, y un jardín en la parte posterior. En tres esquinal del conjunto se elevan torreones; es de suponer que hubiera una cuarta esquina, pero no se reconstruiría tras el incendio.
La portad es de arco de medio punto, pero el intradós se ha reformado con dintel. Quea envuelta la puerta y la ventana que hay sobre ella por un alfiz, de fina labor plateresca. Dentro quedan los escudos, envueltos en láurea; lastimosamente han sido borradas las armas de la familia Benavente.



Portada del edificio antes de su restauración

El patio principal ofrece columnas en sus cuatro crujías. El piso superior se perdió en el incendio. La cantería es de calidad, como puede observarse en el perfecto ensamblaje de la piedra. La ornamentación es parva y se limita a los capiteles. Son de orden corintio, pero de hojas de secos perfiles, pero están ya en la vieja tradición española. Resulta extraña esta severidad en monumento de tan claro abolengo. Las columnas sostienen arcos de medio punto. Se han descubierto dos grandes puertas de arco de medio punto, una de las cuales serviría como acceso a la escalera. Sería ésta claustral y habría de tener acceso desde el segundo patio. Este perdió en el incendio de 1668 sus primores y no volvió a ser reconstruido.

Dibujo de Valentín Carcedera

La parte posterior era un magno jardín, limitado por dos cuerpos del edificio. Por un lado la parte posterior del bloque antedicho ofrecía una galería vistosa, que servía de balcón-mirador. Todo esto se conserva. Pero además el edificio tiene una prolongación por la calle de San Quirce; al extremo había un torreón, derribado por ruinoso hace pocas décadas. Hacia el interior presenta este cuerpo una galería de dos cuerpos superpuestos de arcos y columnas, con capiteles similares a los ya reseñados. Para subida dispone esta galería de unas escaleras de caracol alojadas en los ángulos. La distribución del interior puede deducirse del inventario de 1653 y ya ha sido puntualmente analizada por nosotros.

Así luciría en la actualidad el torreón si se hubiese conservado. Fotomontaje de Juan Carlos Urueña Paredes del libro Rincones con Fantasma

Los Condes de Benavente vendieron el edificio a la Diputación en 1799, que lo acondicionó y dedicó a Hospicio hasta finales de los años 70 del siglo XX y en la actualidad cumple las funciones de biblioteca pública.

Incendio sufrido por el edificio el 08 de julio de 1978.
Fotografía obtenida por María Josefa Jimenez García


El palacio tenía un paseo que conducía hacia el Espolón (hoy Las Moreras), desde donde el rey cruzaba en barca el Pisuerga para dirigirse a su preciosa finca repleta de tesoros artísticos conocido como “El Palacio de la Ribera”

Actual Biblioteca Pública de Valladolid ubicada en el interior del edificio



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-Fuente: Monumentos Civiles de la ciudad de Valladolid (J.J. Martín González). ISBN: 84-500-8462-8

-Web de la Biblioteca

29/10/09

Colegiata de Santa María la Mayor


La Colegiata de Santa María de Valladolid fue la principal iglesia de la ciudad entre el siglo XI y el XVI. Su construcción se debe al repoblador de Valladolid Pedro Ansúrez en el siglo XI. Hoy se conservan tan sólo algunas ruinas y unas pocas capillas, situadas cerca de la Iglesia de Santa María La Antigua y junto a la inconclusa Catedral de Valladolid.

Restos de la Colegiata vistos desde la calle Arzobispo Gandasegui
1. Historia
Valladolid fue repoblada en el año 1074, labor encomendada al conde Pedro Ansúrez, quien establecerá en la villa una iglesia colegial al menos desde 1095, fecha de su carta dotal. La colegiata contó con un primer abad traído desde San Zoilo de Carrión de los Condes. Durante la Edad Media será sede de numerosos concilios. La colegiata, en territorio del obispado de Palencia, tenía sin embargo una vinculación directa con la Santa Sede. Tras varios intentos fallidos, la colegiata se convertirá en sede episcopal en 1595.

Restos de la Colegiata vistos desde la calle Arzobispo Gandasegui

1. 1. La primera colegiata
La primera construcción se llevó a cabo en tiempos del conde Pedro Ansúrez. No tenemos demasiados datos de esta obra, puesto que la segunda construcción, de estilo gótico se superpuso a ella. De esta colegiata apenas se conserva nada, salvo la torre, que se supone modelo de la vecina torre de La Antigua, de estilo románico, parcialmente oculta en la construcción de la capilla de San Blas (que pertenece al Museo Catedralicio). Se hipotetiza que esta torre tuvo en su origen dos pisos con arcos (de los que sólo se conserva el inferior) y un remate con chapitel semejante al de La Antigua, aunque quizás con menor pendiente.

Restos de la Colegiata vistos desde la calle Arzobispo Gandasegui

1. 2. Segunda colegiata
Los restos que conservamos actualmente son los de esta segunda colegiata. Se trata de una construcción realizada entre 1219 y 1230, realizada en estilo gótico, que contó con un bello claustro, destruido en el siglo XVII. La iglesia era de tres naves de cinco tramos cubiertas con bóvedas de crucería apeadas sobre pilares de núcleo cruciforme con columnillas adosadas y crucero marcado en planta, con triple cabecera de ábsides semicirculares. No está muy claro cómo se organizaba la iluminación, pues, si bien se conservan algunas ventanas que se abrían a las naves laterales, abocinadas y de gran sencillez, no sabemos si existieron ventanas directas a la nave central y qué altura tenía ésta. El templo tenía tres puertas que se conservan: una al norte, muy restaurada, una al sur que daba al claustro, con una interesante decóración con dientes de sierra, y otra al oeste debajo de la torre-pórtico, que estaba inutilizada ya en el siglo XIV por la construcción de capillas perimetrales. Del complejo arquitectónico sólo conservamos un ángulo del claustro y cinco capillas perimetrales, que hoy conforman el Museo Diocesano y Catedralicio de Valladolid.

1. 3. La colegiata de los cinco maestros

Denominada así por la participación de los cinco grandes maestros del gótico final español: Juan y Rodrigo Gil de Hontañón, Francisco de Colonia, Diego de Riaño y Juan de Álava. La primera piedra se puso en 1527, dilatándose mucho la construcción en el tiempo. Sólo se levantó la parte de los pies llegando algunos muros a los doce metros de altura.

La lentitud con que avanzaban las obras llevó a realizar intervenciones en el edificio gótico que continuaba en uso. La planta proyectada era de tres naves con capillas hornacinas y dos torres exentas en la fachada. Este proyecto fue modificado por Diego de Riaño, quien incluyó las torres en la zona de las hornacinas, idea que aparecerá después en proyectos de Juan de Herrera, que pisa la planta de la colegiata de los cinco maestros y además reutilizó las cimentaciones y embutió lo construido de la colegiata de los cinco maestros en sus fábricas. Riaño, Gil de Hontañón y Juan de la Cabañuela fueron sucesivos maestros de obras de la colegiata, si bien Rodrigo Gil fue el que tuvo una vinculación más estrecha, prácticamente hasta su muerte en 1577.

2. El fin de la colegiata

La construcción de la catedral pondrá en peligro el edificio de la colegiata. El propio Juan de Herrera contemplaba la destrucción del conjunto en sus planes. Esto no sucedió hasta el siglo XVII, hacia 1634, en que la vieja colegiata fue derribada, quedando tan sólo en pie las dependencias que aún resultaban útiles, salvándose algunas capillas que eran utilizadas como sala capitular, vestuario, o biblioteca. Gracias a esta utilización, hoy conservamos algunos elementos arquitectónicos del edificio gótico. La tercera colegiata iniciada por Rodrigo Gil y los demás maestros, acabará sirviendo de base al proyecto de Herrera.


Iglesia del Salvador


No se sabe con certeza el año en que se erigió esta edificación, pero se estima en las cercanías del siglo XII. Sin embargo, un dato preciso es el momento en que se comenzó a erigir la actual iglesia, que hoy día se puede apreciar en la comunidad que fue construida en el siglo XV.
Una de las partes más impresionantes de esta edificación es la fachada a los pies, la cual fue erigida entre los siglos XVI y XVII con un estilo renacentista, también está la capilla de San Juan Bautista que fue erigida en el año 1492. En el interior de la iglesia se pueden apreciar la cabecera, la nave central y las capillas laterales.



En el interior de la iglesia puede contemplarse la pila bautismal
donde fue bautizado San Pedro Regalado

Esta iglesia posee una sola nave que posee cinco tramos, y que dispone de un retablo que data desde el año 1750. La construcción de la capilla mayor comenzó en el siglo XV reflejando un estilo tardo gótico. En esta capilla se puede apreciar la piedra de sillería y la bóveda de crucería estrellada. Entre los elementos que se pueden apreciar en el interior de la edificación se encuentran:

• El retablo mayor; que fue erigido con un estilo barroco en el año 1750.
• Cuatro Columnas corintias; que componen el retablo.
• Dos retablos colaterales; que datan desde el año 1757 y que están localizados al lado del retablo mayor.


• La nave; que fue erigida en los inicios del siglo XVI a base de ladrillo. Esta cubierta por una bóveda de cañón que está ornamentada con verserías planas.
• La capilla de San Juan Bautista; que fue erigida con un etilo hispano flamenco en el año 1492.
• Tríptico; situado en la cabecera de la capilla. Data desde el año 1502
• Capilla de los reyes magos; que data desde el año 1546.
• Capilla de San Pedro Regalado; que fue erigida en el año 1709.
• Etc.

Estatua Homenaje a San Pedro Regalado situada en el lateral de la Iglesia

En cuanto a los elementos del exterior, se pueden apreciar la torre que comenzó a construirse en el año 1691, en el mismo lugar que estaba la anterior torre que se hundió completamente. Esta se concluyó en el año 1707. También está la fachada principal; que fue erigida entre los años 1541 y 1559 por Juan Sanz de Escalante. En ella se pueden ver tres cuerpos; uno bajo que posee dos puertas adinteladas que están rodeadas por 6 columnas jónicas. otro cuerpo que en vez de puertas poseen sendos óculos y columnas corintias, y por ultimo está el cuerpo que posee una ventana con arco de medio punto que está rodeado por cuatro columnas corintias.


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-Fuente: http://www.arqhys.com/articulos/iglesia-santisimo-salvador.html
-Fuente: http://es.wikipedia.org/wiki/Archivo:Iglesia_de_El_Salvador,_Valladolid,_Espa%C3%B1a._Interior_con_retablo_mayor.jpg

San Pedro Regalado

San Pedro Regalado es uno de esos seres afortunados, innumerables dentro del catolicismo, que responden con ejemplar disposición a un designio providencial. Nació en Valladolid, en 1390, en la famosa calle de Las Platerías, que aún hoy conserva su nombre y el antiguo rango que tuvo en la corte de España, siendo bautizado en la iglesia del Salvador después de la conversión paterna tras una violenta persecución social y doctrinal de algunos conversos influyentes. A los trece años ingresó en el Convento de San Francisco, el cual no era entonces precisamente un modelo de observancia. Estamos en una época en que la disciplina y costumbres de religiosos y sacerdotes habían llegado a un grado de relajación que hoy nos resulta inconcebible. Causas muy diversas habían producido aquella situación, que los historiadores se complacen en pintar con los colores más negros. A las naturales consecuencias del cisma de Occidente se había unido la gran peste de Europa, que dejó despoblados los conventos. Para llenarlos de nuevo, fueron admitidas gentes sin preparación ninguna, deseosas únicamente de colmar sus ambiciones al amparo de las inmunidades del claustro.

Edificio en el que nació Pedro Regalado sito en la Calle Platerias

No faltaban quienes se dolían en lo más hondo de su alma de aquel estado de cosas. Y precisamente un franciscano que vivía en el convento de La Salceda, por tierras de Guadalajara, se decidió a reñir la única batalla que podía resultar victoriosa, la de la renovación profunda de la vida monástica. Era fray Pedro de Villacreces, también de origen vallisoletano, el cual tenía fama de santo en los conventos de la Orden. Un día, cuando menos lo esperaban los religiosos del de San Francisco de Valladolid, el anciano Villacreces se les entró por las puertas causando una profunda impresión. ¿A qué venía fray Pedro?, comenzaron a comentar en corrillos los reverendos moradores de la casa.

Contrastaba con la de muchos de ellos la espiritualizada figura de Villacreces: era alto, de una delgadez ascética, de ojos negros y vivísimos, manso como un hilo de agua, ardiente como un rayo de sol. En íntimo consorcio se habían juntado en él la reciedumbre del hombre de Castilla y la amorosa suavidad del Poverello de Asís. ¿Que a qué venía fray Pedro? Pronto vieron satisfecha su curiosidad cuando supieron que con las debidas autorizaciones salió una mañana del convento, en dirección a un lugar cercano a Osma. No iba solo. Le acompañaba fray Pedro Regalado. Este, de quince años; Villacreces, de más de sesenta. Les unía un mismo espíritu: afán de santidad. El viejo formaría al joven. Algún castellano que a aquellas horas pasaba por las calles estrechas de Valladolid, pudo ver a los dos religiosos avanzar sin más provisiones que un báculo y un breviario. Camino largo, mendigando de puerta en puerta. Jornadas a pleno sol y, a ratos, a la luz de la luna, hasta que llegaron por fin a La Aguilera, donde el obispo de Osma había autorizado a Villacreces para fundar allí un humilde convento. Y empieza la nueva historia.

Monumento a San Pedro Regalado, sito junto a la Iglesia del Salvador

La Aguilera iba a ser un foco de restauración de la vida religiosa franciscana en su más auténtica pureza. Con algunos otros religiosos que pronto se le unieron, y sobre todo con los jovencitos a quienes él pudo formar desde el primer momento, Villacreces lograría hacer del naciente eremitorio una fidelísima reproducción de la austeridad impresionante que San Francisco de Asís vivió en los «primitivos tugurios» de Rivotorto y La Porciúncula. Bajo la mano del mismo, fray Pedro Regalado fue recorriendo los humildísimos cargos propios de la vida de un convento pobre en que las almas santas suelen dar pasos de gigante en su camino hacia Dios. Limosnero por los pueblos vecinos, sacristán, ayudante de la cocina, encargado de atender a los pobres que llamaban a las puertas del convento... Así vivió durante once años, hasta 1415, fecha en que Villacreces se trasladó de nuevo a la provincia de Valladolid para fundar otra casa de recolección en El Abrojo, término de Laguna de Duero. Con él llevó al Regalado para que fuese maestro de novicios, aun cuando no tenía más de veinticinco años, y sólo tres de sacerdocio.

A partir de este momento, la vida de fray Pedro Regalado es una continua entrega a las más heroicas virtudes. No conoce límites para sus penitencias, y pide a los novicios el cumplimiento exactísimo, por amor, de todas las exigencias de la regla. A veces sale a predicar por los pueblos cercanos, Tudela de Duero, las dos Quintanillas, Matapozuelos, Portillo, y sabe dar a su predicación un tono de tan encendido amor a las almas, que las gentes le siguen por los caminos deseosas de confiarle sus cuitas de toda índole. Pronto empieza a hablarse de milagros múltiples realizados por su mano.

En la Iglesia del Salvador se conserva la pila en la que fue bautizado San Pedro Regalado

Muerto el padre Villacreces en 1422, y tras algún breve interregno, los religiosos de ambas casas, La Aguilera y El Abrojo, le eligen prelado o vicario, confiando así a su esfuerzo la tarea de continuar el propósito reformador que había guiado al que las fundara. Nadie más indicado que él para lograrlo plenamente. Por ambas Castillas se extendió rápidamente su fama, y los buenos hijos de la Iglesia, testigos involuntarios de las profundas perturbaciones de su época, contemplan con creciente admiración aquellas casas de la reforma, llamadas Domus Dei la de La Aguilera y Scala Coeli la del Abrojo, a las que pronto seguirían otras hasta hacer «las siete de la fama» –así las llamaron en antiguos documentos–, las cuales vinieron a ser anticipados y eficacísimos focos de la renovación más tarde iniciada con carácter general por el cardenal Cisneros. Es ésta, sin duda, la gloria más insigne de San Pedro Regalado y de su maestro, el padre Villacreces: haberse adelantado ofreciendo un ejemplo vivo y estimulante a la reforma que más tarde emprende la Orden del Císter, y que después extiende a toda España el gran cardenal regente de Castilla.

Vicario, pues, de ambos conventos, distribuía el Regalado alternativamente su vida entre uno y otro, hasta que decidió morar habitualmente y durante la mayor parte del año en La Aguilera, lugar más propicio para el retiro y la contemplación a que deseaba entregarse. La casa de El Abrojo, por su proximidad a Valladolid, era frecuentemente visitada incluso por personajes de la Corte, que acudían en demanda de sus consejos. Alguna vez pudo verse allí al entonces omnipotente favorito don Álvaro de Luna y al propio rey don Juan II de Castilla. El consiguiente ruido que tales visitas producían no agradaba a quien tenía como suprema ambición de su alma la unión con Dios y la más estrecha penitencia, para poder ser el orientador vivo de la deseada reforma.

Cuaderno de milagros póstumos de San Pedro Regalado. PP. Franciscanos. La Aguilera (Burgos)

Nada perdonó para conseguirlo. Las célebres constituciones de que San Francisco de Asís dotó a su predilecta casa de la Porciúncula, completadas en cuanto a su aplicación con minuciosas y detalladas normas que Villacreces había añadido como natural derivación de aquellas en el ambiente del momento, fueron fidelísimamente observadas. Doce horas diarias de oración mental y vocal repartidas entre el día y la noche, trabajos manuales en el campo para ayudar a los labradores y así obtener alguna limosna, prohibición absoluta de almacenar provisiones fuera de las que exigía el sustento diario de la comunidad, celdas y habitaciones del convento «abyectísimas y vilísimas», silencio casi continuo, negativa terminante a recibir dinero ni siquiera como estipendio por la misa u otras funciones litúrgicas..., tal era el género de vida de aquellas casas.

En cuanto a su formación científica, San Pedro Regalado se distinguió también como maestro de espíritus y predicador elocuente, aunque, más que por el aparato doctrinal, por la fuerza de la santidad vivida y el calor de sus exhortaciones. No eran las suyas casas de estudio; su fundador, Villacreces, quiso hombres penitentes, no estudiantes. De sí mismo decía: «Recibí en Salamanca grado de maestro, que no merezco, empero más aprehendí en la cella llorando en tinibia que en Salamanca, Tolosa e Paris estudiando a la candela. Guay de mí, que estudiamos por nuestras ciencias, e somos curiosos en los pecados e defectos agenos e olvidamos los nuestros. Mas queria ser una vejezuela simple con caridad e amor de Dios e del prójimo, que la Teología de San Agustín e del Doctor Surtil Scoto.»

En el último período de su vida, años 1445 al 56, el Regalado vive ya sumergido plenamente en el océano sin límites de la contemplación divina. Sin abandonar nunca sus rigurosas prácticas ascéticas, ayuno diario, total abstinencia de carne, intensa flagelación corporal, se ve favorecido y goza de extraordinarios dones místicos. Su piedad tiene tres vertientes principales: la Eucaristía, la devoción a la Santísima Virgen y el recuerdo de la pasión del Señor. Particularmente esta última le atraía con fuerza irresistible. Muchas noches, en el cerro del Aguila, próximo al convento, se le podía ver practicando el ejercicio del Vía-crucis con una pesada cruz de madera sobre sus hombres, soga al cuello y corona de espinas en su frente.

La Virgen María, siempre tan amada en la Orden franciscana, se llevó también el corazón del gran penitente, y ella anda mezclada en uno de los más famosos milagros de su vida, recogido por cierto en el proceso de canonización. En la madrugada de un 25 de marzo, fiesta de la Anunciación, hallábase rezando maitines en el convento del Abrojo, y sintió especial deseo de venerar a María en la iglesia de La Aguilera, a ochenta kilómetros de distancia, la cual había consagrado él a este dulce misterio. Y al instante fue transportado por los aires en brazos de los ángeles, guiado por una estrella que representaba a la Madre del cielo. Satisfecho su piadoso deseo, fue igualmente devuelto al Abrojo sin que los frailes hubiesen advertido su ausencia. Este prodigio es el que ha servido para inspirar la iconografía del Santo.

Murió el Regalado en 1456. La fama de taumaturgo que le había acompañado en vida creció con su muerte. En su sepulcro se obraron maravillas tantas que los frailes se vieron obligados –dice el historiador D'Ocampo– a no admitir nuevas relaciones. No sólo el pueblo humilde y sencillo, y en ocasiones crédulo, sino lo más conspicuo y representativo de la vida española de nuestros grandes siglos, veneró con fervor extraordinario la memoria del gran hijo de San Francisco de Asís. Obispos y nobles, militares y embajadores de países extranjeros, incluso nuncios y enviados del Romano Pontífice, acudieron a La Aguilera atraídos por la poderoso influencia que ejercía en toda España el humilde convento, gracias a este insigne varón de Dios y a otros que le siguieron después por idéntico camino de virtud y penitencia. Allí estuvo, en las postrimerías de su vida, el cardenal Cisneros. Allí también, el emperador Carlos, cuyo concepto de la casa era tan elevado que se le atribuye haber dicho que, al salir de Aranda hacia La Aguilera, debía el visitante ir con la cabeza descubierta. De igual modo, don Juan de Austria, Felipe II, y los demás reyes de España.

Fue canonizado en 1746 por Benedicto XIV, y ese mismo año fue declarado patrono de Valladolid y de su diócesis.

La festividad de San Pedro Regalado se celebra cada 13 de mayo en Valladolid y en La Aguilera, siendo una fiesta local de gran tradición. El santo ha sido declarado patrono de los toreros, proponiéndole algunos devotos en la actualidad como patrono de Internet, como en su día lo propusieran los aviadores.


-Fuente: Marcelo González, San Pedro Regalado, en Año Cristiano, Tomo I, Madrid, Ed. Católica (BAC 182), 1959, pp. 710-716.

25/10/09

El Campillo de San Andrés y la Plaza de España

De ser cierta la anécdota que Agapito y Revilla recoge en su obra más conocida, que el pintor Pedro Sánchez tenía unos papeles viejos en los que constaba que en 1327 existía una caseta de vigilancia, construida de fábrica y madera, en el centro de los bosques y pinares que en aquellos tiempos rodeaban la ciudad y que correspondería a la casa Nº 1 de la actual calle de Panaderos, esta sería la primera construcción existente en el paraje que más tarde se conoció como El Campillo de San Andrés y que se extendía desde la Puente de Teresa Gil, correspondiente a la segunda cerca con que contó Valladolid, hasta el ramal sur del Esgueva (actual calle del Dos de Mayo), siendo probable que en un principio alcanzara esta denominación hasta la desembocadura de dicho río en el Pisuerga.

El nombre se debió a la presencia en sus proximidades, desde el siglo XII, de una ermita dedicada a San Andrés, que más tarde se transformaría en parroquia y cuyo edificio actual fue concluido en 1776 por Fray Martín de la Vega.

Situado en un centro artesanal, comparable con los entonces instalados en el centro de la cercana ciudad (Plaza Mayor, Fuente Dorada y calles próximas), en el que se asentaron los fabricantes de mantas, de sombreros, así como zurradores (curtidores) y panaderos entre otros. La presencia de los panaderos determinó que en 1702 (según Agapito Revilla) se instalara la última alhóndiga (depósito de cereales) con que contó la ciudad.

El progresivo aumento de habitantes en el campillo determinó que se estableciera un mercado de casetas de madera hasta que en 1880 el Ayuntamiento presidido por D. Miguel Iscar acordara la construcción de un mercado de hierro que se conoció como Mercado del Campillo.

La Plaza de España en 1966

El convento de Capuchinos que si bien fue fundado en 1551 como convento de San Felipe de la Penitencia y Aprobación, que acogía a mujeres arrepentidas, no fue ocupado hasta 1944 por la orden masculina, como último alojamiento tras diversas vicisitudes en nuestra ciudad. La antigua iglesia fue construida bajo el patronato de Juan Valencia el mismo año de su fundación. Debido a la desigualdad del suelo del Campillo, el edificio debió construirse en una de sus depresiones, por lo que al nivelar la plazuela el edificio quedó situado en un nivel ligeramente inferior al resto de las construcciones vecinas, por lo que su acceso se efectuaba descendiendo un peldaño que exigía la máxima atención de los fieles, especialmente de los mayores. El altar Mayor estaba situado en la actual esquina de la Plaza de España con la calle de Panaderos.

Actual Mercado

Las Escuelas Normales de Maestros y Maestras (con su Museo de Historia Natural) y el Banco de España, fueron durante muchos años, junto a una serie de establecimientos entre los que merecen recordarse el Bar Rojo, así llamado por el apellido del dueño, una pequeña tienda de juguetes, La Casa Verde (comercio de telas pintadas de dicho color), un edificio dedicado al negocio de hostelería y varios comercios más, con el emplazamiento navideño de la caseta de los cerdos en que se exhibían los que sorteaba el Asilo de Caridad, escenario de la movida vida ciudadana.

Derribado el mercado decimonónico, reconstruido el el convento de Capuchinos, transformada la Escuela Normal en Colegio Público García Quintana, desaparecidos varios comercios tradicionales y construido el edificio vecino a la Casa del Reloj,, la Plaza, que ya se llamaba de España, estuvo ocupada por unos cuidados jardines escoltados por dos kioskos de prensa situados frente al Banco de España y frente a la calle de Mantería, mientras que en su lado derecho se situó una parada de taxis.

Actual Plaza de España

La transformación sufrida por el antiguo Campillo de San Andrés, puede calificarse de extraordinaria. Su peatonalización, la construcción del polémico y azaroso aparcamiento subterráneo; la construcción de la marquesina que acoge puestos de flores y verduras; el recuerdo el antiguo mercado en el sencillo monumento cerámico de Coello; la dinámica fuente situada en el centro de la marquesina y la que se dedica a la solidaridad; la decoración de plantas encabezada por las palmeras situadas frente al Colegio García Quintana; así como la total renovación del mobiliario urbano (kioskos, bancos, cabinas de teléfono), hacen que el antiguo Campillo, hoy Plaza de España, continúe calando en el afecto de los vallisoletanos que, con disparidad (económica) de opiniones, reconoce el interés municipal de mejorar el adorno y la utilidad de las calles y plazas de una ciudad que se cuenta entre las primeras de España. Joaquín Martín de Uña


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-Fuente: http://www.valladolid-es.info/el-campillo.htm

-Fotografías antiguas: Fundación Joaquín Díaz

24/10/09

Iglesia de San Agustín. (Archivo Histórico Municipal)




La Iglesia de San Agustín en Valladolid es hoy la sede del Archivo Histórico Municipal. La iglesia es la única parte que se mantiene en pie de lo que fue un conjunto conventual.

Los agustinos llegan a Valladolid en la época de Enrique III de Castilla, aunque ya desde el siglo XIII se habían fundado en la ciudad numerosos conventos de otras órdenes que marcaron el desarrollo urbanístico de varias zonas. Cercanos a este de San Agustín, en el noroeste de la ciudad, se fundaron el Convento de San Pablo, el de Santa Isabel, el de Santa Catalina o el de San Quirce.

En 1407 los agustinos se trasladan al palacio del Condestable Ruy López de Dávalos, sobre el que se construye el primitivo convento en 1407. Próximo a él, se fundaba también, el influyente Monasterio de San Benito.
De la única parte del convento que se mantiene en pie, la iglesia, se tienen noticias desde 1550, a través de la cita de una bula papal que concede al convento préstamos para su construcción sobre:
«unas casas con corrales e huertas a las espaldas contra el río de Pisuerga, las cuales dichas casas son en la dicha villa a do dicen Reoyo»
La construcción de la iglesia de San Agustín se prolongó entre los años 1550 y 1627 y sus trazas se deben al arquitecto Diego de Praves. Su edificación se realizó en dos etapas: la primera es tardogótica, y estuvo inspirada en la Colegiata jesuítica de la localidad vallisoletana de Villagarcía de Campos. En la segunda fase, de estilo clasicista se finalizó la fachada principal en la que se encuentran las armas de los condes de Villamediana.

El cuerpo de la iglesia tiene una sola nave alargada de armoniosas proporciones, con cinco capillas por lado entre contrafuertes, las dos últimas capillas de cada lado están situadas bajo el coro que se alza sobre bóveda de aristas.

Fotografía de María Josefa Jiménez García
Adosadas a la iglesia se construyeron varias capillas funerarias, hoy desaparecidas, como la del influyente banquero de origen italiano Fabio Nelli, propietario del Palacio de Fabio Nelli, que se encuentra cerca del templo.

Bóveda de la capilla de Fabio Nelli (derribada)
En los años posteriores, el conjunto conventual se amplió con la compra de numerosas propiedades en sus alrededores, reflejo de la pujanza del convento y que mantuvo hasta el siglo XIX.

El claustro y la iglesia San Agustín en 1861, por Parcerisa. En: Patrimonio perdido: Conventos desaparecidos de Valladolid. Mª Antonia Fernández del Hoyo. Valladolid. Ayuntamiento de Valladolid, 1998. Colección Publicaciones Municipales ; 15. AMVA. B 3620.

En 1801, con el estallido de la Guerra de Independencia y la invasión napoleónica el edificio sirvió de albergue para las tropas francesas que se hospedaron en Valladolid (ver Historia de Valladolid) en su camino hacia Portugal, lo que ocasionó importantes deterioros y el expolio por parte de los franceses de las riquezas del convento. En 1814 se retoma la vida conventual con tan solo cuatro monjes.


En esta reconstrucción de Juan Carlos Urueña se puede ver la iglesia de San Agustín separada de la de San Gabriel (ya desaparecida) por un callejón que corresponde en su anchura con la capilla que el banquero Fabio Nelli compró al convento.

Durante el Trienio Liberal fue desalojado nuevamente, para después retomarse la vida eclesiástica hasta 1835, en el que prácticamente fue desmantelado a causa de la Desamortización.
A lo largo del siglo XIX, el edificio fue deteriorándose progresivamente y a medidos de siglo se encontraba en un estado lastimoso. Algunas partes del conjunto conventual fueron derribadas y cedidas a la Hacienda militar que les adjudicó uso como cuartel y fuerte. Se tiene constancia de que el convento sirvió como panadería mientras que el templo fue utilizado como granero para los caballos de la guarnición. Tras un informe realizado por la Academia de Bellas Artes de San Fernando se contemplo la posibilidad de proceder a su derribo.

El edificio antes de su rehabilitación

Desde principios del siglo XX, la iglesia se mantuvo en un estado de ruina. En 1925, se procedió a desmantelar el claustro, siendo trasladado al Museo Arqueológico de Valladolid para, a continuación, instalarse en el Parque del Campo Grande y por último ser depositado en el Museo Nacional de Escultura. La arquería se recuperó tras la restauración de la iglesia, como un elemento arquitectónico adosado a la fachada. En 1942 se concretó la permuta de las ruinas al Ayuntamiento de Valladolid, permaneciendo desde entonces sin uso aunque en ocasiones sirvió como escenario de acontecimientos culturales.

Interior del edificio en su actual función de archivo municipal

Entre los años 2000 y 2002 se realizaron catas arqueológicas en los alrededores del templo, y en el año 2002 se llevó a cabo su rehabilitación con la intención de que sirviese de sede del Archivo Municipal.

El archivo alberga documentación que data desde el siglo XII hasta la actualidad. El documento más antiguo es un privilegio Enrique I de Castilla por el que se dona al concejo de Valladolid de la villa y castillo de Cabezón de Pisuerga, en reconocimiento de la fidelidad del concejo al rey frente a los enfrentamientos con la nobleza.

-REHABILITACIÓN DE LA IGLESIA DE SAN AGUSTÍN
PARA SEDE DEL ARCHIVO MUNICIPAL

 
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