31/3/10

La calle Angustias




Hoy tal como la conocemos discurre entre la calle Leopoldo Cano y la Plaza de San Pablo, pero anteriormente estaba dividida en tres tramos con distintos nombres: de Leopoldo Cano hasta la Iglesia de las Angustias se llamaba Plazuela del Almirante, de aquí hasta la calle Torrecilla se la denominaba Plazuela Vieja y de la calle Torrecilla hasta San Pablo el nombre era Corredera de San Pablo.

A la izquierda el Teatro Calderón, en frente la iglesia de las Angustias

La Plazuela del Almirante, cuando la cofradía de las Angustias trasladó su sede allí desde la hoy calle Torrecilla, se la empezó a llamar Plazuela de las Angustias. En 1843 se acordó extender el nombre de Plazuela de las Angustias a todo el tramo entre Leopoldo Cano y Torrecilla.

Juzgados y tribunales de Valladolid

La Corredera de San Pablo pasó a llamarse desde el 7 de julio de 1852 calle Reynoso, en honor del Ministro de Estado Mariano Miguel de Reynoso, pero en julio de 1854 se volvió a cambiar el nombre denominándola "calle del 15 de Julio". En junio de 1857 volvieron a ponerla el nombre de Corredera de San Pablo, y por fin el 18 de abril de 1863 se denominó oficialmente a toda la calle, como de las Angustias.

En esta calle estuvo el palacio de los Enriquez o del Almirante, en el que luego se estableció la Diputación Provincial de 1850 a 1856, siendo finalmente derribado para construir en dicho solar el Teatro Calderón .
También se encuentra en este tramo de calle la Iglesia/Cofradía de las Angustias construída en 1606.
En lo que se denominó Corredera de San Pablo se encuentran en la actualidad los Juzgados y Tribunales de Valladolid.


-Fuente: Las calles de Valladolid (Juan Agapito y Revilla). ISBN: 84-9761-142-X

29/3/10

El Depósito de Locomotoras de Valladolid




El Depósito de Locomotoras de Valladolid es una edificación industrial asociada a la llegada del ferrocarril a Valladolid, la segunda construcción más antigua de la zona del Taller Central de Reparaciones y la Estación de Valladolid-Campo Grande tras el Arco de Ladrillo, junto al que se levanta.

Descripción
Es un edificio de gran calidad constructiva, magnífica adecuación al programa de instalaciones de los propios talleres y muy vanguardista para la época en que fue construido por lo novedoso en aquellos momentos de la tipología utilizada, la forma llamada de fer de cheval («herradura de caballo»): el Depósito es un edificio simétrico, con una parte central recta de taller y dos zonas curvas a ambos lados de la primera para depósito de las locomotoras, cada una con capacidad para abrigar once máquinas. El servicio de maniobras para la entrada y salida de las locomotoras en el depósito se realiza mediante dos placas giratorias, situadas en los centros de curvatura de cada una de las partes curvas del edificio, capaces de rotar una longitud de de 12 metros de carril.

Fotografía obtenida de http://www.asvafer.com/Deposito.shtml

La estructura del edificio es similar a la de una gran nave con cerchas que van girando alrededor de un punto, que es el centro de cada placa giratoria. Las cerchas metálicas son de tipo Polonçeau, y cubren una luz de 18 metros. Sobre ellas se sitúa un lucernario corrido para evacuar los humos de las locomotoras. Los cerramientos son de ladrillo con carpintería metálica, con un zócalo y remates de piedra.


Historia
El depósito que existe actualmente es el segundo de los proyectados, ya que en 1860 el ingeniero francés Désiré-Jules Lesguillier diseñó dos depósitos de máquinas circulares que no llegaron a construirse.
El existente fue proyectado por Théopile Luc Ricour, otro ingeniero francés discípulo del anterior, en 1863.

Fotografía de una maqueta obtenida de http://www.asvafer.com/Maquetas.shtml

Posteriormente ha sufrido ampliaciones y remodelaciones, siendo la última de 1962. Debido a estas remodelaciones, el ala curva Sur del edificio original ha desaparecido para ser sustituida por una moderna estructura de hormigón que, además, hoy en día se encuentra en bastante mal estado.
Está catalogado con el máximo grado de protección por el Plan General de Ordenación Urbana de Valladolid, pero, sin embargo, debido al prolongado desuso, su estado actual es bastante deficiente. Los planes de remodelación urbana de la zona por el soterramiento del ferrocarril no afectan a este emblemático edificio, previendo su mantenimiento para usos públicos.


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-Fuente: http://es.wikipedia.org/wiki/Dep%C3%B3sito_de_Locomotoras_de_Valladolid

28/3/10

La Calle Viana


Es esta otra callejuela de la Plaza Mayor, estrecha y lóbrega, como eran todas las demás. Tampoco tuvo nombre, y se la puso el de "calle de Viana", por reunirse por allí los vendedores del citado pueblo a expender los productos de la tierra.

Vista de la Plaza Mayor desde la calle Viana

A esa callejuela se la llamó algún tiempo, por cierta clase de personas, "callejón de Calceto", sin duda por apodarse de ese modo alguno que allí viviera o tuviera algún puesto de venta o cosa semejante. También se la llamó calle de Jerez en el siglo XVII.

La calle vista desde la Plaza Mayor


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26/3/10

Siglo y medio del ferrocarril en Valladolid

El correo de Ariza, saliendo de la Estación del Norte, en Valladolid.
(Foto: Valladolid Cotidiano. Jose Miguel Ortega Bariego)

Julio G. Calzada
La subasta se celebró en Madrid, pero los festejos por sus consecuencias tuvieron lugar en una ciudad castellana, Valladolid, convertida el 20 de febrero del año 1856 en una de las agraciadas ante la puesta en marcha de un moderno sistema de transporte del que entonces existían dos pequeñas líneas en España. La primera, la más antigua, conectaba Barcelona con Mataró. La segunda, unía Madrid con el palacio real de verano de su majestad Isabel I, Aranjuez. Valladolid estaría casi en el centro de un camino de hierro que desde la capital de España pretendía conectar con la frontera de Irún. El 20 de febrero tuvo lugar la subasta de la segunda sección de esa línea y adjudicado el remate a la firma Crédito Mobiliario Español a través de una real orden el 23 de febrero. Los más importantes promotores de la sociedad adjudicataria eran los franceses hermanos Pereire.


La noticia llega a la ciudad con rapidez y en poco tiempo se preparan las celebraciones de un acontecimiento, casi todo el mundo está de acuerdo, que cambiará para siempre la manera de viajar, incluso el concepto del viaje. Y Valladolid está en el cogollo de las urbes elegidas, de las que tendrán tren una veintena de años después de que un británico, Stephenson, ponga en marcha el primer convoy sobre raíles. Siglo y medio después, la antigua ciudad del conde Ansúrez, capital entonces de una provincia de Castilla la Vieja, es hoy centro político de la comunidad autónoma de Castilla y León, sede de sus instituciones y la urbe más poblada y con mayor capacidad industrial del ámbito administrativo autonómico. En ella se rememorará durante todo este año la conmemoración de los 150 años del comienzo de la aventura ferroviaria que, en el caso vallisoletano, conlleva no solo el paso de los convoyes y el movimiento de mercancías y viajeros por sus estaciones, sino también el desarrollo de una nueva clase social, la de los trabajadores de los talleres mecánicos asociados al ferrocarril, una circunstancia que modificará el panorama laboral ya desde el comienzo de los trabajos de construcción de la línea, a finales del año 1856.

Estación del Campo Grande

El propio presidente del Consejo de Ministros, el general Baldomero Espartero, fue el encargado el 26 de abril de 1856 de colocar la primera piedra de las obras en nombre de la reina. Todo se anunciaba con vientos favorables y se esperaba que en un plazo de tres o cuatro años, los trenes tuvieran conexión desde Madrid hasta la frontera francesa. Las cosas, sin embargo, no fueron tan rápidas. El 22 de julio se produjeron graves disturbios como consecuencia del encarecimiento del pan. Se incendiaron varias casas y las revueltas se prolongaron durante varios días. El 27 de ese mes, al menos tres personas fueron sentenciadas a muerte por lo sucedido, mientras en Rioseco y también en Palencia se regresa a la normalidad. Estos acontecimientos retrasan el inicio de las obras, aunque en agosto ya se sabe que el coste de construcción de las 43 leguas que separan Madrid y Valladolid (239 kilómetros) será de cinco millones por legua. El comienzo de los trabajos se anuncia para cuando acabe la recolección en Castilla. Fue algo más tarde, el 9 de diciembre, cuando empezaron en la zona de Arcas Reales. Para entonces, ya se habían explanado más de sesenta kilómetros en la zona de Arévalo y se anunciaba la inminente llegada de las primeras locomotoras. Todo en el mismo año en el que había tenido lugar la subasta cuya fecha ha puesto nombre a una calle de Valladolid, la del 20 de febrero.

Estación del Campo Grande a finales del S.XIX. Foto: Adif

La línea sin embargo, será finalizada en 1864, ocho años más tarde. Como ocurre en la actualidad, ya entonces los políticos anunciaban deseos cuando hablaban de la finalización de los proyectos. Fue la primera de las conexiones de Valladolid, pero no la única porque la ciudad vería casi de continuo como se iniciaban las obras de ferrocarril de Alar del Rey a Santander y la conexión con Valladolid a través de una venta situada en el término municipal de la localidad palentina de Baños de Cerrato. Un lugar de origen de otro de los puntos estratégicos del ferrocarril del norte de España, la Venta de Baños. Con Valladolid como centro y la villa palentina al norte, al sur surgirá otro centro ferroviario de importancia hasta la actualidad: Medina del Campo. La tercera de las lí-neas vallisoletanas será la del ‘ferrocarril económico’ a Medina de Rioseco, el popular ‘tren burra’ que corrió por primera vez por Tierra de Campos el 13 de septiembre de 1884. Desde la Ciudad de los Almirantes, este tren de vía estrecha servirá de conexión para toda la comarca terracampina, llegará hasta Villalón y desde allí se convertirá en la segunda conexión por raíles con Palencia.


Terminará sus días apenas superado el primer tercio del siglo XX, aunque mantendrá la unión con la capital hasta 1969, cuando la última de sus locomotoras apagó su caldera de vapor. Otra línea comienza a crecer más tarde. Desde Aragón, Zaragoza tendrá hilo de hierro directo hasta Valladolid a través de la línea de Ariza, inaugurada en 1895 y cerrada desde 1990. De esta forma, la más antigua es también la única superviviente tras siglo y medio de utilización continuada, aunque pasa por un periodo de decadencia que comenzó con la popularización de otro medio de transporte del que Valladolid también es una de las ciudades clave en la producción española: el automóvil. La entrada en servicio de la línea de alta velocidad que aún se tiende entre Valladolid y Madrid confía en devolver al tren el esplendor de su época dorada, a comienzos del siglo XX, cuando era la principal y más rápida forma de moverse por la geografía española y la europea. En esta nueva era de velocidades cercanas a los 300 kilómetros por hora, también está presente Valladolid esta vez como uno de los centros de los trazados que partirán desde la estación del Campo Grande en cuatro direcciones hacia el arco atlántico: La Coruña (Galicia), Gijón (Asturias), Santander (Cantabria) e Irún y Bilbao (País Vasco).

Foto: Adif

Coinciden así la conmemoración de los 150 años de historia ferroviaria vallisoletana con la puesta en marcha de una nueva aventura sobre raíles que pretende reverdecer un tipo de transporte, el ferrocarril, que en opinión de historiadores de la talla de Julio Valdeón Baruque, fue «la auténtica base del despegue económico de Valladolid».

-Fuente: http://canales.nortecastilla.es/150aniversario2/noticias/publicaciones/tren_01.htm

24/3/10

El Palacio de los Escudero-Herrera


El Palacio de los Escudero-Herrera es un edificio renacentista, construido en el segundo cuarto del siglo XVI, emplazado en la calle de Fray Luis de León en Valladolid, España. Desde 1922 pertenece a la Congregación de las Hijas de Jesús, al igual que el Palacio de los Villagómez, adquirido por ésta varios años más tarde y siendo ambos colindantes.

Tiene una fachada renacentista de piedra, apaisada, que incluye tres portadas: la de las cocheras, cegada actualmente, la de las bodegas y la principal (simétrica), abierta con un gran arco de medio punto envuelto a modo de alfiz por entablamento y dos columnas jónicas de fuste estriado apoyadas en ménsulas; sobre ellas se alzan dos flameros con los escudos de armas de la familia. En las dovelas del arco de esta portada se puede leer aún la inscripción que indica que el palacio sirvió como Colegio de San Ildefonso.

Antigua puerta de las cocheras del palacio.

En su interior alberga un patio renacentista de dos alturas, porticado en tres de sus lados, estando el muro orientado hacia el Norte totalmente tapiado para resguardo del frío, característica ésta típica de los palacios vallisoletanos. El pórtico, abierto con arcos de medio punto apoyados en columnas jónicas, conserva el artesonado original.

Patio porticado del palacio, sin rebajar hasta hace unas décadas.

Cuando fue habilitado como colegio de las Hijas de Jesús se construyó la capilla, donde se emplaza la portada principal del edificio, y que conserva un retablo barroco procedente de la Iglesia del Rosarillo de Valladolid, ante el cual se inspiró la Madre Cándida, fundadora de la Congregación, para llevar a cabo su deseo de crear varios centros educativos. El retablo es de un solo cuerpo, con la Santísima Trinidad dispuesta en vertical, y la Sagrada Familia, flanqueada por San Joaquín y Santa Ana, en horizontal. El conjunto está adornado por varios angelotes.

El palacio fue residencia de la familia de los Escudero-Herrera, y durante un tiempo a finales del siglo XVI estuvo habilitado como cárcel del Tribunal de la Santa Inquisición. Hasta hace unas décadas se creía que en él había estado preso Fray Luis de León, viniendo de ahí el nombre de la calle de Fray Luis de León, pero se conocen documentos que fechan la estancia del poeta en años en los que los sótanos del edificio ya no funcionaban como cárcel; En 1922, el palacio pasa a manos de la Congregación de las Hijas de Jesús, que lo habilita como centro de Enseñanza Primaria.


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-Fuente: http://www.greece.honeygadgets.com/Palacio_de_los_Escudero-Herrera_%28Valladolid%29


21/3/10

María de Molina


(?, h. 1265-Valladolid, 1321) Reina de Castilla y León (1284-1295). Hija del infante Alfonso de Molina y nieta de Alfonso IX de León, en 1281 contrajo matrimonio sin la preceptiva dispensa canónica con su primo Sancho, hijo de Alfonso X y heredero del trono castellano tras la muerte de su hermano mayor Fernando (1275). En 1284, el deceso de Alfonso X dio paso a la proclamación de Sancho IV como soberano de Castilla y León y, en consecuencia, a la coronación de María de Molina como reina. El reinado de Sancho IV fue corto, puesto que el monarca murió en 1295, dejando un heredero de apenas nueve años, Fernando IV.
La dudosa legitimidad de éste, fruto de un matrimonio entre primos contraído sin dispensa, provocó una cruenta guerra civil en Castilla y León, que enfrentó a los partidarios del joven soberano, proclamado rey en Toledo tras los funerales de su padre, contra sus ambiciosos tíos, los infantes Juan y Enrique, y contra los infantes de la Cerda, sus primos, apoyados por Jaime II de Aragón y Dionís de Portugal, cuyas tropas penetraron en territorio castellano (1296).

María de Molina presenta a su hijo a las Cortes de Valladolid de 1295

Únicamente la tenacidad y la habilidad política de María de Molina, nombrada regente en el testamento de Sancho IV, permitieron rechazar la invasión extranjera, conjurar la crisis interna y afirmar los derechos de Fernando IV sobre el trono castellano, una vez que hubo llegado a Castilla la bula pontificia que legitimaba el matrimonio de María de Molina, seis años después de haber enviudado (1301).

En el año 1312, sin embargo, la prematura desaparición de Fernando IV abrió un nuevo ciclo de luchas civiles y obligó a María de Molina a hacerse cargo de la regencia de Alfonso XI, su nieto, responsabilidad que compartió con los infantes Pedro y Juan y que mantuvo hasta su muerte en 1321, siendo todavía Alfonso menor de edad.

Sepulcro de Doña María de Molina (Monasterio de las Huelgas Reales)

En Valladolid la reina María de Molina dedicó grandes esfuerzos para que se llevara a cabo la construcción formal del convento de San Pablo situado en un solar cedido por el Concejo a los dominicos al norte de la ciudad. Tambien fue la fundadora del Monasterio de las Huelgas Reales, lugar donde está sitado su sepulcro.






-Fuente: http://www.biografiasyvidas.com/biografia/m/maria_demolina.htm

19/3/10

El escudo de la ciudad de Valladolid



Las formas heráldicas del escudo de la ciudad de Valladolid tienen un origen incierto. La representación más antigua conocida del escudo de Valladolid data del año 1454, aunque en ese momento solo aparecían en él los jirones ondulados. El escudo pudo haber sido otorgado por el rey vallisoletano Enrique IV de Castilla. Se cree que los diferentes elementos tienen su origen en acontecimientos importantes de la historia de la ciudad.

Descripción

El origen de las llamas que en él aparecen podrían hacer referencia al incendio de 1561, que destruyó la décima parte de la ciudad y especialmente su centro comercial; la Plaza del Mercado y las calles gremiales que rodeaban a la plaza. No obstante, si este acontecimiento histórico fue el que determinó la inclusión de las llamas en el escudo lo más lógico sería que estas nacieran de la parte inferior y no de la parte derecha. Otro dato en contra de esta teoría es que estos girones aparecen presentes ya antes de dicha catástrofe, en el mencionado escudo de 1454. Otra teoría, vinculada a un origen "legendario" se correspondería con la bandera oriflama, guión guerrero de Castilla. Este pendón estaría terminado en diferente número de puntas, aunque finalmente se establecerían en cinco, pues era el número que figuraba en la heráldica de las dos familias más importantes e influyentes del municipio: los Tovar y los Reoyo. Dejando a un lado estas explicaciones, lo cierto es que estas puntas eran muy habituales en la heráldica europea medieval, presentes en los escudos de alguna de las grandes familias de la nobleza castellana, como los Girón.

En la Casa Consistorial se puede ver el escudo original antes de ser
incorporada la Cruz Laureada de San Fernando

La corona real es abierta, de origen medieval, más antigua que la corona real cerrada. Habría sido otorgada por los Reyes Católicos, como símbolo de villa de realengo, con fueros propios.

La bordura de gules con los ocho castillos de oro se incorporaría al escudo en 1596, cuando Felipe II otorgó a la villa el título de ciudad. El rey procuró que el título de ciudad, que estaba implícito en el proceso de creación del obispado de Valladolid llevado a cabo un año antes por el Papa Clemente VIII, fuese responsabilidad suya desligando ambas cuestiones, litigando con el Vaticano, y recayendo sobre él la responsabilidad de ese honor para con su ciudad natal. Hay que hacer notar el paralelismo que puede establecerse entre la actual bordura heráldica y el antiguo sello medieval de la ciudad en donde también aparecían ocho muescas o torres formando parte del cerco o muralla que envolvía simbólicamente a la villa. Así, se han venido a identificar estos castillos como las ocho puertas de las dos cercas o murallas que llegó a tener la población representadas por la bordura.

Escudo sito en uno de los laterales del pedestal de la estatua del Conde Ansúrez de la Plaza Mayor

Por último, la Cruz Laureada de San Fernando, máxima condecoración militar española, creada en el siglo XIX, le fue otorgada por decreto de 17 de julio de 1939 al municipio de Valladolid. En 1962 el ayuntamiento de Valladolid permitió la incorporación de la Cruz al escudo del club de fútbol de la ciudad, el Real Valladolid.

18/3/10

El Hospital y la Iglesia del "Rosarillo"


La primitiva portada del hospital daba a la plaza del Rosarillo, siendo posteriormente
trasladada a la calle San Juan de Dios y colocada como entrada de la actual Residencia Sacerdotal

Corresponde a la iglesia de la Cofradía del Rosario y de los Santos Cosme y Damián, que atendían un hospital.
El culto a los Santos Cosme y Damián aparece en fecha temprana en Valladolid. Hay que distinguir entre la cofradía de San Cosme y San Damián, que es la que crea el hospital, y los frailes de San Basilio, bajo la advocación de dichos santos. En tanto la cofradía data de la época de doña Urraca, los monjes basilios se establecen según Canesi en 1585, precisamente en una ermita que pertenecía a la cofradía, lo que va a hacer surgir problemas por la posesión de las reliquias de los Santos.

Residencia Sacerdotal, donde podemos contemplar la portada original del hospital

En el siglo XV la cofradía poseía un hospital en la plazuela de la Piñolería (actual del Rosarillo). El obispo de Segovia, don Juan Arias Dávila, dio fondos para la reconstrucción de la referida ermita, pero en 1499, por acuerdo de don Pedro de Arias, sobrino y heredero del obispo, y la cofradía de los mártires Cosme y Damián, se estableció que no necesitando la ermita reparaciones y sí por el contrario el hospital de la plazuela de la Piñolería, se destinasen a esta finalidad. El acuerdo se firmó el 16 de julio de 1499. La cofradía quedaba obligada a colocar las armas del obispo en el hospital, y a decir una misa cantada y otra rezada por su ánima.
Con independencia se desarrolla la cofradía del Rosario. En 1503 esta cofradía había recibido un donativo de doña Catalina de Corral, segunda mujer de don Rodrigo de Villadrando, de unas casas para destinarlas a hospital atendido por la cofradía. El edificio estaba situado junto al palacio del Marqués de Camarasa, en la parte posterior. Cuando en 1601 la Corte vuelve a Valladolid, ocupa para su residencia el palacio de dicho Marqués. Se pensó entonces en convertir la iglesia del Rosario en capilla real, uso que ya venía siendo desempeñado por la familia del Marqués. Se llegó a una avenencia, en virtud de la cual la Corona compró la iglesia, compensando económicamente a la cofradía, por lo que ésta llega a ostentar el escudo de la monarquía. Pero para subsistir se llegó a la fusión de la cofradía del Rosario con la de los Santos Cosme y Damián, pasando a ocupar el edificio de estos últimos. Se acordó que la Virgen del Rosario habría de colocarse en el centro del retablo mayor, portada y patio del edificio. Las imágenes de San Cosme y San Damián se colocarían al lado del retablo. El acuerdo se firmó el 13 de abril de 1603.

Entrada a la Iglesia frente a la residencia sacerdotal (Calle San Juan de Dios)

Aunque el hospital de San Cosme y San Damián se dedicaba a atender a mendigos, prevaleció la función que venía siendo desempeñada por el del Rosario, de dedicarse a viudas necesitadas. En 1635 pasó a la atención de enfermos convalecientes. Su misión consistía en prestar socorro a enfermos a los que se daba de alta en otros hospitales y merecían una ulterior atención. En 1737 el Hospital General de la Resurrección pleiteó con éste, demandando para sí la atención de enfermos convalecientes. Con motivo del pleito se describe la forma de realizar la misión hospitalaria. Había dependencias separadas para hombres y mujeres. En 1786 desaparece el hospital, haciéndose cargo del edificio la Venerable Congregación de Sacerdotes de la Presentación, situada en la iglesia de San Lorenzo, que es donde se encuentra su archivo. La cofradía se extinguió asimismo por orden real, lo que no ha impedido que haya existido hasta hace muy poco tiempo una Hermandad de San Cosme y San Damián.
La iglesia se encontraba en las inmediaciones del Palacio del Almirante de Castilla. Con frecuencia se suscitaron pleitos con éste, que ambiciona la propiedad. En 1634 se procedió a la venta de la mitad del coro de la iglesia, con objeto de que sirviese de tribuna a la familia del Almirante.
Gozaba de diversas indulgencias el hospital y había imágenes veneradísimas, como el Cristo del Refugio, de suerte que hasta hace muy poco tiempor ha sido uno de los santuarios más venerados de Valladolid. Hoy está cerrado al culto.

El hospital
La puerta que sirve de acceso a la Residencia Sacerdotal, era la antigua portada del desaparecido hospital del Rosarillo y los Santos mártires Cosme y Damián.
Realizada en piedra, con arco de medio punto y rosca de hojarasca gótica, data del último decenio del siglo xv. Envuelta la portada en su alfiz quebrado, dispone de tres hornacinas de arco conopial, donde habían de ubicarse la Virgen del Rosario, san Cosme y san Damián. Hornacinas que hoy están vacías aunque se mantiene el escudo del Obispo, Juan Arias, con el sombrero episcopal.

Patio del hospital del Rosarillo

La iglesia
El arquitecto Juan de Nates intervino en la realización de la Sacristía y el Camarín de la Virgen del Rosario. La capilla es cuadrada y se cubre con una cúpula. Los otros tramos se cubren con bóveda de arista. El coro que cierra la parte de atrás fue utilizado por el Almirante de Castilla como tribuna.
La portada de la fachada es de piedra y adintelada, con frontón partido y bolas sobre pedestales; se cree que también se debe a Juan de Nates por el estilo clasicista vallisoletano. Sobre el frontón se encuentra el escudo real de FelipeIII, como propietario de la nueva institución.

Escudo Real de Felipe III

Al lado del Evangelio existe una capilla-hornacina, protegida con reja. En el copete portaba un escudo de la familia de los Mendoza. La capilla de la derecha entrando desde el claustro, debajo del coro, posiblemente perteneciera a Juan Martínez de Repela, pues en su testamento figuraba el deseo de adquirirla. El fondo de la capilla estaba decorado con azulejería y al igual que la reja eran del último cuarto del siglo XVII. Allí se encontraba la pintura de la Virgen del Rosario con el niño pudiendo pertenecer a la primera iglesia de la de esta cofradía. La Virgen sostenía una corona de rosas y el Niño Jesús ofrecía una rosa a la donante. El donante llevaba en sus labios una rosa, símbolo de la devoción del rosario.
Cerca del retablo mayor, en la capilla mayor se sitúa un retablo del último cuarto del XVII, con columnas salomónicas pobladas de sarmientos y racimos a los lados y un gran copete de hojarasca. El retablo es del pleno barroco y sobre las hornacinas se encuentra representado el milagro de los santos hermanos Cosme y Damián que están colocando la pierna de un negro a un enfermo blanco que estaba necesitado de ella.
Al final del siglo XVII, se llevó a cabo una renovación del mobiliario de la iglesia y se doró el retablo mayor.
En las hornacinas laterales se ubicaron los santos Domingo de Guzmán y Francisco de Asís. El retablo es coronado por la escena del Calvario. En los laterales del ático encontramos dos ángeles portadores de estandartes.
En el lado de la Epístola aparece otro retablo idéntico que alberga a San Joaquín, Santa Ana y la Virgen, del último decenio del siglo XVII. En el mismo lado de la Epístola existía otro dedicado a la Sagrada Familia con el Padre Eterno y el Espíritu Santo y en los costados San Joaquín y Santa Ana. Sobre el arco central, destacaba un medallón sostenido por tres ángeles, con el anagrama del nombre de Jesús. Este retablo obra de Pedro de Sierra y realizada en 1736 preside actualmente la Capilla del Colegio de las Jesuitinas de Valladolid, pues la fundadora de la Orden recibió en esta Iglesia del Rosarillo la inspiración de su obra.
Al quitar este retablo aparecieron unas pinturas al fresco con el mismo tema de la Sagrada Familia, pinturas que datan del primer decenio del siglo XVII.
Hasta hace unos años se tenía una gran devoción al Cristo del Refugio, especialmente en las horas centrales del Viernes Santo. Concluido el Sermón de las Siete Palabras y con la procesión de los llamados "Docentes" las mujeres de Valladolid, sobre todo las jóvenes, se encaminaban hacia la Iglesia para rezar treinta y tres credos, tantos como los años de Cristo, y a la misma hora que expiraba Jesús en la Cruz. Con el cierre de la Iglesia, la Congregación Sacerdotal decidió su traslado a San Felipe Neri.


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-Fuente: Catálogo Monumental. Monumentos Religiosos de la Ciudad de Valladolid (Parte I)
Por Juan José Martín González y Jesús Urrea Fernández



15/3/10

El café "El Minuto"

Al fondo se puede ver el primer local que albergó a "El minuto", en la plaza de Portugalete.
Como contexto de la imagen una de las comunes riadas del Esgueva


“El Minuto” data de finales del XIX, al menos el primero de los tres locales que ocupó en el mismo barrio.
Hay varias versiones sobre la razón del nombre con el que siempre se le ha conocido pero la más sólida es la que apunta al apodo con que fue conocido su primer propietario, un torero llamado “El Minuto”, como Enrique Vargas González, que fue quien inauguró este mote y que después copiaron al menos otros ocho o diez diestros de desigual fortuna. El “Minuto” original nació en Sevilla en 1870 y estuvo en los carteles hasta 1914, gozando de cierta popularidad ya que suplía las limitaciones de su baja estatura –de ahí su apodo- con un valor grande y una sorprendente habilidad para estoquear a los toros en el hoyo de las agujas.
El minuto de la taberna debió de ser un subalterno, porque su nombre de pila era Segundo y no hay nadie llamado así que llegase a tomar la alternativa.
El primer local estuvo situado en la Plaza de Portugalete
Se trataba de un local amplio y presumiblemente propicio para las tertulias taurinas, siendo quien era su dueño.

Segundo local en la Plaza de la libertad

Algunos años después se pasó a un local más pequeño en la plaza de la Libertad. La razón social de esta nueva ubicación fue “Cafetín del Minuto”. Allí se siguió despachando vino como primera opción y por eso se interesó por el local Vicente Villar, un hombre vinculado a este negocio porque se dedicaba a comprar y vender vino al por mayor. Vicente Villar no tardó en echar el ojo a otro establecimiento en la calle Macías Picavea, que hasta poco antes se había llamado de Cantarranas. Y allí se trasladó en los años treinta dejando el negocio en manos de sus hijos Abdón y Vicente.



El local en la actualidad

Vicente Villar murió hace mas de veinte años y su mujer y sus hijas, que nunca estuvieron en sintonía con este negocio, vendieron el piso y el local. Desiderio García Pérez, cogió el traspaso y realizó un profunda reforma, derribando tabiques y procurando con su hermano Jesús mantener el estilo de la taberna, pero se nos hace difícil reconocer en el nuevo local a la vieja taberna tan cargada de recuerdos felices.


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-Fuente: Historia de 100 tabernas vallisoletanas. - Jose Miguel Ortega Bariego. ISBN: 84-611-2626-2


13/3/10

El colegio de San Albano o de los ingleses


Tras la imposición de la autoridad real sobre la iglesia nacional de Inglaterra –la Iglesia anglicana independiente de Roma-, sus soberanos iniciaron una persecución contra los súbditos que no aceptaban su acta de supremacía, entre los que se encontraban especialmente los católicos.

Por ello, fue necesario que los centros de formación de sacerdotes ingleses se trasladasen a la Europa católica, iniciando su camino en la Castilla de Felipe II desde 1589 en que Robert Persons, jesuita inglés, fundaba este colegio de San Albano en Valladolid. Su misión, bajo la dirección y administración de los Jesuitas, sería la de formar sacerdotes católicos ingleses que regresasen a Inglaterra para ejercer su misión. Así, pues, un elemento fundamental para sostener a los católicos perseguidos era la formación del clero autóctono en el extranjero. Para que estos seminarios fuesen eficaces, los jesuitas que los dirigían y administraban eran una pieza esencial. Tras la expulsión de los jesuitas de España en 1767, se colocó bajo patronato real.



Iglesia
La iglesia, considerada una de las mejores muestras del barroco vallisoletano, custodia una imagen de la Virgen María bajo la advocación de «Nuestra Señora de la Vulnerata», salvada del saqueo de Cádiz de 1596 y profanada por las tropas inglesas. Las dependencias colegiales están repartidas alrededor del claustro.ue ampliada entre los años 1672 a 1679, con el patronazgo del padre Manuel de Calatayud, con los diseños del Padre Pedro Matos y ejecución de Pedro de Vivancos.
La fachada, de ladrillo y paños de mampostería, está dividida en dos cuerpos unidos por arbotantes curvos.

El nº 35, señala en el Plano de Bentura Seco de 1738 la ubicación del colegio de San Albano

La planta de la iglesia es octogonal alargada con cúpula ovalada y decorada con yeserías y pinturas de Diego Díez Ferreras. Dispone de capillas rectangulares abiertas en sus lados, con pasos entre los contrafuertes. La capilla mayor escuadrada, con cúpulas sin pechinas, visible desde el exterior.


El retablo mayor, obra de Francisco de Villota, tiene como motivo central la imagen de «Nuestra Señora de la Vulnerata» del siglo XVI. A sus lados se encuentran esculturas de San Albano, Tomás Beckett y Eduardo el Confesor, todas de Francisco Rincón.
Las capillas laterales presentan retablos barrocos con esculturas de Pedro de Ávila y Juan Antonio de la Peña.



Refectorio
En el refectorio destaca la pintura Éxtasis de María Magdalena de Pazzis de Francisco Solís.

Tribunas
Sobre las tribunas se encuentran grandes lienzos de Diego Díez Ferreras sobre la profanación de La Vulnerata.


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-Fuente: Guía Misteriosa de Valladolid. (Javier Burrieza Sánchez). ISBN: 978-84-936875-6-4

-Fuente: http://es.wikipedia.org/wiki/Real_Colegio_de_San_Albano


-Fondos documentales de la biblioteca y archivo del Colegio de los Ingleses de Valladolid


12/3/10

La Iglesia Penitencial de Jesús


La iglesia dedicada canónicamente a Ntro. Padre Jesús Nazareno está situada en la calle de Jesús, junto a la plaza mayor. En ella tienen lugar todos los actos y cultos que celebra ésta cofradía.
Con forma de cruz latina, consta de una sola nave rematado el crucero en una cúpula sobre pechinas. La fachada es de ladrillo prensa, el mismo utilizado en la construcción del Ayuntamiento. Consta de cuerpo central y dos laterales rematados con sendas espadañas donde se alojan las campanas.
A continuación detallamos brevemente cómo se construyó y cómo ha ido transformándose hasta ser como es a día de hoy.



Adquisición de los terrenos
La Cofradía se fundó en el año 1596 en el antiguo convento de San Agustín, cuya iglesia es hoy el archivo municipal. En esta sede residió durante los primeros 75 años de su historia, en relaciones por lo general, bastante poco amistosas con los religiosos.
Se sabe que era deseo de la Cofradía adquirir terrenos para construirse una iglesia propia, pero la precariedad económica y la dificultad de encontrar unos solares en el centro de la ciudad, hicieron la gestión muy difícil.
En el año 1627, Andrés de Cabezón, vecino y regidor de Valladolid, ofreció unos solares que poseía en la zona de la Rinconada junto a otros que tenía la cofradía para que ésta pudiese edificar en ellos su templo, obra a la que ayudaría económicamente a cambio de ser nombrado patrono. Otros personajes más o menos ligados a la hermandad cedieron terrenos colindantes a los de Cabezón.


No es, sin embargo, hasta noviembre de 1663, en que se lleva a cabo la limpieza del solar y se levantan algunas tapias previas a la obra. El por entonces alcalde de la cofradía, Francisco Herrero, expuso su deseo de que las obras de la iglesia comenzasen a la mayor brevedad posible, puesto que las otras cuatro penitenciales de la ciudad tenían templo propio donde celebrar sus misas y de donde salían sus procesiones.

Construcción de la iglesia
No se conoce la fecha exacta del comienzo de las obras, pero sabemos que en septiembre de 1665 se habían hecho gran parte de los cimientos.
A partir de este momento, el procedimiento habitual para sufragar los gastos de la construcción de la iglesia fue la de reservar el cargo de alcalde a cambio de un donativo generoso, aunque se conocen también casos en que, siendo nombrado alcalde un hermano, éste rechazaba el puesto, compensando a la cofradía con el correspondiente cargo económico para la realización de las obras. Debido a estas reservas, podemos seguir en cierto modo el transcurrir de las obras, puesto que en los libros de actas se especificaba la cantidad y el fin concreto para el que se aplicaba el donativo.
En el año 1673 debieron aparecer dificultades económicas, puesto que el cofrade Francisco García ofreció hacer una ermita si se le entregaban 1500 reales, aprovechando la portada y alguno de los muros laterales ya construidos, puesto que entendía que no iba a poder concluirse la obra en su totalidad. Pero el Obispado ordenó que se construyese la iglesia como estaba dispuesto en anteriores cabildos. Esto nos da la idea del deseo que se tenía en el seno de la cofradía de independizarse de los agustinos y de la impaciencia que surgía por la lentitud con que, en algunos periodos de tiempo, se desarrollaban las obras.
El 5 de enero de 1675, Vicente de Salcedo dio 700 reales para ayudar a cubrir la iglesia, por tanto suponemos que por esas fechas ya se estaban comenzando las obras en la cubierta del templo.
El 3 de abril de 1676, Viernes Santo, salió la procesión de la cofradía desde el convento de San Agustín y regresó a la iglesia de Jesús Nazareno, quedando en ella todos sus pasos y enseres, siendo alcaldes de la misma Claudio Pita de Andrade Montenegro y Andrés de Medina.

Reformas posteriores
En noviembre de 1686 la cofradía vuelve a embarcarse en una obra de importante envergadura, ya que encargó al maestro José Gómez la construcción de la sacristía, quien la terminó a finales del año siguiente.
El 1 de junio de 1691 se manifestó en un cabildo que las bóvedas corrían riesgo de derrumbe, por lo cual era preciso proseguir la obra y buscar los fondos para ello. Esto nos puede dar la idea de que a pesar de estar inaugurada, aún no había sido terminada por completo. En junio de 1693 se concluyó la primera parte de la obra. El 27 de junio del año siguiente se acordó reanudar las obras hasta su conclusión definitiva, para lo cual habría de trasladarse la imagen de Nuestro Padre Jesús Nazareno hasta la iglesia de Santiago, lo que se realizó el 30 de junio de este año 1694, quedando la penitencial de Jesús cerrada al culto.


El 23 de noviembre de 1695 se celebró un cabildo para tratar sobre la construcción de la sacristía y casa del capellán, adjudicándole el encargo a Pablo Mínguez. Por tanto, suponemos que la anterior realizada por José Gómez era provisional. Esta nueva sacristía es la que conservamos aún hoy.
El 2 de marzo de 1696, Bernardo Jiménez presentó un estudio detallado sobre las obras que aún quedaban por realizarse para la conclusión de la iglesia, que eran “la parte superior y cerramiento, consistente en la cornisa, cañones y bóvedas, además de otras menos importantes, como revoco de fachada y dos nichos o huecos en los muros laterales para colocar las imágenes de la Soledad y del Cristo del Despojo”. En junio del año siguiente la imagen de Ntro. Padre Jesús Nazareno vuelve a su iglesia, terminadas ya todas las obras.


Avanzado el siglo XVIII se realizó una nueva obra en la iglesia: el camarín. El mismo Bernardo Jiménez había indicado la necesidad de la realización de esta obra, pero fue finalmente Pablo Mínguez el que la llevó a efecto. Sin embargo, la relación entre éste y la cofradía fue poco amistosa, entrando en pleitos por problemas de pagos y de incumplimientos de plazos respectivamente. Así, la cofradía prescindió de los servicios de Mínguez para las mejoras de la obra del camarín y se las encargó al maestro Manuel Marcos.
Posteriormente se construyeron dos casas adyacentes a la iglesia; una, en el lado de la epístola, para el capellán, concluida a finales de 1721; la segunda, junto a la sacristía, construida por José Fernández entre 1734 y 1735, y que se componía de una habitación para el sacristán y un entresuelo para la sala de cabildos, pintada por Ignacio de Prado.
Así, y con pequeñas obras de retejado, llegamos al año 1800, cuando el incendio del retablo del Cristo del Despojo, situado en el lado de la epístola, obligó a cerrar la iglesia al culto y realizar algunas obras de reparación de los daños causados por el fuego. Las obras comenzaron en junio de dicho año y terminaron en noviembre, abriéndose de nuevo al culto el día 16 del citado mes.
Las obras consistieron en la sustitución del retablo incendiado por uno nuevo, blanqueo del crucero y la decoración de las pechinas a cargo del pintor Leonardo Araujo, quién pintó en ellas cuatro ángeles con los atributos de la pasión, pinturas que se conservan intactas hoy en día.


En estos años, y a medida que se adentraba el siglo XIX, las cofradías se iban empobreciendo, no pudiendo sufragar más gastos que los imprescindibles para la conservación de sus templos.
En estas condiciones, en el año 1858 se decide entarimar el suelo de la iglesia, gracias a las ayudas económicas de las comisarías pertenecientes a los titulares de la cofradía. Para dicha reforma, la imagen de Jesús Nazareno volvió a trasladarse a la parroquia de Santiago, esta vez junto a la Virgen de la Soledad.
En 1876 el arquitecto municipal denuncia el mal estado del cuerpo voladizo de la calle del peso, y el depositario de la cofradía, Gabino Rojo Estalayo manifestó la incapacidad económica de la cofradía para llevar a efecto la reparación, por lo cual el Ayuntamiento traspasó la responsabilidad al párroco de Santiago. Por este motivo, durante los años siguientes, aparece dicho párroco representando a la cofradía en los temas económicos.

La reforma de 1885
Es en este año cuando la iglesia sufre su más profunda modificación, a consecuencia de las reformas urbanísticas que se produjeron en el entorno de la Plaza Mayor de Valladolid, y que apuntamos brevemente al inicio de este texto.
En diciembre de 1880, el arquitecto municipal D. Joaquín Ruiz Sierra presentó un proyecto de reforma de las alineaciones de las calles de Sandoval, Cebadería, Manzana, Jesús y plaza de la Rinconada, y la apertura de una nueva calle que uniese la de Sandoval y la Rinconada, a propósito de la construcción del mercado del Val. Como consecuencia, la iglesia de Jesús se pretendía expropiar en su totalidad, y fue tasada en 108.000 pesetas, apuntándose que estaba al borde del derrumbe. Pero la reforma no se llevó a cabo en su totalidad, ya que fue modificada por el arquitecto municipal D. J. Benedicto, que optó por expropiar una parte de la iglesia y darle un corte para la alineación de la calle de Jesús, con lo que adoptó la forma que tiene en la actualidad. También afectó la reforma a la casa que da a la calle del Peso, y desapareció la del otro lado, llamada del capellán.
El 9 de marzo de 1885, el ayuntamiento concedió la licencia al arquitecto Ruiz Sierra para ejecutar las obras en la iglesia, que consistían principalmente en levantar una nueva fachada y añadir un piso de altura a la casa de la calle del Peso. La cofradía recibió como compensación 18.500 pesetas, pero este dinero no bastó para sufragar los gastos de la obra, y la falta de presupuesto tuvo que ser obviada por el arquitecto D. N. Aguilar, quien adelantó los fondos necesarios a cambio de que el sacerdote celebrase cinco misas al mes por su intención.

Últimas intervenciones
En el año 1955 se reformó la subida al camarín a cargo de Germán Miranda del Hoyo, lo que conllevó una reestructuración casi completa de éste, pasando a accederse por debajo del retablo del altar mayor. Esto supuso la reducción de tamaño del camarín, pasando la parte eliminada a formar parte del edificio colindante.

La última intervención fue realizada en el año 2004, y consistió en la reforma completa de la casa de Hermandad, la que se sitúa sobre la sacristía, que también fue restaurada. La obra consistió en la adaptación de la casa, que contiene los despachos y salas de cabildos, a las necesidades actuales, así como la sustitución de estructura en mal estado, escalera, suelos, etc. En la iglesia también se hizo una pequeña intervención en el presbiterio con el fin de cambiar los conductos de calefacción, además de la construcción de un columbario bajo el camarín, justo tras el retablo, para el enterramiento de cofrades y devotos de Jesús Nazareno.
Como vemos, nuestra penitencial sigue estando en continua transformación, y cuando un edificio que contiene los sentimientos de tantos hermanos va cambiando de forma progresiva, es señal inequívoca de que está vivo. Por eso podemos estar satisfechos, porque nuestra casa, nuestra sede, sigue albergando las mismas ganas de crecer que cuando nació, allá a mediados del siglo XVII.

Alberto Muñoz González. Boletín informativo de la cofradía. Año 2008

-http://nazarenovalladolid.com/nv/
 
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