27/4/10

¿Apareció incorrupto el cuerpo de Gregorio Fenández?



JOSÉ DELFIN VAL
Floranes cuenta que cuando en 1721 se abrió la tumba de Gregorio Fernández en la iglesia del Carmen Calzado para enterrar a uno de sus nuevos dueños “se halló entero el cuerpo” del escultor.
No es por inquietar ni malmeter pero habían pasado 85 años y el cuerpo del artista no se había corrompido. Que un forense busque una explicación a esta cuestión mortuoria.
Cuando comenzaron las obras de readaptación del antiguo Hospital Militar en el primer tramo de Paseo de Zorrilla, aparecieron muchos restos humanos. Sin duda alguna pertenecerían a hombres, mujeres y niños que recibieron sepultura en la iglesia del convento del Carmen Calzado, sobre cuyo suelo se levantó el hospital.
Aquellos restos humanos fueron analizados para conocer su antigüedad, pero el resultado no ha trascendido. Lo que sí ha trascendido es la curiosa circunstancia que se daba en aquellos terrenos sagrados. La iglesia del Carmen coincidía con el lugar donde aparecieron los huesos. En aquella derruida iglesia fue enterrado el escultor Gregorio Fernández que tenía su vivienda-taller enfrente, pasada la Puerta del Carmen, en la margen derecha del paseo. Allí estuvo su tumba y sobre ella el retrato que el hizo el pintor Diego Díaz, conservado actualmente en el museo (el del Colegio de San Gregorio).

Fragmento de la lápida sepulcral de Gregorio Fernández. Museo de Valladolid

En su momento se advirtió que entre aquellos restos encontrados accidentalmente podrían hallarse los del sensible imaginero. Pero no debió ser así, porque nada se supo después. Del enterramiento de Fernández (que murió el 22 de enero 1636) solamente se conserva en el Museo de Valladolid (Palacio de Fabio Nelli) la lápida de su sepultura. Según consta en la inscripción, la tumba fue comprada en 1622 por Gregorio Fernández, su esposa y herederos; y en 1721 por Don Francisco Hogal y Doña Theressa de las Dueñas para sí y sus herederos.
Al morir uno de los nuevos propietarios se encontró incorrupto el cuerpo de Gregorio Fernández. Palabra de Floranes.

-Fuente: Joyas de la Semana Santa de Valladolid. Publicado por Diario El Mundo

25/4/10

Emilio Ferrari

Vallisoletano, fue doctor en Derecho y Filosofía y Letras. Ingresó en el cuerpo de Archiveros y se trasladó a Madrid, donde le protegió decididamente Gaspar Núñez de Arce. Ferrari fue uno de los primeros poetas en leer sus obras en el nuevo Ateneo de la calle del Prado; el 22 de marzo de 1884 leyó, por ejemplo, su poema Pedro Abelardo, que tuvo un éxito apoteósico entonces a juzgar por la prensa y vendió varias ediciones del mismo en pocos meses, de forma que el poeta se convirtió en toda una celebridad. Años después contó a un amigo en una carta cómo se sintió:
"Pecaría de ingrato si no confesara el ruido estrepitoso que movieron en torno mío aquellos versos. La audición se convirtió en un alboroto, en una locura que rayó en extremos que no acierto a explicarme. Durante muchos días, la algarada siguió en la prensa. Los diarios de más circulación, que suelen escatimar el espacio a la literatura, llenaron sus columnas con juicios, reseñas, anécdotas y versos de la afortunada lectura. Llovieron sobre mí banquetes, serenatas, invitaciones; todas las puertas se me abrieron, todas las sociedades literarias me agasajaron en su seno. En fin, lo que soy lo debo a aquella noche en que de un golpe, en unas horas, mi nombre salió de la oscuridad para flotar en el favor público."

Sin embargo recibiría duras críticas por parte de Leopoldo Alas, "Clarín", a partir del 12 de noviembre de 1881, fecha en que estrenó en el madrileño teatro de La Alhambra su drama en tres actos y en verso La justicia del acaso, octava y última de sus piezas teatrales, que obtuvo un gran éxito de público aunque dividió a la crítica. Clarín atacó esta obra en su libro escrito en comandita con Armando Palacio Valdés, La literatura en 1881, y continuó con sus críticas desfavorables en el futuro; así, por ejemplo, en Sermón perdido (1885), donde consagra casi cincuenta páginas a observaciones condenatorias para su Pedro Abelardo. Así Ferrari se constituyó, junto a José Velarde y Antonio Fernández Grilo, en una de sus dianas preferidos entre los poetas.

Lápida conmemorativa del nacimiento de D. Emilio Ferrari

No obstante, Ferrari ingresó en la Real Academia Española en 1905 y fue secretario de la Asociación de Escritores y Artistas, y volvió a leer poemas suyos en el Ateneo de Madrid el 24 de mayo de 1891. Ofreció esta vez, junto a algunas poesías breves, dos poemas de cierta extensión: los titulados Consummatum y En el arroyo, que luego publicaría dentro de sus Poemas vulgares (1891), en la órbita naturalista de su amigo y maestro Núñez de Arce. Como firma en la nota previa que puso a este volumen, se pretende vindicar para la poesía parcelas de la realidad hasta el presente no tenidas como aptas o convenientes para aquélla, "aspectos comunes y sencillos de la vida, sistemáticamente desdeñados o proscritos por algunos" y que, sin embargo, "reclaman la atención del pensador y del artista"; este último debe proponerse "extraer de ellos la belleza que contengan, destilar, si así cabe decir, su substratum poético". Ferrari, excelente lector y recitador, volvió a triunfar en el mismo sitio de su revelación. Habituamente, sin embargo, se le considera un seguidor de la escuela pseudofilosófica que tuvo por corifeo a Gaspar Núñez de Arce.

-Fuente: http://es.wikipedia.org/wiki/Emilio_Ferrari

22/4/10

Cervantes en Valladolid


Miguel de Cervantes Saavedra (1547-1616) nació en Alcalá de Henares (Madrid).
Instalado en la capital, desde 1568 cursó estudios en la escuela de López de Hoyos, donde escribió sus primeras poesías. Después, hirió en duelo a un tal Antonio de Sigura, lo que pudo pagar con diez años de destierro y con su mano derecha, pero huyó de España.

En 1570, se halla en la Roma del cardenal Acquaviva, entre lujos y refinamientos. Pronto, cambia de vida, alistándose en la expedición contra los turcos. Así quedaría absuelto de su crimen. En 1571 participó, enfermo, en la batalla de Lepanto, donde perdió el uso de su mano izquierda. Aun así, continuó en otras expediciones navales.


Cuando decide regresar a España en 1575, con cartas de recomendación de Juan de Austria, piratas berberiscos atacan su galera cerca de Barcelona. Lo capturan, junto a su hermano Rodrigo, y encierran en las prisiones -baños- de Argel. Por sus cartas de recomendación o por su atractivo personal, sobrevivió a cuatro intentos de fuga -1576-77-78 y 79-, cada uno de los cuales se castigaba habitualmente con pena de muerte.

Cuando sus hermanas y los frailes trinitarios lo rescatan en 1580, Miguel se encuentra confundido en su propio país, del que se ausentó doce años antes. En 1584 nace Isabel, de sus relaciones con Ana Franca, y contrae matrimonio con Catalina Salazar. Un año después publica La Galatea (1585), novela pastoril, con éxito, lo que no logró en el teatro.

Tras algunos tanteos, acepta en 1587 requisar trigo en Sevilla para la Armada Invencible y otras comisiones por Andalucía. La falta de puntualidad en el pago de su salario y la inestable fortuna en el juego le llevan en 1597 a la cárcel de Sevilla, donde debió conocer personajes que retrató en sus obras.

En 1604, vive en Valladolid, ultimando la primera parte de su gran obra. Un penoso episodio, en el que murió Gaspar de Ezpeleta, hace que la familia Cervantes quede arrestada y se insinúe que algunas de sus mujeres mantienen relaciones con ciertos personajes. Liberados, deciden instalarse en 1607 definitivamente en Madrid, donde ya en 1605 había aparecido la primera parte de El ingenioso hidalgo don Quijote de La Mancha. Su éxito fue arrollador y animó a Cervantes a publicar otros escritos: en 1613, las Novelas Ejemplares, primera obra que en castellano se adscribe al género novela. Enseguida, su poema Viaje del Parnaso y sus Ocho comedias y ocho entremeses nunca antes representados, ambos de 1614.

La publicación en 1615 de la segunda parte de El ingenioso caballero don Quijote de la Mancha confirma el éxito obtenido con la primera. Sin embargo, la situación económica de su autor era aún precaria. Nunca olvidó su idea de marchar a Nápoles como secretario de su virrey, el Conde de Lemos, al que dedicó su novela póstuma Los trabajos de Persiles y Sigismunda (1617).
Un año antes fallecía en Madrid el 22 de abril. D.Miguel Pérez Rosado. Doctor en Filología


Primera estancia en Valladolid
La primera ocasión que Miguel de Cervantes residió en Valladolid contaba solamente 4 años.
Acompañando a sus padres (Rodrigo Cervantes y Leonor de Cortina) y hermanos, habitó en una casa situada en la entonces denominada Acera de Sancti Spiritus (hoy Paseo de Zorrilla), próxima al monasterio del mismo nombre, situado enfrente del convento del Carmen Calzado y muy alejada del centro de la por entonces villa del Pisuerga.

Barrio de Sancti Spiritus.Valladolid. Diego Pérez.1780

Segunda estancia en Valladolid
En 1601 la Corte de Felipe III se estableció en la ciudad del Pisuerga.
El 8 de febrero de 1603 Cervantes todavía se encontraba en Madrid, pero en la primavera de aquel año, una vez concluida su novela El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha iniciaría los trámites para su publicación, recurriendo al librero alcalaíno Francisco de Robles, establecido en 1601 en la calle de La librería de Valladolid. Es posible que Cervantes le entregara su manuscrito durante un viaje que el librero hizo a Madrid en junio de 1604 para que lo presentara al Consejo de Castilla y obtuviese privilegio de impresión, vendiéndole a Robles sus derechos.
A finales de agosto o principios de septiembre de 1604. El escritor se encuentra establecido en Valladolid con su familia, en el cuarto principal de una vivienda ubicada en el Rastro nuevo de los Carneros, extramuros de la ciudad y muy próxima al cauce del río Esgueva.

La Casa Museo de Cervantes en la actualidad

Durante esta segunda estancia Cervantes coincidió, entre otros, con los escritores Francisco de Quevedo, Luis de Góngora, Luis Vélez de Guevara y Tomás Gracián Dantisco, reencontrándose con sus amigos el doctor y escritor Pedro Sanz de Soria y Cristóbal Suárez de Figueroa.
Todavía residía en Valladolid el 7 de noviembre de 1605 y no se sabe cuándo exactamente abandonó la ciudad. El 4 de marzo de 1606 los Reyes volvieron a Madrid y al poco se trasladó el resto de la Corte. Se supone que Cervantes se dirigió a Toledo, donde en 1606 escribe la Ilustre fregona, pero en el otoño de aquel mismo año la familia Cervantes ya vivía en Madrid.
En la noche del 27 de junio de 1605, cerca de la vivienda de Cervantes, D. Gaspar de Ezpeleta, caballero de la Orden de Santiago, fue gravemente herido por un desconocido embozado, y murió dos días más tarde.
De las averiguaciones procesales que se siguieron se desprende que dicho caballero pidió auxilio y fue socorrido por los vecinos, entre ellos Miguel de Cervantes. Ante la confusión de los diferentes testimonios tomados en el lugar de los hechos, el alcalde Villarroel detuvo a varios testigos, uno de ellos el escritor. (Ver: Cervantes Calumniado-El proceso Ezpeleta)

Valladolid en su obra
Durante su estancia en Valladolid Miguel de Cervantes no cesó en su actividad literaria, escribiendo varias de sus Novelas Ejemplares como El Casamiento engañoso, El Coloquio de los Perros o El Licenciado Vidriera.
También se pueden encontrar en sus obras referencias a distintas circunstancias históricas acaecidas en Valladolid, a parajes de la ciudad y también de sus alrededores.

Su novela El Casamiento engañoso comienza:
"Salía del Hospital de la Resurrección, que está en Valladolid, fuera de la Puerta del Campo, un soldado que, por servirle su espada de báculo y por la flaqueza de sus piernas y marillez de su rostro, mostraba bien claro que, aunque no era el tiempo muy caluroso, debía de haber sudado en veinte días todo el humor que quizá granjeó en una hora. Iba haciendo pinitos y
dando traspiés, como convaleciente; y al entrar por la puerta de la ciudad, vio que hacia él venía un su amigo, a quien no había visto en más de seis meses; el cual, santiguándose como si viera alguna mala visión, llegándose a él, le dijo: -¿Qué es esto, señor alférez Campuzano?..."

Esta placa está situada en la actualidad en la Casa Mantilla, lugar donde en su día estuvo el Hospital de la Resurrección

El desaparecido Hospital de la Resurrección

En El Licenciado Vidriera (a finales de otoño de 1605) se puede leer:
"No pregunto eso, sino que cuál es mejor lugar: ¿Valladolid o Madrid?. Y respondió: De Madrid, los estremos; de Valladolid, los medios. No lo entiendo repitió el que se lo preguntaba. Y dijo: De Madrid, cielo y suelo; de Valladolid, los entresuelos. Oyó Vidriera que dijo un hombre a otro que, así como había entrado en Valladolid, había caído su mujer muy enferma, porque la había probado la tierra..."

En su novela La gitanilla se integra el romance a la reina Margarita y en él se hace referencia a la iglesia parroquial de San Lorenzo:
"Si me dan cuatro cuartos, les cantaré un romance yo sola, liadísimo en estremo, que trata de cuando la Reina nuestra señora Margarita salió a misa de parida en Valladolid y fue a San Llorente; dígoles que es famoso, y compuesto por un poeta de los del número, como capitán del batallón...."
"Salió a misa de parida / la mayor reina de Europa, en el valor y en el nombre / rica y admirable joya./ Como los ojos se lleva / se lleva las almas todas / de cuantos miran y admiran / su devoción y su pompa/...."
Resulta también muy verosímil que en Valladolid redactara, a finales de 1604, el prólogo de su Ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha.

Iglesia de San Lorenzo

En otras obras suyas Cervantes menciona parajes de Valladolid como el Espolón (Coloquio de los perros), los ríos Pisuerga (El Quijote, I, 18 y II, 44; La Galatea) y Esgueva (Viaje al Parnaso, VIII), la fuente de Argales o el Caño Dorado.
Tampoco faltan alusiones a las localidades de Tordesillas (Persiles y Segismundo, IV y El Quijote, II, 62 y 70), Alaejos (El licenciado Vidriera), Valdestillas (La ilustre fregona) y Medina del Campo (El Quijote, II, 31 o Rinconete y Cortadillo).

Sus estatua y otros recuerdos
En 1876 el cervantista Mariano Pérez Mínguez encabezó una suscripción pública para erigir una estatua a Cervantes, que fue realizada por el escultor Nicolás Fernández de la Oliva e inaugurada el 29 de septiembre 1877 en el entonces denominado Campillo del Rastro.

Monumento a Cervantes. Plaza del Rastro de Valladolid.
Foto: Adolfo Eguren, 1877

La figura del escritor se dispuso sobre un pedestal, aprovechado de la desaparecida fuente de la Rinconada, y en él se instalaron cuatro relieves realizados por Pablo Santos de Berasategui, además de cuatro bustos de mármol igualmente reutilizados.


En 1889, debido a las obras de urbanización que se llevaron a cabo en la zona del río Esgueva y la calle de Miguel Iscar, se acordó, trasladar el monumento a la plaza de la Universidad, construyéndose con tal motivo otro pedestal más sencillo en que ya no se colocaron los relieves con episodios cervantinos, que ahora se conservan en el Museo Casa de Cervantes.

La estatua en la actualidad (Plaza de la Universidad)

Posteriormente la memoria de la figura u obra de Cervantes se ha continuado honrando mediante varias lápidas situadas en distintos parajes de la ciudad. Así figuran recuerdos evocadores de su estancia en Valladolid colocados en el solar que ocupó el Hospital de la Resurrección en la Acera de Recoletos, en los muros de la torre de la Iglesia Parroquial de San Lorenzo o en el pretil del Puente Mayor.
Igualmente la ciudad cuenta con calles dedicadas al Licenciado Vidriera (nombre concedido en 1965 a la prolongación de la denominada en 1855 c/ Mendizábal, hoy c/ Menéndez y Pelayo), a La Galatea (concedido en 1965 a la prolongación de la antigua c/ del Candil, hoy c/ de doña Marina de Escobar) y a Dulcinea (al acceso desde la c/ Miguel Íscar a la c/ del Rastro).

Identificación de la vivienda
La publicación de un extracto del proceso por Juan Antonio Pellicer, en su esmerada edición de El Quijote (1797), y su reproducción en 1819 por el historiador cervantista Martín Fernández Navarrete, suscitó la curiosidad por averiguar si todavía existía la casa donde había vivido Cervantes.

Grabado de las casas de Juan de las Navas (J. Morán, Vida de Cervantes, III. El Quijote. 1862-1863).

Aunque la documentación referente a este suceso no fue entonces suficiente para fijar con seguridad la casa donde habitó el escritor, en 1862 el profesor D. José Santa María de Hita fue capaz de localizar la ubicación exacta de las estancias habitadas por Cervantes, que fue aceptada oficialmente por todas las instituciones culturales y políticas el 23 de junio de 1866.


-Fuente:http://museocasacervantes.mcu.es/jsp/plantilla.jsp?id=32

-Vease también el artículo "Casa Museo de Cervantes"

20/4/10

El Almirante Cristobal Colón y la ciudad de Valladolid

Por Jesús VARELA MARCOS
La Historia de una ciudad tiene momentos brillantes que sus habitantes recuerdan con cariño y de los que se sienten orgullosos. Mantener la vigencia de esos momentos, a veces olvidados, es labor de los cronistas. Como vallisoletanos debemos de recordar unos de esos momentos brillantes para la Historia de Valladolid, una de esas fechas que sitúan a nuestra ciudad en el escaparate mundial de la Historia por la trascendencia universal del personaje, Cristóbal Colón. En el año 2006 se celebró en Valladolid la muerte del Almirante de las Indias, que acaeció “en esta villa miércoles víspera de la Ascensión 20 de mayo de 1506”.

Conoce la ciudad
El histórico personaje conoció nuestra ciudad años antes, y en ella estuvo varias veces. Recordemos como en 1486 acompañando a la corte de los Reyes Católicos salía de Arévalo el 8 de
agosto, y el 10 pernoctaba en el monasterio de la Mejorada,1 en la provincia de Valladolid. La jornada siguiente la comitiva real viajó hasta Valladolid por el camino interior que lleva a Puente Duero y Simancas hasta el monasterio de Prado, perteneciente a la orden de fray Hernando de Talavera e importante centro de información, donde pasaron la noche del día 11. En esta noche tiene su origen la tradición vallisoletana que narra la presencia de Colón rezando bajo la Virgen románica “de Colón,” mientras Talavera hablaba del proyecto colombino con la reina Isabel . A la mañana siguiente Colón siguió con la corte hasta Medina de Rioseco por Torrelobatón y Castromonte, llegando a la ciudad de los Almirantes el 12.


Los avatares históricos de su turbulenta vida le tuvieron entretenido en el oficio de navegar y descubrir hasta el año 1496, diez años después de su primera visita a Valladolid. En estas fechas Colón estaba triste y pesaroso, por el resultado de su segundo viaje y no sintiéndose querido por las autoridades. Sufría su alejamiento real mientras se dirigía a Burgos al encuentro de los monarcas cuando, en una obligada etapa del camino, entre los calores de agosto Colón y sus amigos llegaron por segunda vez a la ciudad del Pisuerga.

De compras en Valladolid
En Valladolid se encontraba el séquito del genovés el miércoles 9 de agosto, y en esta ciudad van a vivir un tiempo, pues fue más que una parada en la ruta a Burgos. El grupo residirá en este centro económico, de comercio de telas ricas, con numerosos talleres de confección y sastres, hasta el viernes 8 de septiembre. Prácticamente un mes completo.
¿Cuál fue la causa o razón que tuvo el Almirante para permanecer en esta ciudad castellana tanto tiempo? Resulta difícil saber los motivos por no disponer de correspondencia oficial, o haberse producido encuentros oficiales con personas que dejasen documentación que se conservase, sin embargo existe un documento denominado Memorial del Oro, que se refiere a una etapa de Colón coincidente con estos días y que nos puede dar mucha luz.


Este documento recoge como el sábado 12 de agosto Colón ordenó a Carbajal que vendiese “2 marcos, 6 uncias, 4 ochavas y 3 tomines” de oro para pagar una cantidad de ropa que había comprado en las tiendas de Valladolid. La noticia resulta cuando menos curiosa, trasmitiéndonos una actividad del Almirante, como era el adornar su persona, que tenía precedentes. Recordemos cuando en su estancia en la Rábida, en diciembre de 1491, se gastó otra cantidad de dinero remitido por la reina Isabel, para comprar ropas dignas con que presentarse en la corte. Parece que ahora en Valladolid vuelve a efectuar semejantes compras y con similar propósito: el poderse presentar en la corte de los Reyes Católicos con la mayor dignidad posible.
Por la cantidad gastada de dos marcos, seis onzas, cuatro ochavas y dos tomines, que es incluso mayor que lo cambiado en Sevilla para todo el viaje, deducimos que la inversión fue grande. Además sabemos que todo lo invirtió en ropa como aparece en el escrito que dice .“y lo dio casi todo en ropa que compró.” Y de ello es fácil deducir dos cosas. Que en la ciudad de Valladolid había tiendas donde poderse gastar tanto oro en ricas ropas y así parece ser por la presencia de un buen número de sastres con sus cuadrillas, que cobraban a razón de 40 maravedíes por un capote y 10 por sayas guarnecidas de lienzo; o la presencia de jubeteros, y calceteros . En general y según opinión de Rucquoi Valladolid era una villa donde una gran parte de su población se dedicaba a la industria textil y derivados. En segundo lugar, que Colón estaba decidido a aparecer ante la corte con un aspecto radiante, lejos ya del penitencial con la saya franciscana empleada en el desembarco en Cádiz.
Tampoco fue esta la última vez que el Descubridor visitó Valladolid, debieron transcurrir otros 10 años hasta 1506 para que Colón volviese a nuestra ciudad, en esta ocasión para quedarse mucho tiempo. Nos estamos refiriendo a la muerte del Almirante que le sobrevino en Valladolid durante una estancia siguiendo a la corte en momentos políticos muy tumultuosos, cuando se esperaba a los jóvenes monarcas Juana y Felipe.

Muere en Valladolid
La última presencia de Colón en Valladolid siempre ha resultado difícil de explicar. Los motivos han sido la falta de noticias concretas que trasmitan algún tipo de vivencias del descubridor en la ciudad del Pisuerga. Tan sólo disponemos de tres documentos, dos oficiales, como es la carta que dirigió a los reyes Felipe y Juana que llegaban a España, que las Casas nos trasmite, de la que no conocemos la fecha exacta; el codicilo de su testamento redactado el 19 de mayo; y otro documento privado, de tipo periodístico, como es la noticia de su muerte en el diario de los Verdesoto. No disponemos de ningún documento más. Llegados a este punto, podemos decir que todos los escritos que se han hecho sobre su estancia, criados y personas que le acompañan, lugar de la muerte, fallecimiento, misas o enterramientos son hipótesis.


También las hipótesis pueden ser tenidas en cuenta si se aproximan a la verdad cubriendo huecos documentales. Y Así, el 2 de abril, veíamos llegar a Colón por Puente Duero a Valladolid. Al reproducir la escena debemos verle rodeado de criados que le ayudaban en su traslado, porque estaba muy enfermo, porque su estatus así lo determinaba y requería, y porque su disponibilidad económica se lo permitía. Ya en la ciudad debió alojarse en un palacio, o casa palaciega, de algún amigo o conocido, caso de D. Luis de la Cerda, que tenía una casa en la calle Teresa Gil. En este domicilio dedicó sus días a proseguir la gestión de sus negocios familiares en la corte, único motivo de su existencia desde la vuelta del cuarto viaje. Esta decidida ocupación nos la confirma la carta que desde la ciudad del Pisuerga envió a los jóvenes Reyes Felipe y Juana, que llegaban de Alemania, y donde les ofrecía su persona para realizar nuevos descubrimientos en un quinto viaje.
Así pues, este es el círculo en que los Colón operarían en la ciudad castellana, ante los miembros
de la corte que les fuesen favorables, tratando de orientar sus disposiciones hacia el reconocimiento pleno de todas las concesiones hechas al genovés desde 1492. En tales afanes se debió producir el agravamiento de la enfermedad de Colón lo que le obliga a ser internado en un hospital de los de la época, o su equivalente, como era el convento franciscano situado en la actual Plaza Mayor de Valladolid, en la calle que lleva aún su nombre, el de ”San Francisco“.

Portada del desaparecido Convento de San Francisco

En este establecimiento sus amigos los frailes tratarían de aliviar su dolor y consolar sus últimos días. Estaba ya bien entrado mayo y la enfermedad del Almirante de la Mar Oceana se agravaba, hasta tal extremo que se ve en la necesidad de despedirse, dictando un último codicilo al testamento elaborado en Segovia. Junto al notario estarían sus seres queridos, caso de sus hijos Diego y Hernando, Diego Méndez, el bachiller Miruela, el ayudante del escribano Gaspar de Misericordia. Probablemente también los marineros Bartolomé del Fiesco, Alvar Pérez, Juan de Espinosa, Andrea y siete criados que asistían al Almirante y que figuran como testigos. Parece lógico pensar que también estarían presentes miembros de los franciscanos.10 Este acto de la firma del codicilo se produce el martes día 19 de mayo, y al día siguiente “El almirante Colón que descubrió las Indias y otras muchas tierras murió en esta villa [de Valladolid] miércoles víspera de la Ascensión 20 de mayo de 506.”



Jesús VARELA MARCOS
Universidad de Valladolid
jvarela@ieip.uva.es


17/4/10

El grabado "Civitates orbis terrarum", de Franz Hogenberg


El Grabado que ilustra la cabecera de este blog corresponde a una obra de George Braun titulada “Civitates orbis terrarum” (Coloniale Agrippinae, 1572). Se hicieron de esta obra numerosas ediciones. Los grabados de las ciudades se deben a Franz Hogenberg, quien primero trabajó en Malinas y luego en Colonia, que es donde se imprimió este libro. El pasó a la plancha los dibujos que obtuvo Georg Hoefnagel, quien tomó sus apuntes recorriendo numerosas ciudades de Europa. En esencia es lo mismo que hiciera Wyngaerde, aunque éste se concretara en España.
La vista de Valladolid aparece debajo de la de Toledo, para aprovechar el espacio. De 1572 es el ejemplar de la Biblioteca Reina Sofía, de nuestra Universidad. El de la Biblioteca de Palacio de Santa Cruz está coloreado a mano y se imprimió en 1593.
Es una representación de formato apaisado, a lo que se presta la horizontalidad del paisaje (33,3 por 47,7). En la parte superior se lee “Vallisoletvm”; en la parte izquierda hay una cartelita, con leyenda en latín, que empieza así: “Vallisoletvm, Aliis Pincia, conmuniter Valladolid dicitur”. Se exalta el ser residencia de rey y de ilustrísimos próceres. Estaba adornada con magníficos edificios, tanto religiosos como civiles. Era lugar de suelo ubérrimo, con mercado influente. El párrafo concluye con un recuerdo al Pisuerga, que ya se consideraba orgullo de la ciudad.
La panorámica está captada del lado de levante. En primer término se ve una era, con escenas de trilla, aparvamiento y ensacado del grano. Hay numerosos huertos encerrados en tapias. Siguen los “arrabales”, caserío humilde. Hay muralla con torres, no mera cerca. En la parte central se aprecia a la izquierda la torre de la Antigua. Junto a ella, el alto bloque de la colegiata. Se cuentan siete torres descollantes, la más extrema la de la iglesia de Santiago. Otro edificio con dos sólidos torreones será San Benito, conservando todavía la imagen de alcázar real. La perspectiva se propaga por la parte izquierda, con una línea curva de fincas que siguen al rió Pisuerga. El fondo corresponde al horizonte de páramos. El dibujante suministró al grabador una idea muy veraz de Valladolid. Aunque no es una perspectiva topográfica, no hay duda de que se ha captado el escenario natural, con ese primer término agrícola que corresponde a la realidad, y una arquitectura en la que las torres dieron una peculiar fisionomía a Valladolid. Por eso no extraña que una definición tan cabal de lo que era Valladolid perdura hasta llegara al siglo XIX, en creciente proceso de simplificación.


15/4/10

La antigua Escuela de Comercio


Tras la cesión de terrenos, la subsecretaría del Ministerio de Instrucción Pública convoca un concurso para construcción del edificio universitario para Escuela de Comercio que ganan los arquitectos Pelegrín Estellés y Emilio Moya. La fecha de realización es entre 1929-1939 aunque fue finalizado por Emilio Cuadrillero. La fachada es asimétrica, con torre sobre pórtico de entrada. El edificio tiene en cuenta el torno el entorno y responde e escala próxima con un cuerpo-puerta de tres arcadas monumentales que recuerda la arquitectura ferroviaria adyacente al lugar y supone un recuerdo de la composición decomonónica tradicional.

La escuela de comercio en la década de los 30

En alzado, dos piezas de flanqueo laterales unifican en cornisas en impostas con el cuerpo de arcadas, contrastando con la composición piramidal y jerarquizada de los huecos de la torre, que remata el chapitel herreriano. Estilísticamente, la forma debe mucho al eclecticismo (articulación general) y a la Secesión (composición de huecos).
En 1902 se publicó el ascenso de los estudios de comercio vallisoletanos a la categoría de superiores.
En 1932 se eleva a la escuela al grado de "Altos Estudios Mercantiles". Durante este periodo (concretamente en 1929) se logra también un emplazamiento fijo para la escuela en el edificio sito en la calle Estación nº5 (él de la foto).
A partir de 1971 los estudios económicos y empresariales se separan de las ciencias políticas dando lugar a un título independiente (y creándose las Facultades de Ciencias Económicas y Empresariales). En 1972 se integran las Escuelas Profesionales de Comercio en la universidad adoptando la nueva denominación de Escuelas Universitarias de Estudios Empresariales y pasando a constituir el primer ciclo (o Diplomatura) de la Licenciatura de Ciencias Económicas y Empresariales.

El edificio en la actualidad

Debido al incremento del alumnado, la E.U.E.E. se vio obligada a trasladarse (el 24 de Enero de 1994) a un nuevo edificio situado en el Campus de la Magdalena y Esgueva.
La Universidad de Valladolid vendió en 2003 el edificio al Registro de la Propiedad de Valladolid. En 2008 se finalizó la restauración del edificio, que desde 2009 alberga la sede de dicho Registro.


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13/4/10

La Plaza de Portugalete

Market-Place (Valladolid). Harry Fenn (Dibujante). Charles Whyper (Grabador).

Se desconoce el origen del nombre "de Portugalete" aplicado a esta plaza, viéndose por primera vez esta denominación en el plano de 1788.
Antes de levantarse la actual Catedral, este paraje tenía forma y disposición muy distintas a las de ahora, pero siempre, en toda su longitud, iba el río Esgueva descubierto.

La Plaza según el Plano de Bentura Seco de 1738

El paraje varió mucho con la construcción de la Catedral, y tambien con el cubrimiento de esta zona del ramal del Esgueva. Sobre la gran explanada que con tal motivo se formó se hizo un mercado con casetas de madera y una plazoleta central, tambien de madera; éste se substituyó por el de hierro que, edificado a la vez que se construyeron los del Val y Campillo se le llamó "de Portugalete".




El Mercado de Portugalete se edificó gracias a una cesión de terrenos del Cabildo, jústamente en el espacio de Herrera había destinado para el claustro de la Catedral y fué inaugurado en 1884 siguiendo mas o menos el proyecto original del arquitecto municipal Joaquín Ruiz Sierra. Fue derribado en el año 1974.



Foto de julio de 1974 (el día exacto es desconocido) realizada por Antonio Nieto.
Escombros procedentes del derribo del antiguo mercado de Portugalete

El paso del tiempo hizo desaparecer del entorno del espacio formado por la Catedral, además del conjunto de viviendas adosadas a la seo y a la antigua Colegiata, uno de los primeros garajes de automóviles -Garaje Zurbano-, una fábrica de hielo, un taller de reparación de carros y bicicletas, uno de los emplazamientos de la desaparecida Galería Castilla, quedando como único superviviente de los años cincuenta del pasado siglo la Churrería de la Catedral que proporcionó calor y desayuno a los trabajadores del mercado de abastos.

-Montaje fotográfico: Rincones con fantasma (Juan Carlos Urueña Paredes). ISBN: 84-95389-97-5

Tambien se derribaron viejas edificaciones como las que se encontraban aledañas a la Iglesia de la Antigua y que conformaban la desaparecida Plaza del Bolo.
Las importantes obras que se ejecutaron para la construcción de un aparcamiento subterraneo de vehículos automóviles, así como las posteriores de adaptación de la zona al cambio experimentado en el entorno histórico-artístico del lugar, supuso la desaparición (temporal) de las zonas ajardinadas que cubrieron el hueco por el demolido Mercado de Portugalete.

Antigua Plaza del Bolo

La construcción de dicho aparcamiento subterraneo estuvo envuelto en una gran polémica a causa de la aparición de restos arqueológicos. Se cerró la plaza al tráfico y en 2007 se inauguró el nuevo espacio peatonal del que disfrutamos en la actualidad.

La plaza en la actualidad

Foto de Antonio Nieto 1970

Foto de Antonio Nieto 2007


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-Bibliografía consultada: Las Calles de Valladolid (Juan Agapito y Revilla).

ISBN-84-9761-142-X
-http://www.nortecastilla.es/pg060313/prensa/noticias/Valladolid/200603/13/VAL-VAL-017.html

12/4/10

Valladolid, de villa a ciudad. 1596

Durante el siglo XVI, Valladolid vivió una época de esplendor, gracias a la actividad mercantil y artesanal, que consiguió reunir entorno a la capital del mundo hispánico a importantes personalidades de su época. Entre ellos la ciudad del Pisuerga vería el nacimiento del que sería el gran rey del Imperio Español, Felipe II en 1527 en el Palacio de Pimentel, quien daría el título de ciudad en 1596 a lo que hasta este momento era villa.


Durante todo el siglo se llevarían a cabo una serie de reestructuraciones urbana, incrementadas por el gran incendio de 1561 que destruyó el centro urbano y que daría pie a la nueva construcción de la Plaza Mayor, la cual serviría de modelo para el trazado regular de muchas plazas españolas, entre ellas la de Madrid y Salamanca y su posterior exportación a Sudamérica. También comenzaron las obras de la nueva catedral, que quedó inconclusa debido al declive que sufrió la ciudad cuando Felipe II decidió el traslado de la corte a Madrid debido a su localización geográfica estratégica y por encontrarse cerca de El Escorial, la obra más representativa de su reinado. El desmantelamiento del entramado administrativo afectaría al comercio lo que originó la decadencia de la ciudad.

Transcripción del documento

-Fuente: http://bayuca.hijodeblog.com/2009/12/29/valladolid-cortesana/

9/4/10

La churrería La Catedral


Este establecimiento, pervive en un hermoso ejemplo de tradición familiar.
Esta churrería siempre ha estado donde aún está, en la calle de la Catedral, entre las de los Tintes y Cascajares, desde que en 1903 la fundara Inocencio Baciero, un churrero nacido en la localidad burgalesa de Campillo de Aranda que supo intuir el buen negocio de un establecimiento de este tipo en las inmediaciones del mercado del Portugalete, porque allí se hacía la subasta del pescado y eran muchos los que con la escarcha de esas horas intempestivas necesitaban entrar en calor.

María, la dueña, junto a Luis Miguel, uno de sus nueve hijos, a la puerta
de la churrería de La Catedral. Foto Col. Baciero

A Inocencio le sucedió su hijo, Eugenio, y a éste el suyo, Fernando, que es quien actualmente permanece al frente de este establecimiento centenario, el más antiguo de Valladolid en su género, que además de los industriales del mercado y asentadores de pescado, tenía clientela fija de estudiantes de la universidad y gente que después fue famosa por diversos motivos, como el ministro José Antonio Girón, el escritor Paco Umbral o los actores Emilio Laguna y Lola Herrera.
“La Catedral” abría a las cinco de la mañana y cerraba a la una de la madrugada, con una incesante producción de churros, buñuelos, cohombros y patatas.


Las patatas fritas de esta casa siempre fueron reputadas y aún hoy se mantiene la demanda por mucho que los tiempos y los utensilios hayan cambiado.


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Fuente bibliográfica: Valladolid Cotidiano. (1939-1959).
Autor: José Miguel Ortega Bariego.
ISBN:84-95917-40-8



8/4/10

El Monasterio de las Huelgas Reales

El monasterio Santa María la Real de Huelgas es especialmente famoso en los Anales de la Orden Cisterciense debido principalmente a su historia, el empaque de sus construcciones, las joyas artísticas que contiene, la importancia de su Archivo documental, y hasta la nobleza de sus orígenes.
A pesar de ello resulta muy difícil encontrar documentación sobre la vida de esta casa tan noble.
Su nombre, proviene de su emplazamiento en un lugar destinado a recreo y solaz de quien se cree fue su fundadora, la reina doña María de Molina.
Cuando en 1282 sufre el monasterio el fatal incendio que lo destruyó totalmente, lo mismo que sus Archivos, sería ya cisterciense la comunidad y, según Ortega, lo habría fundado doña Sancha, la hermana de don Alfonso VII.
En esa época, la llamada TIERRA DE CAMPOS, era un lugar fronterizo muy codiciado, de manera que Alfonso VII el Emperador se la concedió a su hermana. Al ser nombrada gobernadora, disponía de tierras y dinero y por ello fue fundadora de varios monasterios
La que sería gobernadora de Castilla, cedió su alcázar como nuevo convento para las beatas de la orden del Cister y eligió ya desde entonces el monasterio para su sepultura.
Todavía hubo de sufrir el monasterio una parcial destrucción en 1328, causada por las tropas de Alfonso XI, quien, en parte quizás por esto mismo, quiso compensarlo con la confirmación y ampliación de sus privilegios.
A partir de entonces, la comunidad desenvuelve sin mayores avatares su vida plácidamente y de manera prácticamente ininterrumpida hasta hoy.
Con el tiempo, irían afluyendo con normalidad las vocaciones y, a la vez, iría redondeándose el extenso dominio territorial de las Huelgas con fincas rústicas y urbanas, así como con privilegios y derechos señoriales.
La primera de sus abadesas conocidas, fue doña Teresa Gil, y consta lo era aún en 1298. Tras ella, ocupa el cargo abacial otra gran abadesa, doña Isabel de Herrera, hija de don García de Herrera y doña Elvira de Guzmán. Ella fue quien primero se sometió a la Congregación cisterciense reformada de Castilla, en la persona de su Reformador General en 1482, reinando los Reyes Católicos.
Con esta abadesa, comienzan los años de plenitud del monasterio hasta pasado el primer tercio del siglo XVII.
Cuatro grandes abadesas llenan todo este tiempo. Todas ellas pertenecerían a un mismo linaje, el de los Mendoza: Isabel de Mendoza (1510-1543); Ana Quijada y Mendoza (1543-1590); Ana de Mendoza y Cerda (1596-1599) y por último Isabel de Mendoza II que lo presidió sin interrupción de 1608 a 1614, de nuevo de 1620 a 1626, y el trienio 1629-1632.
Ana de Mendoza Quijada, es quien comienza la obra de la Iglesia, que acabará veinte años mas tarde (1579-1599).


Por referencias documentales de 1537, sabemos la exacta ubicación del antiguo monasterio antes de su incendio, que motivó su traslado a los alcázares junto a la Iglesia de la Magdalena, donde sigue hoy. Parece pro tanto que las "Huelgas viejas" se encontraban localizadas en el Arrabal de la Magdalena, Arrabal de la Cerca (junto a la calle Renedo) y algo del Arrabal de San Juan.
La comunidad cuenta en 1665 con un total considerable de 42 religiosas, 20 criadas, 2 religiosos, 2 criados y 1 ama.
Serán particularmente dramáticos los avatares de la comunidad en el siglo XIX, con los sucesivos desastres de la Guerra de la Independencia, y después del bienio progresista y de la legislación desamortizadora de Mendizábal que acabó con el considerable patrimonio territorial del monasterio. Es ahora cuando demuestra su temple religioso, su capacidad de reacción y su vitalidad para salir adelante.
Tras estos acontecimientos, la comunidad vuelve a ser floreciente. Prueba de ello es la aparición del Colegio, durante el abadiato de Pilar Oña (siete veces abadesa en la casa), quedando formalmente erigido en 1895 con las primeras profesoras tituladas, siendo abadesa Teresa Veneciano.
La comunidad regida por la abadesa Sagrario Martín (1921-1947), capea el temporal de la guerra civil y siendo abadesa la madre Purificación Carlón, puede erigir un Colegio de nueva planta en 1959 que comienza a funcionar desde 1966.
La comunidad fortalecida y bastante numerosa, pudo igualmente hacer frente, en 1980 y siendo abadesa la madre Teresita García, a la restauración por Bellas Artes de la Iglesia Mayor.
Muerta la madre Teresita, el 14 de septiembre de 1989, fue elegida el día 17 del mismo mes para sucederla la madre Mª Ángeles Valle. El 28 de diciembre de 2002 fue elegida abadesa del monasterio sor Mª de Mar (Elena Martínez López) que gobierna ahora a su comunidad.

Fachada Mudejar


Hay que comenzar hablando de una huella insigne de los tiempos mismos de la segunda fundación de las Huelgas: la fachada mudéjar (único ejemplar en su estilo que se conserva hoy en la ciudad), con la puerta de entrada al palacio de la reina fundadora, doña María de Molina, de comienzos del siglo XIV. Este elemento arquitectónico construido con ladrillo, es lo único que nos depara esa primera época del monasterio.

Archivo Documental
Posee el monasterio un espléndido archivo documental con un total de más de 200 pergaminos, algunos de ellos con notables miniaturas y sellos, diversas pinturas de valor, y la original colección de ramos de plata.

Retablo Mayor de la Iglesia


El retablo mayor de la Iglesia fue realizado por el maestro Gregorio Fernández y contratado por la abadesa doña Isabel de Mendoza II el 15 de abril de 1613, exigiendo al autor que estuviese terminado en el plazo de un año.
La madera había de ser de madera de pino de Hontalvilla (Soria), blanca, sin nudos y cortada en buena luna. Así mismo, las figuras debían ser huecas, para evitar que se hendieran.
El retablo mide diez metros de ancho por otros tantos de alto. El cuerpo principal tiene dos pisos, separados por un sencillo friso. Ostenta cuatro relieves muy hermosos con los evangelistas echados, cada uno con su animal heráldico.
Centra el primer piso el famoso relieve de Cristo desclavándose de la cruz para abrazar a San Bernardo. A ambos lados, se disponen sendos lienzos, como los del piso superior obra de Tomás de Prado. En las calles laterales aparecen las figuras de San Juan Bautista y San José con la vara florida y el niño cogido en la mano. La misma composición aparece en le segundo piso, con el relieve central de la Asunción de María y en los laterales, con las figuras de San Benito y San Bernardo.

Retablo del Nacimiento

Capilla del Nacimiento

Existe un segundo retablo del mismo autor conocido como Retablo del Nacimiento (1614), en la capilla que fuera de San Juan, junto al coro, que da a la Sacristía. En el centro del relieve está el Niño en cuna, la Virgen lo adora con las manos plegadas y hay un pastor ofreciendo un cordero. Junto al Niño hay un ángel de rodillas y más arriba están San José y otro pastor. En el fondo, se divisa la choza, con techa de ramaje, y un fondo arquitectónico.

Sepulcro de Doña María de Molina

Sepulcro de Doña María de Molina

Otra importante obra de escultura es el sepulcro de doña María de Molina, reina fundadora del monasterio. Está hecho de alabastro y se sitúa en el centro del crucero de la Iglesia, delante del altar mayor.
Los costados están decorados con escudos de castillos y leones. En el de la derecha hay un relieve de la Virgen con el Niño y un santo benedictino en el de la izquierda. En el lado menor de la cabecera aparecen dos relieves, uno de San Juan Bautista y otro de San Cristóbal.

Iglesia


Otro elemento importante es la iglesia del monasterio (1579). Esta fue edificada en un breve periodo de tiempo y de una sola vez. El exterior es de una gran austeridad y de corte clasicista. El interior es realmente amplio y lleno de la luz que le viene de los vanos termales.
La planta es rectangular, afectando sin embargo la forma de cruz latina, con un amplio crucero. En el ábside cuadrado se sitúa el espléndido retablo de Gregorio Fernández, uno de los mejores del artista.
La nave única se continua con el coro, en el mismo eje longitudinal situándose tres capillas laterales a cada lado de ella. Sobre el entablamento se sitúan los vanos termales y todo ello cubierto con una bóveda de cañón, con arcos fajones y lutenos. El crucero se corona con una media naranja de ocho cascos. La bóveda se decora mediante triángulos y óvalos , y sencillas placas en la media naranja del crucero, sobre pechinas.
La capillas laterales se conforman con sencillas cupulillas y bóvedas. Una de ellas abre al exterior la única puerta de la iglesia.
El templo carece de fachada, sustituída esta de hecho por el coro, dispuesto en tres naves, la central techada con bóveda de cañón rebajada, y de arista en las laterales.


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-Fuente: http://www.huelgasreales.es/monasterio.htm

7/4/10

Goma-2 en el Esgueva

Fue casi por ahora, uno de aquellos años en los que Valladolid buscaba (y necesitaba) inventarse cada día con la esperanza de dejar atrás horrores, dolor y sombras. Eran tiempos de ilusiones a la intemperie, de sueños vigilados, de frustraciones latentes, pero aún ignoradas, de una paz coagulada y dudosa en cuyos bordes nos sentábamos todos los amaneceres sin dejarnos acunar ni por el silencio ni por los peligros. Hacía ocho meses que se habían celebrado las primeras elecciones democráticas y palabras como “Constitución”, “Libertad” y “Autonomía” poblaban periódicos y conversaciones. Para muchos, como anhelo y redención; para algunos, como enemigo y diana.
Plenamente inmersas en aquel aluvión excitante e incierto, las gentes dábamos una vez más por supuesto que el hombre, y sólo el hombre, era el centro, el eje y el devenir del mundo. Una vez más nos equivocamos. La naturaleza volvió a reclamar su ración eterna de protagonismo. Y en Valladolid, lo hizo conforme a historia y tradición: mandando por delante con sus protestas y reivindicaciones al Esgueva, el río femenino caprichoso y díscolo. Aquella sociedad que quería huir de penumbras, abatimiento y provincianismo había olvidado que, como escribió Borges, el destino no hace acuerdos, o, en palabras de Onetti, el destino es, como las multitudes, impresionable por formas y grandezas. Y aquí, en aquel lluvioso febrero del 78, formas y grandezas parecían reclamar al destino un acontecimiento a la altura de la fama del riachuelo, pacífico desde la crecida del 63.

Así publicó la noticia El Norte de Castilla

Puntual a su cita, la inundación llegó y pilló a los hombres mirándose el ombligo. Valladolid no esperaba (ni ya casi temía) algo parecido. Años ha, el río rebelde, con sus brazos dañinos, había sido desviado hacia el norte y encauzado entre hormigón y desprecio. El descuido y la soberbia humana hicieron el resto. En la tarde del 17 de febrero, viernes, sonó la alarma. La inusual cantidad de agua y fango que venía de Renedo y demás pueblos del valle no llegaba al Pisuerga. La mayor parte permanecía retenida en una presa construida antes de la Guerra Civil en el tramo final del Esgueva. Hubo allí una central hidroeléctrica; sólo quedaba ya abandono, excrementos y paredes que reclamaban la piedad del derrumbe y el desescombro.
Pero las compuertas no se habían enterado del paso del tiempo y permanecían recias, firmes, invencibles. Todos los intentos por alzarlas fracasaron. Como si estuvieran vivas y se jugaran en aquel lance su honor y su futuro, resistieron a poleas, manivelas y blasfemias. Y el agua seguía subiendo, aliada, además, con ramas, plásticos, chapas y otras maravillas del progreso, y amenazaba con desbordarse hacia los barrios cercanos.
En el lugar, incrédulos y desesperados, se hallaban el alcalde, Manuel Vidal, recién llegado al cargo, concejales, policías, y algún vecino. No tardamos en incorporarnos varios periodistas y fotógrafos, que pronto observaron con sorpresa y expectación, que a la comitiva se sumaban unos cuantos militares en traje de faena.

El Esgueva en la actualidad.

-Son artificieros; van a volar compuertas, dijo un funcionario municipal tras dialogar con el comandante (o quizás fuera teniente coronel) que mandaba aquel grupo castrense. Era un hombre enjuto, que daba órdenes rotundas a los soldados y se dirigía a los civiles con laconismo y desprecio aristocrático, como diciendo: “Bah, os apuráis por nada; esto para nosotros es pan comido”. Nos permitió, eso sí durante unos segundos, tocar las pastillas de goma-2 que iban a colocar. ¡Joder, qué impresión!
Las instalaron, con sus cables y detonadores. El Comandante nos obligó a escondernos mientras él permanecía de pié, impasible, soberbio. Sonó la detonación. Tremenda. Fuimos a ver el resultado. Apenas dos minúsculas piteras en una compuerta; la otra: intacta. Los espectadores, bien, gracias. A salvo, excepto el comandante, que presentaba una herida en la frente que manaba sangre. Se la limpió sin mirar; nos miró con altivez y rabia y ordenó que volvieran a colocar explosivos, ahora en mayor cantidad.
Justo entonces un policía comunicó al alcalde que el estallido había roto decenas de cristales en la Rondilla, Barrio España, XXV años de Paz y otras zonas cercanas. La gente estaba asustada y quería saber qué sucedía. Se dio la orden de advertir a los vecinos, de informarles, pero antes de que acabara esta operación ya había estallado la segunda carga contra la presa. Más ventanas destrozadas, más susto…y otras dos o tres miserables rendijas en las compuertas. Esta vez el militar-jefe, incrédulo y humillado en su orgullo, montó en cólera, aunque no se sabía contra quién. Alguien comentó por lo bajinis: -“Es que los hierros son del tiempo de la II república…”
Tras una noche de perros, en la que, sin embargo, no subió más el caudal del Esgueva, a las 06:30 de la madrugada del día 18 se decidió no provocar la tercera explosión. Antes, con poleas y cables apoyados en los árboles de la ribera, se había logrado doblar algo las chapas. Lo suficiente para que aumentara la salida del agua y fuera amainando el peligro. A mediodía de ese mismo sábado, el río ya andaba manso, trémulo, arrepentido, disculpándose. Desde entonces, no ha vuelto a dar sustos, como si aún tuviera miedo de aquella goma-2 y le escociera el recuerdo.

Escrito por: Luis Miguel de Dios.
El Mundo. El Día de Valladolid. 7 de marzo de 2010.



 
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