1/8/10

La Plaza de Los Ciegos y la leyenda de la Casta Susana

Plaza de los Ciegos

Esto era una vez un rico y bien considerado judío que en la Edad Media vivía en el puro centro de lo que era la aljama o barrio de los judíos de la ciudad de Valladolid. Estando Salomón (que así se llamaba) felizmente casado, enviudó muy joven y se quedó él solo al frente de su hacienda y al cuidado de su única hija Susana. Susana era una preciosidad de niña, dulce y educada que adoraba a su padre. Susana creció y se convirtió en una linda jovencita que además de adorar a su padre, llevaba la casa con rigor y sabiduría. La belleza de la muchacha, con aquellos ojos color de miel era ya fama entre los habitantes de Valladolid, judíos y cristianos, aunque a decir verdad, la muchacha apenas salía más allá de la aljama. Pero Satán vino a enredar y derritió la cera en los oídos de cuatro varones judíos (tres comerciantes y un rabino), al susurrarles muy quedo ciertas tentaciones.
Los cuatro amigos se pusieron de acuerdo para cometer el rastrero oficio de voyeur al estilo de la época. Así que una tarde de verano en que hacía bastante calor se dirigieron hasta las tapias de la casa de Salomón.
La casa de Salomón era una de esas propiedades que se presentan austeras por fuera pero que por dentro son grandiosas y suntuosas. Estaba rodeada de un jardín que era el orgullo del propietario que cuidaba él mismo con gran amor y deleite pues era un gran aficionado a la botánica y sabía muy bien cómo mimar sus plantas. El jardín tenía árboles frutales y setos de mirtos, macizos de geranios y alguna que otra planta traída del lejano oriente y milagrosamente adaptada a la dura tierra de la ciudad castellana. En el jardín había un rincón con una pequeña alberca de mármol que los criados llenaban cada día con agua cristalina y que servía para el baño diario de Susana en tiempo caluroso. Naturalmente la muchacha se sumergía desnuda sin que nadie de la casa viniera a importunarla nunca.


Todo este espacio estaba rodeado por una cerca lo suficientemente alta como para evitar el fisgoneo de los intrusos y paseantes, por encima de la cual asomaban las copas de los árboles, cosa que atraía siempre al transeúnte y le hacía imaginarse el soberbio jardín que se ocultaba tras los muros. Todavía existen en Valladolid tapias por la que asoma algún árbol. Son restos de pasadas grandezas y es mejor no investigar más allá pues por lo general ese pobre árbol se mantiene perseverante en medio de escombro e inmundicia.
Volvamos a la historia. Los cuatro hombres se dirigieron pues a la casa de Salomón y se detuvieron ante un postigo de madera que daba directamente al jardín pero que no era la entrada principal. Era una puerta sin importancia, hecha con tablas que no ajustaban muy bien y que dejaban rendijas bastante considerables. ¡Ah, el vanidoso de Salomón! Lo había hecho a posta, como con descuido, para que los curiosos pudieran ver y admirar su gran obra: el vergel. Apostados allí los cuatro personajes, cada uno en su rendija, esperaron el momento tan ansiado de ver a la bella Susana sumergirse desnuda en la piscina medieval. Y apareció en todo su esplendor juvenil y fue como un relámpago, visto y no visto, porque un segundo después los cuatro hombres no tenían más que oscuridad en su entorno. Yahvé les castigó y les dejó ciegos para siempre.
La historia se difundió por el barrio y acabó siendo una leyenda contada de padres a hijos, un cuento que nunca se olvidó, hasta tal punto que aquel espacio donde estaba ubicada la casa de Salomón tomó el nombre de Plaza de los Ciegos en una época tardía en que se fue modernizando y estructurando todo aquel entorno que antaño había sido barrio judío.
Existe la placita. Se accede a ella desde la calle de Isidro Polo (que viene de la plaza de la Trinidad) o por la calle Imperial. La placita tiene un rincón en ángulo, simpático y tranquilo, con unas casas de una cierta antigüedad, en algún momento rehabilitadas. Acercaros hasta allí en uno de vuestros paseos y echad a volar vuestra imaginación hasta situarla en la Edad Media que fue cuando sucedió esta historia que os acabo de contar.


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-Fuente: http://eltaller.us.es/index.php/Plaza_de_los_Ciegos

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2 comentarios:

Sergio dijo...

Esta historia es una transliteralización de lo que cuenta la Biblia sobre Susana. La primera vez que leí esta historia como si fuera algo de Valladolid fue en El Norte de Castilla, hace un montón de años, cuando aún no era la hoja parroquial que ahora me parece que es.

Anónimo dijo...

I congratulate, it seems remarkable idea to me is

 
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