30/4/11

Los sonidos de ultratumba del Convento de las Claras

glesia y Convento de Santa Clara

En el Convento de Santa Clara está enterrado el legendario Alonso de Castilla, hijo natural de Pedro de Castilla y de una dama inglesa, obispo aquel de Osma y después de Palencia, el cual mantuvo esta relación “en su mocedad”. Fue legitimado don Alonso por el Papa y por el propio monarca castellano, Juan II, padre de Isabel la Católica. El cronista franciscano Francisco Javier Calderón afirma en su crónica que este caballero –Don Alonso- “vivió muy virtuosamente” y que dispuso en esta capilla su enterramiento junto al coro de las monjas. Nunca consintió su voluntad, incluso después de muerto, que fuese enterrada otra persona de su linaje dentro de su misma tumba: “no hay que escrudiñar los ocultos juicios de Dios, y así no discurro en el punto”.
Sin embargo, por lo que era más famosa su voluntad post-mortem dentro del convento era por los avisos que realizaba cuando alguien de su linaje se encontraba próximo a morir, oyéndose ruidos de su ataúd. Una tradición y leyenda de la que también se hacía eco el viajero Juan Álvarez de Colmenar –pseudónimo del editor y geógrafo holandés de los siglos XVII y XVIII Pieter van del Aa- en su obra de l’ Espagne et du Portugal” [Leiden, 1707]. El monasterio de religiosas de Santa Clara es importante por la singularidad de la tumba de un caballero castellano, enterrado en el coro de su iglesia. Se pretende que de tiempo en tiempo salen gritos llorosos, que son el presagio de la muerte de alguien de la familia [del linaje de los Castilla]. Se hacía eco de lo que cantaba el Romancero: “Non vos fagáis mortecina, / surgir vuesa faz serena, / non digan que en Santa Clara / dan golpes las tumbas vuesas, / que como Castilla sois, / no será mucho que sienta / en ver vuesa catadura / que cual finada estáis yerta”.

Capilla de don Alonso de Castilla. Dentro se haya el sepulcro de este noble,
aunque falta su busto funerario. Dado lo tétrico del asunto, si Tirso de Molina
hubiera escrito sobre don Alonso, probablemente aseguraría que la estatua se había ido andando

El cronista franciscano, fray Francisco Calderón, relacionaba este fenómeno con la posibilidad que tenían las monjas de avisar a los miembros de este linaje para que se convirtiesen y preparasen adecuadamente ante su final: “oiéndose en su tumba un ruido de grandes gopes; con que luego las religiosas auisan a los deste linaje para su preparación, pues no saben al que a de tocar la suerte y la experiencia es tan común que le oien las religiosas sin susto, conociendo el fin en la experiencia de tantos años”. Un relato que las monjas Clarisas se lo han ido comunicando de unas a otras, de las más ancianas hasta las más jóvenes, según nos lo comunicó la actual abadesa del convento, que recuerda como las mayores de la comunidad se lo relataban con cierto misterio e inquietud.

Sepulcro de don Alonso de Castilla
Fotografía cortesía de Javier Baladrón Alonso


-Fuente: Guía Misteriosa de Valladolid. Autor: Javier Burrieza Sánchez
ISBN:978-84-936875-6-4

27/4/11

La desaparecida Iglesia de la Merced

Más o menos así se vería la fachada de la iglesia de la Merced si no se hubiese derribado.

El convento de la Merced Calzada existió en la calle de su mismo nombre. Fue de muy antigua fundación. Cuando la exclaustración de 1836 fue dedicado a cuartel, y más tarde derribada la iglesia para abrir la calle.
La iglesia de la Merced tuvo muchas capillas pertenecientes a las principales familias de la ciudad y, dada su antigüedad, pasaron sus patronatos de unas a otras muchas veces. Durante las obras de reforma de una de ellas tras cambiar de dueño, apareció en un nicho

“…un cuerpo como un esqueleto que tenía las insignias de caballero de la Banda, que eran banda y espada y espuelas doradas. Hizo admiración que le durase entera grande barba y cabello igual, y consistente armadura. Viose una tarde arrimado a la pared sin que se desarmase y destrabase la corporal compostura, y al moverle se desvaneció toda aquella fábrica.”

La historia local está salpicada de noticias así. El mudar de los tiempos no respeta nada, ni los lutos y ceremonias que se hicieron para honrar el descanso de los nobles fallecidos, ni los suntuosos mausoleos hechos para resistir los siglos. Condes, marqueses y obispos han sido sacados de sus tumbas, trasladados a otras, o simplemente enterrados en cualquier sitio debido a reformas o al derribo de los templos.

Dibujo de Ventura Pérez

Como en otros casos, para su reconstrucción ha sido fundamental el dibujo que para ilustrar la “Historia de Valladolid” de Antolinez de Burgos hizo Ventura Pérez, pero arreglando sus proporciones.

Situación del convento según el Plano de Bentura Seco de 1738

Era una bella fachada clasicista, de calidad similar a la de las Angustias o san Agustín, obra de Pedro de Mazuecos. Su portada fue, tras su derribo, vuelta a montar en el Portillo del Prado. Tenía las estatuas de la Virgen de la Merced y a ambos lados dos santos mercedarios; el de la izquierda lleva un libro y quizá fuera San Pedro Pascual. El de la derecha pudiera ser San Pedro Nolasco, pues parece llevar el báculo de doble travesaño, atributo suyo como fundador de la Orden.


El convento se conservó hasta fechas recientes. A él pertenece la foto que corresponde a la fachada que daba a la calle de Maldonado. Con ella, ayudado del plano de Bentura Seco y de la planta dibujada en 1849 se ha podido recrear aquel espacio urbano.



-Fuente del texto y las ilustraciones: Rincones con Fantasma (Juan Carlos Urueña Paredes). ISBN: 84-95389-97-5

25/4/11

El Hospital Clínico Universitario


El Hospital Clínico Universitario de Valladolid es uno de los dos hospitales generales existentes en la capital vallisoletana. Está situado en la calle Avda. Ramón y Cajal nº3. Sirvió como heredero del Hospital Provincial de la Resurrección. Es el hospital de referencia del Área de Salud de Valladolid Este de la Comunidad de Castilla y León. Es uno de los dos hospitales docentes de la Facultad de Medicina de la Universidad de Valladolid.
El hospital consta de once plantas sobre una base de escasa extensión; así como tres plantas por debajo del nivel de la planta baja, dotando así a la instalación de 762 camas.

Historia
Fue inaugurado en 1978, para relevar al Hospital Provincial de la Resurrección, que llevaba en servicio activo desde 1889. Este centro fue planteado desde su inicio como un punto de desarrollo de las labores asistenciales, docentes e investigadoras
El edificio comienza a ser construido en 1971 tras fuertes presiones por parte del rector de la Universidad de Valladolid, reclamando un centro con las labores anteriormente mencionadas; obteniendo la financiación para el nuevo edificio hospitalario por parte del Ministerio de Educación; que sería emplazado en el lugar que ocupaba el antiguo seminario diocesano.
La construcción transcurrió sin datos que resaltar hasta su inauguración el 3 de enero de 1978 ; sin embargo, no sería hasta la publicación de la Orden del 13 de septiembre de 1985 cuando quedaría totalmente integrado en la red sanitaria de la Seguridad Social. Sin embargo, el proyecto no fue concluido totalmente, pues el proyecto de construcción incluía un segundo edificio que sería destinado a servicios materno-infantiles, que ha sido utilizado desde entonces como residencia universitaria.

Imagen tomada den 1972 de los trabajos de construcción del Hospital
Clínico conforme a la necesidad de aquel momento, que precisaba
centros hospitalarios y asistenciales con un gran número de camas,
para atender la demanda provocada por el aumento de la población


El hospital es un claro referente en el panorama comunitario y nacional, dado que en su interior se albergan la práctica totalidad de especialidades contempladas en territorio nacional dotándolas de las últimas tecnologías.
El 1 de enero de 2002 fue transferido, al igual que el resto de instituciones hospitalarias, a la Comunidad Autónoma de Castilla y León, formando así parte del Sacyl.

Características
El hospital, cuenta con 762 camas de hospitalización, 228 de las cuales en habitaciones individuales, 19 quirófanos, 4 salas de parto y 15 puestos de diálisis.10 No obstante, actualmente se encuentra en proceso de ampliación, adjudicado a Unión Temporal de Empresas de Bernardo García Tapa, Fernando Calvo Pardo y de la vallisoletana S. Mata Arquitectura e Ingeniería S. L., que, aunque mantendrá el número de camas, posibilitará llegar a los siguientes servicios: 23 quirófanos, 6 salas de parto y 28 puestos de diálisis.11 Tiene una superficie construida de 52.420 m2 y tras la ampliación de la infraestructura hospitalaria, se dotará a este de 22.680 metros cuadrados, situando el total de espacio construido en 75.100 m².
El edificio tiene once plantas en superficie y tres bajo superficie, y está estructurada en cuatro grandes alas cada una de las plantas (Norte, Sur, Este y Oeste) con un centro común donde se ubican los elevadores y las escaleras, además de zonas de descanso. Su diseño es modular y tiene una disposición vertical, como la gran mayoría de hospitales de su época, si bien, su ubicación en el centro de Valladolid impide la presencia de grandes espacios abiertos o verdes en sus inmediaciones; aunque a cambio si proporciona un mayor número de alojamientos y aparcamientos en zonas próximas.


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23/4/11

Iglesia de San Pedro Apostol


Aunque no se conoce el momento preciso de su fundación, cabe suponer, dada la primacía de su santo titular, que fuese una de las primeras iglesias, aunque gozase solamente de la consideración de ermita dada su situación, alejada del primitivo recinto urbano y bordeando el antiguo camino que conducía a Palencia.
Matías Sangrador afirma que “consta su existencia al finalizarse el siglo XII”, pero la primera alusión documental comprobada data del año 1278, cuando el canónigo Ferrán Domínguez ordena en su testamento entregar “a la obra de Sant Pedro çinco moravedis”.


En 1571 el cura párroco manda desmontar al entallador Benito Giralte el retablo mayor del templo “para hazer la yglesia” actual, cuya cabecera está concluida en 1578, momento en el que se paga a Cristobal de Amberes la vidriera “de hazia el prado solano”. Las obras estuvieron paralizadas durante bastantes años, pues en 1606 el maestro de obras Francisco Negrete se comprometía con el cura y mayordomo “para efeto de acabar de fenecer”.
La iglesia mayor de la ciudad ejercía sobre la de San Pedro un tutelaje que consistía en la paga anual de una determinada cantidad para atender a sus necesidades y como durante algún tiempo la matriz se desentendió de su obligación, la parroquia procedió judicialmente contra aquella. Por este motivo se condenó en 1627 al cabildo de la catedral a pagar a la fábrica de San Pedro la cantidad de 400 ducados para ornamentos y otros 150 ducados más cada año hasta que se concluyesen las obras que debieron de ser realizadas por el alarife Francisco Bajo.


En 1634 construye Juan de Répide el coro alto y otras obras de menor importancia que fueron tasadas el año siguiente por Juan del Valle y Juan de Lencín.
Los maestros Antonio Crespo y Tomás Martínez trabajaban en el templo en 1748 y su trabajo fue supervisado por el arquitecto José Morante y costeado parcialmente por el cabildo catedralicio. Finalmente, en 1759, el arquitecto Antolín Rodríguez construyó gratuitamente el camarín existente detrás del altar del Santo Cristo de la Espiga.
Su edificio, modesto exteriormente, construido con piedra y ladrillo, dispone de una sola nave rematada en testero plano y capillas hornacinas abiertas en sus muros laterales. El crucero no se destaca al exterior y toda la cabecera se cubre mediante bóveda de crucería estrellada, con nervaduras de combados muy atrevidos, decoradas con claves pinjantes de estilo renaciente.
La nave se recorre por pilastras de orden toscano que soportan un entablamento volado, sobre el que se disponen vanos termales profundos que facilitan la iluminación del interior. La cubierta consiste en bóveda de medio cañón y el efecto general, excepción de la capilla mayor, es el de un templo clasicista que acusa el influjo de la catedral, permitiendo sospechar la intervención como tracista de algún arquitecto formado en la obra del primer templo de la ciudad, no pudiéndose descartar que fuese el mismo Juan de Répide, que estuvo al frente de la construcción de la catedral.

La iglesia (con el nº 8) según el plano de Bentura Seco de 1738

El coro levantado sobre una bóveda con decoración de yeserías de escaso resalte, se sitúa a los pies de la nave y la sacristía, abierta en el brazo derecho del crucero, se cubre con bóveda de cañón adornada con yeserías muy sencillas, comunicándose con el camarín situado detrás del retablo del Cristo de la Espiga, que dispuso de cúpula sobre pechinas.
La fachada, construida en piedra su primer cuerpo, dispuso hasta 1950 de una pequeña torrecilla, ofreciendo una composición muy humilde en la que sólo destacaba la portada, de gusto herreriano, adintelada y coronada por un frontón triangular en el que se aloja una hornacina con una escultura de San Pedro. En aquel último año se rehizo el segundo cuerpo y se sustituyó la torrecilla por dos espadañas. Finalmente, en 1967, se procedió a forrar con piedra el segundo cuerpo.



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-Fuente: Monumentos religiosos de la ciudad de Valladolid (Parte I). Juan José Martín González-Jesús Urrea Fernández.

20/4/11

Hermanos Fresno. Los historietistas creadores de Benito Boniato


Pocos vallisoletanos saben que uno de los comics más entrañables de nuestra infancia, me refiero a Benito Boniato, fue gestado en Valladolid. Sus creadores, Carlos (Soria, 1953) y Luis Fresno (Soria, 1956) empezaron muy pronto a publicar como profesionales. De su Soria natal se trasladaron a Palma de Mallorca, para terminar instalándose en Valladolid, ciudad desde la que iniciaron una trayectoria conjunta. En realidad, sus primeros pasos los dieron en Editorial Bruguera en 1971, cuando Carlos contaba con 18 años y Luis con 15, dando vida a series muy efímeras, como Tiriciano (Tío Vivo, 1971) y Ataúlfo Cartabón (DDT, 1972).


Aquella experiencia fue breve, pero les sirvió para librar sus primeras batallas como profesionales de la historieta, un terreno en el que desarrollaron otros personajes humorísticos, como Borricus, un legionario romano, o Supergutiérrez, un superhéroe español, aparecidos en la revista Vida y luz, donde también realizaron historietas de estilo realista, como la serie el Cid Campeador. Paralelamente, durante los años setenta fueron los responsables de confeccionar un suplemento semanal infantil para el periódico local de Valladolid El Diario Regional, donde también publicaban una viñeta diaria de humor gráfico. En 1976, volvieron a Bruguera, esta vez para dar vida a la serie Benito Boniato, que alcanzó una notoria popularidad entre los lectores de tebeos de aquella editorial hasta el año 1983.


Durante ese período, Carlos y Luis Fresno aportaron otras series a las revistas Bruguera, como Javi y su perro Kiko (Super Zipi y Zape, 1977), Paulino y Pernales, exportación de animales (Tío Vivo, 1979), Gustavo Gavioto (Tío Vivo, 1979) o la saga medieval en tono humorístico Ornelo (Zipi y Zape , 1980). En 1984 Bruguera les encargó la versión en cómic de las aventuras de unos populares muñecos de látex de la empresa juguetera alemana Bully Figuren, Los Astrosniks, de la que llegaron a realizar un total de 10 libros.

Los hermanos Fresno

El hecho de que su firma única no divida el trabajo entre guión y dibujo se debe a que, en realidad, trabajaban sus historietas a cuatro manos; el guión y su desarrollo partían de ambos, así como los dibujos, aunque con el tiempo uno acabó por especializarse en personajes y el otro en fondos y objetos. Inquietos por naturaleza, fueron desarrollando su estilo caricaturizado como su vertiente realista. Regentaron hasta el año 1990 una librería en la Avenida de Palencia (Barrio de la Rondilla). Dicha librería fue traspasada pero mantiene el nombre de los hermanos.

En este cuadro, conservado por los actuales propietarios de la librería,
podemos ver la misma tal como era cuando la regentaban los hermanos
Fresno, prácticamente igual que en la actualidad.

Cerrada la Editorial Bruguera en 1986 abordaron otros encargos, como historietas publicitarias, e incluso llegaron a montar varias exposiciones de caricaturas, hasta crear su propia empresa, Alcañiz-Fresno´s, especializada en edición de revistas, libros y boletines oficiales, y en 1990 inaguraron su propio sello editorial, Quirón Ediciones con sede en Valladolid, donde se dedican a la ilustración de libros de historia militar.

-Fuente: biografía de los hermanos Fresno escrita por Antoni Guiral en el tomo de Clásicos del Humor de RBA dedicado a Benito Boniato

18/4/11

José Muro López


Por Mariano Cañas
Nació en Valladolid el 21 de diciembre de 1842; catedrático, Decano del Colegio de Abogados, presidente de la Academia de la Purísima Concepción... Inició la carrera política en 1868, siendo desde entonces jefe de la idea republicana en la ciudad. En 1870 es elegido diputado por Valladolid. Ocupó un puesto importante en las Cortes del reinado de Amadeo de Saboya. En 1873 formó parte del gobierno de la primera República como Ministro de Estado. Es elegido presidente nacional del partido republicano progresista en 1895. Muro fue querido de todos por su comportamiento. En los 23 años que representó a Valladolid en las Cortes, empleó toda su influencia en la resolución de cuantos asuntos se le plantearon. El Ayuntamiento en 27 de junio de 1894 le nombra hijo predilecto y da su nombre a una nueva calle. Muere en Madrid el 18 junio de 1907. El día 20 llegan sus restos a la capilla ardiente instalada en la nueva Casa Consistorial, por la que desfilan más de 10.000 personas. Al atardecer fue conducido al Panteón de Vallisoletanos Ilustres. El Norte de Castilla, el día 21, decía: «La comitiva fue impresionante, cuando el féretro llegaba a la plaza de Orates, aún no había salido la cola de la comitiva...»

-Fuente: Nortecastilla.es

16/4/11

La leyenda del Campo Grande


Estaban concluyendo los futuros esposos, Ana Bustos de Mendoza y Tello Arcos de Aponte, los preparativos para su boda, la cual se iba a celebrar al día siguiente. Cuando el novio abandonaba la casa de su prometida, se encontró con Juan de Vargas, un pretendiente con el que había contado su futura esposa y al que ésta había prometido esperar durante un año. Ambos se reconocieron y ambos se afirmaron en el derecho con el que contaban para poder contraer matrimonio con ella. La porfía desencadenó en un lance, un duelo, que tuvo como escenario el Campo Grande. Al comprobar don Tello que la lucha se encontraba muy igualada, simuló un engaño para provocar la distracción momentánea de don Juan y aprovechar que volviese la cabeza, para hundir la espada en su rival. No iba a ser el único episodio violento que iba a tener como escenario éste que no era entonces –suponemos que estamos hablando de los siglos XVI y XVII- un parque romántico como le conocemos actualmente. Como hemos visto antes, el Campo Grande, lugar de recibimiento de la ciudad o quemadero de “herejes”, se hallaba bordeado por una sucesión de distintos conventos.


Desde la celda conventual de uno de ellos, un fraile capuchino observó cómo un hidalgo, con la espada en la mano, corría detrás de un hombre al que alcanzó y dio muerte. Otro caballero, percatándose del incidente, se acercó para auxiliarle. Fue un gesto inoportuno, pues en aquellos instantes se personó la Justicia, creyendo culpable de la herida mortal a este segundo, siendo detenido en aquellos momentos. Aquel prisionero era don Tello Arcos, el cual en el transcurso del juicio, se declaraba inocente de la muerte de este último, aunque culpable de la de otro caballero, “con espada y a traición”. Por todo ello, fue sentenciado a muerte. Una sentencia que el fraile capuchino, testigo de lo ocurrido en segunda ocasión, consideraba injusta, declarando en otra dirección bien diferente. Con todo, la sentencia se cumplió y la pena se ejecutó.

El Campo Grande rodeado edificios conventuales.

La meditación en torno al una víctima inocente propiciada desde la aplicación de la justicia humana, creaba angustia en el fraile. En una de aquellas ocasiones, el capuchino a la orilla del río Pisuerga repetía de forma continuada, con un balanceo de la cabeza: “¡No hay Dios donde no hay justicia!”. Un pesar que al religioso le obsesionaba. Cuando tenía estas palabras todavía en su boca, por el agua se fue acercando un cuerpo flotando. Fue entonces cuando reconoció el cadáver de don Tello, por cuya muerte estaba teniendo todos estos pesares. Debajo mismo se encontraba otro cuerpo, identificado con el de Juan de Vargas. El primero, elevando la cabeza, se dirigió al fraile, aclarándole sus pesares: “en duelo injusto los dos, a traición asesiné; no preguntéis el por qué de la Justicia de Dios”. Tras pronunciar estas palabras, los cadáveres continuaron deslizándose a través de las aguas del río Pisuerga.

Tradición. (Gabriel Osmundo Gómez).
Casa Museo de Zorrilla, Valladolid.

La Leyenda del Campo Grande la incluyó Zorrilla, en su reimpresión de las Obras Completas. Hasta entonces la había titulado “Recuerdos de Valladolid”. Pero a partir de entonces la denominará “Justicia de Dios”. El poeta vallisoletano argumentará un origen personal de parte de esta narración, tal y como se lo había escuchado referir en dos o tres ocasiones a un fraile carmelita, amigo de su padre. En concreto, la “imagen de un hombre muerto y una sepultura de doble cadáver a manera de aparición milagrosa”. De la otra mitad se hacía eco el propio Zorrilla, como testigo y actor junto con sus progenitores. Era el momento en que la Justicia, convierte en culpable al que había aparecido a auxiliar al herido de muerte, una situación semejante a la que le ocurrió a Miguel de Cervantes en Valladolid en 1605, con la muerte referida de Gaspar de Ezpeleta.

--Fuente: Guía Misteriosa de Valladolid. Autor: Javier Burrieza Sánchez
ISBN:978-84-936875-6-4

13/4/11

La primera vallisoletana del siglo XX.

Bando por el que se acuerda festejar la próxima entrada del Centenario con el
apadrinamiento del primer niño o niña que nazca, y obsequiar
con una comida extraordinaria en las instituciones benéficas a los pobres que lo soliciten.
(Exposición "Mi ciudad en los documentos. Archivo de Valladolid)

Por Victor M. Vela
El siglo XX comenzó en Valladolid con un grado de temperatura (así lo marcaba el observatorio de los padres agustinos Filipinos) y el llanto de una niña en la calle Mantería. Quince minutos después de la medianoche del 1 de enero de 1901 nacía la primera vallisoletana del año, de la década, de la centuria. Margarita Manuela Carbajosa Cubero llegó al mundo para estrenar el siglo XX y lo hizo con un pan debajo del brazo.

Expediente relativo al nacimiento de la niña Margarita Manuela Carbajosa Cubero,
nacida a las 12 y diez minutos del día 1 de enero de 1900.
(Exposición "Mi ciudad en los documentos. Archivo de Valladolid)

El alcalde Mariano G. Lorenzo publicaba el 29 de diciembre de 1900 un bando en el que invitaba a los vallisoletanos a celebrar la llegada del «nuevo centenario» y anunciaba que el Ayuntamiento lo conmemoraría apadrinando al primer vallisoletano del siglo, otorgando a su favor la cantidad de 250 pesetas y obsequiando con una comida extraordinaria el primer día del año a cuantos pobres lo solicitasen. La afortunada fue Margarita Manuela y los beneficios... muchos. Su padre, un jornalero en paro, pasó a formar parte de la plantilla municipal y el Consistorio se encargó de la manutención, el vestido y la educación de la niña (en el colegio de las dominicas francesas, calle Santiago) hasta que cumplió diez años.

-Fuente: Nortecastilla.es

12/4/11

El convento de Santa Catalina de Siena

Foto: P. Requejo (El Mundo.es)

Promovió la fundación de este convento doña María Manrique, viuda de don Manuel de Benavides, señor de la Mota de Toro. El Libro Becerro, conservado en el convento y los Estudios de Martí y Monsó, constituye la más sólida información sobre el historial del mismo. Los hijos de doña María pusieron muchas dificultades a su deseo de fundar, cosa que no pudo llevar personalmente a cabo, pero que acometió su hija doña Elvira de Benavides y Manrique, que fue la primera priora.

El convento según el plano de Bentura Seco de 1738

El convento se denominó de Santa Catalina de Sena y fue colocado bajo la orden dominicana. A requerimiento de doña Elvira, el Papa Inocencio Octavo otorgó en 1488 una bula, autorizando la construcción de “la iglesia, claustro, refectorio y dormitorio”, que disponía de huerta para cultivo de hortalizas y dependencias complementarias. El convento se levantó en unas casas que fueron de don Luis de Velasco, obispo de León.
Doña María Manrique hizo testamento en 1483. Su lápida se halla en el convento y fue leída por Martí y Monsó, lo mismo que la de su hija Elvira. En distintos puntos del patio figuran escudos de la familia fundadora, con los timbres de Manrique y Rojas (cinco estrellas).


Otro acontecimiento reseñable es el enterramiento del escultor Juan de Juni, cosa que deja dispuesta en su testamento de ocho de abril de 1577. En un libro de “Inscripciones de las lápidas que se conservan en el pavimento de la iglesia”, del archivo del convento, consta que con Juan de Juni están enterradas Ana María de Aguirre, segunda mujer del escultor, y María de Mendoza, tercera mujer, y una hija llamada Ana María. Estas lápidas están ocultas por el actual entarimado, pero la sepultura, que era propia de Juan de Juni, sabemos se halla cerca del Crucifijo de la Iglesia.

Las que fueran huertas del convento en la actualidad

Compró sitio en la iglesia para edificar capilla y enterrarse don Juan Acacio Soriano, abogado que fue en la Real Audiencia y Chancillería. Hizo testamento el 21 de abril de 1598 y falleció el día 23 del mismo mes. Era hijo del Doctor don Jerónimo Soriano, natural del reino de Aragón, y apadrinó a una joven de nombre María Magdalena, la cual profesó en el convento. Dejó para el convento paños de tapicería, candeleros, vinajeras, jarros y otros objetos de plata de culto.


En 1602 doña María de Castro otorgó una escritura de contrato, adquiriendo la capilla mayor de la iglesia para sepultura suya y de su familia. Era viuda de don Andrés Cabeza de Vaca, caballero del hábito de Santiago y señor de Villamete. En 25 de febrero de 1603 hacía testamento ordenando que la sepultaran en el convento de San Agustín, lo que contradecía su concierto con el convento de Santa Catalina. Dejó por testamento al Conde de Nieva, el cual arregló las diferencias sobre el patronato surgidas entre los conventos de San Agustín y Santa Catalina, quedando elegido éste para tal fin.


El 30 de abril de 1604, en consecuencia de ello, dicho conde de Nieva se concertó con el arquitecto Pedro de Mazuecos para hacer la capilla mayor y entierros de la familia Cabeza de Vaca y María de Castro en el convento de Santa Catalina. Mazuecos redactó las condiciones, las cuales suponían el derribo de toda la capilla mayor de la iglesia.


Habrían de fabricarse cuatro arcos triunfales (los que se requieren para la cúpula), dos entierros de piedra de Navares. En 1607, ya concluida la obra, se trasladaron los restos de ambos esposos, siendo colocados en la cripta que hay bajo el presbiterio. Los bultos funerarios fueron realizados por el escultor Pedro de la Cuadra, según escritura de 27 de abril de 1607.
El edificio se encuentra situado en la actual calle de Santo Domingo de Guzmán.
En julio del año 2009 las monjas abandonaron este edificio y se trasladaron al convento del Corpus Christi, en la calle Prado de la Magdalena, de la misma orden religiosa. Al parecer, problemas con las termitas y la magnitud del monasterio para una congregación tan pequeña, provocó el abandono definitivo de las religiosas. El Ayuntamiento ha dado su conformidad para que el convento de Santa Catalina de Siena, pueda convertirse en un futuro en un hotel o incluso un parador nacional.


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Fuente: Monumentos Religiosos de la ciudad de Valladolid (Parte Segunda). Juan José Martín González-Fc. Javier de la Plaza Santiago. ISBN: 84-505-5518-3

-Web del Convento

10/4/11

La leyenda del Convento de San Francisco. (...y parte 2)


Por indicación de Lucifer, el franciscano se colocó el alba litúrgica y se acercó a la sepultura portando un cáliz que, con gran temor, tuvo que acercar a la boca del difunto y de donde salió la hostia de su última comunión hasta caer en el interior del vaso sagrado. Cuando el religioso se dirigía al altar mayor para depositar el cáliz en el sagrario, seguido ceremoniosamente por algunos demonios portando antorchas, en medio de un estruendo de chillidos infernales el cuerpo del juez fue arrebatado por los aires de manos de los horrendos seres y sacado de la iglesia por un hueco practicado en lo alto del la bóveda. Mientras tanto, sobre Valladolid descargaba una fuerte tormenta, con truenos y relámpagos, que atemorizó a la ciudad entera.
Días después, durante la ceremonia del funeral, el franciscano relató todo lo que había presenciado para que sirviera de aviso y escarmiento a los fieles, dando gracias de que en tan penoso trance su estado de gracia le hubiera servido para librarse de la furia de Lucifer.
Pero en torno a esta leyenda queda pendiente por determinar la identidad del jurista, que intencionadamente se elude en el relato, lo que ha dado lugar a que algunos autores hayan aventurado distintas suposiciones. Una de ellas fue propuesta por Pedro Ladrón de Guevara el realizar ciertas anotaciones a la obra de Juan Antolinez de Burgos. Este identificó al personaje como don Rodrigo Ronquillo, Alcalde de Casa y Corte de la Real Chancillería de Valladolid, natural de Arévalo y muy estimado por Felipe II, una teoría que tiene poca consistencia debido a sus contradicciones temporales, que bien pudo estar alentada por el regocijo que producían entre el pueblo los castigos ejemplarizantes a impopulares personajes de alta alcurnia, especialmente a este pesquisidor, tan rechazado por su actuación en el castigo a los Comuneros de Castilla. La historia, que por sus intenciones moralizantes además fue transmitida de forma entusiasta por vía oral entre la comunidad franciscana, e incluso llegaba a mostrar con orgullo a los curiosos el agujero de la bóveda por el que habían escapado los demonios, también fue utilizada por algunos autores con fines doctrinales, dado el carácter ejemplarizante del relato y el impacto que la fantástica historia causaba entre una población atemorizada por las predicaciones religiosas.


A pesar de que la historia es recogida por escrito por primera vez hacia 1480, las referencias impresas que nos han llegado se deben a que la leyenda fue recogida y publicada por el historiador Juan Agapito y Revilla en el tomo VI del Boletín de la Sociedad Castellana de Excursiones, donde califica el caso de estrambótico y donde informa que el hecho fue también reflejado por Matías Sangrador y Vítores en el tomo II de su Historia de Valladolid.
La truculenta historia en torno a este impopular funcionario de justicia, a su vez fue recogida por José Zorrilla en su novela teatral “El Alcalde Ronquillo o en Diablo en Valladolid”, obra que se estrenó en 1845 en el Teatro de la Cruz de Madrid y, a continuación, en la novela histórica “El alcalde Ronquillo, memorias del tiempo de Carlos V”, publicada en 1868 en Madrid por Manuel Fernández y González, en una época en que hacían furor los dramas históricos de corte romántico.
Hoy en día, tanto la leyenda del convento de San Francisco como las supersticiones del Teatro Zorrilla, han quedado para siempre relegadas al olvido. (ir a la parte 1)

-Fuente del texto e ilustraciones: http://domuspucelae.blogspot.com


7/4/11

La leyenda del Convento de San Francisco. (Parte 1)

El desaparecido Convento de San Francisco

El protagonista de esta historia es un célebre jurista cuyo nombre se ignoró en las crónicas, posiblemente debido al impactante suceso ocurrido tras su óbito.
Como era costumbre para las honras fúnebres del juez que había sido enterrado algunos días antes en la iglesia de San Francisco, se encargó a un fraile franciscano del convento la redacción de un discurso como panegírico que ensalzara sus virtudes. Así, el fraile se encerró en la biblioteca conventual para recabar datos y dar forma al escrito. Allí permanecía cada día hasta la llegada de la medianoche, rodeado de libros y legajos de los que extraía notas con dificultad a la luz de las velas, en un momento en que la ciudad estaba sumida en la más profunda oscuridad.
Una noche, estando el fraile ocupado en ultimar la recopilación de datos, escuchó las notas desafinadas de una trompeta y un estrépito de voces que rápidamente se aproximaban a la biblioteca. Extrañado y aterrado por algo tan poco habitual en el silencioso recinto, se escondió apresuradamente detrás de unas pilas de libros colocadas bajo unos estantes repletos de papeles donde, sin respirar, contempló cómo se abría la puerta de la librería y entraba un tumultuoso cortejo de personajes enlutados, de rostros horribles, presididos por el propio Lucifer, que con un terrible aspecto diabólico ejercía su autoridad.
Este se sentó en el sillón que había ocupado el fraile instantes antes y, con voz seca y autoritaria, ordenó que fuera conducido ante él el alma del jurista, el mismo personaje para el que el fraile confeccionaba el discurso.


Conteniendo el aliento, el franciscano pudo comprobar cómo seguidamente llegaba el alma del juez encadenada y arrastrada por horrendos demonios y cómo, una vez en la sala, su figura aparecía rodeada de sofocantes llamaradas. Los enlutados se dispusieron a los lados, del mismo modo que los miembros de un tribunal judicial, ocupando la autoridad infernal el puesto de presidente.
Ceremoniosamente éste solicitó. “lea uno de vosotros el proceso y la sentencia que contra éste ha dado la Majestad de Dios”. Uno de los enlutados desplegó un largo rollo de pergamino y comenzó a leer una lista de pecados, injusticias y delitos cometidos por el jurista tanto en su vida privada como profesional.
Acabada la lectura, se escuchó la sentencia de boca del terrible juez, que le condenaba a la pena perpetua del infierno en cuerpo y alma.
Entonces surgió un problema que fue expresado por uno de los malignos, pues mientras el alma estaba allí presente y cautiva, el cuerpo permanecía en la sepultura y aún conservaba en la boca la Sagrada Forma que había recibido en los últimos momentos de su vida para reconfortarle, convertida en una defensa contra el mal que impedía que los diablos pudiesen tocar directamente la cuerpo del juez. Esto hizo fruncir el ceño a Lucifer que, mientras en actitud pensante recorría con su mirada las estanterías de la biblioteca, descubrió la presencia del aterrado fraile bajo una de ellas.
Empujado por dos de los enlutados, el fraile fue conducido al centro de la sala y colocado junto al alma de jurista. Allí, le ordenó con rotundidad que en el discurso que estaba preparando relatara todo lo que estaba presenciando, sin omitir detalle, para que la gente conociera realmente cómo había sido aquel funcionario. Poco después, el fraile bajó a la iglesia conducido por los numerosos demonios que habían protagonizado el juicio, que levantaron la losa de la sepultura y sacaron con esfuerzo, puesto que no le podían tocar, el humeante cuerpo del juez… (ir la la parte 2)

-Fuente: http://domuspucelae.blogspot.com

5/4/11

Don Purpurino, desterrado por impúdico.



Fotografía obtenida de la web http://domuspucelae.blogspot.com

En 1949, se instaló en la vallisoletana plaza de Fuente Dorada una escultura de fundición que representaba al dios griego Hermes, a la que con el tiempo se otorgó el mote de Don Purpurino, «por haberse tenido la poca feliz idea de repintarla con purpurina», según cuenta Juan Agapito y Revilla en su libro Arquitectura y urbanismo del antiguo Valladolid.
Esta figura procedía del patrimonio de la familia del marqués de Casa Pombo, propietaria del conocido Palacio Villena, un edificio renacentista, construido por Francisco de Salamanca a mediados del siglo XVI y situado frente al Colegio de San Gregorio, donde había ocupado una hornacina del zaguán.

La escultura en la Plaza de la Fuente Dorada.
(Foto: http://www.tamariz.net/purpurino.htm)

En seguida la escultura iba a ser vícitma de los prejuicios morales, repitiéndose una historia similar a la que conociera años antes la alegoría femenina de la Acera de Recoletos. Todo empezó desde el mismo momento en que fue instalada y culminó cuando, para mantener la tradición del nombre de la plaza, la escultura férrea de Hermes fue pintada de color dorado. El caso es que desde los ángulos de vista laterales de tan llamativa figura la posición del caduceo insinuaba una erección fálica, dando lugar a un perfil que pronto se convirtió en objeto de escándalo, chanza, burlas y continuos comentarios de los vecinos, que tomando a guasa la escultura tras su repinte metálico comenzaron a denominarla en tono jocoso Don Purpurino.

El impúdico perfil de Don Purpurino propició, finalmente su destierro municipal. Fotografía obtenida de la web http://domuspucelae.blogspot.com

Los tres años que permaneció sobre el pedestal fue blanco de severas opinones puritanas. Como consecuencia, en 1953, la escultura, con un pergamino enrollado en la mano izquierda y una antorcha en la derecha, fue cedida a Tamariz de Campos, por mediación de su alcalde, Alberto Pastor, que la colocó presidiendo una fuente situada en el Corro de San Antón de aquella localidad.


3/4/11

El Caracol de San Gregorio


Ya se ha convertido en una tradición, promovida especialmente por los guías turísticos, localizar entre la maraña decorativa de la fachada de la Universidad de Salamanca su famosa rana.
Como no podía ser menos que la ciudad vecina, Valladolid también quiso tener su propio talismán, no la Universidad, sino en un centro de estudios de Teología: el prestigioso Colegio de San Gregorio, actual Museo Nacional de Escultura.
Al igual que en la capital del Tormes, en Valladolid hubo quien eligió la búsqueda de un caracol como símbolo vallisoletano para probar la agudeza visual y ser recompensado por ello con mismos efectos mágicos que en Salamanca, es decir, buen augurio para aprobar los estudios, casarse y tener suerte en la vida. ¡Paciencia y encuentren al caracol!
 
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