27/11/11

La estación depuradora de San Isidro

El depósito de aguas que aún hoy abastece a la ciudad vallisoletana desde el alto de San Isidro fue concebido como punto final de la traída de aguas desde el río Duero a través del canal del mismo nombre. El promotor de esta magnífica construcción fue el Marqués de Salamanca, principal accionista de la Sociedad Canal del Duero, constructora de la obra.
Cuando las obras del canal del Duero ya habían comenzado, se decidió el inicio de la construcción de unos grandes depósitos para el agua, con el fin de hacerlas reposar y, gracias a la gravedad, distribuirlas por la ciudad.
El inicio de las obras se constata en abril de 1883. Lo que en principio parecía una obra de escasa dificultad se tornó rápidamente en una complicada operación. La causa principal era el reducido número de operarios que se habían dispuesto para comenzar las excavaciones. Estos, dado la dureza del terreno en aquel lugar, donde la piedra aflora de manera inmediata, no conseguían hacer avanzar las obras. Los técnicos reaccionaron de manera inmediata y propusieron barrenar todo el espacio.


Esta solución fue adoptada rápidamente, ya que en junio de 1883 se hacía constar las explosiones que había en el alto de San Isidro, a pesar de lo cual el avance era lento y difícil. Estos problemas continuaron hasta completar el socavón del depósito, tal y como lo confirma el hecho de que un año después del comienzo del barrenamiento del lugar aún no se hubiera concluido y se destacaban las enormes complicaciones con que se estaban encontrando los obreros.
Las obras de construcción de la cubrición del depósito se iniciaron en 1885. Este se compone de dos depósitos cubiertos. La techumbre es de atirantado de hierro que se sostiene por unas bellas arquerías de ladrillo y cemento. La capacidad total es de 12.500 metros cúbicos.
En febrero de 1886 las obras habían avanzado notablemente, ya que se habían concluido las arquerías del segundo depósito. Es de destacar que en algún momento, tal y como dice la noticia, se había pensado en sustituir el atirantado de hierro por una bóveda de piedra, pero el aumento de presupuesto que esto supondría y la dilatación del fin de las obras debieron desaconsejarlo.


Por fin, a finales de verano de 1886, algo más de tres años después del inicio de las obras, éstas tocaban a su fin. Definitivamente, el día 6 de septiembre, el agua del canal del Duero llegaba hasta el depósito.
En la actualidad el depósito está siendo rehabilitado y modernizado.


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-Fuente: El siglo en que cambió la ciudad. (José Miguel Ortega del Río). ISBN: 84-95389-10-X

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1 comentario:

Anónimo dijo...

La foto de la portada del libro es del interior de la depuradora.
Gracias y un saludo

 
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