31/5/11

La Plaza de la Cruz Verde


Por Jaquín Martín de Uña
A un vallisoletano de nuestros días puede no resultarle familiar el nombre de la plaza en que confluyen las calles de Alonso Pesquera, José María Lacort, Mantería, Labradores y Tudela, pero es suficiente conocer que el distintivo de las cofradías penitenciales de la Santa Vera Cruz es generalmente dicho símbolo pintado, bordado o dibujado en el expresado color, con el que se identifica la cruz en que fue crucificado Jesucristo y que para los católicos constituye el Árbol de la Vida, en oposición al Árbol de la Ciencia, del Bien y del Mal, en el que sitúa la Biblia el fruto por el que nuestros primeros padres fueron expulsados del Paraíso Terrenal, por lo que representa el Árbol de la Muerte.


El nombre le viene a la plaza de una hornacina, existente en el siglo XVI, que daba cobijo a una cruz del repetido color, que había colocado la parroquia de San Andrés en honor de la Cofradía Penitencial de la Santísima Vera Cruz de Valladolid, debido a las fraternales relaciones mantenidas entre ambas agrupaciones, entre las que se contaba el que la penitencial enterraba en el cementerio de la parroquia, los cadáveres de ajusticiados que no se inhumaban en el Convento de San Francisco.


El paso del tiempo hizo desaparecer la hornacina, la cruz y el cementerio (no así la antigua parroquia y la más antigua de las penitenciales vallisoletanas), permaneciendo, no obstante el nombre por el que se conoce la plaza desde que Lope de Rueda, en su Corral de comedias, situado según Don Narciso Alonso Cortés, entre las actuales calles de Alonso Pesquera y Don Sancho, cuando el autor y actor fue contratado (con un salario de 4.000 maravedíes, igual que el de un corregidor) para componer “autos y danzas para las fiestas que se an echo y azen el día de Corpus Xte”., sabiéndose que el gran autor residió en nuestra ciudad durante los años 1551 a 1559.


La peatonalización de la calle Mantería, que ocupó parte de la antigua plaza, así como la ordenación de la zona, ha convertido a la actual plaza en un espacio irregular, incómodo para los peatones, a quienes lo alargado de la actual plaza obliga a cruzar por pasos muy distantes entre sí, mientras que una falta de rigor en las alturas y estilos de los edificios que la componen, hacen que el lugar se recorra, generalmente a buen paso.

La Plaza de la Cruz Verde según el plano de Bentura Seco de 1738

Todo ello sin un solo recuerdo al pasado esplendor y a los elementos que configuraron en el siglo XVIII a una de las plazas con más vida y más apreciada por los vecinos de uno de los barrios más castizos de la ciudad: El barrio de San Andrés.


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-Fuente: Paseos por la ciudad. Por su historia, en el recuerdo y con la imaginación. (Joaquín Martín de Uña). ISBN: 84-932336-1-7

29/5/11

La condesa Doña Eylo


Se casó con el Conde Don Pedro Ansúrez. Aportó a este matrimonio las propiedades y casas principales del patrimonio de la familia, que se encontraban en las extensas comarcas de Tierra de Campos y Liébana. Tuvieron cinco hijos: Mayor, María, Urraca, Alfonso y Fernando. Mayor se casó con el famoso Alvar Fáñez de Minaya, personaje de confianza de Rodrigo Díaz de Vivar, el Cid. Muerto Alvar Fáñez en Segovia en 1114, durante un tumulto, su viuda contrajo nuevo matrimonio con Martín Pérez, señor de Tordesillas. Su descendencia formó el linaje de Meneses, la casa nobiliaria más importante de tierra de Campos hasta mediados del siglo XIV. Y María contrajo matrimonio con el conde de Urgel, Armengol V, aportando en dote matrimonial la recién engrandecida villa de Valladolid.
Aunque en Valladolid ya había un núcleo importante de población en torno a lo que hoy es la Plaza de San Miguel, a la tarea del conde Ansúrez y de su esposa, doña Eylo, se debe el auge, promoción y engrandecimiento de Valladolid, que se transforma de aldea modesta en una villa que es el centro de un mercado comarcal (Armando Represa). Tras la tarea de este matrimonio, deja de hablarse de “Valladolid en el territorio de Cabezón”, para hablarse del “territorio de Valladolid”.
Doña Eylo y su marido edificaron, hacia el año 1074, su palacio (convertido posteriormente en el Hospital de Esgueva). Siguiendo el espíritu dominante en la época y con fervor religioso, mandaron construir la iglesia condal de Santa María de la Antigua, la Colegiata de Santa María la Mayor, la iglesia de San Nicolás, el barrio de San Martín, y el Puente. Es de destacar que en las inscripciones siempre aparece que las fundaciones de estas iglesias las hicieron el conde Don Pedro Ansúrez y su mujer, la condesa Doña Eylo. A la muerte de ella, sobre los años 1111-1114, el conde ofreció a la Colegiata, en sufragio de su alma, sus propiedades de Fuensaldaña.
La construcción del Puente Mayor fue iniciativa de la condesa, llevada a cabo cuando su esposo se encontraba ausente, ya fuera luchando contra los moros del reino de Sevilla, acompañando al monarca en el destierro de Toledo o luchando contra el hermano del rey, Sancho II de Castilla. En reconocimiento por sus servicios y lealtad, el rey Alfonso VI de León le concedió el señorío de Valladolid en 1073. La condesa quería dar una alegría a su marido cuando regresara, para mitigar la pena de saber que el primogénito de ambos había muerto a los pocos días de partir él a la guerra. Pero sobre todo, el puente permitiría repoblar el núcleo inicial con familias procedentes de los señoríos que pertenecían a su familia o a la familia del conde, como Carríon, Saldaña y el valle de Liébana.

Efectos atribuídos al Conde Ansúrez y a su esposa doña Eylo. (Museo Arqueológico de Valladolid)

La construcción del puente era de vital importancia, pues el Pisuerga aislaba a la escasa población vallisoletana, que para trasladarse al norte tenía que desplazarse hasta Cabezón o Simancas y cruzar el río por los puentes que allí existían. La construcción del puente (hacia 1080) supone la transformación de Valladolid y la rápida comunicación con los pueblos de la otra orilla. Era un puente medieval: tendría un perfil abombado, más elevado en el centro que en los márgenes, con arcos de medio punto, luego apuntados, según las técnicas del gótico, y posteriormente, otra vez de medio punto. Parece ser que en la primera construcción el puente era más estrecho y luego el conde lo hizo ensanchar. Con el paso de los siglos, la construcción del Puente Mayor hada origen a algunas leyendas. En 1872, una escritora que residía en Valladolid, doña Eduarda Feijóo de Mendoza, escribió una novela que calificó de “Leyenda tradicional” con el título de El Puente Mayor, y el Ayuntamiento costeó la edición. Según esta leyenda, el malvado moro Mohamed se enamora de una criada mora (que luego resultaría ser la sultana Zoraida, hija del Emir de Ronda).


Como los condes no le dan sus consentimiento para casarse, jura vengarse. Cuando doña Eylo le encarga a este moro la construcción del puente, lo hace muy estrecho, para que en caso de defensa no pudieran caber en él muchos hombres armados. Cuando regresa el conde advierte su angostura y un peregrino misterioso (que resulta ser el conde y señor de Llobregat), se ofrece a ensancharle. Se enamora de Zoraida, ésta se bautiza, y se casan. En 1892, periodista Antonio Martínez Viérgol publicó otra leyenda no menor fantástica, en verso, titulada también El Puente Mayor, y en este caso es el diablo el encargado de construir el puente.
Obra de la condesa fue también el Claustro de Las Emparedadas, en la iglesia de la Antigua, construido para recoger en él a las mujeres que se llevaban mal con sus maridos y se encerraban por propia voluntad de por vida.
Mujer llena de virtudes y de merecimientos, y modelo de esposa y madre ejemplar, mereció la distinción por parte del rey Don Alfonso VI de encomendar al matrimonio la crianza y educación de su hija, la princesa Doña Urraca, más tarde reina de Castilla y León.

-Fuente: Mujeres ilustres en Valladolid. Siglos XII-XIX. José Ramón González García, Mercedes Rodriguez Pequeño, Elena Maza Zorrilla y Margarita Torremocha Hernández. ISBN: 84-95389-61-4


26/5/11

La antigua iglesia de la Sagrada Familia

Estado de la iglesia de la Sagrada Familia poco antes
de su demolición, a finales de la década de los sesenta. (A.S. Familia, sin signaturar).

En 1898 llegaba a los oídos de García Crespo, párroco de San Ildefonso que desde hace unos años buscaba unos terrenos para levantar una iglesia que ayudase a su parroquia en el cumplimiento de de sus “deberes religiosos y […] la administración de los Sacramentos a los enfermos”, la intención de un conocido industrial de la ciudad, don Pedro Pardo Urquiza, y su mujer, doña Ángela San José Goicoechea, de costear la construcción de una iglesia.
En agosto de 1898 se solicitaba la licencia de obras para levantar la nueva iglesia en los solares existentes entre los antiguos números 42 y 44 del Paseo de Zorrilla y su Fielato. El arquitecto elegido para llevar a cabo los planos no sería otro que Jerónimo Ortiz de Urbina, auxiliándole su hijo Antonio en las labores de maestro de obras.
La primera piedra se colocaba el 1 de marzo de 1899. Asimismo, la conclusión de la obra llegó siete meses más tarde. El 15 de octubre se inauguraba y bendecía la iglesia, celebrándose “un suntuoso novenario a la Sagrada Familia” (a quien estaba dedicado el templo), según palabras de González García-Valladolid.

El día de la inauguración de la iglesia

Jerónimo Ortiz de Urbina había proyectado una iglesia de cruz latina de unos 20 metros de largo, ocupando su única nave 13,50 metros de largo y 8 de ancho, el crucero 7 metros de largo y 2,80 de ancho y el ábside, semicircular, un radio de 3 metros. En cuanto a la altura del edificio se pensó en dar 10 metros por el exterior. La superficie total sería de unos 300 metros cuadrados. La fachada adquiría, un cierto aspecto que podría evocar a las construcciones románicas. Las obras no terminaron en la erección del cuerpo de la iglesia, sino que también se levantó, lógicamente, una sacristía, en el lado de la Epístola y a la altura del ábside. A su vez, esta construcción comunicaría con la casa del capellán y la del sacristán, proyectada ya en 1903.
Con el transcurso de los años, la iglesia apenas sufrió modificaciones. En 1906, Pedro Pardo Urquiza hizo colocar una cancela de hierro, adosada a la fachada, con el objeto de “defender la puerta de madera de entrada a la iglesia y evitar que los chicos jueguen en el espacio que queda desde la línea exterior de la fachada hasta la puerta”. Sin embargo, no fue hasta 1937 cuando la fachada principal se cerraba por completo gracias a una verja decorativa.


En cuanto al interior, en 1931 la junta directiva de la “Pía Unión” de San Antonio de Papua, presidida por doña Ángela San José Goicoechea, solicitó la edificación de una capilla dedicada al santo, coincidiendo así con el séptimo centenario de su muerte. En este sentido, no dudamos de que la dirección del proyecto corriera a cargo de Antonio Ortiz de Urbina. Ésta, adosada a la iglesia, en el último tramo de la nave y apoyándose en el crucero, debía abrirse al interior por medio de un gran arco de medio punto. Sin embargo, la falta de datos nos ha impedido constatar su construcción final.
A finales de la década de los sesenta, la comunidad franciscana, propietaria de la iglesia, negoció con diversas sociedades constructoras para la venta definitiva del solar. Ésta, cerrada al público ya desde el 11 de octubre de 1967 sería vendida a un particular, que trasladó su fachada, piedra a piedra, a una finca particular, hoy de nombre “Los Álamos”, en las afueras de Valladolid, inmediata al Camino Viejo de Simancas. Bendecida el 21 de agosto de 1971, hoy día todavía al menos esta parte del edificio se conserva, adosada a un cuerpo de iglesia, en inmejorables condiciones de conservación.

La iglesia sería vendida a un particular, que trasladó su fachada,
piedra a piedra, a una finca particular, hoy de nombre
“Los Álamos”, en las afueras de Valladolid.

Aunque solamente la fachada fue llevada a esta finca, desde un principio se pensó en mantener, lo máximo posible, la imagen arquitectónica de la iglesia. De ahí la creación de una sola nave de tres tramos y la colocación de grandes ventanales entre contrafuertes. Se trata de un lugar apartado, solitario y en medio de un jardín, donde resalta aquel estilo neorrománico que con el paulatino crecimiento urbanístico del Paseo de Zorrilla había quedado, desgraciadamente, descontextualizado –la iglesia se situó entre edificios que la superaban en altura, donde hoy se levanta el actual número 74 del Paseo de Zorrilla, c/v a la de la calle Tres Amigos.


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24/5/11

Putas, pulgas y piojos en Valladolid


Parecía una opinión generalizada entre los viajeros extranjeros que pasaron y vivieron en Valladolid, a principios del siglo XVIII, que esta ciudad era poco recomendable, desde el punto de vista higiénico. Sin embargo, las "Ordenanzas para el buen gobierno de la república de Valladolid" del año 1549, así como las posteriores reediciones de siglos sucesivos, hasta la última del año 1886, hacen gran hincapié en la limpieza de las calles. Tal es así que la segunda ordenanza se titulaba "Para todo lo que toca a la limpieza del pueblo" contando nada menos que con 15 capítulos.
En este sentido, resulta algo difícil hacerse una idea sobre los sistemas de limpieza e higiene de que disponían las ciudades, villas y pueblos en la época medieval y moderna; aunque se puede concluir que debieron ser penosos. Si lo era en una ciudad como Valladolid, comparada con las mejores de Europa: Arras, Bruselas ¿cómo imaginar las poblaciones de menor tamaño? No existía en las villas y pueblos un sistema de alcantarillado, ni canalizaciones, ni desagües, eran las mismas calles que hacían esa función, "las necesidades naturales …se hacían en cacharros y orinales que todos los días se vaciaban en las calles", según describe el viajero Vital. T. Pinheiro es más descriptivo: "…y porque cuanta suciedad y estiércol y pudrición hay en las casas se echa en las calles sin castigo, todas las noches, aún allí donde pasa el río por las puertas …y en lloviendo media hora se reblandece esta brotando lodo que da por la rodilla…". Si existían, en cambio, en algunas viviendas los "pozos negros", los cuales una vez saturados construían otros en la tierra natural.

Las necesidades naturales …se hacían directamente donde daba el apretón o en cacharros y orinales que todos los días se vaciaban en las calles

Esto tenía su contrapartida pues las aguas filtradas de numerosos pozos llegaban a los niveles freáticos contaminándolos. ¿Y el estado de las calles? Parece que parte de ellas se encontraban empedradas. Tenemos noticia de que entre 1497 y 1502 la calle de las Damas (hoy Leopoldo Cano) debió ser empedrada; también la calle "que es comienza desde la casa de carrança …y va hacia la iglesia de sant salvador…(año 1499)". En ellas se vertía todo tipo de inmundicias, de otro modo las Ordenanzas no harían tanto hincapié en esos aspectos. Según señala las prohibiciones de los capítulos 3, 4, 5 de la Ordenanza II: la número 4 dice: "Ningún persona vacié a las puertas caldo de tripas"; la nº 8: "Que en los albañales de las casas no se hechen vacinadas ni mal olor".
A ello hay que añadir la existencia de los dos ramales del río Esgueva que pasaban por el centro de la villa y hacían las veces de cloacas, referido en el quinto capítulo de la Ordenanza II "No se pueden hechar en las esguevas ni ríos cueros a curtir". En fin, que las Ordenanzas estaban hechas para ser transgredidas, el resultado del estado de las calles y la ciudad lo describen viajeros com el francés B. Joly; al llegar a Valladolid dice que "entramos por sucias y fangosas avenidas. Es la más sucia tierra de España, y de más lodo"; también el portugués T. Pinheiro, gran adulador de la ciudad escribe, con olor pestífero… de modo que no dura la vida en Valladolid la mitad que en Lisboa, porque come un polvo en verano y lodo en invierno".

Al rio Esgueva iban a parar todos los desechos e inmundicias

El relato del arquero real holandés Enrique Cock es descorazonador: "Valladolid, tiene en abundancia, pícaros, putas, plaitos, polvos, piedras, puercos, piojos, pulgas, y de continuo nieblas que el día casi se iguala con la noche", para a continuación equiparar a Valladolid con un corral de vacas, si se le compara con Flandes, Roma o Venecia. A todo este cúmulo de aspectos ambientales negativos en los que se desarrolla la vida en los núcleos urbanos, si se le añaden años de malas cosechas o inundaciones (que la hubo y numerosas), se obtienen todos los elementos para que las enfermedades prendiesen inmediatamente en la población originando las temibles "pestes". Años de grandes mortandades fueron 1437, 1441, 1457, 1478, 1488, 1495. En el siglo XVI también fueron cíclicas, la de 1507, año en que se cerraron las puertas de la ciudad; la de 1517 originó que la Corte, Chancillería y acaudalados huyeran de la ciudad; la de 1527, y la década de los años 90 fueron terribles, hasta desembocar en la temible pestilencia del año 1599, que causó una mortandad aproximada de unos 500.000 individuos en todo el país.

Las enfermedades prendieron inmediatamente en la
población originando las temibles "pestes"

Hemos de pensar, sin embargo, que estos testimonios sobre Valladolid parecen algo exagerados. Para enmendar todas esas "pes" de Cock que cuelga a Valladolid, está el vallisoletano Dámaso de Frías, quién en su alabanza a la ciudad, no deja lugar a dudas al referir que "si el mundo fuera huevo, Valladolid fuera la yema".

-Fuente: Historias de Valladolid. (Miguel Ángel Martín Montes). ISBN:84-95389-95-9

22/5/11

El Esgueva en la Plaza de Portugalete

Montaje de Juan Carlos Urueña Paredes

El espacio urbano de Portugalete se ha visto condicionado a lo largo del tiempo por el ramal norte del río Esgueva. El cauce de este curso fluvial circulaba al descubierto, entrando desde la calle Paraíso en dirección noreste-suroeste para girar hacia el oeste a la altura de la calle Marqués del Duero, volviendo a girar, esta vez hacia el noroeste, al llegar a la altura de la iglesia de la Antigua, dirección que mantiene durante el tramo de la calle Solanilla. A su entrada en la calle Magaña vuelve a girar nuevamente en dirección sureste, continuando pegado y paralelo a la línea oriental de fachadas de esa calle hasta su entrada en la Plaza de Portugalete.


El irregular régimen de este curso fluvial, con habituales crecidas que provocaban inundaciones y riadas, ha afectado de manera significativa a lo largo del tiempo a este espacio urbano. Una de las más importantes de todas fue, sin duda, la inundación del año 1788, que arrasó el centro de la ciudad, anegando muchas calles de Valladolid y destruyendo los puentes sobre el río, ocasionando destrozos de tal magnitud que se compararon con los daños causados por el incendio de 1561. Los deterioros propiciados en los inmuebles se vieron magnificados como consecuencia de la debilidad de las propias estructuras de las viviendas, realizadas con materiales endebles, deterioradas por el tiempo y, en muchos casos, mal construidas, con cimentaciones poco profundas, circunstancia a la que se añadió la ruptura de las bóvedas que sujetaban las casas que se situaban encima del cauce, junto a los puentes (Merino Beato, 1989, II: 71-80 y 182-189; Alcalde, 1992: 89, 118). A estas antiguas viviendas, levantadas con malos materiales y con poca consistencia en su estructura, corresponderían algunas de las cimentaciones que se han reconocido en parte de los cortes abiertos en la actualidad.

En el Plano de Bentura Seco podemos ver el río
Esgueva atravesando toda la zona de Portugalete

Todas las viviendas que se construyeron en esta zona se remodelaron tras las crecidas, levantando edificios sobre los cimientos antiguos en los mismos lugares, por lo que las nuevas edificaciones volvían a tener idénticos problemas que las anteriores, a pesar de que hay una corriente de opinión entre la ciudadanía que postula la edificación en zonas diferentes, fuera del peligro que representa el Esgueva (Merino Beato, 1989, II: 185).


Para solucionar los problemas continuos de crecidas del Esgueva y la mala salubridad que conllevaba su transcurso por el interior de la ciudad, se decidió por parte de la Corporación Municipal la elaboración y realización del proyecto de cubrición del río (Virgili,1979: 101-103), ganándose espacio para el desarrollo urbano interno de la ciudad. A pesar de ser una obra costosa y compleja, el Ayuntamiento se decide a su ejecución a instancias de la Junta de Sanidad, que refleja los problemas derivados de la escasa salubridad originada por el desarrollo al descubierto de este cauce por toda la población, y donde se recogía toda la porquería, aguas fecales, suciedades y escombros del interior de la urbe; a la vez se solventaban de este modo los problemas derivados de las constantes crecidas e inundaciones del río (Virgili, 1979: 101-103; Calderón, 1991: 35-38).

Tras la finalización de las obras la plaza de Portugalete se transformó
en un amplio espacio diáfano que sería aprovechado para instalar
un mercado con casetas de madera y una plazoleta central en el año 1866.

La cubierta de los dos ramales del Esgueva se inicia en 1848 y ya en 1890 todo el brazo norte está completamente cerrado, mientras que el sur sólo se encontraba en algunos tramos. Tras la finalización de esas obras la plaza de Portugalete se transformó en un amplio espacio diáfano que sería aprovechado para instalar un mercado con casetas de madera y una plazoleta central en el año 1866. En el caso de la calle Magaña, no será hasta el cerramiento del Esgueva cuando adquiera una fisonomía urbana, denominándose por primera vez como calle en la sesión del Excmo. Ayuntamiento de Valladolid celebrada el día 10 de abril de 1863 (Agapito y Revilla, 1982: 256), ya que con anterioridad a este espacio tan sólo se le menciona como el sitio por donde corre el Esgueva o, a lo sumo, como la “calzada del Esgueva”, dejando claro su carácter no urbanizado.

Fuente: TRABAJOS ARQUEOLÓGICOS PREVIOS AL PROYECTO DE CONSTRUCCIÓN DEL APARCAMIENTO SUBTERRÁNEO EN LA PLAZA DE LA ANTIGUA, EN VALLADOLID. STRATO. GABINETE DE ESTUDIOS SOBRE PATRIMONIO HISTÓRICO Y ARQUEOLÓGICO

19/5/11

Los antiguos baños públicos de la Calle Los Baños



¿Desde cuando existían estos baños?
La información más antigua que se ha podido localizar corresponde a un documentos de mediados del siglo XIII -1247- y aparece en una carta del Abad de Valladolid, en la que concierta un trueque con el Gabildo de Santa María la Mayor y refiriéndose a unas aceñas dice: "…ubi sunt site ille acense mee in Eseua prope balnea…" es decir: "…donde están colocadas aquellas aceñas mías en el Esgueva, cerca de los baños públicos…".
Esta noticia nos permite conocer que a mediados del siglo XIII estos baños no solo existían sino que debían de ser bastante conocidos puesto que sirvieron de referencia para situar otras construcciones como es el caso de las aceñas a las que se refiere el documento.

Ubicación
En pleno centro mercantil de Valladolid era donde se encontraban los baños públicos, en una pequeña calle que comunicaba las iglesias de Santa María de la Antigua y Santa María la Mayor con lo que más tarde sería plaza del Almirante, llamada así porque en ella edificó su palacio el Almirante de Castilla (en el solar donde siglos después se construiría el teatro Calderón).
Una calle pequeña que desembocaba en la puerta de los Baños y que acabó siendo conocida como calle de los Baños (en origen calle de la Contra Rua y desde la segunda década del siglo XX calle de Echegaray). De este nombre se deduce que este establecimiento debía de ser la edificación más significativa de la calle. Estarían ubicados en la zona izquierda (accediendo desde la calle Angustias).
Eran, según se refiere en el documento, unos baños públicos, o lo que es igual, que podían ser utilizados por diferentes personas, las que con toda seguridad deberían someterse a las normas de utilización que para este tipo de establecimientos solían regir (horarios, días diferentes según se tratase de hombres o mujeres, cristianos, judíos o musulmanes, precio, etc).

Ubicación de los baños públicos en la desaparecida
calle Los Baños (actual Echegaray)

Dimensiones
Desde su construcción en una fecha imprecisa probablemente del siglo XII, ocuparon un solar de esta manzana de forma irregular, más o menos triangular, con el acceso por la calle de los Baños y ocupando en esa calle una longitud aproximada de 25 m. desde la esquina de la actual calle Magaña hasta la medianería del edificio angular, en la época que estudiamos casas ocupadas primero por un tendero y luego por un sastre.
A partir de comienzos del siglo XV cuando se amplían al añadírseles unas casas, la entrada principal a estos establecimientos se realiza desde la que sería conocida como plazuela del Almirante.

La antigua Calle Los Baños (actual Echegaray)

Su final
La construcción de la iglesia de Nuestra Señora de las Angustias, que se inicia en 1604, parece que en pricipio respetó lo que probablemente habrían sido en su día las instalaciones de los baños públicos.
Será en el año 1710 cuando se inicie la cimentación de la que será nueva capilla de la Virgen y para esta nueva ubicación, la cofradía compra cinco casas al Cabildo. Probablemente estas casas hubiesen sido parte de los baños públicos y que suponemos ocupaban ese espacio.
En cualquier caso y según los documentos estudiados de los años 1523 y 1537, se puede afirmar con bastante seguridad que en esos años los baños ya no funcionaban como tal establecimiento público.

Fuente: Los baños públicos en Valladolid. Magdalena Santo Tomás Pérez. ISBN: 84-95389-39-8


18/5/11

Cristo atado a la columna de Gregorio Fernández




Por José Delfín Val
El 16 de junio de 1623 Gregorio Fernández se comprometía mediante documento escrito ante la cofradía de la Vera Cruz a hacer un paso de El Descendimiento. Y para ajustar los precios de la figuras que lo iban a componer tomó como referencia las de un paso que había hecho cuatro años antes, el “Azotamiento del Señor”, para la misma cofradía. El paso proyectado iba a llevar siete figuras, como así fue y es todavía hoy; y es de sospechar que la historia del azotamiento fuera contada por el escultor con el mismo número de figuras. Bien porque el paso del Azotamiento llevaba muchas figuras de taller, o bien porque Gregorio Fernández quería superarse y mejorar paso a paso, se acordó dejar en manos del platero Francisco Díez lo que en demasía tuviera de bueno y artístico el paso nuevo con respecto al anterior, ya en poder de la cofradía. Es decir, el platero quedaba como tasador de la obra fernandina.
En la actualidad Cristo está solo y no hay sayones azotadores que envilezcan la escena. Contemplando la figura sola, la escena sin comparsas, tiene dos puntos de vista, dos sensaciones, según sea visto el Nazareno de frente o de espaldas. Cuando hemos fotografiado esta imagen –y las ocasiones en que se nos ha permitido han sido varias- hemos comprobado que de frente y de un costado a otro, no existe ningún mal tiro de cámara; toda la variedad de gestos que se pueden captar son estéticamente magníficos. Solamente la ofuscación artística surge cuando se fotografía la espalda, excesivamente ensangrentada, que supera con mucho la que pudieran producirse en las procesiones del siglo XVII aquellos llamados “hermanos de sangre”, muchos de ellos pagados, que asombraron a Pinheiro da Veiga porque “les escurrían cuajarones de sangre de más a libra”.
La yagas marcadas por los flagelos, para mayor realidad, escribió Gregorio Fernández, “van de corcho y sangre cuajada”. Los ojos son de cristal y parecen mirar realmente.
En 1626 se hizo una reconstrucción del paso añadiéndole las figuras que, supuestamente, le puso Gregorio Fernández y que en la actualidad se encuentran formando parte de otros. Pero aquella búsqueda de la autenticidad fracasó: el Cristo es hermoso en su soledad escénica y los acompañantes desvirtúan el esplendor.
El paso “El señor atado a la columna” presenta un desnudo anatómico perfecto, una suave fragilidad en las manos, que no se posan en la reemplazable columna (de todo punto extemporánea), en un gesto sereno sin distorsión y una encarnación que recupera la original aplicada por el artista policromador (pudo ser Diego Valentín Díaz).
Gustó tanto esta imagen, que Gregorio Fernández y algunos otros escultores se vieron en la necesidad de repetir el asunto por encargo de otras cofradías y conventos. De tal modo que cristos atados a la columna (reproduciendo la columna troncocónica de piedra llevada a Roma desde Jerusalén en 1223 por el cardenal Colonna y considerada como la auténtica) los hay en los conventos del Sacramento y le Encarnación en Madrid; en el convento de Santa Teresa de Jesús en Valladolid; en las Carmelitas Descalzas de Calahorra (Logroño) y en el convento de Santa Teresa, de Ávila.
Con esta escultura de Gregorio Fernández quedó fijado el tipo de flagelado.

Datos:
-Autor: Gregorio Fernández, 1619-1623
-Cofradía que lo alumbra: Hermandad Penitencial de Ntro. Padre Jesús Atado a la Columna (1930)
-Días: Lunes, Martes, Jueves y Viernes Santo
-Procesiones en las que participa: Rosario del Dolor, Peregrinación de la Promesa, procesión de Regla de la Santa Vera Cruz y en la General de la Pasión.
-Propiedad: La Cofradía de la Vera Cruz en su iglesia homónima.

15/5/11

Ventura Pérez

Convento de los Capuchinos

Ventura Pérez es un personaje vallisoletano, nacido en 1704 y muerto en 1784, que escribió un Diario en el que se recogen los acontecimientos ocurridos en Valladolid durante el siglo XVIII y amplió la Historia de Valladolid que había escrito en el primer cuarto del siglo XVII Juan Antolínez de Burgos, enriqueciéndola además con dibujos de los edificios más destacados del Valladolid de aquella época. Estas dos fuentes históricas de primera línea son primordiales para entender el siglo XVIII vallisoletano y también el español.

Convento de San Francisco

Ventura Pérez nació en Valladolid en 1704. Siguiendo siempre su Diario, sabemos que aprendió a leer, escribir y contar en una escuela de primeras letras para pobres, lo que le permitió superar la barrera del analfabetismo. En 1715 entró como Monaguillo en la Catedral de esta ciudad. Estudió órgano durante cinco años con Tomás Barcenilla, organista de la Catedral de Valladolid, terminando estos estudios hacia 1727. Fue organista durante resto su vida de la iglesia de El Salvador de Valladolid. Con poco más de 20 años, aprende el oficio de ensamblador, participando en obras como la sillería de coro del Convento de San Francisco de Valladolid (hoy en el Museo Nacional de Escultura de esta misma ciudad). El ensamblador se casa en 1736, a los treinta y dos años. Fruto de este enlace fueron cinco hijos, de los que sólo uno sobrevivió a su padre. Ventura Pérez siempre vivió muy modestamente, con unos ingresos muy humildes y sus últimos años los pasó sin recursos y recogido en casa de su hijo, muriendo en 1784 y siendo enterrado en la iglesia de El Salvador de Valladolid.

Iglesia del Val

En el Diario de Valladolid que escribió durante toda su vida, quedan constatados los acontecimientos ocurridos en Valladolid en aquella época. Es muy interesante el punto de vista del autor, que no pertenece a las élites, sino a las clases populares y nos transmite fielmente el universo sacralizado, sin barreras entre lo sacro y lo profano, en el que vivían. Son protagonistas del Diario las fiestas religiosas, contadas con todo lujo de detalles y haciendo hincapié en las procesiones y toques de campanas.

Convento de San Diego

También aparecen en él lo que hoy calificaríamos como sucesos (accidentes, asesinatos...) y cuestiones políticas y de abasteciemiento. Por todo esto, es una fuente de primera mano sobre la vida en España en el siglo XVIII. Su otra obra es la

«Historia de la mui noble y mui Leal Ciudad de Ball[adoli]d, Recojida de Varios autores en este año de 1759» (No confundir con la "Historia de la muy noble y leal ciudad de Valladolid, desde su más remota antiguedad hasta la muerte de Fernando VII" de Matias Sangrador)

cuyos dos tomos manuscritos y aún inéditos, se encuentran en la Biblioteca Nacional de España. Tomando como base la Historia de Valladolid de Juan Antolínez de Burgos, escrita en las primeras décadas del siglo XVII, Ventura Pérez la amplió, desarrollándola hasta mediados del siglo XVIII. La aportación más interesante son los dibujos que se incluyen, que muestran las fachadas de los edificios más importantes del Valladolid de aquella época. Como muchos de estos edificios se han perdido, los dibujos son una fuente extraordinaria para conocer su morfología. Los dibujos son infantiles y algo torpes y en ocasiones las proporciones no están bien reflejadas, pero son expresivos.

El único hijo de Ventura Pérez que le sobrivivió fue Diego Pérez Martínez, pintor y académico, autor de varios interesantes dibujos del Parque del Campo Grande y Paseo de las Moreras fechados en 1788. Durante algún tiempo, fue Alcalde de Valladolid.

-Fuente: Wikipedia

13/5/11

Un video inédito del tren burra

Una muestra de una de las muchas películas Ferroviarias, rodadas por toda la geografía y líneas Españolas de diversos anchos, por D.JULIÁN de ELEJOSTE BENITO DEL VALLE, ya restaurada y transferida a Vídeo Digital, (Full HD).
Se presenta por vez primera al público, con el consentimiento de su Viuda, Dña.Mª Paz Barreiro Bengoa, su Hijo D.Kepa Elejoste, su Hija, Mary Paz Elejoste y familia.
La única copia existente rodada en "Regular 8mm", ha sido telecinada, restaurada, editada, musicalizada, devolviéndole su color original (KODACHROME), el que se perdía inexorablemente debido al efecto del paso del tiempo sobre los soportes químicos, limpiándola fotograma a fotograma, reconstruyendo las secuencias librándolas de polvo, rayas, manchas, arañazos,adecuándola de esta forma, para un correcto visionado.
De esta forma ha sido preservada además, de cara hacia futuras generaciones de investigadores y aficionados.
Disfrutad de estas Joyas, no es común, poder visualizarlas.
Gustavo Vieites.- http://gustavovieites.cmact.com/videotrenes.html

Sinopsis:
VALLADOLID - 1967, Llegada y partida de un automotor "Billard", desde la Estación "SAN BARTOLOME", arrastrando un coche mixto/correos de diferente y más antigua época, tipo y concepción técnica que la del propio automotor. La arteria de acceso (Avda.de Gijón), el intenso tráfico existente, camiones, autobuses, viandantes, vecinos, las vías a modo de aceras, los cambios de aguja y espadines a la salida de un bar que hoy día, continúa en funcionamiento, nada parecía mermar el ánimo de aquel tren. Un irrepetible retrato costumbrista de épocas pasadas. Línea perteneciente a la Compañía de Ferrocarriles Secundarios de Castilla, se mantuvo en funcionamiento desde 1884, hasta 1969, ya perteneciendo a FEVE. Uno de los ramales de esta línea, se conserva hoy como la Vía Verde del Esla. Fue el Ferrocarril de Tierra de Campos. Como anécdota de filmación, destacar que el coche/mixto correos que aparece en las secuencias, provenía en realidad del Ferrocarril de Fuencarral a Colmenar Viejo. Destacar además que tanto la línea, como sus locomotoras a vapor, la Nº8 en concreto, fueron escenario de diversas producciones cinematográficas, mayormente del género "WESTERN SPAGHETTI".

10/5/11

La antigua Maqbara de Valladolid.

Portada de la antigua Casa de Beneficencia (Actual Casa del Estudiante)

En este solar, localizado en el denominado Prado de la Magdalena, estuvo situada durante los siglos XIII y XIV la MAQBARA de Valladolid, esto es, el cementerio de los musulmanes de la ciudad.
Sus restos pudieron ser documentados a través de diversas excavaciones arqueológicas realizadas por la Universidad de Valladolid y la Junta de Castilla y León, durante 1990, previamente a la rehabilitación del edificio, antigua casa de Beneficencia, como casa del estudiante. Los individuos aquí enterrados lo fueron según el rito islámico, claramente especificado en el Corán: en posición decúbito lateral derecho y con el rostro vuelto hacia la ciudad santa de La Meca. Las inhumaciones encontradas son de dos tipos, por un lado las de fosa simple excavada en la tierra y por otro, el que a esta fosa añade junto a las paredes largas un refuerzo de dos muretes paralelos fabricados con adobes, que enmarcaban un angosto espacio en el que se depositaría, no sin dificultad, al difunto.

En este patio, sito en el interior de la actual Casa del
Estudiante estuvo situada la Maqbara de Valladolid


Las gentes que utilizaron esta necrópolis fueron los mudéjares, musulmanes residentes en los reinos cristianos, posiblemente llegados a la ciudad desde los territorios meridionales de la península a medida que los cristianos avanzaban hacia el sur. Se dedicaban fundamentalmente a actividades artesanales (albañiles, alfareros, hortelanos, carpinteros…) y al comercio, llegando a ser un grupo importante e integrado en la vida de la ciudad. Durante los siglos XIII y XIV un buen número de ellos habitaba en el barrio de San Martín, perdurando hasta nuestros días el recuerdo de su presencia en la zona en el nombre de la calle de los Moros.


La convivencia armónica con la sociedad cristiana debió quedar en cierta medida rota en los inicios del siglo XV, cuando una ley de 1412 obligó a todos los musulmanes de Castilla (del mismo modo que a los judíos) a recluirse en barrios segregados, las famosas aljamas. Los mudéjares vallisoletanos ocuparon la llamada aljama de Santa María, situada alrededor de la calle del mismo nombre. Este hecho debió marcar el abandono del cementerio del Prado de la Magdalena, donde no se han encontrado enterramientos del siglo XV, por lo que es de presumir que los musulmanes buscarían un lugar más cercano a su aljama.


Pero pese a su segregación física, la actividad de estos laboriosos artesanos continuó y su importancia dentro de la sociedad vallisoletana fue en aumento, llegando a participar durante el siglo XV en levantamientos políticos junto con el resto de los estamentos de la ciudad. Su integración fue tal que cuando en 1502 una nueva ley obliga a los musulmanes a abjurar de su fe o a abandonar Castilla, la mayoría de los mudéjares vallisoletanos se convierten, al menos nominalmente, al cristianismo.

…No cubrirán su faz ni el polvo ni la humillación: esos son los huéspedes del paraíso. Ellos vivirán en él eternamente (El Corán, azora 4, 27/26)

7/5/11

Un paso procesional demasiado grande

Fotografía de Luis Alfonso Urdiales (Flickr)

En el interior de la iglesia de San Pedro Apostol se guarda el paso de la Sagrada Cena, propiedad de la cofradía del mismo nombre que tiene aquí su sede.
En 1942, en vista del buen momento económico, se promovió un concurso a nivel nacional para la adjudicación de la hechura de su paso titular, que fue fallado a favor del escultor Juan Guraya. El grupo escultórico terminó siendo enorme, y la anécdota surgió entonces con el problema de dónde guardarlo, pues la primera estructura que tuvo pesaba 5.100 kilos y su frontal medía casi cuatro metros.

Puerta de la iglesia de San Pedro Apostol

Se echó mano del Ayuntamiento que cedió las instalaciones del Servicio de Limpieza, y allí fue a parar el paso justo al lado del “Tío Tragaldabas”, la popular carroza que sale en la feria de septiembre. Esta compañía tan poco respetuosa le duró poco, pues se consiguió permiso para meterlo durante un tiempo en San Pablo. Hoy se guarda en la iglesia, pues aunque apenas cabe por la puerta, fue aligerado hasta pesar “sólo” 4.500 kilos y dotado de un mecanismo que permite bajarlo en altura y ensancharlo.

-Fuente: Rincones con fantasma. (Juan Carlos Urueña Paredes). ISBN: 84-95389-97-5

4/5/11

Valladolid 1988. Nacen Las Edades del Hombre.


La Iglesia ha creado y conservado a lo largo de los tiempos su patrimonio histórico-artístico para ponerlo al servicio del pueblo en orden a su evangelización. Este inmenso patrimonio, muchas veces olvidado, constituyó la base de la Fundación Las Edades del Hombre.
«Las Edades del Hombre» nació como un pequeño proyecto ideado por don José Velicia y un grupo de amigos allegados. Su idea inicial era mostrar al pueblo castellano-leonés sus riquezas pero sin un afán artístico. En palabras de don José Velicia, «Las Edades» son «un pan amasado por muchas manos para recuperar la dignidad de un pueblo».
Unido a su carácter religioso y eclesiástico, Las Edades del Hombre tiene como finalidad la promoción de la cultura, a través de los siguientes instrumentos: conservación, desarrollo, protección y difusión del patrimonio que poseen las once diócesis católicas en Castilla y León. Estos objetivos se materializan en toda clase de estudios, investigaciones, y actividades sociales, culturales y artísticas que contribuyen al conocimiento y a los designios para las que dicho patrimonio fue creado.


Han pasado 24 años desde que por primera vez abriera sus puertas la primera exposición de Las Edades del Hombre en el marco incomparable de la Catedral de Valladolid. La muestra nació con el objetivo de la iglesia de prestar un servicio a través de su patrimonio. Fue en el año 1988 y se prolongó en el tiempo hasta el 89. En contra de todo pronóstico, Valladolid desbordó a propios y extraños. Una nueva forma de exponer, una ilusión irradiada, un abrir los ojos a nuestros tesoros y un enriquecedor discurso fueron las claves del éxito. Y todo ello poniendo a prueba la más eficaz de las publicidades, el boca a boca.
1.050.000 personas visitaron la exposición a lo largo de los cinco meses y medio que permaneció abierta. Las mejores expectativas situaban el umbral de visitantes en 30.000, mayor cifra alcanzada en Valladolid con motivo de una muestra. Las colas fueron interminables, los elogios eran constantes, desde todos los puntos de la geografía española se acercaban a
conocer la exposición.


Esta era la primera fase del proyecto basada en la iconografía. Don José Jiménez Lozano ideo un guion basado en diez capítulos, cuyos títulos: El sueño del Paraíso, El Señor de la Historia, El Ojo hacia lo Invisible, El dolor y la sonrisa, La
crisis del xv: El Cristo muerto y sepultado, Los trabajos y los días, La estatura del hombre, El sueño de la muerte y la gloria, El silencio y la pobreza: El encanto y el espíritu de lo minúsculo, El Señor de la muerte y de la vida, mostraban el devenir de la vida de los hombres.
El lugar elegido fue la austera catedral herreriana de Valladolid. Por primera vez en la historia se «desacralizaba» una catedral al quedar esta sin culto durante los meses previos, el transcurso y el desmontaje de la exposición.


Uno de los desafíos, convertirla en una inmensa sala de exposiciones en la que las obras de arte religioso recuperaran el sentido para el que fueron creadas. Para ello don Pablo Puente Aparicio ideó una arquitectura efímera que comprendía la totalidad de las naves, y que sorprendió, ya que la tristeza, el gris que siempre evoca esta catedral al encontrarse inacabada, fue totalmente renovada, emanando una luz que, amparada por la de los propios iconos expuestos, dio la sensación a vallisoletanos y foráneos de que habían cambiado la catedral. Junto a ello el sorprendente montaje de doña Eloísa García de Wattenberg.
En palabras de don Pablo Puente, la clave del éxito de la exposición de Valladolid fue sorpresa; sorpresa por el contenido, sorpresa por la manera de exponerlo y sorpresa por el continente, desconocido e infravalorado.



2/5/11

La antigua Casa de la Inquisición de Valladolid


Por Luis Fernández Martín S.J. (Real Academia de la Historia)
Es sabido que el Tribunal y las cárceles del Santo Oficio de la Inquisición recorrieron diversos lugares en esta población a lo largo de más de tres siglos.
En 1488 se estableció la Inquisición en el nº 22 de la calle de Francos (actual Juan Mambrilla), en la casa que fue en el siglo XV de los Zúñiga y que fue después posesión de la condesa de Osorno. De ella salió para el suplicio Don Alvaro de Luna en viernes 19 de Junio de 1489.
Mas tarde, no se sabe el año, se instaló la Inquisición en la calle de Pedro Barrueco según afirma Matías Sangrador, quien reconoció en sus sótanos diversas inscripciones hechas por los presos en latín y castellano en los años 1534 y 1551. De esta casa salieron los penitenciados en los autos de fe del año 1559. Sin embargo ni el arzobispo Carranza ni Fray Luis de León ocuparon celdas en esta casa sino en el lugar del tercer emplazamiento que tuvo la Inquisición en Valladolid, emplazamiento que sobrevivió desde 1559 hasta 1809 por espacio de dos siglos y medio.
A la casa de la calle de Pedro Barrueco se la llamó “la Inquisición Vieja” gracias al siguiente documento notarial del año 1580. “Luis de Carrión, escribano de Su Majestad, y público del Número de esta villa, en nombre del Licenciado Juan Francisco Geraldo, Oidor de la Real Audiencia de Galicia, arrienda a Alonso Enríquez, vecino de Valladolid, unas casas en la calle que va de la calle de Pedro Barrueco a la iglesia de San Salvador que ha por linderos las traseras de la Inquisición Vieja y la dicha callejuela de San Salvador por un año por veintiun ducados”. Como se ve, la Inquisición ocupaba una casa de la calle de Pedro Barrueco que salía por sus puertas accesorias a la hoy llamada “calle de la Galera”.


Palacio de los Zúñiga

La tercera y más importante ubicación de la Inquisición en Valladolid tuvo lugar en las casas principales que fueron de Pedro González de León. Se sabe por Ambrosio de Morales que estas casas comenzaron a albergar al Tribunal del Santo Oficio y a las cárceles secretas de la Inquisición desde el año 1559.
Pero tratemos de precisar la situación exacta de estas casas de Pedro González de León. Los historiadores que han escrito sobre este asunto sitúan las mencionadas casas, unos “en la calle Real de Burgos”; otros, “en un palacio muy antiguo, próximo a la iglesia parroquial de San Pedro”, “en San Pedro”, cerca de la parroquia de San Pedro. Los autores citados se aproximan pero no aportan documentación contemporánea que fije de manera definitiva la ubicación de la casa de la Inquisición. Un documento notarial señala explícitamente la localización de la casa de la Inquisición: “Está en la calle de la Peña de Francia” que solía llamarse también “calle de los Moros”. En esta casa subsistió la Inquisición por espacio de 250 años.

La casa de la Inquisición (nº94) según el plano de Bentura Seco de 1738

Sabemos que desde Agosto de 1559 era utilizada la casa de Pedro González de León como lugar de reclusión de presos del Tribunal del Santo Oficio. Pero la propiedad del inmueble no pasó a manos de la Inquisición sino trece años más tarde, en 1572. Ese año el Santo Oficio se decidió a comprar esta casa para instalarse en ella definitivamente. Probablemente para ese año ya había fallecido su dueño Pedro González de León por cuanto la venta la realiza su hija y heredera Doña Mencía de León casada con Don Alvaro de Luna.
Tras dos siglos y medio de pervivencia, las casas de la Inquisición perecieron el año 1809 a causa de un incendio. “Durante tres días en la etapa francesa sin que se llegasen a descubrir los verdaderos responsables del incendio. Este incendio ocurrió al amanecer del 7 de diciembre de 1809 cuando servía de cuartel de soldados alemanes y franceses, y como estaba dada la orden de no tocar las campanas de noche se omitió tocar a fuego hasta el día siguiente a las nueve, tiempo en que ya estaba apoderado. Duró el fuego cuatro días y sólo la fachada y habitación de ésta se pudo conservar”.

El Colegio Macías Picavea ocupa en la actualidad el solar en el que estuvo situada la antigua casa de la Inquisición

La última etapa de este Tribunal de la Inquisición discurrió por pocos años en la calle de Alonso Pesquera, nª 14, llamada entonces de Herradores, en la casa de la Marquesa del Arco.
El solar a que quedó reducido el edificio de la Inquisición después del incendio fue sacado a subasta por la Administración de Bienes Nacionales en 1843 siendo adjudicado ese mismo año a Don Francisco de Paula Benito en la cantidad de 3155 reales.
En tiempos modernos sobre este solar se edificó un Grupo Escolar que un tiempo se denominó “Infante Don Jaime” y en la actualidad se llama “Macías Picavea”.
 
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