30/10/10

Dos adosados eclesiásticos


Estamos tan acostumbrados a pasar por delante de las iglesias de Santiago y de La Magdalena, que ya no nos llaman la atención los “adosados” que un día les nacieron pegados a sus piedras.
Al hablar de “adosados” nos referimos, naturalmente, a las construcciones que, como postizos adefesios, les nacieron a ambos templos en época de mayor tolerancia e indiferencia hacia el patrimonio monumental de la ciudad. En la iglesia de Santiago, el adosado es una joyería y relojería que lleva el apellido de una familia de gran consideración comercial; y el de la iglesia de la Magdalena el adosado es una edificación que hace funciones de casa parroquial.


Ambos “adosados” son –arquitectónicamente hablando- dos chapuzas importantes. No sabemos quién pudo autorizar semejantes engendros, pero si fue eclesiástico o arquitecto, o ambos en connivencia, lo lamentamos por el feo servicio que le hicieron a la iglesia y a la arquitectura. Bueno es arrimarse a la Iglesia, pero no hasta el punto de pegarse a ella como una lapa.
El “adosado” de la iglesia de la Magdalena, si desapareciera, permitiría ver el templo tal y como fue construído en el siglo XVI y, liberado de semejante estorbo, ganaría en perspectiva propia dejando, además, a la vista el más importante resto de la arquitectura militar, posiblemente del siglo XIII, que se conserva en Valladolid.

La iglesia de la Magdalena antes de la construcción de la Casa Parroquial

La puerta del Palacio de Doña María de Molina antes de su ocultación

Casi nadie puede verlo desde fuera, situado en el lugar donde se encuentra, oculto por esa casa número 20 de la calle Colón y detrás de una tapia conventual de las Huelgas Reales que discurre en línea con la calle Estudios. Hablamos de la que ha sido llamada “puerta del alcázar de la Magdalena”, aunque en realidad se trata de la puerta principal del muro de defensa del palacio de la reina Doña María de Molina.

La casa parroquial y la tapia conventual impide la contemplación de la Puerta del Palacio de María de Molina

Sería utópico dejar exenta la iglesia de la Magdalena para poder contemplar desde las calles Estudio y Colón una bella y nueva perspectiva urbana de nuestra ciudad formada por una iglesia del siglo XVI mandada construir por Don Pedro de la Gasca, y una puerta mudéjar del siglo XIII del palacio de la reina Doña María de Molina.


29/10/10

El Campo Grande, lugar de ejecuciones


Al margen de lugar de festejos y celebraciones de toda índole, el Campo Grande fue notorio también por una función más sombría, la de albergar el patíbulo donde eran ejecutados los condenados, tanto por la Inquisición como por la jurisdicción civil. Sabemos que ya en 1506 se colocaba la horca en un lugar cercano a la entrada del Campo, y, según afirma Agapito y Revilla, se conocía con el nombre de la “hoguera” o el “brasero” el espacio que luego se denominó en el siglo XIX Campo de la Feria, porque allí eran quemados los herejes. En realidad el punto exacto en que se alzaba el cadalso, horca y hoguera, no está bien precisado y podía variar, aunque, las más de las veces, se levantó cerca de la entrada del Campo.


Sabemos que el Santo Oficio se mostró muy activo en Valladolid. Los Autos de Fe fueron frecuentes y algunos muy vistosos, sobre todo en los siglos XVI y XVII. Se celebraban en la Plaza Mayor y de allí partían los relajados hasta el lugar del suplicio. Refiere Canesi que, con motivo de las ejecuciones, era llevada al Campo Grande la imagen del Cristo llamado del Perdón, perteneciente a la Cofradía de la Pasión. Sin duda, este Cristo, arrodillado y orante, sería colocado junto al patíbulo para consuelo de los reos.


En el Auto, muy solemne, que se celebró el 21 de mayo de 1559, fueron juzgados treinta y un reos, uno de ellos en efigie. El principal, el Doctor Agustín Cazalla, sacerdote que había sido predicador y capellán del Emperador, fue acusado de luteranismo y de haber arrastrado a varias personas a esa herejía. Quince de los juzgados, entre ellos Cazalla, fueron condenados; el resto, reconciliados. Terminado el Auto de Fe, los condenados, montados en mulas, salieron por la calle de Santiago hasta la Puerta del Campo, donde se habían levantado quince hogueras. El Dr. Cazalla, arrepentido, exhortaba al pueblo, que en gran número presenciaba el suplicio, a permanecer fieles a la Iglesia y rechazar la herejía.
En 1561 se celebró otro Auto de Fe importante, presidido por el Arzobispo de Sevilla e Inquisidor General. Fueron reconciliados veintisiete reos y condenados a muerte diez. El Corregidor les condujo al Campo de Marte para su ejecución.
Durante el reinado de Carlos III, en 1667, se celebró otro Auto notorio. Para la ejecución de los condenados se construyó en el Campo, fuera del Arco de Santiago, un amplio círculo, vallado de madera, en cuyo centro había dos elevados postes con argollas de hierro.
En 1729 el cadalso se levantó cerca de las casas llamadas del Chapitel, situadas en lo que actualmente es el Paseo de Filipinos.


Posteriormente las noticias de ejecuciones en el Campo corresponden a los malhechores condenados por la justicia civil o víctimas de los trastornos políticos. En 1801, se ahorcó a un malhechor en la zona entre San Juan de Dios y San Ildefonso, aunque advierte Ventura Pérez que “no se puso la horca en la Plaza por ser ese día de visita general de cárceles y pasar el Acuerdo por allí para ir a la ciudad”. Deducimos que por esa época el lugar más frecuente para poner la horca no era el Campo, sino la Plaza Mayor. En realidad, ambos lugares habían compartido tan dudoso honor desde tiempo atrás, sin que por ello fueran mirados con recelo ni perdieran su estimación como lugares importantes de la vida ciudadana.

-Fuente: Desarrollo urbano y proceso histórico del Campo Grande de Valladolid (María Antonia Fernández del Hoyo). ISBN:84-500-4970-9

27/10/10

¿Que fue de la reliquia de San Benito?

Entrada de la reliquia de San Benito en Valladolid.
(Zaguán del Palacio de Pimentel
)

Las reliquias estuvieron de moda siempre. Y de super-moda durante los siglos XV y XVI. Cuando murió San Pedro Regalado, del monasterio de La Aguilera en Burgos se trasladó a Valladolid uno de sus huesos y se organizaron fiestas por todo lo alto.
Cuando murió Santa Teresa en Alba de Tormes en 1582, se le arrancaron el corazón y un brazo. El corazón se conserva en el altar mayor del convento del Alba y el brazo lo tuvo Franco, temeroso de Dios y de que, dado el carácter de la santa, algún día pudiera darle el brazo un capón.
Pero a lo que íbamos. ¿Dónde está el hueso del muslo de San Benito que vino como venerada reliquia a Valladolid cierto día de no sabemos qué año, pero reinando Felipe II? El historiador escribió: “Don Diego de Álava, gentilhombre de Felipe II donó al monasterio de benedictinos de Valladolid, donde tenía un sobrino profeso, una reliquia que consistía en un hueso del muslo de San Benito, reliquia que el rey Carlos Onceno de Francia regaló a su padre don Francés de Alva, hallándose de embajador de Felipe II en la corte de aquel soberano”.

Procesión de la reliquia de San Benito
(Zaguán del Palacio de Pimentel)

Las fiestas que se hicieron en Valladolid con motivo del traslado de esta reliquia fueron costosísimas. El día en que llegaron a la ciudad, salieron todas las comunidades religiosas en procesión acompañadas de las autoridades y se celebraron fiestas con toros y juego de cañas. El hueso del muslo de San Benito quedó depositado en la Iglesia Mayor (Santa María la Mayor, frente a la Universidad) y el 22 de julio de 1594 fue trasladado al monasterio de San Benito. Además de engalanarse las calles por donde pasaba el santo muslo, los comerciantes y escribanos levantaron arcos de triunfo florales muy vistosos y aparentes.


Usted, lector amigo, si ha llegado hasta aquí empujado por la curiosidad, se estará haciendo ya la pregunta de rigor. ¿Está aún en San Benito la reliquia del Santo? Pues, no. San Benito, iglesia y convento, fue esquilmado durante la Desamortización de Mandizábal a partir de 1836 y no sólo fue desmontado a golpe de hacha el retablo de Alonso Berruguete (que se conserva en el Museo Nacional de Escultura) sino que, además, desaparecieron todas las reliquias y las joyas que pudieran contenerlas. La primera desamortización, la de Mendizábal, quiso acabar con las propiedades de la iglesia y convertirlo todo en mercancía civil; y la segunda, la de Pascual Madoz, ayudó a rematar la faena. Nada es de extrañar que del hueso del santo muslo sólo quede el recuerdo.

25/10/10

Marina Escobar

Nació en la casa número 8 de la calle del Rosario, el día 8 de febrero de 1554. Quiso ser religiosa carmelita pero la propia Teresa de Jesús se lo negó diciendo: “…anda hija no has de ser monja que Dios te quiere en el rincón de tu casa para cosas grandes…”. Y así fue: tuvo una vida entregada a los más necesitados, llegando a pedir limosna para mantenerse y alimentar a los pobres. Su gran espiritu de piedad y humildad fue reconocido por todos sus conciudadanos.
Durante la peste que asoló Castilla en el años 1630 Doña Marina recorrió las casas de los enfermos. Los momentos que tenía libres los dedicaba a coser, trabajando para los pueblos inmediatos, particularmente para Fuensaldaña, por lo que se la dio el nombre de “la costurera de Fuensaldaña”.
Vivian con esta devota señora algunas jóvenes, quienes después de instruirlas ingresaban en conventos, y con parte de estas jóvenes fundó el convento de Santa Brígida, redactando ella misma sus constituciones. El convento fue el primero de esta orden en España. Doña Marina escribió también diferentes tratados religiosos.
Padeció una dolorosa enfermedad que convirtió sus últimos 30 años en un sufrimiento continuo. Los doctores que la asistieron atribuían este mal a causas sobrenaturales. Los directores espirituales que la aconsejaron fueron los más eminentes de le época. Murió también en Valladolid el día 9 de junio del año 1633.


El Ayuntamiento reconociendo la gran labor humanitaria de esta señora denominó a una de sus calles principales como de Marina Escobar.
No fue oportuna la designación, pues podía haber sido la calle en la que nació, cerca de donde se situó el convento de Santa Brígida, hoy palacio del licenciado Butrón (archivo de la Junta de Castilla y León) o donde fue enterrada (San Ignacio, hoy parroquia de San Miguel). Es decir, algún lugar relacionado con su vida, pero precisamente y por avatares caprichosos del destino, la calle elegida para llevar su nombre (antigua calle del Candil) tenía un recuerdo muy distinto de las virtudes de Doña Marína: en ella se había situado la Mancebía pública, las casas de prostitución reconocidas.
Retratos de Doña Marina se pueden contemplar en el Museo de Santa Ana y en la iglesia de San Miguel.

-Fuente: La ciudad, escenario para unos protagonistas. (Mercedes Valbuena Barrasa e Isidoro González Gallego). Editado por el Ayuntamiento de Valladolid. ISBN: 84-87473-21-0

23/10/10

La Casa de los Miranda


Entre las calles Santuario y Enrique IV se encontraba la llamada Casa de Los Miranda. Para conocer la historia de esta casa, hay que acudir al fastuoso libro Arquitectura y Nobleza. Casa y Palacios de Valladolid, escrito por Jesús Urrea y publicado en 1996 (con la colaboración de la JCyL e Iberdrola) para conmemorar el IV Centenario de la concesión del título de ciudad a Valladolid. El autor, tras hacer la historia del edificio y de quienes fueron sus propietarios y habitantes, señala lo siguiente: “La parte inferior de su fachada parece ser de fecha anterior al resto del edificio, que se levantaría en el último tercio el siglo XVI. Su patio es, sin duda, uno de los más bellos que se construyeron en Valladolid dentro del gusto clasicista”.


Pero no es sólo el patio de la Casa de los Miranda lo que a los historiadores de la arquitectura y el arte llamó la atención. Ahí van dos ejemplos: Antonio Ponz en su Viaje a España (1789) elogia la casa en su conjunto y de su fachada, de manera especial, su hermosa ventana “de excelente gusto”. Otro viajero por España, Isidoro Bosarte (1804) repara en otros detalles de la casa y la pone como ejemplo para los futuros arquitectos. De esa ventana dice: “Lo que más prisa corre para el progreso del estudio nacional de la arquitectura es una ventana de una casa próxima al la iglesia del Salvador. No puede haber cosa mejor.


Es menester verla para tomar una idea justa de la simplicidad y elegancia de que es susceptible esta parte de los edificios. Si el arquitecto hubiera seguido haciendo otras ventanas como aquella en la misma casa, o si se hiciese una casa con ventanaje idéntico a aquella, sería la delicia de los que profesan la arquitectura como ánimo de buscar la perfección. En atención, pues, a tanto mérito, la señalamos por pieza de estudio nacional en la arquitectura con el sentimiento de no saber su autor”.

Fachada de la Casa de los Miranda antes de la rehablitación. EFE

En 1852 el propietario de la casa estaba obligado a “conservar perfectamente la ventana que está sobre la puerta principal de la entrada de la casa por la calle del Salvador en la forma y dimensiones que hoy tiene y en consideración a su mérito artístico”. Desde la fecha de su construcción, hacia el último tercio del siglo XVI, la casa ha sufrido (o gozado) algunas transformaciones. Poseía un torreón situado, posiblemente, en la esquina de las calles Santuario con la antigua calle de la Longaniza (hoy Enrique IV), que fue desmochado en 1738 y derribado ciento dos años más tarde, en 1840.

La casa durante el proceso de rehabilitación.
Foto: Flickr. (Angeldp)

La Casa de los Miranda padeció un grave deterioro en las últimas décadas. Su reciente restauración, impulsada por la iniciativa privada, ha permitido preservar importantes elementos arquitectónicos del inmueble, como el patio toscano de su interior, además de la portada blasonada.

Lateral de la Casa de los Miranda antes de la rehablitación

El palacio, cuya superficie construida tras la restauración es de 1.900 metros cuadrados, fue administrado por el Cabildo Catedralicio desde mediados del siglo XVIII y destacaba por sus cuidadas proporciones y un conjunto arquitectónico clasicista muy bien adaptado al solar, situado en el casco histórico, junto a la iglesia de El Salvador.

Vista aérea del solar durante su rehabilitación

El permiso municipal fue otorgado por el Ayuntamiento en noviembre de 2005. Casi cuatro años después, la imagen del edificio quedó recuperada por completo para el paisaje urbano de Valladolid, después de haber sufrido un largo deterioro que también ha afectado a la calle donde se encuentra.


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-Fuente: Aire de Siglos (Selección de Articulos) . José Delfín Val. ISBN:84-95389-82-7 y 84-96186-05-9
-Fuente: El Día de Valladolid

20/10/10

Las antiguas calles gremiales de Valladolid


Por Javier Burrieza Sánchez
Antiguamente existía una intensa relación entre los gremios y la denominación de las calles de la ciudad, pues el nombre procedía de la situación de sus talleres, obradores y tiendas. Después fueron sustituidos muy tardíamente, en la segunda mitad del siglo XIX y especialmente a partir de 1863, cuando la burguesía gobernante dotó de sentido político a la forma de denominar las calles de la ciudad.

El corral de boteros

Una agrupación espacial que llevó a que las autoridades de algunos gremios, como la de los cabestreros, impidiesen la situación de una tienda de un maestro del mismo en una calle diferente a la de la Boariza (conocida hoy como de María de Molina). Así, en el barrio de Santa María o la “morería” estaban callejuelas o “Alcalleres”, donde se fabricaban vasijas de barro, denominándose al cántaro como “alcaller”. No es extraño que otra de las vías próximas se denominase de los “Alfareros” (hoy Claudio Moyano) y que no muy lejos se encontrase la de “Olleros” (después conocida como Duque de la Victoria), donde se fabricaban las ollas, pucheros y cazuelas.

La Calle (que fue Corral) Torneros en la actualidad

La Calle (que fue Corral) Torneros en la actualidad

En la ciudad existían distintos corrales de oficios, calles sin salida, cuyas denominaciones desaparecieron en 1863. El más importante de Valladolid fue el corral de “Boteros” (próximo a la Fuente Dorada y hoy muy modificado) en cuyos talleres, obradores y tiendas se fabricaban botas y cueros cosidos. No faltaban la “Cabadería” y “Especería” relacionadas con la cebada y las especias. En la todavía existente calle “Hostieros” debía existir un obrador para la fabricación de hostias y obleas. En la de “Lecheras”, en el Barrio Nuevo de los judíos o de San Nicolás, estaban aquéllos que repartían la leche por las mañanas, mientras que en la de “Chisperos” se hacía referencia a aquellas chispas que saltaban de machacar el hierro. “Malcocinado”, era el lugar donde se vendía el menudo de las reses, despojos y carne poco apreciada, pues procedía a veces de reses muertas y no sacrificadas. La de los “Tintes” y “Corral de Tinteros”, se encontraba próxima al río Esgueva porque aprovechaban esta cercanía para verter las aguas de su industria. El "Corral de Torneros" al cual se accedía desde la Plaza Mayor. Con mucho tránsito contaban las calles de “Mantería” y “Panaderos” en el Barrio de San Andrés, más allá de la Puerta de Teresa Gil. Era la primera el lugar de los fabricantes de mantas. Y, por último, entre estos ejemplos, los “Campillos”, el de San Andrés y el de San Nicolás, ambos sendos mercados. No será la única referencia en el callejero a los lugares de intercambios, pues, al final de la calle Platerías (antes de la Costanilla) se encontraba el “Azoguejo”, el mercado primitivo de Valladolid, en las proximidades que desupués se conoció como “Corral de la Copera” y hoy calle “Conde Ansúrez”.

Gremio de los panaderos

Existía toda una jerarquía gremial compuesta por aprendices, oficiales y maestros, con sus correspondientes contratos de aprendizaje, la oficialía y el examen de maestría. Se hallaban presentes relaciones de familiaridad entre todos ellos, porque los aprendices muchos de los oficiales vivían en las mismas habitaciones del maestro. Recibían de éste vestido, cama, atención sanitaria, además de la preparación profesional. De hecho, la vida del gremio no era únicamente laborar, producir y vender sino que cada taller era sobre todo una gran familia. Aún así, la cúpula de cada una de ellos favorecía sus propios intereses, facilitando la entrada de los hijos de los maestros, impidiendo el acceso de los extranjeros y aplicando las disposiciones de la limpieza de sangre.

Placa sita en la Calle Platerías

Los oficiales formaban parte de una clase artesanal modesta, que podía mantener una familia pero que carecía de capacidad de ahorro. Existían oficiales con la suficiente confianza de su maestro como para convertirse en sus lugartenientes, cuando se trataba de sustituirle en la dirección del taller. Pero, en ocasiones se producía cierta confusión entre los oficiales y los maestros. En el caso de la escultura, muy bien estudiado por Jesús Parrado, dependía de la capacidad de aceptar obras de importancia y de montar un taller adecuado para realizarlas. El prestigio que hubiese acumulado como oficial favorecía su futuro trabajo.

19/10/10

La Casa de las Aldabas


La Casa de las Aldabas se ubica en el que hoy en día es el número 18 de la calle Teresa Gil, adyacente al convento de Porta Coeli. Su peculiar nombre le viene dado por las once grandes aldabas que colgaban a lo largo de su fachada. Las Aldabas eran de unos 20 centímetros de diámetro y estaban colocadas a poco más de dos metros del suelo en una línea horizontal a lo largo de la fachada (1). La casa fue fundada por la familia de Fernán Sánchez de Valladolid y Tovar a finales del S. XIII y principios del XIV, luego pasó a su nieto Diego Sánchez Manuel de Valladolid, contador mayor de Enrique III. La propiedad pasó al nieto de D. Diego, Alonso de Valladolid, regidor de la ciudad y contador de los Reyes Católicos.
El 27 de abril de 1601 la casa la compró Juan Bautista Gallo, regidor de Valladolid y depositario general de la ciudad y de la Chancillería.
El 12 de enero de 1605, la viuda de D, Juan, Mariana de Paz Cortés se la cedió a D. Rodrigo Calderón, Marqués de Siete Iglesias, Conde la Oliva de Plasencia y fundador del convento de Porta Coeli o de Las Calderonas, llamadas así en honor a su nombre (2). Al parecer, el aspecto exterior del inmueble amedrentaba a los viandantes, tal y como se refleja en un extracto del libro de Juan Agapito y Revilla “Arquitectura y urbanismo del antiguo Valladolid”. Sus muros fueron testigos de un hecho histórico, el nacimiento de Enrique IV, conocido como el Impotente, en el año 1425. Debido a este acontecimiento, a la casa se le concedió el derecho de asilo, las famosas aldabas eran la señal de estar distinguida con este privilegio, que fue confirmado el 29 de julio de 1524 por Carlos I de forma que las personas que tuvieran problemas con la justicia y llamaran a su puerta tenían inmunidad en su interior.

Patio de la Casa de las Aldabas. El círculo rojo señala la Residencia Universitaria Reyes Católcos
(Fotografía Cortesía de Angel Valle)

El nacimiento del futuro rey, junto con los inquilinos que habitaron sus habitaciones, como don Rodrigo Calderón, marqués de Siete Iglesias, le valieron la posición de una de las más notables de la ciudad. La fuente que se encontraba en el patio de la casa fue obra del escultor Juan de Juni. Don Rodrigo encargó a Diego de Praves las obras de reforma de la casa, y en ellas estaban cuando fue detenido el 20 de Febrero de 1619 acusado de asesinato y brujería. No llegó a verlas finalizadas, ya que fue ajusticiado el 21 de Octubre de 1621.
La casa fue confiscada, y luego devuelta a su viuda Dª Inés de Vargas por concesión de Felipe IV del 20 de enero de 1623.
Al igual que otros muchos edificios civiles de Valladolid, desapareció en “los años del desarrollismo”, en la década de los sesenta concretamente en 1963, debido a que ocupaba un espacio muy atractivo en el que se podían construir casas y hacer un buen negocio, explica la doctora en Historia del Arte de la Universidad de Valladolid, María Ángeles Fernández del Hoyo.


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Fuente: El Norte de Castilla publicado el 31-07-2010. (Esther Fuentes).(Edificios para el recuerdo)
(1): Las calles de Valladolid. Juan Agapito y Revilla
(2): Valladolid Web

17/10/10

El convento de San Quirce (y Santa Julita)


Es después del monasterio de Las Huelgas el más antiguo de Valladolid. Incluso Manuel Canesi llega a considerarle “el primer convento de religiosas”, manifestando que su introducción en Valladolid fue por los años de 1256. El primer emplazamiento fue en la margen derecha del río Pisuerga, donde posteriormente se estableció el Hospital de San Lázaro. Antolinez de Burgos piensa que durante las guerras entre Pedro el Cruel y su hermano don Enrique y debido a los peligros de la misma, decidieron instalarse dentro de la población, haciéndolo como siempre en casas de un noble generoso, que en este caso era de la familia de los Ulloa. También el obispo de Palencia, Fray Alonso de Burgos, aportó dinero en 1499 para la edificación del monasterio, ya en el interior de la villa.
El convento adoptó la regla cisterciense de San Bernardo y estuvo durante mucho tiempo dependiendo del monasterio de San Benito el Real, hasta el año de 1632 en que lograron por breve dictado del Papa Urbano VIII que les desligara de esta obediencia.


Tuvo protección real. Visitó la cogulla monacal una infanta de Castilla llamada doña María (así lo refiere Canesi). Concedieron mercedes, Enrique I, Enrique II, Carlos V, Felipe II y Felipe III, pero muy especialmente la esposa de éste, doña Margarita. El libro Becerro da curiosas noticias. Se hizo un pasadizo que iba desde el Palacio Real, con tribuna hasta la iglesia. Doña Margarita gustaba de acudir al monasterio, entablando amena conversación con las monjas. Los regios esposos utilizaban la tribuna para los oficios de la iglesia. Fue monja profesa en el convento doña María de Colón, duquesa de Veragua.


En 1636 asoló la ciudad de Valladolid el desbordamiento del río Pisuerga. Llegó hasta los conventos de Santa Teresa y de San Quirce. Este experimentó serios daños, aunque la iglesia y coro pudieron resistir debido a su sólida construcción. En 1743 se hizo el nuevo coro, ya que el anterior estaba en muy mal estado. “Le reedificaron de nuevo, con mucho más lucimiento que el que antes tenía; y concluida la obra dispusieron tener tres días de fiesta”, dice Canesi. De la inauguración da cuenta Ventura Pérez: “Año de 1744, día 20 de agosto, se estrenó el coro nuevamente reparado del monasterio de San Quirce de esta ciudad; estuvo la iglesia ricamente adornada…predicó un colegial de Santa Cruz y al día siguiente hicieron la fiesta de San Quirce…y se hicieron dos retablos nuevos en el coro; asistió la música de la Santa Iglesia”.


El edificio
En 1620 el arquitecto Francisco de Praves, “maestro de obras de Su Majestad”, hacía las condiciones y aceptaba realizar las obras del convento. El proyecto se refería a realizar “el cuerpo de la iglesia mayor, sacristía, capítulo, escalera, claustro y sobreclaustro”, conforme a la traza del propio Praves. Según definitivo concierto de 28 de febrero de 1621, Francisco de Praves se comprometía a edificar dicho monasterio y el “pasadizo de Su Majestad”. También se incluía la construcción de una capilla perteneciente a doña María de Colón, monja profesa en el convento.
Se trata de una iglesia de cruz latina, pero con crucero muy poco marcado en planta. La nave mayor lleva bóveda de cañón con fajones. Presenta adornos de yesería, de labores geométricas planas. En la nave se prescinde de huecos termales; hay simplemente ventanas. En el crucero se dispone media naranja, sobre pechinas. En esta cúpula se abren ocho ventanas, conforme al esquema habitual de Francisco de Praves.
Según se especifica en el contrato se ha empleado ladrillo y tapial. Pero éste se recubre de una capa más resistente, en la que ha permanecido la huella del encofrado. Todo el interior está rigurosamente blanqueado, conforme al sistema habitual. Esta labor se haría mediante yeso fino de Corcos.


Carece de fachada monumental. Hay tan sólo portada, a la Plaza de la Trinidad. Entre dos contrafuertes se dispone una gran puerta adintelada, de piedra (fig. 674,675). Sobre ella viene una portadita rematada con frontón y adorno de bolas. En el interior hay un relieve de la Asunción-coronación de la Virgen y de la Anunciación. A los lados hay escudos del convento. Es obra discreta, del tercer decenio del siglo XVII.


El coro es una obra espléndida. Se inauguraba en 1744. Es de jugosa ornamentación barroca. Ciñe a la nave un entablamento, con cartelas muy recortadas. La bóveda es de cañón, con lunetos. Se decora con divisiones mixtilíneas. En los extremos del coro y en el centro de la bóveda se encajan lienzos de pintura. Este coro es de las obras más lujosas del barroco vallisoletano. A los pies del coro, espadaña típicamente conventual, de dos cuerpos.
En los años 70 se hizo una reforma, abatiéndose una buena parte de las edificaciones interiores. Del claustro de Praves sólo ha subsistido un lienzo. Es de tres pisos (bajo y dos), de ladrillo descubierto. Consta de pilares y arcos de medio punto.
Aquí tiene su sede desde 1993 la Cofradía Penitencial de la Sagrada Pasión de Cristo, fundada en 1531.


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-Fuente: Monumentos religiosos de la ciudad de Valladolid. Parte segunda. (Juan José Martín González – Fco. Javier de la Plaza Santiago). ISBN: 84-505-5518-3

14/10/10

La Catedral y la Antigua podrían estar comunicadas por un pasadizo

Ilustración obtenida del diario El Norte de Castilla

Por Iñigo Arrúe
Durante las obras de limpieza de la fachada de la Catedral que se llevaron a cabo en agosto de 1991 por un equipo de escaladores de Tres Vías, se puso en conocimiento de este grupo la existencia de un pasadizo en el subsuelo de la Catedral. Primero había sido un albañil el que intentó recorrer sin éxito el pasadizo. La falta de material adecuado hizo necesaria la intervención de tres espeleólogos del club vallisoletano. El aparatoso despliegue de medios tuvo su recompensa cuando se descubrió, a doce metros bajo el suelo, un hermoso pasillo cubierto de agua cristalina, de la misma antigüedad que la Catedral. El descubrimiento trajo consigo dos inevitables preguntas. ¿Porqué en los planos de Herrera no figura el pasadizo? ¿Dónde desemboca el agua?.

Cuando el grupo de espeleólogos de Tres Vías, formado por Manolo Gómez San José y sus compañeros Curro y Joaquín, penetró en el pasadizo llegó enseguida a una conclusión: el pasadizo merecía una exploración exhaustiva, pero para ello iba a ser necesaria una gran infraestructura ya que el canal quedaba obstruido a los pocos metros por un montón de tierra. “Primero hicimos una inspección ocular y vimos que era necesario entrar con equipo de espeología, ya que la oscuridad y sobre todo el agua que llegaba a la altura de los hombros, no permitía otra cosa. Al segundo día, con mejores medios, nos encontramos con una gran pirámide de tierra que coincidía con la boca de un respiradero vertical, nos taponaba el paso”.
La relativa inconsistencia del obstáculo permitió que éste se derribara para proseguir su exploración. El camino que se recorrió nuevamente volvió a ser de corta distancia ya que los tres espeleólogos se encontraron ésta vez el pasadizo obstruido por escombros. En el otro sentido, en dirección a la calle Cardenal Cos, el canal quedaba igualmente cortado por un sifón haciendo imposible la reanudación de la exploración.

Comunicación con la Antigua
“Cuando uno se encuentra una construcción de estas características siempre trata de darle una explicación, y nosotros pensamos que es un sistema de preservar la humedad de la Catedral, un foso periférico, que recoge las aguas que puedan dañar los cimientos de piedra caliza de la iglesia”, comenta Manolo.
Hay una leyenda que dice que la Catedral y la Antigua están unidas por un pasadizo y éste podría ser el camino. Aunque es sólo tradición –no se ha podido comprobar en los archivos- la hipótesis de que ésta sea la vía alimenta algo de ilusión. “Es lógico pensar que tenga enlaces ya que se ve que hay dos antigüedades con dos tipos de piedra: la de sillería de la Catedral y otra roma más antigua”.
El camino que queda por descubrir dará la solución de dónde desemboca el agua y cuál es el recorrido exacto. “Comprobamos que el agua que hay en el pasadizo tiene algo de corriente porque nos dejamos una botella de plástico y vimos al día siguiente que ésta se había movido”.

Respiraderos ciegos
El pasadizo en sí no está exento de belleza. El estrecho pozo de acceso, situado a escasos metros de la puerta izquierda de la fachada de la Catedral, difícilmente puede hacer pensar que doce metros más abajo se encuentra una maravillosa obra de ingeniería. Julián, el encargado del museo de la Catedral recuerda que se tuvo que tapar el agujero para evitar que lanzasen objetos. “Antes sólo estaba cubierto por una reja y los drogadictos lanzaban al pozo las jeringuillas. Así que llamamos a un soldador para que pusiera una plancha de hierro”.
Al pasadizo sólo se le conoce esta única apertura de forma cuadrada de 60x60 cms. Sin embargo cada 25 metros aproximadamente se observa desde la galería subterránea como verticalmente ascienden respiraderos ciegos de las mismas dimensiones y que se supone que en algún momento estuvieron abiertos a la luz.
El pasadizo está formado por piedra caliza proveniente de Villanubla y tiene una altura de dos metros por 60 cm de ancho. El agua llega a un nivel de un metro y medio. A lo largo del recorrido, que camina paralelo a la fachada de la Catedral, se pueden ver pequeñas estalactitas colgando del techo, lo que confirma la antigüedad del pasadizo.

Acceso al pasadizo. En la actualidada tapado por una plancha de hierro

Continuar el proyecto
En su tiempo, el club Tres Vías presentó un proyecto de “Reconocimiento, saneamiento y topografía del Canal subterráneo de evacuación” al concurso “Conservación del Patrimonio Ford”. El proyecto contemplaba varios fines.
En un primer momento, evacuar el exceso de agua para despejar el terreno del trabajo. El siguiente paso sería desatascar el conducto para que siguiera cumpliendo la misión para la cual fue construido. El reconocimiento del canal, el topografiado íntegro de la red y la posterior elaboración de un informe completaría una misión que a buen seguro aportaría interesantes datos históricos.
La empresa, lógicamente, era de gran envergadura y sin alguien que pudiese sufragar los gastos era inviable. Entre los materiales necesarios para acometer la obra se incluía alquileres de tornos y bombas de agua, trajes de neopreno, baudriers de espeleología y bloqueadores.
La iniciativa de Tres Vías fue sin embargo un buen paso para que algún día se reemprenda este proyecto que desvelará alguno de los misterios del viejo Valladolid.

El peligroso cauce del río Esgueva
Varias son las hipótesis que justifican esta construcción subterránea de la Catedral. Algunas ven en el cauce de agua del pasadizo un sistema de refuerzo de los cimientos de la Iglesia. Pero las teorías más sólidas apuntan a que es un sistema de recogída de agua como sistema de protección de la Catedral.
Cuando nuestros antecesores pensaron en construir la Catedral allá por 1580, tuvieron que solventar varios problemas, que en su momento fueron verdaderos retos para la ingeniería de la construcción.
Como quiera que por aquellos tiempos se hacía imprescindible la protección de la edificación contra el agua, que por filtración subterránea recogía parte del antiguo y exiguo –pero para la caliza, peligroso cauce del río Esgueva- debieron pensar algún sistema que canalizará estas filtraciones, impidiendo que dañara los cimientos de piedra de la Catedral.
Actualmente este ingenioso sistema no puede realizar su misión debido a los tapones de derribos que se han originado en los muchos tramos del conducto. Esto quiere decir, por tanto, que ahora los cimientos de la Catedral pueden estar sufriendo los efectos perjudiciales del agua sobre su piedra caliza.
Este no es el único pasadizo que se conoce en Valladolid. Hay un pasaje subterráneo que une el Palacio Real y la iglesia de San Pablo, utilizado antiguamente aunque ahora está taponado.

-Fuente: El Norte de Castilla (25-08-1991)

12/10/10

La desaparecida Puerta del Puente

El Puente Mayor de Valladolid fue construido, según la tradición, en 1080 por iniciativa de Doña Eylo, esposa del Conde Ansúrez. Su edificación tuvo gran importancia en el desarrollo urbano, en particular manifestado en la incipiente formación de un nuevo barrio al otro lado del río Pisuerga, el Barrio de La Victoria.
En 1689, con motivo de la visita del rey Carlos II a nuestra ciudad, se construyó un arco del triunfo a la entrada del puente por el lado del Barrio de la Victoria.

En esta, que con toda probabilidad sea la primera fotografía que se tomó de Valladolid podemos ver al fondo la Puerta del Puente
La litografía superior del artículo nos muestra el acceso a Valladolid desde la Plaza de San Bartolomé (La Victoria), llamada así por un convento de Trinitarias Calzadas que bajo la advocación de San Bartolomé existió hasta 1837. La poderosa apariencia de la “Puerta del Puente” cubría, más que misiones defensivas, la función aduanera para los productos que llegaban a la ciudad por este acceso (portazgo del que se beneficiaban el Cabildo y el Convento de San Pablo).

Montaje fotográfico de Juan Carlos Urueña Paredes. Rincones con fantasma. ISBN: 84-95389-97-5

Junto a ella se aprecia lo que podía ser una venta para reposo de viajeros y comerciantes y se ve con claridad la antigua iglesia de San Nicolás a la izquierda, convertida en almacén particular y a la derecha la Iglesia de San Agustín, hoy convertida en Archivo Histórico Municipal.
La puerta del puente fue demolida en el siglo XIX

11/10/10

El desaparecido convento de Sancti Spiritus

Aquí lo podemos ver en una imagen aerea tomada durante la guerra civil.
Situado justo frente al hospital militar y cerca de la desaparecida Puerta del Carmen, en pleno paseo de Zorrilla


Este convento, de Comendadoras del Espíritu Santo, orden de San Agustín estuvo primeramente establecido en Portillo. Don Martín Gálvez de Villasirga, comendador de la orden del Espíritu Santo, decidió el traslado del convento a Valladolid, corriendo a sus expensas la construcción del edificio, que comprendía monasterio y hospital. Una lápida que había en el templo hacía referencia a este hecho. Canesi la copia, y lo mismo hace González García-Valladolid, señalando ambos que la fecha en que Martín Gálvez “funda, acaba y restaura el convento, es el año de 1520. Agapito y Revilla da como seguro este año, frente a las dudas de que fuera el de 1530. En el hospital, que estaba incorporado al convento, eran recogidos los niños desamparados; en el siglo XVII esta función desaparece, ya que fue absorbida por el hospital de niños expósitos de San José.
En 1574, don Juan de Ortega, caballero de la Cámara del rey Felipe II, instituyó su mayorazgo a favor de su hija Catalina de Ortega, al paso que adquiría el patronato de la capilla mayor, donde a sus expensas mandó hacer el retablo mayor, reja y sepulcro suyo. En 1582 creaba dos capellanías en la capilla mayor, concediendo una serie de obras para el culto (lámparas, cálices, colgaduras).
Fue también bienhechora doña Francisca de Zúñiga y Sandoval. Al quedar viuda de don Enrique de Cabrera y careciendo de hijos, dedicó sus atenciones al convento. A ella se debe la erección del coro bajo y de la sillería. En esta dama se reunían los linajes de Cabrera, Zúñiga, Sandoval y Guevara; era pariente de los Almirantes de Castilla.
En el lado del Evangelio había una capilla, llamada del Crucifijo, propiedad de doña Mencía Manuel, hija de don Juan Manuel y doña Catalina de Castilla, donde se encontraba el sepulcro de aquella, que falleciera en 1567.
Tras la ocupación de Valladolid por las tropas francesas, el monasterio de San Nicolás, cerca del Puente Mayor, que antes se denominara del Santísimo Sacramento, fue derribado. La comunidad se incorporó al Convento de Sancti Spiritus, con todos sus bienes muebles y objetos de culto.


El edificio
Fue derribado en 1963 y en la actualidad se aloja en un edificio establecido en la calle de Bretón, barrio de La Esperanza. Del edificio derribado estamos informados por la descripción de Gonzáles García Valladolid y el artículo de don Francisco Antón.

El edificio actual está situado en la calle Bretón

A esto hay que agregar las referencias a obras concretas, aportadas por Martí y Monsó y Agapito y Revilla. En el nuevo edificio han quedado instaladas sus obras artísticas. Así la iglesia luce el retablo mayor y la reja de la capilla mayor, ahora en el lateral de la Epístola.
El convento quedaba frente al actual Hospital Militar, remetido de la actual acera. Tenía huerta por la parte posterior. Era la iglesia de nave única, con coro alineado a los pies. Al costado de mediodía se añadía un claustro, en torno al cual se disponían las distintas dependencias.
Externamente era muy modesto. Estaba compuesto por fachadas de ladrillo y tapial, con alero de tejas voladas de abolengo mudéjar. En la capilla mayor se disponía una armadura mudéjar, con ornamentación a lazo; planta ochavada, sobre trompas, y piña central, que será lo más primitivo, de la época de don Martín Gálvez. Ya del segundo cuarto del siglo XVI son los abovedamientos de la nave, a base de crucería estrellada, de yeso, del estilo de Jerónimo de Corral.

En la parte inferior de este dibujo, junto a la Puerta del Carmen, podemos ver el convento

En el lado del Evangelio se hallaba la capilla de doña Mencía Manuel. Tenía bóveda de aristas, con yeserías mixtilíneas y adornos botánicos y cabezas de serafines. Obra ésta del siglo XVIII, conforme al estilo de Matías Machuca. El coro fue hecho a expensas de doña Francisca de Zúñiga y Sandoval. Poseía letrero en el friso; en las paredes y techo estaba pintado el escudo familiar, cuartelado, similar el de la sillería. Poseía bóveda de cañón con lunetos, en los que abría ojos de buey. Las bóvedas presentaban el adorno geométrico del estilo clasicista que impera en Valladolid desde finales del siglo XVI, a base de fajas, triángulos, óvalos, todo de concepción lineal. Está en relación con la obra de Francisco de Praves.

-Fuente: Monumentos Religiosos de la ciudad de Valladolid (Parte segunda). Por Juan José Martín González y Fco. Javier de la Plaza Santiago. ISBN: 84-505-5518-3

10/10/10

Gaspar Núñez de Arce


(Valladolid, 4 de agosto de 1834 – Madrid, 9 de junio de 1903)
Hijo de un modesto empleado de correos, fue destinado a la carrera eclesiástica, que rechazaba profundamente. Entró en el mundo de las letras al estrenar la pieza teatral Amor y orgullo en Toledo en 1849; a despecho de su padre, se opuso a ingresar en el seminario diocesano y se fugó a Madrid. Allí entró en la redacción de El Observador, un periódico liberal, e inició algunos estudios. Después fundó el periódico El Bachiller Honduras, que toma nombre del seudónimo que adoptó para firmar sus artículos, y donde abogó por una política que unificase las distintas ramificaciones del liberalismo.
Estuvo como cronista en la Campaña de África (1859–1860) y se fue implicando en la vida política; fue puesto en prisión en Cáceres a causa de sus violentos ataques contra la política conservadora del general Narváez. Cuando cayó Isabel II, fue elegido secretario de la Junta Revolucionaria de Cataluña y redactó el Manifiesto a la Nación publicado por el gobierno provisional el 26 de octubre de 1868. Fue también gobernador civil de Barcelona, diputado por Valladolid en 1865 y ministro de Ultramar, Interior y educación en el partido progresista de Sagasta; fue nombrado senador vitalicio en 1886; su salud le impelió a dejar la actividad política en 1890. Entró en la Real Academia de la Lengua el 8 de enero de 1874.
Empezó a escribir teatro en colaboración con Antonio Hurtado, después empezó a escribirlo sólo; destaca especialmente el drama histórico, El haz de leña (1872), sobre Felipe II y el príncipe don Carlos, donde no sigue la leyenda negra y procura mantenerse fiel a la realidad histórica; en esta obra, sin embargo, domina el valor poético sobre el teatral. Escribió además Deudas de la honra (1863), Quien debe paga (1867), Justicia providencial (1872) y otras obras.


En su producción poética, sin embargo, consolidó una obra mucho más importante y que alcanzó gran repercusión: Gritos del combate y Raimundo Lulio, este último en tercetos, fueron publicados en 1875; en el primero, tal vez su libro poético más famoso, figuran las piezas «A Darwin», «A Voltaire», «La duda», «Tristeza» y «El miserere», de las más famosas del autor. La última lamentación de Lord Byron, en octava real, La selva oscura, inspirada en Dante Alighieri, y El vértigo, en décimas, son de 1879. La visión de fray Martín (1880), La pesca (1884), donde se declara un gran amante y observador de la naturaleza, Maruja (1886), de inspiración sentimental, etc. son otros importantes libros poéticos. Dejó inacabados Luzbel y Hernán el lobo (1881). Sus poemas históricos se diferencian de los románticos en que no tratan de describir ambientes, quizá por influjo del monólogo dramático de Robert Browning.


Casa Natal de Gaspar Núñez de Arce (sita en la calle que lleva su nombre) en la actualidad y en los años 70

Sus escritos teóricos, principalmente su Discurso sobre la poesía, leído el 3 de diciembre de 1887 en el Ateneo científico y literario de Madrid, y reproducido más tarde al frente de la segunda edición de Gritos del combate (primera ed. en 1875) con ampliaciones, lo muestran como un poeta muy consciente de la misión del escritor en la sociedad como poeta cívico, y de amplia instrucción tanto en poesía clásica española como extranjera, en especial anglosajona. Define la poesía como «Arte maestra por excelencia, puesto que contiene en sí misma todas las demás, cuenta para lograr sus fines con medios excepcionales: esculpe con la palabra como la escultura en la piedra; anima sus concepciones con el color, como la pintura, y se sirve del ritmo, como la música». Su obra es muy amplia y diversa, e incluye desde los epigramas de Humoradas a poemas valientemente pacifistas y otros en donde expresa la crisis de su fe religiosa. Su poesía recuerda en ciertos momentos la de García Tassara; con dolor y pesimismo ve la marcha del mundo hacia la destrucción y el caos y fustiga los males de la época. Fue un gran artífice del verso, cuya forma le obsesionaba verdaderamente, negándose a la inspiración apresurada.

En la placa sita en la fachada de la casa natal se aprecia la inscripción errónea de su fecha de nacimiento (fue el 4 de agosto)

Su estilo busca conscientemente la sencillez expresiva y rehuye conscientemente la retórica tanto como Campoamor, pese a lo cual no incurre en el prosaísmo de este autor: «¿Hay acaso nada tan ridículo como la prosa complicada, recargada de adornos, disuelta en tropos...? (...) Lo declaro con franqueza: nada tan insoportable para mí como la prosa poética, no expresiva, sino chillona...».

Portada de El Norte de Castilla en la que se anunciaba la muerte del poeta.

Sostuvo, sin embargo, como éste, que el ritmo lo era todo en el verso, ya que «suprimir el ritmo, el metro y la rima, sería tanto como matar a traición a la poesía». Esta tendencia a usar lo cotidiano del lenguaje será su principal aportación, como la de Ramón de Campoamor, a la poesía posterior, y a través de Miguel de Unamuno hará posible la existencia de Antonio Machado. Al hablar de Robert Browning, dice: «los poetas... no deben escribir para ser explicados, sino para ser sentidos», y aquí tenemos otra de las características de su poesía: el predominio de lo sentimental sobre lo racional, de las sensaciones sobre los conceptos.

-Fuente: Wikipedia


 
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