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29/01/10

Los autos de fe de 1559. El proceso de los Cazalla

Martín Lutero

La villa de Valladolid se convirtió en al año 1559 en el lugar de uno de los más importantes acontecimientos de la Europa religiosa del momento: los autos de fe de mayo y octubre. Fueron acontecimientos que se grabaron en la memoria colectiva de los vallisoletanos. Con estos autos se quiso frenar el creciente luteranismo, que, aunque muy reducido en número, se hubiese multiplicado en el caso de no haber actuado con la suficiente rapidez.
El supuesto grupo luterano vallisoletano estaba formado por élites intelectuales y religiosas que se lanzaron a la búsqueda de las nuevas ideas en los libros más recientes, dirigidos por la familia de los Cazalla. Agustín Cazalla era el mejor preparado del grupo. Permaneció mucho tiempo fuera de España dado su cargo de Capellán del Emperador Carlos y predicador de la Corte. En Alemania entró en contacto con el luteranismo, convirtiéndose en el punto de referencia ideológico y espiritual de su familia, haciendo de su casa el lugar de reunión y difusión de dichas ideas para todos las personas que a él se acercaron.

Copia de la época. Precioso documento del célebre Auto inquisitorial
celebrado en Valladolid el 21 de mayo de 1559 que terminó con el grupo
castellano de Erasmistas (1)

Auto de fe en la Plaza Mayor. Copia de verico de la lámina del Voyage de Laborde

El proceso inquisitorial se llevó a cabo con celeridad y severidad, en presencia de la regente Juana de Austria, que siempre estuvo influenciada por un Carlos V (fallecido el año anterior) que veía a los procesados por esta causa más como rebeldes políticos que como herejes religiosos.
No todos lo condenados por el tribunal eran ejecutados. Se quemaban efigies cuando el acusado había muerto o se había fugado. En el caso de Leonor de Vivero, madre de Agustín de Cazalla, muerta antes de descubrirse el grupo, enterrada como católica en San Benito, fue desenterrada y quemada en el Campo Grande. Solamente ardían vivos los que no habían dado muestras de arrepentimiento. A los que habían abjurado (entre ellos el propio Cazalla) se las hacía el “favor” de ser estrangulados por el garrote antes de ser devorados por las llamas. Junto a Cazalla tambien fuero ejecutados sus hermanos Francisco, Beatríz y Pedro (este último en el auto celebrado en octubre).

Auto de fe en la Plaza Mayor. Grabado flamenco del siglo XVII

Entre las ejecutadas en mayo de 1559, se encontraron cuatro monjas bernardas del monasterio de Belén, situado en la parroquia de San Juan y otras tres que sufrieron penas menores, convirtiéndose este hecho en un duro golpe para dicho monasterio.

Placa recordatorio sita en la Plaza Mayor

Si Cazalla fue el protagonista del primer auto, fray Domingo de Rojas lo fue del segundo el 8 de octubre ya en presencia de Felipe II. Era este un dominico aristócrata hijo de los marqueses de Poza, alumno de Bartolomé de Carranza, arzobispo de Toledo. Junto a el fueron condenadas un grupo de 30 personas. El propio Carranza sería apresado el 22 de agosto.

Bartolomé de Carranza

Una vez ejecutados los autos de fe, la inquisición no se conformó con terminar con la persona de Agustín Cazalla, sino también con la memoria de su familia y de los lugares en los que habitaron. Sus casas fueron derribadas y sus suelos sembrados de sal, erigiéndose un paredón de piedra que contenía un letrero manifestador de su delito y pena. Una inscripción que rezaba:

“El Santo Oficio de la Inquisición condenó a derogar y asolar estas casas que eran del Dr. Cazalla y de Dª Leonor Vibero, su mujer porque los hereges Luteranos se juntaban en ellas a hacer conventículos contra nra Stª fe católica en 21 de mayo de 1559”

Vale la pena indicar que Leonor Vivero se trataba de la madre del Dr Cazalla y no de su esposa. A la calle se la denominó posteriormente “Del Rótulo de Cazalla”, siendo modificado con la llegada del Régimen Liberal por “Doctor Cazalla” su nombre actual. El rótulo fue eliminado en la primera mitad del siglo XIX.

El rótulo del doctor Cazalla.
Fotocomposición de Juan Carlos Urueña Paredes. (Rincones con fantasma ISBN: 84-95389-97-5)


Fuentes: Guía Misteriosa de Valladolid (Javier Burrieza Sánchez)
Una Historia de Valladolid (
Varios autores. Coord.: Javier Burrieza Sánchez)
(1) http://www.uoc.edu/humfil/ct/Hiper_educatius/inquisicion/Autos1.htm


28/01/10

Convento y museo de Santa Isabel

Pese a la Desamortización y a los cambios socio-económicos de nuestra época, subsiste en el interior del casco urbano un numeroso grupo de conventos masculinos y femeninos. El de Santa Isabel se encuentra en la zona de mayor densidad (San Benito, San Agustín, Santa Catalina, San Quirce, Trinitarios Descalzos, Santa Brígida). La fachada enfrenta con la del Convento de San Agustín y las tapias enfilan la calle de Santo Domingo de Guzmán, de tan rancio sabor histórico.



Las obras de restauración emprendidas desde hace algún tiempo se han visto coronadas por la recuperación del claustro. Ha quedado consolidada y adecentada toda su estructura, se ha descubierto el pavimento de los corredores de la planta baja, formados por guijarros y cintas de piedra. La Junta de Castilla y León, a través de la Consejería de Cultura y Bienestar Social, ha impulsado la restauración y realizado la ordenación del recinto al efecto de la visita pública.



Los comienzos se remontan a 1472, cuando se funda un beatario para religiosas franciscanas. El Papa Inocencio VIII concedió en 1484 autorización para que las religiosas pudieran constituirse en comunidad conventual. En 1506 construía la iglesia el arquitecto palentino Bartolomé de Solórzano. En 1507 fue bendecida la iglesia. De una sola nave, se cubre con crucería gótica de terceletes. Pero el entablamento se perfila ya con formas renacientes. Tiene coro alto y bajo; éste, junto al presbiterio. Pero más relevante es el alto. La iglesia obedece a la tipología monasterial.

Claustro


El testero de la capilla mayor se cubre con un retablo de escultura. La arquitectura es obra de Francisco Velazquez, responde a una disposición clasicista, inspirada en el retablo mayor de la Colegiata de Villagarcía de Campos, que a su vez copia el del Escorial. Esta obra se contrata en 1613. De las estatuas y relieves se encargó Juan Imberto. Pero hubo una mudanza. En 1621 Gregorio Fernández contrató el relieve que muestra a Santa Isabel, reina de Hungría, ofreciendo limosna a un pobre.

Retablo Mayor

En el lado del evangelio se halla un retablo dedicado a San Francisco, realizado en la década de los años 70 del siglo XVI, por el escultor francés, afincado en Valladolid, Juan de Juni.
La visita a la clausura lleva directamente al claustro, que se hizo el mismo tiempo que la iglesia y, sin duda, por el mismo Solórzano. Tiene planta rectangular y ocupa dos pisos organizados con columnas toscanas.

Retablo de San Francisco

El piso bajo, adintelado sobre zapatas de madera, tiene notable altura, por corresponder a él las dependencias de uso común como el refectorio. Las columnas son esbeltas y los tramos amplios, lo que se explica por la levedad de los materiales, yeso y madera. Para favorecer la intimidad este piso bajo se cierra con antepechos de celosía de yeso, de labor gótica calada, acabados en su molduración en la cara que mira al interior del claustro, siendo planos por el exterior. Son de motivos muy variados, aunque lo son más los temas geométricos que ofrecen los antepechos del piso alto, que presentan arcos escarzanos.
El recorrido por los claustros, hollando el antiguo pavimento y el paseo por el jardín, en el que ha permanecido un esbelto tejo, transmite sosiego y espíritu.
El corredor bajo permite el acceso a diversas dependencias. Una de ellas, contigua al actual refectorio y con las mismas características constructivas, está cubierta con armadura de madera del tipo de artesa, de la primera época del Monasterio. En esta sala, con criterio museal, se han reunido diversas obras de arte. Entre las pinturas figura una de Santa Clara en la que el intenso realismo hace ver que se trata del retrato de una monja de la comunidad; dos lienzos con El Salvador y Virgen orando, ambos de medio cuerpo, son obras de Diego Valentín Díaz; el de la Inmaculada es de Felipe Gil de Mena; el cuadro de Santa Rosa de Viterbo es obra madrileña de mediados del siglo XVII; y de la misma época, la Visitación, el Arcángel San Rafael y un Santo mártir.

Sala del Museo

Sala del Museo

Propias del ambiente conventual son las imágenes de vestir. Con indumentaria suntuosa de bordados, encajes y pedrería, la Virgen de la Visitación, con rostrillo de plata y ojos de cristal, del primer cuarto del siglo XVIII. Por su patetismo destaca la Virgen Dolorosa, del último tercio del siglo XVIII, que lleva sobre el pecho un corazón atravesado por siete espadas y bordados en el vestido los instrumentos de la Pasión, cubriéndose con un manto de terciopelo negro bordado en oro. En comunidad se celebraban las fiestas navideñas, lo que daba origen a "Nacimientos". Se conservan tres Reyes Magos de vestir, el siglo XVIII.

Sala de tejidos

Entre las esculturas, un Crucificado de comienzos del siglo XVI. San Nicolás Tolentino y Jesús resucitado atribuibles a Juan Imberto. Del siglo XVII es un pequeño Crucifijo de marfil, obra hispano-filipina.

Capilla claustro bajo

En 1550 el doctor Francisco de Espinosa adquirió del Convento, con derecho de Patronato para él y para su hijo el doctor Jerónimo de Espinosa, una capilla, que ya estaba labrada, que puso bajo la advocación de San Francisco. Comunica con la iglesia y corresponde al primer cuarto del siglo XVI. Se cubre con bóveda de crucería estrellada. Preside un retablo con la figura de San Francisco, de Juan de Juni.

Capilla de San Francisco

Las paredes están revestidas con un zócalo de azulejería pintada, del siglo XVI. Dentro del arcosolio se muestra un Cristo Yacente, de madera policromada, de un seguidor inmediato de Alonso Berruguete, cercano a Isidro de Villoldo. En la pared está empotrado un relieve de alabastro, de San Juan Bautista, de estilo Felipe Vigarny.
En otra dependencia se ha concentrado el ajuar de cocina y mesa, que forma un variado museo de costumbres.

Cocina

En el contorno del patio se disponen capillas. En una de reducidas dimensiones se ve una bóveda en forma de venera, del siglo XVI. Otra capilla conserva su tracería del siglo XVI.
Hay dos modestas escaleras -como conventuales que son- para ascender al piso superior. En una de ellas hay un nicho con bóveda de venera y ornamentación de yesería, del tipo de Corral de Villalpando. La pared se adorna con azulejería de arista y pintada.
Los cuatro corredores del piso superior proporcionan el recogido ambiente de la vida monasterial. Pequeñas puertas y ventanas corresponden a las celdas que, con el más reducido mobiliario, se ofrecen a la visita como testimonio de austeridad. Junto a ellas capillitas-oratorio y en habitación contigua, la biblioteca-archivo que guarda rica información histórica. También desde esta zona superior se accede a una amplia sala en la entreplanta, que en su día pudo ser oratorio y que está comunicada por una ventana con la capilla de San Francisco. En ella se exponen ropas de culto y bordados de las colecciones del Monasterio, ampliando así la muestra museográfica.
Por el mismo corredor se llega al coro desde donde puede contemplarse la iglesia. La sillería es de nogal y de modesta traza, siglos XVI-XVII. Dentro de las vitrinas se exhiben figuras del Niño Jesús y otras advocaciones frecuentes en los interiores conventuales.


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Fuente: Editado por Caja Duero con la colaboración de Eloísa García de Wattenberg, Jose Ignacio Hernández Redondo y Juan José Martín González. Depósito Legal VA. 14.-1998

-Museo del Monasterio

La iglesia de San Andrés


Como casi todas las iglesias, la parroquial de San Andrés, de Valladolid, tuvo su humilde origen en una ermita dedicada a este Apóstol, existente ya en el siglo XII. Era en su recinto en donde recibían sepultura los ajusticiados y en ella reposó el cuerpo exánime del afamado Condestable don Álvaro de Luna.
Al extenderse Valladolid por estos parajes, la ermita, convertida en parroquia en 1482, resultaba insuficiente para su feligresía y en 1527 se habla de su reedificación. A fines de aquel mismo siglo la iglesia sufre importantes reformas y su cabecera adopta la disposición que aún se conserva. Las obras fueron costeadas con la generosidad del obispo de Sigüenza, Fr. Mateo de Burgos, bautizado en la parroquia.


La iglesia, hasta el siglo XVIII, fue de reducidas dimensiones, disponiendo tan solo, de dos capillas, además del crucero, cabecera y la capilla de Nuestra Señora de los Ángeles.


Otro hijo ilustre de la parroquia, Fr. Manuel de la Vega y Calvo, Comisario General de Indias y miembro de la comunidad franciscana, patrocina en 1772 las obras de ampliación de la iglesia y la elevación de la torre. La realización corrió a cargo del arquitecto Pedro González Ortiz, que concluyó su trabajo en 1776, celebrando los feligreses grandes fiestas con tal motivo.

Fotografía: Wikipedia

La fachada de la iglesia es de ladrillo, salvo la portada, que fue construida en piedra, en donde se aloja una escultura de San Andrés, obra del siglo XVIII. En agradecimiento a la magnanimidad de Fr. Manuel de la Vega y para conservar su memoria, la parroquia grabó en su portada las armas o insignias de la Orden franciscana.

Órgano barroco. (Wikipedia)

La iglesia dispone de una sola nave, con capilla laterales entre contrafuertes, decorados con pilastras adosadas. La bóveda es de cañón con huecos y yeserías con placado muy plano. El crucero se cubre con cúpula rebajada, decorando sus pechinas pinturas realizadas en 1733 por Ignacio de Prado, sustituyendo seguramente a las que pintó Bartolomé Carducho.


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Fuente: Catálogo Monumental de la Provincia de Valladolid Tomo XIV, parte primera.
Monumentos Religiosos de la ciudad de Valladolid.
Por Juan José Martín González y Jesús Urrea Fernández

26/01/10

Los Cervantes, carne de la misma prisión


Escrito por Javier Sanz
El autor del Quijote, la obra más grande de la literatura española y, quizás, de la universal, don Miguel de Cervantes Saavedra quisó llevar a la práctica el dicho:

" Quien a los suyos se parece, honra merece

Su abuelo, su padre y Miguel de Cervantes pasaron por la misma cárcel, la de Valladolid.

Juan de Cervantes (abuelo de Miguel) eran un abogado que ocupó varios cargos públicos aunque duró poco en dichos cargos, saliendo malparado de alguno de ellos. Se trasladó con su familia a Guadalajara bajo la protección del duque del Infantado. Todo iba sobre ruedas hasta que se metió a “celestino” entre su hija y un hijo bastardo del Infantando. Estos amores prohibidos le llevaron a la cárcel de Valladolid durante una semana.

Antigua Cárcel de la Chancillería

Rodrigo de Cervantes (padre de Miguel) cirujano de la época (nada comparable a lo que sería hoy) también paso unos meses en la cárcel de Valladolid. Su economía no era muy boyante y pidió un préstamo personal, vencido el plazo no pudo afrontar el pago y, como su padre, fue a parar a la misma prisión.

Miguel de Cervantes estuvo preso en varias ocasiones (Sevilla, Argel…) y también en Valladolid. Una noche, en la puerta de su casa, fue herido don Gaspar de Ezpeleta, aventurero navarro, por un hombre vestido de negro. La justicia comenzó sus averiguaciones: el lugar donde se produjo el incidente, el hecho de que en casa de don Miguel encontrasen ropa de Ezpeleta (las hermanas y la hija de don Miguel, parece ser que recibían visistas masculinas) y un juez nuevo en la plaza, presto a encontrar un chivo espiatorio, llevaron a don Miguel, sus hermanas y su hija a la cárcel… efectivamente, de Valladolid.

Para saber más: El reverso de la Historia – Pedro Voltes

-Fuente: http://historiasdelahistoria.com/2009/09/10/los-cervantes-carne-de-la-misma-prision/

24/01/10

La Casa de Alonso Berruguete


La casa de la esquina a la calle del General Almirante, donde estuvo la Comandancia de Ingenieros Militares, es la que hizo, vivió y en la que tuvo sus talleres el maestro de los maestros escultores del Renacimiento español, Alonso Berruguete. Muy diferente está de como se la viera de 1532 a 1561. La puerta principal está tapiada en la fachada de la calle de San Benito, acusada, sin embargo, por columnas flanqueando el hueco.

Dibujo de Valentín Cardera, grabado en 1836 para ser publicado en la prensa


Antigua entrada principal, actualmente tapiada

El interior conserva todavía dos patios de la época con capiteles, en las columnas, si no del estilo del maestro, bien inspirado en su arte prodigioso.
Berruguete adquirió en marzo 1528 el terreno poco despues de contratar la obra del retablo mayor del convento de San Benito.

La casa vista desde la calle General Almirante, con la Iglesia de San Benito al fondo.

Berruguete y sus herederos ocuparon la casa, hasta mediado el siglo XVII. Luego la poseyó Don Félix Gamiz, y un sucesor suyo, Doña Catalina, las mandó al colegio de San Ignacio de la Compañía de Jesús. En 1770 fué adquirida por el Cuerpo de Milicias, estableciendo allí sus cuarteles. Depués fue Comandancia de Ingenieros y en la actualidad alberga el museo provincial.




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23/01/10

Antigua Casa de los Alarcon-Bandera


Se halla situada en la antigua calle de Francos (Actual Juan Mambrilla). Presenta fachada en piedra. La portada es de arco de medio punto, encima de la cual se encontraba el escudo familiar.


Conserva el patio de dos pisos de columnas toscanas, que reciben las soleras por medio de zapatas de madera.



El patio antes de su rehabilitación

La casa se desmontó, pero el inmueble que le sustituyó conservó la portada y el patio. En la actualidad se albergan en su interior diversos locales comerciales y de hostelería.



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-Fuente: Catálogo Monumental de la Provincia de Valladolid. Tomo XIII
Monumentos Civiles de la Ciudad de Valladolid.
Por J.J. Martín González

21/01/10

El desaparecido Chalet del Campogrande


Entre los años 1880 y 1910, existió en la plaza de Zorrilla contiguo al Salón Pradera un establecimiento denominadoCafé del Pino, familiarmente conocido como El Chalet, en el que el viandante podía sentarse tomar algo en su terraza, todo ello claro está si el tiempo lo permitía. Era una especie de bar o kiosco de bebidas muy al estilo de la época, servido y atendido por personal del café Royalty de la calle de Santiago.


Tenía un aspecto exótico, entre chalet suizo y pagoda china. La clientela que se sentaba allí al aire libre podía escuchar la música del templete cuando tocaba alguna banda. Tuvo multitud de arrendatarios llegando a organizarse en los primeros años incluso conciertos para atraer a la clientela.

-El café del Pino. Por Joaquín Martín de Uña

-Fuente: Valladolid hace 100 años. - Joaquín Díaz
ISBN: 978-84-936875-0-2

Palacio Licenciado Butrón - Convento de Las Brígidas

Palacio Licenciado Butrón

El proceso histórico de este convento se sigue a través de Antolinez de Burgos, Sangrador y González García-Valladolid, a lo que hay que añadir las noticias aún inéditas de Manuel Canesí.

Acceso al Palacio por la calle San Diego

El Convento fue puesto bajo la advocación de Nuestra Señora de los Ángeles, de Recoletas de Nuestra Madre Santa Brígida. Impulsora de su fundación fue la venerable madre doña Marina de Escobar, fiel devota de Santa Brígida.

Antes de su rehabilitación. Foto. AMVA

Esta sierva de Dios, que ejerció tremenda ascendencia en la devoción vallisoletana del primer tercio del siglo XVII, movilizó todos los recursos de que disponía, sobre todo la ascendencia sobre los grandes.


A través de sus visiones se fue forjando el ideal del establecimiento en Valladolid del convento de religiosas de Santa Brígida, de la regla de San Agustín, pero ella actuaba además como inspiradora de la reforma que la orden necesitaba. A su inspiración también se debe el hábito que habrían de poseer las madres vallisoletanas.


No se detuvo, dada su gran influencia, ni ante escribir el propio rey Felipe IV, para que este interesara al Papa la fundación. Urbano VIII por bula de 1628 aprobó la fundación. Pero doña Marina, fallecida en 1633, no debía por propios ojos asistir al nacimiento de la orden en Valladolid, pero con todo es a ella a quien hay que atribuir el mérito del establecimiento en Valladolid.



El 10 de octubre de 1637 es la fecha de afincamiento en Valladolid. Según Canesí, Felipe IV donó para que se instalaran la casa del Marqués de Villena; compraron las madres el palacio del licenciado Butrón, que era uno de los buenos de la ciudad. Hubo necesidad de iniciar la construcción de una iglesia. La bendición y dedicación del convento fue realizada por el obispo de la ciudad Fray Gregorio de Pedrosa.

Vista desde el Patio Interior



Tres monjas del convento de las Agustinas Recoletas de Villafranca del Bierzo formaron el núcleo de la comunidad, incrementada por otras madres de Valladolid. El núcleo fundamental del convento siguió siendo el palacio que se hiciera construir en la década del sesenta del siglo XVI don Francisco de Butrón, abogado en la Real Audiencia y Chancillería, que se ha conservado hasta hoy y en el que las madres hicieron diversas reformas para adecuar el recinto a sus necesidades.

Iglesia de las Brigidas



Pero debido al crecimiento de la comunidad y al auge monástico de Valladolid, junto con la popularidad de doña Marina en el culto de la ciudad, se decidió elevar el edificio templario que ha llegado hasta nosotros. Por lo que el edificio consta de dos partes: la propiamente conventual y la iglesia. Ya en 1668 se hacen los trabajos preliminares para la construcción de la iglesia. En los libros de cuentas hay puntuales referencias a la construcción de edificio. Arrancan las partidas de 1692. Desconocemos quién hace la traza, pero en cambio sí sabemos que su ejecutor fue el maestro de obras Manuel Izquierdo.


En rigor la obra se fragmenta según las especializaciones, en carpintería, albañilería, cantería, etc. Los trabajos del templo recayeron en los hermanos Tomás y Manuel Machuca. Se menciona al maestro de carpintería Antonio Donoso, que había sido el autor de las puertas de la iglesia. Hay referencia a las piedras de las canteras de Mota de Toro, para hacer los escudos de la fachada, y a las piedras des Castro Jimeno para la Virgen del frontis. El templo fue bendecido el 6 de mayo de 1696, pero aún quedaba pendiente la fábrica de los altares. Concluidos los retablos, el 19 de agosto de 1703 se hizo el traslado del Santísimo, según refiere Ventura Pérez.

Esquina de la calle San Diego con la Plaza de las Brígidas

En Septiembre de 1893 se emprendió una reforma en la fachada del convento que sale a la plaza. Se cambian los huecos originales del palacio por los actuales apuntados, con arreglo a un ideal neogótico. En uno de los alzados se ven los huecos del palacio del licenciado Butrón y los nuevos.
En la cla década de los 80 la comunidad dejó de ser convento, estableciéndose uno nuevo, construido en 1978 por el arquitecto don José María del Fraile.
Actualmente, y desde abril de 2003, tras haber sido rehabilitado, se ha convertido en el Archivo de la Junta de Castilla y León.
El palacio Butrón consta de una magnífica portada de arco de medio punto. Encima viene una imposta, y sobre ella una ventana con dintel adornado con relieves, montado sobre zapatas. El eje se acentúa mas con la presencia del monumental escudo de la familia.


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Fuente: Catálogo Monumental de la Provincia de Valladolid. Tomo XV, parte II. Monumentos Religiosos de la ciudad de Valladolid (Conventos y Seminarios). Por Juan José Martín González y Francisco Javier de la Plaza Santiago.
 
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