30/8/10

La puerta del Palacio de María de Molina




Constituye el resto militar más importante de la ciudad. Y se dice militar, porque aunque perteneciente al palacio de la reina, no es sino una puerta de la muralla que le protegía, lo cual ha podido evidenciarse a lo largo de la restauración llevada a cabo por la Dirección General de Bellas Artes.


Doña María de Molina había tenido predilección por la villa, donde se construyó un palacio. Se edificaría en los tiempos de su reinado, siendo esposa de Sancho IV (1284-1295). Muerto su esposo continuó gobernando, de suerte que habría de seguirle ocupando. Al aproximarse el término de su vida, el palacio lo cedió para el establecimiento del Convento cisterciense de las Huelgas, por ella fundado y donde fue sepultada.
Lo que se conserva evidentemente tiene un aire palacial, pero con un tono defensivo. Es una puerta del cinturón que protegía al palacio, pero con arrogancia de portada monumental. Siempre ha sido clasificada como resto mudéjar. El convento de las Huelgas dio continuidad a parte de los restos, y naturalmente interesaba salvaguardar este trozo de la muralla, pues servía como protección al recinto. Sabemos que en 1328 fue atacado por las tropas de Alfonso XI e incendiado, pero se salvó este fragmento entre otros.

Del libro recuerdos y bellezas de España. 1861. Litografía de S.Isla

Tiene planta rectangular. Se alinea con un trozo de muro por el lado derecho, resto del cinturón. Como la mayor parte de las edificaciones mudéjares, está hecha de ladrillo, sabiamente aparejado. Conforme al esquema mudéjar, forma una fachada rectangular en sentido de la vertical. Dos pilastras en los flancos soportan unos canecillos de piedra, que recibiría una cornisa o alero. Pero ha de tenerse presente que encima vendría un almenado. La fachada se decora con monumental arco túmido, con despiezo a la base del mismo. El acceso se efectúa por una puerta de arco también túmido, pero con despiezo horizontal a partir de los riñones. Encima hay una ventana. Todos los arcos están envueltos de un recuadro en rehundido, a modo de alfiz.


La puerta se alza con sus cuatro paredes exentas. En el interior de la torre, a ambos lados de la puerta, hay unos huecos, que serían habitación para la guardia. La salida de la torre se efectúa en acodo, conforme al sistema militar oriental. Todo esto ha quedado reflejado en la restauración.
Sería utópico dejar exenta la iglesia de la Magdalena para poder contemplar desde las calles Estudios y Colón una bella y nueva perspectiva urbana de nuestra ciudad formada por una iglesia del siglo XVI y una puerta mudejar del siglo XIII.


El grupo de expertos que elaboró la Guía de Arquitectura de Valladolid considera que puertas como ésta solamente se conservan cuatro en España: en Granada la puerta del corral del carbón; en Denia la puerta de Mig; en la localidad de Niebla, en Huelva, la puerta del agua; y en Coca, en la provincia de Segovia, otra sin bautizar.
El paso principal del arco, que no quisieron abrir los técnicos de la anterior restauración, fue abierto en esta última, con lo que ha dejado de ser una puerta ciega. Soliciten en la portería del convento autorización para verla y no se cansen estirando el cuello desde la acera de enfrente: liberarán las cervicales y crecerán unos centímetros.


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-Fuente: Monumentos civiles de la ciudad de Valladolid. J.J. Martín González. ISBN: 84-500-8462-8
-Fuente: Aire de siglos. José Delfín Val. ISBN:84-95389-82-7 y 84-96186-05-9

29/8/10

Historia de las Ferias y Fiestas de Valladolid


Este fue el primer programa de las fiestas.

Las Ferias y Fiestas de San Mateo, remontan sus orígenes al Privilegio Real otorgado a la ciudad el día 11 de enero de 1156 por el Rey Alfonso VI- confirmado por Alfonso X "El Sabio"-, por el que se autorizaba, el día 15 de Agosto, una feria mercantil.
Las Ferias de San Mateo no tuvieron esa advocación "desde siempre". La fuentes documentales indican que los sucesivos Ayuntamientos de Valladolid entre 1877 (año en que se publicó el primer programa de las fiestas) y 1939 (año en que finalizó la Guerra Civil) no asumieron -o no se hicieron eco en caso de existir- de sentimiento popular alguno relacionado con honras al santo.



Es demasiado banal concluir que la advocación a San Mateo parte de la jornada en la que fue sofocado el voraz incendio de la ciudad el 21 de septiembre de 1561, ya que el destructor incendio no concluyó sino que se inició ese día, y además la convocatoria ferial correspondiente a la segunda mitad del año no tuvo lugar en el mes de septiembre hasta 1843, cuando a propuesta de los rectores del municipio quedó sancionado así por Real Orden. Según todos los indicios documentales, el progresivo adelanto de fechas desde octubre tuvo razón de ser en la superación de una climatología adversa -lluvia y baja temperatura otoñales-, que arruinaba con frecuencia espectáculos de tanta aceptación como los taurinos.


La advocación a San Mateo se refleja por primera vez en la documentación municipal cuando discurre el año 1939. A pesar de la novedad absoluta, figura como intitulación interior del programa de festejos bajo la formula "Tradicionales Ferias de San Mateo".
Entre 1939 y 1959, las manifestaciones en acta de los concejales continuaron aludiendo indistintamente a la Feria de Septiembre y a la Feria de San Mateo, si bien fue esta última la que figuró en el interior de los programas de mano de esos años.
En sesión plenaria de 29 de abril de 1959, el Ayuntamiento acordó que a partir del siguiente año de las ferias se celebraran "durante unas fechas fijas en las que se incluya el día de San Mateo, y que las mismas diesen comienzo "el tercer domingo del mes de septiembre".


Estadística de pluviometría.
En 1910, un grupo de comerciantes e industriales solicitó al Ayuntamiento que en años sucesivos la feria diese comienzo el día 8 de septiembre. La razón aludida prevenía deun singular estudio de los tipos de tiempo en Valladolid desde 1870, conforme al cual siempre había llovido del 20 al 30 de septiembre y en cambio no había caído una sola gota del 8 al 15. Finalizada la feria de ese año, el Consistorio acordó abrir un periodo de información pública para que los ciudadanos diesen opinión sobre el particular, pero la proposición no cuajó, sin que para el desestimiento se argumentase en ningún momento ni el día de San Mateo ni ninguna otra santidad.

Programa de ferias del año 1948

Bastante despues, en 1957, sin debate previo en sesiones decisorias, la Feria de Valladolid fue convocada del 7 al 22 de septiembre -lo que se repetiría al año siguiente- con una leyenda en el interior del programa impreso en la que se lee: "Programa oficial de festejos...con motivo de las Ferias y Fiestas de Nuesta Señora de San Lorenzo y de San Mateo". Pero la experiencia de ese bienio resultó negativa desde el punto de vista de los organizadores, quienes esta vez sí dejaron huella documental con un debate en la Permanente de abril de 1959, en la que se juzgó que tan larga duración del programa suponía un elevado coste para la municipalidad, y además se había constatado una disminución de la concurrencia de público por coincidir las fechas con idénticas celebraciones en Palencia y Salamanca.
Con el fin de "evitar arbitrariedades", el 29 de abril de 1959 se acordó en sesión plenaria que la Feria de San Mateo diera comienzo el tercer domingo del mes de septiembre, y así fue hasta el año 2000 desde la que la feria vallisoletana se celebra en honor a la Virgen de San Lorenzo en vez de a San Mateo, coincidiendo esta festividad con el día 8 de septiembre.



La distintas ubicaciones
El cambio de ubicación del Real de la Feria se inicia en 1914 al pasar de los jardines y paseos del Campo Grande a su Paseo Central, donde permaneció hasta el año 1947. En 1948 se lleva al Paseo Alto de las Moreras, donde se instaló durante veinte años. En 1969 se traslada a la Cañada de Puente Duero -a continuación de los jardines de La Rubia- y de allí a su actual emplazamiento en el Paraje de Caño Hondo, junto al Nuevo Estadio José Zorrilla.

La Feria de Día
Desde el año 1999 se viene desarrollando la llamada "Feria de Día". Una feria singular en la que los bares y restaurantes participantes sacan a las calles unas casetas repletas de tapas, pinchos y bebida, aunque también hay establecimientos que participan sin poner caseta en el exterior.

Feria de Día


-Fuente: Ferias y Fiestas de San Mateo 1877-1960 (Paz Altés Melgar y Rosa Mª Calleja Gago). ISBN: 84-86808-40-5

-Fuente: Valladolid, una ciudad Contada. (Joaquín Martín de Uña). ISBN: 84-95389-01-0

25/8/10

El Colegio de los Escoceses


En 1771 se instaló en Valladolid este Colegio Seminario de Escoceses, al ser trasladado desde Madrid. El carácter de la ciudad como centro de enseñanza superior experimenta de esta manera un sintomático refuerzo, por el hecho de que el alumnado que acude es de origen extranjero. Recuérdese un Valladolid con Universidad, Colegio de San Gregorio, Colegio-seminario de Jesuitas, Colegio de Ingleses, Colegio-seminario de Filipinos y finalmente Colegio de Escoceses.


El colegio se funda en Madrid por el caballero Guillermo Semple, noble escocés, coronel del Ejército, que sirvió la causa católica en inteligencia con el rey Felipe II, conocedor de la situación de su patria, impulsó la idea de establecer un seminario para la formación de clero escocés. La fundación tuvo lugar en Madrid, el 10 de mayo de 1627, haciéndose cargo de la dirección del colegio los Padres jesuitas. Semple estaba casado con la española doña María de Ledesma.
Al suceder la expulsión de los jesuitas en tiempos de Carlos III, por estar regentado por éstos el Colegio Escocés madrileño fue inmediatamente cerrado y luego incorporado al Colegio de Irlandeses de Alcalá de Henares. Tuvo lugar entonces un providencial suceso: la llegada a España del escocés don Juan Geddes. Había nacido en 1735, recibiendo instrucción sacerdotal en Roma. Su llegada estaba motivada por el propósito de reclamar las propiedades de los escoceses. Pero hay que ligar los acontecimientos a lo que sucedía por entonces en Valladolid.


El colegio de Ingleses había sido acogido al patronato regio, concediéndosele el edificio de San Albano, que fuera de los jesuitas. En Valladolid había quedado desocupado el Colegio de San Ambrosio. Lo que fueron Generales se destinó a Convictorio, es decir, residencia de estudiantes y aulas para enseñanza de Gramática y Primeras Letras; la iglesia se convirtió en parroquia de San Esteban. El bloque intermedio fue cedido al Hospital de Esgueva, pero el centro no aceptó la donación por considerarla no apropiada. Se pensó en concederla para ampliación de los Generales, ahora pasados al servicio real. En esto fue recibida la petición de don Juan Geddes, que deseaba establecer en Valladolid el Colegio de Escoceses, trasladando para ello el de Madrid. El Rey Carlos III estudió la propuesta y decidió en 1771 conceder al Colegio la parte del extinguido Colegio de San Ambrosio, es decir, la zona de celda de Padres, relicario, refectorio y otras dependencias. En la motivación para la concesión, se aduce la petición de los obispos católicos de Escocia, que se inclinaban a fundar en Valladolid sobre todo por "estar más inmediata a los puertos por donde deben venir y volver los alumnos escoceses a su Patria y no ser los víveres tan caros.


Para hacer la distribución examinaron el terreno don Juan Geddes y don Felipe Perry, rector del Colegio de los Ingleses, que tan vivos deseos tenían de ver instalados en Valladolid a coterráneos. Se manda levantar un plano de todo el Colegio de San Ambrosio al arquitecto don Manuel Godoy, marcando con tinta azul la zona que pasaría a poder de los escoceses. El 12 de enero de 1772 se hizo la toma de posesión del edificio, asistiendo don Juan Geddes, don Felipe Perry, don Manuel Godoy, el Corregidor y otras autoridades.

En torno a la iglesia, se quiso levantar todo un centro espiritual de referencia nacional. Un nuevo proyecto inconcluso para Valladolid

Pero pronto se dieron cuenta los escoceses que el edificio les resultaba pequeño. Por eso hicieron una serie de peticiones para ocupar parte de lo restante. En primero lugar demandaron la Capilla de la Concepción, que se les da en 1773; de esta suerte pudieron contar con la iglesia. Después incrementaron las dependencias con un patio central y lo que le envolvía, para poder disponer de aulas. Y en 1783, don Juan Geddes, que había dejado de ser ya rector del colegio pero que a la sazón era obispo titular de Marruecos, solicitó otra zona de la parte central, que le fue concedida.
Juan Geddes desempeñó el rectorado del Colegio durante diez años, de 1770 a 1780; fue la época crucial, pues hubo que resolver los problemas de instalación. Naturalmente fue un periodo de obras, para procurar el debido acomodo. Contaban, naturalmente, con que una comunidad substituía a otra, de suerte que la iglesia, refectorio, celdas y aulas eran dependencias similares, aunque con la particularidad de que se disponía de menor espacio, pues eran tres los ocupantes del viejo Colegio de San Ambrosio.


Sucedió al Padre Geddes en el rectorado al Padre Alexander Cameron. El hecho más reseñable durante su periodo fue la obtención de una finca de recreo. El Ayuntamiento de Boecillo vendió a los escoceses dos obradas de terreno, con el fin de que pudieran construir casa. El edificio ya estaba concluido en 1798. Se halla en un emplazamiento envidiable, pues se percibe el valle del Duero, con la vista sobre El Abrojo.
En 1988 los escoceses deciden trasladarse a Salamanca y ponen a la venta el inmueble, la Diócesis de Valladolid lo adquiere y desde 1991 establece en él el actual Centro Diocesano de Espiritualidad del Corazón de Jesús.


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Fuente: Monumentos religiosos de la ciudad de Valladolid. Parte Segunda. Juan José Martín González y Fco. Javier de la Plaza Santiago. ISBN: 84-505-5518-3

21/8/10

El convento de las Descalzas Reales


Como muchos otros conventos, tuvo su origen en un punto alejado de la población, siendo el desarrollo de Valladolid lo que motivó su establecimiento. Diversos historiadores, entre ellos Sangrador, establecen la fundación del convento hacia 1550 en Villasirga, provincia de Palencia, es decir, Villalcázar de Sirga. De su traslado a Valladolid se encargaron los Condes de Osorno, cosa que sucedió en 1552. El Conde les preparó acomodo en una casa en la Puerta del Campo, y de ella pasaron al emplazamiento definitivo, frente a la Real Audiencia y Chancillería. El convento ocupa un conjunto de varias casas nobles, que fueron sucesivamente compradas.


Aquí se menciona en 1552 el palacio de don Alonso de Argüello, secretario de Su Majestad, que lindaba con casas del licenciado Galarza, del Consejo de Su Majestad, y con las del licenciado Ortíz, catedrático de la Universidad. Dichas casas principales pasaron a propiedad de Beatriz de Argüello, hija de don Alonso, casada con Gómez de Portillo. Estos la vendieron a los marqueses de Villafranca, don Fadrique Osorio de Toledo y doña Inés Pimentel. A su vez en 1572 la marquesa de Villafranca, ya viuda, vendió dichas casas al boticario Juan López de Medrano, casado con María Ortiz, por precio de 5.500 ducados, entrando con la casa la huerta y corrales. Pero en rigor estos señores no las adquirieron para ellos, sino para la comunidad de Descalzas Franciscanas de la orden de Santa Clara “de Nuestra Señora de la Piedad, que son las que al presente viven y han vivido desde el día que se compraron”. Por esta razón, dichos señores en 1585 otorgan escritura de renuncia de las casas a favor de las madres descalzas.


En 1595 se suscribió escritura de patronato, adquiriendo la capilla mayor para su enterramiento, con bóveda y bultos funerarios, los señores don Francisco Enríquez de Almansa y su esposa doña Marina de Zúñiga y Velasco. El compromiso suponía obligación de construir “una casa, iglesia y monasterio de edificio decente, suntuoso, de la traza y foír conveniente”. Además entregarían una renta anual de doscientos mil maravedís”. El nuevo patrono era caballero del hábito de Santiago y gentilhombre de la Boca de Su Majestad. La escritura es firme, pero sin que sepamos las causas, al llegar a Valladolid la Corte, con los Reyes Felipe III y doña Margarita de Austria, son éstos quienes se hacen cargo del patronato y de la edificación del nuevo monasterio.


Durante los años de la estancia se inició la construcción del nuevo monasterio, pero la escritura definitiva del patronato no se firmó hasta el 26 de junio de 1615. En ella se dice que el monasterio había cambiado la advocación de la Piedad por de la Asunción. Quedaba la comunidad obligada a decir la misa conventual de cada día por el alma de la reina doña Margarita, que había fallecido en 1611. Se fijaba en treinta y tres el número de religiosas, todas las cuales habían de ingresar por designación expresa de los reyes y sin dote; y se prohibía enterrar a nadie en la iglesia sin expreso consentimiento de Su Majestad. La Corona había de entregar quinientos ducados anuales para el servicio del monasterio. Datos muy valiosos acerca del proceso de construcción ofrece un artículo de don Juan José Junquera.

Fotografía tomada desde el Hospital Clínico Universitario en los años 70

En una relación de 26 de febrero de 1614 se menciona lo que faltaba por hacer en el edificio, que “lo dejó trazado Francisco de Mora”. Así queda documentado el nuevo monasterio, como obra del arquitecto del Rey, como había ya indicado Llaguno. En rigor fue la reina doña Margarita la que tomó sobre sí el patronato, como se menciona en la Vida de ésta escrita por don Diego de Guzmán. Pero Francisco de Mora era fundamentalmente tracista; no se aplicaba a la ejecución. Era como tal tracista el verdadero prototipo de arquitecto. Con arreglo a sus trazas dirigió la obra Diego de Praves, quien era maestro mayor de las obras de Su Majestad en Castilla la Vieja. En 1615 estaban adelantadas, pero para acelerar la edificación la Corona ayuda con dos mil ducados. Poco después se efectuaría la ocupación del nuevo convento, levantado en el mismo edificio anterior, en el que se respetaron determinados elementos.


El convento quedó asistido por la ayuda económica permanente de la Corona. En 1628 el Rey Felipe IV ordenaba costear ciertos reparos. En 1657 se compran dos casas que poseía don Fernando de Rojas y Argüelles, regidor de la ciudad, situadas “en la calle que llaman del Prado…junto al convento de las Franciscanas Descalzas”, por cuantía de dos mil ducados. De esta suerte el convento pudo extender su huerta por esta parte. El convento ofrece hoy un vasto dominio, que no ha sufrido merma, frente a la plaza de Chancillería, con vuelta a las calles San Martín y del Prado. Comprende iglesia, delantera, dos claustros y huerta.


Justificar a ambos lados Se perciben restos de los palacios que fueron comprados; dos grandes portadas de piedra, con arcos de medio punto, corresponden a las casas principales de don Alonso de Argüelles, que luego fueron a parar a la Marquesa de Villafranca y de ésta a las descalzas franciscanas. Hay además un torreón, símbolo palacial, con tres planas. Al pasar al uso conventual, los balcones se cerrarían, resultando actualmente celosías en las ventanas. Posee excelentes maderamientos. El tejado se dispone a cuatro vertientes, siendo visible la trama en la última planta, hecha como mirador.


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-Fuente: Monumentos religiosos de la ciudad de Valladolid, parte segunda. (Juan José Martín González y Fco. Javier de la Plaza Santiago). ISBN: 84-505-5518-3

17/8/10

El desaparecido Palacio del Almirante

Montaje fotográfico de Juan Carlos Urueña Paredes . Rincones con fantasma. ISBN: 84-95389-97-5

En el lugar entonces conocido como Plazuela Vieja, nacimiento de la Corredera de San Pablo, heredando actualmente los dos parajes el único nombre de la calle de las Angustias, tuvo su casa fuerte, coronada por dos torreones, la familia Enríquez, cuyo jefe ostentaba el título de Almirante de Castilla. Era un palacio relativamente fuerte, con grandes resabios moriscos, como dan a entender los restos de azulejería y rosetones y ataurines que se conservan, muy fragmentados en el Museo Arqueológico.

Dibujo conservado en la Biblioteca Nacional obra de Valentín Carcedera 1836

En él pararon alguna vez los hijos de los Reyes Católicos, y aun estos, y en homenaje a Don Fadrique Enriquez, se colocó, sobre la puerta principal del Palacio la conocida inscripción grabada sobre lápida de mármol negro, repetida en todas las historias locales y que recordaba el apoyo del Almirante al emperador Carlos V durante el levantamiento de los Comuneros y que decía así:

Viva el Rey con gran victoria
Esta casa y tal vecino
Quede en ella por memoria
La fama, renombre y gloria
Que por él a España vino.

Edificio de todos modos vetusto, no era ni correspondía a los poseedores de él, una de las primeras dignidades de España.

El plano de Bentura Seco de 1738 nos da una idea de las grandes proporciones del edificio

En él se estableció la Diputación provincial de 1850 a 1856, y luego se derribó y se construyó el Teatro Calderón de la Barca en 1864, que dio todavía espacio para la calle de Alonso Berruguete y casas colindantes al costado del teatro.



-Fuentes consultadas: Rincones con Fantasma de Juan Carlos Urueña Paredes y Las Calles de Valladolid de Juan Agapito y Revilla.

14/8/10

De como Alfonso Niño defendió la Puerta del Campo (1464)

El Arco de Santiago sustituyó a la primitiva Puerta del Campo

Por Pascual Martínez Sopena
El 15 de septiembre de 1464, don Alfonso Niño hermano del afamado almirante D. Pero Niño, conde de Buelna, defendió él solo la Puerta del Campo, que se hallaba donde la calle Santiago sale a la actual Plaza de Zorrilla. En recompensa, el rey Enrique IV le hizo “merino mayor de Valladolid” a título hereditario.


El privilegio de concesión relata que, dominada la villa por los partidarios del infante Alfonso, el merino se encerró por sorpresa en la torre que protegía la puerta, provisto de pan y vino, y armado con una ballesta. Declaró que solo entregaría la puerta al Rey, y allí se mantuvo, pese a que los atacantes disparaban con “serpentinas y lombardas”, los cañones de la época.


Herido como estaba, llegó a escribir su última voluntad: que le enterrasen con las llaves de la Puerta del Campo entre sus manos. Pero al día siguiente –cuenta el Doctor de Toledo en el Cronicón de Valladolid-, “se levantó la comunidad contra los dichos [Juan de Vivero y Alfonso Enriquez, jefes del bando del infante Alfonso] y los echaron de la villa, e despojaron todos los mas que eran de su opinión…e la dicha comunidad sacó al Merino de la dicha torre".



12/8/10

El desaparecido Convento de San Juan de Dios

Montaje fotográfico de Juan Carlos Urueña Paredes. Rincones con fantasma. ISBN: 84-95389-97-5

En terrenos cercanos a la Academia de Caballería estuvo el convento de San Juan de Dios, antes Hospital de Nuestra Señora de los Desamparados, creado y atendido por la cofradía de su mismo nombre den 1591. Casi a la vez llegaron a Valladolid los hermanos hospitalarios de san Juan de Dios, ocupándose de atender el Hospital de la Resurrección.

Situación del Convento según el plano de Ventura Seco

A principios del siglo XVII pasaron a regentar también este de los Desamparados a causa de la muerte de don Luis de Mahudes, su administrador y benefactor. Este hombre fue mentado por Cervantes en el “Coloquio de los Perros”, donde Cipión y Berganza son llamados los “perros Mahudes”.

Antigua foto donde se puede ver el convento tras la estatua de Zorrilla

En 1615 se unificaron algunos pequeños hospitales con el de la Resurrección, pasando a ser administrados por un seglar, siendo los frailes relegados al de los Desamparados que comenzó entonces a conocerse como de San Juan de Dios.
Los frailes abandonaron el convento a causa de la Desamortización y el edificio fue destinado a diferentes usos, sobreviviendo hasta 1929 en que se construyó la Academia de Caballería.

El convento según el plano de Ventura Seco

Dibujo del convento obra de Ventura Pérez

La Academia se levanta muy cerca del solar del desaparecido convento, que estaba prácticamente en lo que hoy ocupan las casas militares situadas en su parte trasera. Don Hilarión Sánchez nos dejó la noticia de que:

“se ha descubierto en un hoyo enfrente del convento de San Juan de Dios, un sepulcro de ladrillo, cuyos huesos estaban tan apolillados que se deshacían al tocarlos, y se mandó tapar sin examinar el sitio. En el año 1818, estando en el mismo sitio de San Juan de Dios armando la plaza de toros, en la parte de los toriles inmediata a dicho convento, a uno de los armadores que hacía un agujero para meter una viga con una vara de hierro, se le agarró ésta entre las piedras, y mucho trabajo costó a aquel sacarla a tirones. Observaron que había un agujero profundo, y metieron por curiosidad una regla de albañilería de 8 a 10 pies de larga (sobre los dos metros y medio) mas no hallaron tierra; tampoco se examinó entonces, como debía haberse hecho…”

10/8/10

Los judíos de Valladolid

Expulsión de los judíos en 1492. Grabado del S.XIX

En el año 2002, durante la remodelación de la Acera de Recoletos y el Paseo Central del Campo Grande fue descubierta una necrópolis judía que pertenecía a un gueto creado en 1411, cuando musulmanes y judíos fueron separados de los cristianos. Fueron hallaron 26 esqueletos tanto de adultos como de niños, en disposición oeste-este, con los brazos extendidos junto al cuerpo y las palmas hacia arriba siguiendo la forma de un ritual judío. En el lugar donde descansan hay una placa firmada por Mosheh Ibn Ezra:
Son tumbas de tiempos antiguos, en las que unos hombres duermen el sueño eterno. No hay en su interior ni odio ni envidia. Ni tampoco amor o enemistad de vecinos. Al verlas mi mente no es capaz de distinguir entre esclavos y señores.
Dicho hallazgo nos incita a pensar que los judíos de los siglos XIII al XV pueden ser los cerca de 800 enterramientos que se calcularon.

Uno de los esqueletos encontrados en la necrópolis. Foto: Carlos Arranz (Diario de Valladolid. 16-05-2002

Placa hebrea que señala la ubicación del cementerio judío de la edad media
Foto: Wikipedia

Golda Meir, siendo primera ministra del gobierno de Israel, quiso comprar el monte próximo a la capital segoviana en donde aparecieron las tumbas de sus antepasados españoles.
No fueron los Reyes Católicos quienes metieron en guetos a los judíos. La cosa vino de antes, en la minoría de edad del rey Juan II y por disposición de la regente doña Catalina de Lancáster. El ordenamiento sobre el encerramiento de los judíos y de los moros se firmó en Valladolid, posiblemente en el palacio cuyos restos se han encontrado en las inmediaciones de las ruinas del convento de San Agustín, el 2 de enero de 1412. La orden iba dirigida a todos los judíos “de mis reinos y señoríos” para que “sepan y vivan apartados de los cristianos en un lugar aparte de la ciudad, villa o lugar donde fueren vecinos, y que sean cercados de una cerca en derredor y tenga una puerta sola por donde se manden en tal círculo y que en el dicho círculo los que así fueren asignados, moren los tales judíos y judías, y moros y moras, y no en otro lugar ni casa fuera de él”.

La trinchera excavada, con la Plaza de Zorrilla al fondo. Foto: Carlos Arranz (Diario de Valladolid. 16-05-2002)

Calle Isidro Polo

Para hacer su aljama, los judíos de Valladolid pidieron al convento de San Pablo que les vendieran los terrenos del Campillo de San Nicolás que era de su propiedad, como así ocurrió. Los dominicos vendieron esos terrenos a los judíos, otorgándose escritura el 18 de agosto de 1413 ante el escribano Juan Alonso de la Rua, comprometiéndose los compradores a abonar el convento “en dos plazos y por los cuatro primeros años, treinta y cinco florines de oro del cuño de Aragón en cada uno de los dichos años, y cuarenta en cada uno de los sucesivos”.
De manejar dineros ya sabían los judíos y no les preocupaban los plazos ni las obligaciones contraídas, pese a que entre las prohibiciones que les impusieron había algunas verdaderamente vergonzosas: No podían ejercer la medicina, ni la cirugía, ni la farmacia, ni dedicarse al comercio con gentes de otra raza o religión, ni tener criados cristianos, ni llevar armas, ni optar a cargos públicos y se les prohibía la higiene más elemental: afeitarse y cortarse el pelo.
El barrio tenía su cerca, su pozo, su sinagoga, su horario impuesto y, por tanto, una vida apartada, relativamente, de la convivencia con los cristianos. La puerta por la que entraban y salían se cerraba al anochecer y la llave se entregaba al Corregidor o a un representante de su autoridad. Siempre se ha pensado que esta puerta estaba en el llamado postigo de San Nicolás, al final de la actual calle Imperial. El llamado Barrio Nuevo de los Judíos (lo de “nuevo” nos induce a pensar que antes, quizá en el siglo XIII, hubo otro no muy lejos de ese lugar y próximo al alcázar, hoy San Benito, no cercado) tenía en la plaza de los Ciegos su principal núcleo de convivencia y en la plaza de Carranza su complemento. Las calles Sinagoga (nombre que ha mantenido desde entonces), Lecheras, Pozo, Moral, Tahonas, Bodegones, Espejo, Luis Rojo, Isidro Polo, Paz y Mirabel constituían el resto de la aljama o judería.

Calle Sinagoga

La población hebraica tenía en Valladolid su propia carnicería junto al postigo de la sinagoga vieja en la “calle del ilustre rey que va al alcázar” y es posible que en su entorno se formara una barriada judía de personas de buena situación económica, no coincidente en el tiempo con la creación del llamado Barrio Nuevo. Es probable que allí viviera el famoso Yago Verrox, hombre muy rico y uno de los prestamistas que movía el dinero en la villa. Otro judío famoso fue Mosed Sem Tob de León, escritor y filósofo, admirado luego por que vino de Palestina. Otro que dejó honda huella entre los judíos y cristianos fue el converso Abner de Burgos, bautizado con el nombre de Alfonso de Valladolid en recuerdo de la ciudad donde abrazó el cristianismo a los 60 años. Fue médico y astrólogo y acabó de sacristán de la iglesia Mayor (Santa María la Mayor, cuyos restos se conservan detrás de la Catedral), teniendo por el primer templo cristiano del Valladolid de aquel siglo XV, pues Alfonso de Valladolid murió en 1346. Cualquiera puede pensar que alguno de los esqueletos hallados en el Campo Grande pueda ser el suyo. O el de algún español de Valladolid, nacido judío, que no vio más paisaje que el de nuestra ciudad y el de su aljama del Barrio Nuevo.


Así vivieron los judíos de Valladolid durante 78 años hasta que los Reyes Católicos en 1492 decretaran su expulsión de España, que ellos llamaban Sefarad, de ahí que a los judíos desperdigados por el mundo y procedentes de España se les conozca como sefarditas. Pero muchos se quedaron, pasando de judíos a marranos. Y no porque fueran unos guarros, sino porque marrano se denominaba al cristiano converso que judaizaba ocultamente.

-Fuente: Wikipedia y el libro: Conocer Valladolid. Curso de Patrimonio Cultural 2007/08
Editado por el Ayuntamiento de Valladolid.
ISBN: 978-84-96864-26-9



8/8/10

El Puente del Cubo o de Isabel la Católica

El Puente del Cubo, en su nombre habitual, o Puente de Isabel la Católica en su denominación oficial, es un puente sobre el río Pisuerga en el centro de la ciudad de Valladolid. Une el Paseo de Isabel la Católica y la Calle de San Ildefonso con la Avenida de José Luis Arrese en el Barrio de Huerta del Rey.


El puente del Cubo toma este nombre corriente del de otro puente anterior, existente aproximadamente en el mismo emplazamiento, pero sobre la desembocadura del ramal sur de la Esgueva. Desapareció a comienzos del siglo XX, al ser cubierto el cauce, pero su nombre, debido probablemente a que ese paraje se utilizaba como lavadero para la ropa y las mujeres transportaban allí la colada en cubos, ha permanecido aplicado al nuevo puente sobre el Pisuerga.
El Plan Cort, de 1939, había dado un trazado para la expansión de la ciudad al otro lado del río, barrio de Huerta del Rey, que requería la construcción de tres nuevos puentes. Las dificultades de la postguerra determinaron el retraso del proyecto hasta que en 1948 el Ayuntamiento decide iniciar los trámites para la expropiación de la finca de la Huerta del Rey, encargando a continuación los proyectos de los dos puentes más cercanos al centro de la ciudad –Poniente y Cubo- proyectos que son firmados con fecha 5 de mayo de 1950 por el ingeniero Luis Díaz Caneja.


Al tratarse íntegramente de conexiones locales, los gastos fueron abordados por el Ayuntamiento. En la Comisión Municipal de fecha 15 de junio de 1949, y posteriormente en el Pleno del 28 de junio, se adoptó el acuerdo de encomendar los trabajos necesarios para la construcción de estos dos puentes a la Sección de Vías y Obras. Las obras comienzan en 1954 (dirigida por Francisco J. de Quevedo López, ingeniero jefe de la Sección de Vías y Obras, y ejecutada por la empresa Agroman) y se terminan en 1957 con la recepción definitiva, si bien las pruebas de carga no se verifican hasta 1960.
Está constituído por un arco rebajado, que se empotra en los estribos, de 4 nervios de hormigón armado con espesor decreciente hacia la clave, volteados de orilla a orilla para salvar límpiamente 65 metros de luz.
La parte superior del tablero y las barandillas han sido rehabilitadas en los años 1990. En 2011 fue rehabilitado y modernizado con motivo de la inauguración de la Plaza del Milenio


Al inicio de la barandilla estuvieron situadas dos pilastras de piedra que fechaban la fecha de construcción del puente. Con motivo de la rehabilitación de 2011, dichas pilastras fueron retiradas.


El puente tras ser rehabilitado en 2011




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Fuente: Fuente: Guía de Arquitectura de Valladolid. Juan Carlos Arnuncio Pastor.
ISBN:84-85022-66-1 y Wikipedia
 
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