4/8/10

Los «ojos» ocultos de la Plaza Mayor

Los últimos ejemplos, concentrados en la antigua Acera de San Francisco, hoy Ferrari, intentan salvarse de las reformas de los edificios.
Las cavidades, que conectan el primer piso de la vivienda con el exterior porticado, eran trampillas desde las que los propietarios «vigilaban» su comercio.
Pocos habían reparado en estos pequeños detalles que a lo largo de los siglos han escapado a la mano del hombre y a los brazos de las palas ,hasta que una petición de IU elevó las miradas de muchos hacia los techos de los soportales de la Plaza Mayor. Las mirillas han atraído la atención y la mirada de muchos paseantes como ya hiciera entre los siglos XVII, XVIII y XIX, durante los que cumplió una función muy importante en la gran vida social y económica que rodeó a la Plaza Mayor vallisoletana. Estos elementos, pequeñas oquedades en los suelos de los primeros pisos de cada casa, eran trampillas que sus propietarios abrían para vigilar y controlar el comercio o taller de su propiedad en la parte baja de la vivienda. La intensa actividad mercantil que concentraba el zoco pucelano llevaba a las tiendas gentes de toda índole y a unas horas a las que el establecimiento podía encontrarse cerrado. Entonces, la mirilla hacía la función de «portero» desde el que el inquilino atendía las demandas de clientes sin necesidad de bajar al comercio ni abrir de par en par el enorme portón doble.



Reconstrucción tras 1560
Aunque la bibliografía y alusiones a ellas es muy escaso, por no decir casi inexistente, su número debía ser igual o superior al de edificios que se erigieron tras el incendio que destruyó en 1560, entre otros, el Monasterio de San Francisco y la Sala del Ayuntamiento que ocupaban los frontales de la Plaza Mayor que ahora se corresponden a la calle Ferrari y al propio edificio consistorial. Un cálculo que podría superar el centenar considerando que las puertas y ventanas que daban al gran patio vallisoletano sobrepasaban las 300 y 3.000, respectivamente. Estas cifras, reflejadas en algunos textos de la época, dan idea de la importancia que tenía la vida pública de la Plaza Mayor y la necesidad, por lo tanto, de controlar cada resquicio de ella, incluso a través de una minúscula rendija.


Precisamente, los inmuebles que hoy ocupan el lugar del convento franciscano, y bajo los que aún permanecen enterrados a cinco metros de profundidad los pozos con los que los frailes regaban las huertas, son los únicos que aún conservan estos pequeños recovecos que salpican el techo aporticado, quizá porque el resto fueron demolidas o porque en su restauración no se respetaron y fueron tapadas.
Estas viviendas, construidas a principios del siglo XIX tras la demolición del monasterio en la popular Acera de San Francisco en 1837, siguieron la tradición de acecho de sus vecinos predecesores y añadieron estos peculiares elementos a sus casas. La razón que les llevó a heredar este curioso recurso es que las columnatas de granito seguían cobijando el centro mercantil y los establecimientos o talleres más lujosos de Valladolid, especialmente tras la edificación del actual consistorio de la ciudad, a principios del siglo XX, en 1908, que sustituyó a la antigua Sala del Ayuntamiento. Hoy, en un rápido vistazo, las mirillas más deterioradas pueden parecer algún tipo de nido o incluso una arcaica ventilación, pero su verdadero sentido esconde un fuerte significado en la memoria histórica de la ciudad. De ahí que la Comisión de Gobierno aceptara la propuesta para exigir a las constructoras que las incorporen en sus planos de rehabilitación y respeten como parte de la estructura.

-Fuente: BEATRIZ REVILLA. http://www.abc.es/hemeroteca/historico-25-11-2002/abc/CastillaLeon/los-ojos-ocultos-de-la-plaza-mayor_145764.html

-Nota del editor: Mi agradecimiento a Pablo Vidal por darme la idea de publicar este artículo sobre las curiosas trampillas, cuya existencia yo ignoraba por completo.
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5 comentarios:

Vallisoletano dijo...

Yo había oído hablar de ellas, pero me daban otra versión diferente, relacionada con excrementos, etc. Me parece genial que saques a relucir estos aspectos menos conocidos de la ciudad. Me ha gustado mcho el tema.

Un abrazo.

LunaBoheMia dijo...

Qué interesante!! Muchas gracias por compartirlo!...No tenía ni idea de su existencia (mañana mismo me fijaré), ni de su significado..

Saludos!! Y enhorabuena de nuevo por este blog!!

Pedro de Mingo dijo...

Curioso e interesante sin duda. Muchas gracias.

Un saludo :-)

Pedro Ojeda Escudero dijo...

Una curiosidad que desconocía y encaja con la función comercial de la zona. ¡Gracias!

Provinciana dijo...

Me encantan

 
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