30/6/11

La Prisión de Villanubla

Foto: R. Otazo

A principios de los años 80 Valladolid contaba tan solo con una prisión con capacidad para 80 reclusos, era la situada en la calle Madre de Dios, ahora reconvertida en un Centro Cívico. Esta prisión en el año 1981 tenía 174 internos, es decir, más del doble. Estaba situada en el centro de la ciudad, y, según reconoció el Director General de Instituciones Penitenciarias de la época Enrique Galavís, «no estaba en condiciones de satisfacer ni cumplir lo que estipulaba la ley orgánica general Penitenciaria».

Antigua carcel actualmente convertida en centro cívico.

Estos tres motivos llevaron al Ministerio de Justicia y al Ayuntamiento a entrar rápidamente en negociaciones para solucionar el problema y, finalmente, se llegó al acuerdo definitivo.

La inauguración fue multitudinaria, lo que en algunos momentos dificultó el desarrollo de la visita de las primeras autoridades al nuevo Centro Penitenciario.-Foto Cacho

La nueva prisión provincial, «que no sería de máxima seguridad, sino normal», se edificaría en el pago llamado Navabuena, cerca de la localidad de Villanubla, a veinte kilómetros del centro de Valladolid. Constaría de cuatro módulos (menores de veintiún años, adultos, peligrosos y condenados a penas cortas), más otro especial para toxicómanos. Tendría además una zona de «arresto fin de semana», otra de régimen abierto y veinte celdas individuales para mujeres.

El 22 de junio de 1985 el proyecto se hacía realidad con la inauguración de la nueva prisión. El presidente del Congreso de los Diputados, Gregorio Peces Barba inauguró el nuevo Centro Penitenciario de Valladolid construido con 112.360 metros cuadrados con 406 celdas y un presupuesto superior a los 1.700 millones de pesetas.
El contacto de las autoridades con los internos fue fugaz y se aprovechó para comunicarles las gestiones hechas para resolver el problema del transporte de los familiares al centro, distante unos 20 kilómetros de la ciudad.
El nuevo Centro Penitenciario contaba como ya se ha dicho con 406 celdas distribuidas de la siguiente forma: 96 adultos, 72 penados, 72 jóvenes, 15 toxicómanos, 49 nocivos, 19 aislamiento, 14 fin de semana, 10 régimen abierto (4 de ellas triples), 32 mujeres (2 módulos), 17 ingresos (1 de ellas cuádruple), 10 enfermería (además 2 grandes salas generales). En el edificio podían diferenciarse tres apartados: Infraestructura complementaria desde las diferentes zonas de conexión hasta la parcela del Centro Penitenciario. Edificios penitenciarios propiamente dichos y Zona de viviendas unifamiliares de funcionarios.

Una de las torres de vigilancia de la prisión de Valladolid. EL NORTE

Los edificios penitenciarios propiamente dichos son: Los de Acceso, que constan de zona de cuerpo de guardia, administración y dirección, relaciones con el público, régimen abierto.
En el edificio de Ingresos están: Régimen de fin de semana, ingresos, locutorios, centro penitenciario de mujeres (penadas y preventivas), zona de control del Centro.
Desde este edificio se accede a través de un pasadizo a la zona de módulos. En este pasadizo y entre rastrillos, se encuentra un pequeño espacio para despachos. Pasando el rastrillo se accede a los Módulos, distribuidos en siete edificios dependientes unidos por un pasillo central.
El objetivo principal en el diseño de los edificios penitenciarios fue el crear una total independencia de funcionamiento entre los diferentes módulos, para optimizar los desplazamientos.


En 1992 se creó el módulo de presos peligrosos recién desarrollada la normativa de los FIES (Fichero de Internos de Especial Seguimiento). Dicho módulo cerró en 2009 siendo trasladado a otra prisión más nueva.
En la actualidad en número de funcionarios se ha multiplicado por seis. La prisión en general es un complejo muy antiguo que necesitaría amplísimas reformas.

-Fuente: Norte de Castilla (23-06-1985) y Diario el País (Luis Miguel de Dios) / 17-07-1981

28/6/11

La "Gran Vía " vallisoletana. Un proyecto que se topó con la Iglesia.

Vista aérea de la calle de las Platerías, la iglesia de la Vera Cruz y
la calle de Felipe II al fondo: lo que pudo ser y no fue

La idea de abrir grandes vías en la ciudad se desarrolló ya en el siglo XIX y fue recogida posteriormente en el Proyecto de Ensanches y Reforma Interior de César Cort en el año 1938. Llevar a cabo la vieja idea de unir el centro tradicional de Valladolid con la antigua carretera de Burgos, que llegaba a la ciudad desde Cabezón, por Santa Clara y Cadenas de San Gregorio, hacia necesario, por el otro lado, prolongar la calle de Platerías hasta la plaza de San Pablo y la vez, con una pequeña reforma, enlazarla con las calles Duque de la Victoria y de Gamazo, uniendo así lo que todavía se entendía como el centro de la ciudad (la Plaza de San Pablo) con la Estación.

Tramo norte del proyecto, desde la iglesia de la Vera Cruz hasta la salida por la Avda de Burgos

Para realizar tan ambicioso proyecto se tendría que haber derribado la iglesia de la Vera Cruz y también al ampliar la calle de Cadenas de San Gregorio se habría derribado el palacio de Villena (anterior Gobierno Civil y hoy dependencia del Museo).

Tramo sur del proyecto, desde la iglesia de la Vera Cruz hasta la estación de ferrocarril

Es decir, un plan que suponía la trituración de la ciudad histórica. Tan osado y devastador programa no pudo llevarse a cabo, una vez más, no por una pretendida defensa de los vestigios históricos como por el extraordinario dispendio que semejante proyecto entrañaba. No obstante, la herencia del plan Cort resultó traumática para el urbanismo vallisoletano. Reconsiderando el proyecto, se optó por buscar otra vía de entrada. Aún así, acabó trazándose la calle de Felipe II, que quedó estrecha en comparación con el proyecto, que pretendía enmarcar al fondo la fachada de San Pablo, que por eso hoy se ve descentrada del eje de la calle. Valladolid se quedó sin su gran vía, que podría haberse comparado con la Gran Vía madrileña, la Vía Layetana barcelonesa o la Gran Vía de Granada, ¿mereció la pena huir de la modernidad para conservar el pasado?

-Fuentes:
-La ciudad, escenario para unos protagonistas. Valladolid para pensar. Cuaderno 5. Por Mercedes Valbuena Barrasa. ISBN: 84-87473-21-0


-LA SOCIEDAD VALLISOLETANA ANTE EL PROYECTO DE DEMOLICIÓN DE LA IGLESIA PENITENCIAL DE LA VERA CRUZ (1911-1936). MARÍA JOSÉ MARTÍNEZ RUIZ. Universidad de Valladolid

26/6/11

Leyenda del Cristo Yacente y muerte de Fernández


Por José Delfín Val
Cuenta la leyenda que Gregorio Fernández, al sentirse enfermo de gravedad, quiso, antes de morir, esculpir su mejor obra para legársela a los vallisoletanos como agradecimiento y herencia. Y, en una habitación siempre cerrada a los oficiales y operarios de su taller, se puso a esculpir una figura de Jesús muerto. Uno más de la docena larga de yacentes que había tallado durante sus años de esplendor; pero que habría de ser el mejor entre todos ellos; de tal modo que contemplándolo moviera a compasión.
Trabajó durante cuatro largos meses, especialmente de noche, y solo, aprovechando que la enfermedad no le permitía conciliar un sueño prolongado. Muchas noches durante ese tiempo abandonaba su dormitorio en el piso alto de la casa y bajaba al taller.


Mantenía diálogos con la madera en medio del silencio. Él sabía que su Cristo yacente estaba dentro de aquel bloque de pino cortado en buena luna; y movido por una fuerza interna del espíritu, poco a poco fue quitando la madera sobrante para que la escultura saliera a la vida de los hombres.
Cuando terminó la obra, terminó la vida del escultor. Un día abrieron aquél cuarto y apareció el yacente. Y su amigo, el pintor Diego Valentín Díaz, lo policromó llorando la muerte del escultor.

23/6/11

La Biblioteca histórica de Santa Cruz



Origen e historia
La biblioteca de Santa Cruz es la Sección General de Fondo Antiguo de la Universidad de Valladolid, que recoge todas las obras publicadas con anterioridad a 1835 de la Biblioteca Universitaria de Valladolid y el fondo de la propia biblioteca de Santa Cruz.
Fue fundada por el Cardenal D. Pedro González de Mendoza en 1483 como parte integrante del Colegio Mayor de Santa Cruz y para uso de los colegiales que estudiaban en la Universidad de Valladolid y residían en este colegio mayor.


Empieza a funcionar, por tanto, a fines del s. XV pero se sabe muy poco acerca de ella en esta primera etapa sin poder calcular el número aproximado de libros que la componían. Sus fondos se van formando por las obras que da el propio Cardenal y mediante donaciones y adquisiciones posteriores, puesto que las rentas del Colegio eran muy altas.


Ya en las Constituciones que da el Cardenal Mendoza para la organización del Colegio, hay algunas encaminadas a salvaguardar los libros, a las que mas tarde se añaden otras para regular la apertura de la biblioteca nombrando un encargado de la misma que vele por sus fondos.
Gracias a estas medidas pudo la biblioteca llegar con bastante integridad a principios del s. XIX.
En este momento, año 1807, la Real Chancillería realiza un inventario en el que se muestra que la biblioteca poseía unos 13.000 volúmenes aproximadamente.


Durante fines del siglo XVIII y principios del XIX se producen una serie de reformas y cambios en los Colegios Mayores que repercuten tambien en nuestra biblioteca que pasa a depender de distintas instituciones hasta 1850, año en el que, por Real Orden de Isabel II, queda definitivamente integrada en la Universidad de Valladolid.
Actualmente, a estos 13.000 vols. hay que añadir otras 11.000 obras de la Biblioteca Universitaria a las que hacíamos referencia en el primer párrafo, procedentes de los colegios de los Jesuitas cuando fueron expulsados de España en 1767, y de las bibliotecas de las Ordenes religiosas al producirse la Desamortización de Mendizábal en 1836.


La finalidad de esta biblioteca no es ser un mero depósito de publicaciones antiguas, sino ser un Centro de Investigación sobre Manuscritos, Incunables e Impresos antiguos abierto a toda clase de investigadores, a los que, con ayuda de los medios tecnológicos adecuados, poder prestar todos los servicios que demanden.

20/6/11

La desaparecida estación de San Bartolomé

Estación de San Bartolomé (Foto Javier)

Esta estación no estuvo prevista ni en el proyecto original de la Compañía del Ferrocarril (tranvía de tracción animal), ni en los dos proyectos siguientes (tranvía de tracción a vapor y Ferrocarril económico). Los problemas técnicos y administrativos surgidos para llevar el ferrocarril hasta el centro de la ciudad de Valladolid, hicieron que la Compañía solicitara a la Administración permiso para instalar una estación provisional extramuros de la ciudad. De esta forma, se construyó una estación provisional con instalaciones para el servicio de viajeros y de mercancías en unos terrenos de reducidas dimensiones.

Entrada a la estación de San Barolomé desde la Avda. Gijón

En la plaza donde se asentaba la estación existió en el siglo XVI un Hospital, que se trasladó al general de Valladolid a principios del siglo XVII. Sobre las ruinas del mismo, se construyó en 1628 el convento de las monjas Trinitarias. El convento fue invadido por las tropas francesas en el año 1837, pasándose las monjas al convento de Jesús María. Sobre el solar del convento se construyó la estación.


El Ayuntamiento de Valladolid en su sesión de 28 de marzo de 1884 acordó la cesión gratuita, durante un máximo de 15 años, de los terrenos para ubicar la estación provisional mientras se construía la definitiva. Si pasados los 15 años la Compañía quería seguir haciendo uso de los mismos, debería pagar un canon anual. La Compañía del Ferrocarril tomó posesión de los terrenos de San Bartolomé el día 29 de Abril de 1884. Los terrenos ocupados medían 4608,16 metros cuadrados y se valoraron en 32257,15 pesetas.


En Valladolid, cabecera de línea, nada queda de las dos instalaciones fijas con las que contó, pues tanto la estación de Campo de Béjar, ocupada hoy en día por la Estación de Autobuses, como la de San Bartolomé, desaparecieron bajo la piqueta, sin dejar rastro alguno de su existencia.
El solar que ocupara la estación de San Bartolomé es hoy plaza en Valladolid. Esta plaza sufrirá varias remodelaciones a lo largo de los años. La última más importante es la inaugurada en 1987, con la asistencia del Ministro de Obras Públicas.


En ella entre el parque de reducidas dimensiones y cobijado por los antiguos árboles se instalaría la máquina del tren de Rioseco, que había estado en las Moreras, y que fue restaurada por Salvador Barrios. Hoy como recuerdo de su antigua estación, la plaza de San Bartolomé sigue siendo un nudo importante, pues por ella tiene acceso a la ciudad las autovías de Palencia y León.

-Fuente: El ferrocarril económico de Valladolid a Medina de Rioseco (1884-1935). Salvador Barrios Rubio. ISBN: 84-7852-975-6
-Fuente: El Tren burra. Godofredo Garabito Gregorio. ISBN: 978-84-96864-32-0



18/6/11

La historia de Valladolid a través de sus sellos

Desde 1850 Correos ha emitido decenas de estampas con la provincia como protagonista que permiten conocer su patrimonio, personajes y acontecimientos más relevantes

Por Marta Recuero
La historia de Valladolid está repleta de hazañas, de personajes ilustres, de un patrimonio incalculable y de cientos de acontecimientos que marcaron el devenir de España y de otros países, pero lo que pocos saben es que una parte de esos hechos han quedado plasmados en diferentes sellos de Correos que permiten conocer la crónica vallisoletana desde otra perspectiva. El primer timbre postal, el famoso Penny Black de la reina Victoria, se creó en Reino Unido el 6 de mayo de 1840 de la mano de Rowland Hill, pero en España hubo que esperar hasta 1850 para ver la primera estampa para la correspondencia local y con las colonias, aunque en este caso la protagonista del timbre era Isabel II.


Eso sí, no fue hasta 1936 cuando se emitió un sello con una imagen ligada directamente a Valladolid. Se trataba de Gregorio Fernández y con la estampa se conmemoraba el centenario de la muerte del autor de algunas de las piezas más importantes de la Semana Santa vallisoletana. No ha sido el único personaje ilustre de la ciudad cuyo rostro ha quedado plasmado en una estampilla para la posteridad.
Las imágenes de la escritora Rosa Chacel, el aventurero Cristóbal Colón, los monarcas Juana I de Castilla y Felipe II, el padre medinense José Acosta, Ponce de León, natural de Santervás de Campos, conquistador de Puerto Rico y descubridor de Florida, el que fuera obispo de Lima y fundador del primer seminario de América Latina, el mayorgano Santo Torivio de Mogrovejo, el comendador de Castilla y embajador de España en Roma Luis de Raquesens, el medinense Bernal Díaz del Castillo, que acompañó a Hernán Cortes en su toma de México, o el Duque de Lerma han circulado en los últimos años por toda España y parte del extranjero estampados en miles de misivas.
A todos ellos hay que sumar los sellos emitidos con efigies de personajes que, sin ser vallisoletanos, estuvieron relacionados estrechamente con la ciudad del Pisuerga y su extensa provincia en algún momento de su vida. Es el caso de María de Maestu, quien estudió Magisterio en la Universidad de Valladolid, Federico García Lorca, un asiduo visitante de la capital por su amistad con Jorge Guillén, Fray Juan de Zumárraga, consagrado en Valladolid y convertido en el primer obispo de México, Pedro de la Gasca, obispo de Palencia que reedificó la iglesia de la Magdalena, lugar en el que finalmente fue sepultado, o Antonio de Cabezón, músico de cámara del Felipe II que pasó gran parte de su vida en Valladolid y en cuya Catedral se conserva la inmensa mayoría de sus composiciones.


En esta lista también se encuentra Juan Sebastián Elcano, recibido con honores en Valladolid tras dar la vuelta al mundo, Santa Teresa de Jesús, quien llegó a la capital procedente de Medina del Campo para fundar en agosto de 1568 el que sería uno de sus conventos favoritos, o el escultor Alonso Berruguete, que vivió en la calle Cuartelillo de la Merced entre 1526 y 1556, desempeñando en ese tiempo el cargo de escribano de la Real Chancillería a la par que esculpía numerosas obras que hoy pueden contemplarse en el Colegio de San Gregorio.
El rico patrimonio arquitectónico de la provincia tampoco ha pasado desapercibido y son decenas los edificios que ya forman parte del catálogo filatélico de Correos. Las fortalezas de Villafuerte de Esgueva, la Mota, Torrelobatón, Fuensaldaña y Peñafiel protagonizan hasta el momento la aportación vallisoletana a la serie dedicada a los Castillos de España, mientras que en el año 1966, dentro de la serie Turística, se emitió un sello que reproducía el claustro del Colegio de San Gregorio, una de las joyas arquitectónicas de la capital. Y lo que pocos saben, salvo quienes viven en la comarca de Tierra de Campos, es que en Mayorga se conserva el buzón más antiguo de España que se conoce. Esculpido en piedra en 1793, Correos utilizó su imagen para conmemorar en 2001 el Día del Sello.


En el apartado deportivo, Correos estampó para la posteridad el XII Campeonato Mundial de Gimnasia Ritmica, celebrado en octubre de 1985 en el polideportivo Pisuerga (construido para la ocasión), y creo matasellos conmemorativos de la I Concentración Olímpica de la Juventud (14 de julio de 1991), del Campeonato Mundial de Baloncesto Sub 23 (28 de julio de 1993) y del Mundial de Futbol del 82, en el que Valladolid fue una de las sedes.
Y en cuanto a los acontecimientos relevantes destaca la estampilla con la que se recuerda la aprobación del Estatuto de Autonomía el 25 de febrero de 1983, por el que Castilla y León recuperó su máximo órgano representativo. Unos meses más tarde, el 21 de mayo, se constituirían las Cortes en la iglesia de Las Claras de Tordesillas.
Entre las decenas de estampas con Valladolid como protagonista destaca la serie con la que se rindió homenaje a uno de los libros más alabados de otro ilustre vallisoletano, El Hereje de Miguel Delibes. Los once sellos que componen esta colección son de tarificación A, lo que significa que el franqueo equivale a una carta ordinaria de ámbito nacional (en la actualidad 35 céntimos), que fueron solicitados a la carta por un particular o asociación y que no se venden en estancos.


En esta pequeña colección aparecen los escenarios principales de la novela que protagoniza Cipriano Salcedo, los mismos que recorre la Ruta de El Hereje, los palacios de Pimentel, Butrón y Fabio Nelli, el Almacén de la Judería y el Hospital de Expósitos (actual Biblioteca de Castilla y León), el Convento de Santa Catalina de Siena, la capilla de los Condes de Fuensaldaña, la Casa de Alonso Berruguete, la plaza Fuente Dorada, la Plaza Mayor, la iglesia de Santiago y la Puerta del Campo Grande. Pero todos estos ejemplos no son más que una pequeña selección del interminable inventario filatélico de Correos, al que habrá que añadir el próximo 16 de mayo uno de los sellos más esperados por los vallisoletanos, el del propio Miguel Delibes.

15/6/11

El último recuerdo del tren burra.


Desde el 11 de abril de 1987, se encuentra emplazada en la Plaza de San Bartolomé, lugar donde estuvo situada la estación del mismo nombre y como homenaje al desaparecido y entrañable Tren Burra la locomotora nº 1 (VALLADOLID) 020T Sharp-Stewart.


Esta locomotora construida en 1884 fue primorosamente restaurada por Salvador Barrios Rubio, autor del libro “El ferrocarril económico de Valladolid a Medina de Rioseco (1884-1935)” cuando era responsable técnico de producción de los Talleres Generales de RENFE en Valladolid.


En la base del monumento se puede leer el siguiente texto:
“Durante 85 años (1884-1969), desde la plaza de San Bartolomé, todos los días un pequeño y entrañable tren supo unir nuestra ciudad y la Tierra de Campos. Valladolid rinde ahora el más emocionado homenaje a tan querido ferrocarril”.

La locomotora en los talleres generales de Renfe en Valladolid
durante su proceso de restauración. Foto. Salvador Barrios


Salvador Barrios posa con la locomotora en los talleres Generales
de RENFE de Valladolid durante su proceso de Restauración. Foto. Salvador Barrios

La máquina y el vagón presidieron durante muchos años los juegos infantiles en el parque de las Moreras. En dicho lugar estuvo abandonada a su suerte. Por problemas de vandalismo y debido a su deterioro y maltrato fue trasladada a las dependencias municipales del matadero, para ser posteriormente restaurada.


Durante la restauración, hubo que ponerle la placa con el nombre de la locomotora nº6 llamada RIOSECO y la placa del fabricante correspondiente a la nº 5 Villanubla. Actualmente se conserva en relativo buen estado en la citada Plaza de San Bartolomé. Merece ser conservada como homenaje al impagable servicio que prestó a los vecinos de esta capital durante varias décadas.

Locomotora y coche de viajeros. En la Rosaleda hasta finales de los 70. (Foto Javier)


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Ver mapa más grande



-Fuente: El ferrocarril económico de Valladolid a Medina de Rioseco (1884-1935). Salvador Barrios Rubio. ISBN: 84-7852-975-6
-Fuente: El Tren burra. Godofredo Garabito Gregorio. ISBN: 978-84-96864-32-0

13/6/11

La "Belle Époque" de la Acera de San Francisco

Nada más finalizar la guerra civil, se inauguró el "Corisco", elegante
café que tenía una concurridísima terraza en la Acera de San Francisco.
La gente necesitaba un poco de diversión para aliviar
los sufrimientos recientes. / Col. Crespo Cortejoso

La acera de San Francisco era, a principios del siglo XX, cuando en la Plaza Mayor se instalaron los primeros templetes, la arteria principal de Valladolid, una especie de aorta por la que discurría el pulso lento y apacible de la ciudad. Nobles y plebeyos, señores y criados, comerciantes y empleados, militares y paisanos, paletos y carteristas, opulentos con bombín y desarrapados con boina iban y venían casi siempre sin rumbo fijo, solo con la pretensión de formar parte del retablo cotidiano de la que en tiempos fue Corte de España.
En la Acera pasaban las cosas importantes, o se hacían tertulias sobre lo que había pasado e otros lugares, como en los casinos, en los cuarteles, en las iglesias o en los barrios. Durante muchos años, el del Norte fue el único café establecido en esta zona porque aunque sus dueños, José Gómez y Juana Sigler, oriundos del Valle del Pas, se establecieron en la calle Santiago, no tardaron en darse cuenta de que el negocio estaba apenas a cincuenta metros y compraron la casa que les permitió abrir también por la Acera, con vistas a la Plaza Mayor.

La Acera de San Francisco fue durante mucho tiempo la arteria principal
de Valladolid. Su comercio, sus cafés y, sobre todo, su paseo la convirtieron
en punto de cita obligado de las muchachas casaderas y su pretendientes
que debían burlar la tenaz vigilancia de las "carabinas". ¿Qué tiempos...! / Archivo Editorial

Aquel café con dos puertas, que en la actualidad se encuentra en fase de reformas fue testigo de cuantos acontecimientos tenían lugar en pleno corazón de la ciudad. Los conciertos de música de la banda de Isabel II todos los domingos y festivos desde la primavera al otoño, las ruidosas inauguraciones de las ferias, el traqueteo de los viejos tranvías, las revueltas estudiantiles y políticas y, sobre todo, el paseo.
De doce a dos los festivos y de ocho a diez los días de diario, los pollos pera y las mocitas en edad de merecer establecían un código de miradas y sonrisas con la pretensión de burlar la férrea vigilancia de las carabinas que, ya entradas en años, preferían pagar los 20 céntimos que costaban las sillas distribuidas a lo largo de la Acera y seguir a distancia los inocentes devaneos de las niñas de la casa.

Impresionante aspecto de la Acera de San Francisco a la hora
del paseo de cualquier día festivo que, a juzgar por los coches aparcados a la derecha,
debe corresponder a los felices años veinte. También para los vecinos, el ir y
venir de la muchedumbre, constituía todo un espectáculo / A.M.V.A

Ese pequeño desembolso por el alquiler de la silla servía también para escuchar cómodamente los conciertos, aunque los más pudientes optaban por la terraza de El Norte, donde los meses de estío se podían disfrutar sus insuperables helados de melba, melocotón, avellana, praliné, fresa o crema Tortoni, especialidad de la casa, como la gaseosa de manzana de la que se decía era el mejor refresco contra el calor. Pocas cosas había entonces tan gratificantes como aliviar los rigores del verano con una copa de helado al arrullo cercano de la mazurca interpretada por una de las bandas militares de la Guarnición o por los cuartetos de cuerda que años después contrataría el propio establecimiento para su terraza.
Personajes más cercanos y humildes, pero también enormemente populares en al escena cotidiana de la Acera, fueron los limpiabotas que nacieron como gremio cuando nadie usaba zapatos, sino botas o botines, de ahí su nombre. El limpia era un cotilla simpático y adulador, además de un verdadero artista con el cepillo.

-Fuente: El Templete de la Música - Jose Miguel Ortega Bariego.
ISBN: 978-84-96864-13-9

10/6/11

Procesión y desgracia. El descendimiento


Por José Delfín Val
Hay un paso en la Semana Santa de Valladolid que se llevó por delante la vida de un hermano de carga. O al menos así se ha creído. Esa es la razón de que le apoden “El Reventón”, aunque su verdadero nombre es “El Descendimiento”. Consta de siete figuras talladas por Gregorio Fernández entre los años 1623-1624 para la Vera Cruz y arroja un peso de 3.500 kilos.


El mote viene dado por un hecho constatado por el cronista Ventura Pérez, quien en su Diario de Valladolid escribió, al referirse a sucesos del año 1741 y bajo el epígrafe Procesión y desgracia, lo que sigue: “En la procesión de Las Angustias del Jueves Santo y al sacar el paso del Descendimiento de la iglesia de la Vera Cruz quedó aprisionado debajo de él un cofrade que fue trasladado en muy grave estado al Hospital General”.
No dice el diarista si el desafortunado murió de resultas del percance, pero desde entonces el paso recibe el nombre de “El Reventón”, debido a sus tres toneladas y media de peso, que para ser bien movidas han de estar repartidas entre los hermanos de carga. En 1741 no lo estuvieron.

El descendimiento
Pero hagamos una breve descripción de este paso del descendimiento: De este grandioso paso fue separada la imagen de Nuestra Señora en 1757 para rendirla culto en el altar mayor con el nombre de Nuestra Señora de la Vera Cruz, siendo sustituida por una copia de menor calidad a la tallada por Fernández. La disposición de las siete figuras se conserva tal y como las montó su autor en 1624.

Original y posterior copia de Pedro Sedano de la Virgen de la Vera Cruz

García Chico publicó el contrato firmado entre el escultor y la cofradía por el cual y en fecha 16 de junio de 1623, Fernández se comprometía “ente Juan Jiménez y Francisco Ruiz, alcaldes ambos de la Vera Cruz, a realizar un paso en madera de la historia del Descendimiento de Cristo Nuestro Señor de la Cruz, con siete figuras que han de ser: Cristo Nuestro Señor cuando lo descendieron, Nicodemos, José de Arimatea, Nuestra Señora, San Juan, La Magdalena y un sayón, todo conforme a la traza realizada anteriormente en cera”.


El momento de la pasión de Cristo que se cuenta en esta escena tiene la teatralidad propia del resto de los pasos pero en éste especialmente la secuencia tiene dos partes. Hay una escena a nivel del suelo y otra en lo alto de la cruz donde José de Arimatea y Nicodemo ascienden sirviéndose de sendas escaleras para hacer descender el cuerpo muerto de Jesús. El estudio anatómico del cuerpo muerto es perfecto y la serenidad del rostro no es precisamente la de un hombre que ha muerto en medio de semejante castigo. Este concepto está muy acusado en muchas de las obras de Gregorio Fernández en las que no permanece la violencia, sino la serenidad en los gestos.

Datos:
-Autor: Gregorio Fernández, 1623; Virgen, de Pedro Sedano, 1757.
-Cofradía que lo alumbra: Cofradía El Descendimiento y Santo Cristo de la Buena Muerte (1939)
-Días: Jueves y Viernes Santo
-Procesiones en las que participa: Regla de la Santa Vera Cruz y General de la Pasión.
-Propiedad: Cofradía de la Vera Cruz en su iglesia homónima.

8/6/11

Septiembre de 1903. Alfonso XIII visita Valladolid


Por Godofredo Garabito
En septiembre de 1903 se inauguraron en Valladolid las obras de construcción de la "Granja Experimental de Enseñanza Agrícola". Para la inauguración de las obras iba a contarse con la presencia del monarca Alfonso XIII.
La visita regia era un acontecimiento al que la ciudad, cuna de reyes, estaba habituada. No en vano habían estado en ella en el último siglo Fernando VII, Isabel II, doña María Cristina y Alfonso XII. De cualquier modo, exigía lógicamente ultimar los preparativos de una manera especialmente cuidadosa. Era una tarea en la que las diversas autoridades pincianas habían de esmerarse. Pese a las dificultades económicas se acordó por mayoría una serie de puntos interesantes:

1) Inaugurar las obras de edificación de la Granja Experimental, invitando al rey a colocar la primera piedra. Se invitaría al acto a todas las corporaciones oficiales.

2) Iluminar las fachadas del palacio de la Diputación y levantar un arco conmemorativo.

3) Colaborar con el Ayuntamiento para dar solemnidad a las funciones de gala, a las representaciones teatrales y a los toros.

Alfonso XIII con uniforme de gala, desciende del carruaje para saludar a los toreros
que intervinieron en la corrida regia celebrada el 12 de septiembre de 1903, entre ellos Luis Mazzantini,
protagonista de un brindis que primero sorprendió y después conmovió al monarca,
que le regaló un alfiler de esmeraldas y brillantes. / Archivo Editorial.

4) Dar una comida extraordinaria a los asilados en los centros de beneficencia provincial.

5) Obsequiar convenientemente a los alcaldes de los pueblos durante su estancia en la capital.

En los días siguientes la prensa continuó desgranando nuevas acerca de la febril actividad provocada por los preparativos indispensables.
Al fin, el viernes 4 de septiembre «El Norte de Castilla» se hacía eco del plan del viaje y estancia reales, presentado por el alcalde don Alfredo Queipo de Llano.
La llegada de Alfonso XIII, en tren, estaba prevista para las 16,00 horas del día 9 de septiembre. Desde la Estación del Norte el cortejo se dirigiría a la Catedral, donde se cantaría un solemne Tedeum, tras lo cual el rey saldría para el palacio de Capitanía, donde estaba prevista la recepción oficial.

Arcos de triunfo levantados en Valladolid con motivo de la visita real
en 1903. entre cuyos actos destacaba la colocación de la primera piedra de la
Granja Experimental que hoy ocupa la sede presidencial de la Junta de Castilla y León.


Por la noche la plaza de San Pablo había de ser escenario de conciertos de música a cargo de bandas militares, así como de las actuaciones de los orfeones «Pinciano» y «Castilla», sin que faltaran las dulzainas típicas de la tierra. Para el día 10 se preveía la visita a edificios públicos y monumentos de la ciudad, además de una función de gala en el Teatro Calderón. La jornada del día 11 transcurriría entre la celebración del cumpleaños de S.A.R. la Princesa de Asturias, la corrida de toros en honor del joven rey y la función nocturna de fuegos artificiales, con iluminación de la fachada de San Pablo.

Alfonso XIII firmando el acta de colocación de la primera piedra del monumento a Colón

Al fin el día 12, junto con nuevos agasajos a don Alfonso, se procedería a la inauguración de la Granja Escuela, colocando su primera piedra.
La última etapa de la estancia real, el día 13, quedaría henchida con una Misa de campaña en el paseo del Campo de Marte y la colocación de la primera piedra de un nuevo monumento, el dedicado a Cristóbal Colón. El rey emplearía la tarde en visitar Palencia. Por último, en la mañana del día 14 abandonaría la ciudad del Pisuerga rumbo a San Sebastián.
De acuerdo con las costumbres imperantes, la visita real era ocasión que merecía un esfuerzo en el terreno de las labores asistenciales y la satisfacción de las necesidades de los menesterosos. Por ello el Ayuntamiento acordó costear 2.000 raciones para los pobres de la ciudad durante los cuatro días de estancia del rey, a razón de 250 comidas y otras tantas cenas diarias. Así lo señalan, entre otras informaciones, la aparecida el día 5 en «El Norte de Castilla».
Las noticias de prensa en los días y momentos inmediatamente anteriores a la llegada de Alfonso XIII eran ricas en detalles sobre la preparación de las estancias que ocuparía su majestad, en el palacio de Capitanía, la puesta a punto de la iluminación urbana, los últimos retoques previos al acto religioso previsto en la Santa Iglesia Catedral, obsequios preparados para el rey, ofrecimientos de vajillas de plata para servicio de la familia real, recuerdos conmemorativos del acontecimiento y un largo etcétera.
Días después de la partida del monarca, el Consistorio decidió agradecer la visita regia cambiando el nombre de la popular «Acera de Recoletos», que pasaba a denominarse de «Alfonso XIII».

El Consistorio decidió agradecer la visita regia cambiando
el nombre de la popular «Acera de Recoletos», que pasaba a denominarse de «Alfonso XIII»


Abundando en el regocijo que también habían manifestado otros medios, el semanario «Castilla», una semana después de haberse despedido el monarca, seguía haciéndose eco del orgullo irrefrenable que henchía a muchos ciudadanos y autoridades:
«Ni un solo lunar ha existido en el viaje…». Incluso llega a rozar la exaltación lírica cuando, recordando el paso del rey bajo el arco levantado por la Sociedad Industrial Castellana, afirma:
«Las esbeltas chimeneas comenzaron a echar humo oloroso, que completamente parecía incienso quemado en aras del trabajo y de la virtud. El espectáculo fue verdaderamente emocionante, pues desde el Sol para abajo, todo era alegría, cariño, belleza»

6/6/11

El callejero olvidado


A Juan Agapito y Revilla se le debe la primera obra historiada sobre el callejero de Valladolid: el Nomenclator. En ella rastrea tanto el significado como la historia de las calles, cuyas denominaciones variadísimas abarcan numerosos y diversos aspectos: como el nombre de personajes, oficios varios, nombres de árboles y un largo etcétera. Sin embargo, algo que parece tan inmutable como el nombre, resulta que en el caso de las calles es de los más fútil. En este sentido, el autor censuraba el abuso que se hace al cambiar de denominación las calles “como si cada momento histórico hubiera por necesidad de dejar su impacto en el nombre de las calles”.

Ejemplar original del Nomenclator

Esta actividad se inicia sobre todo a principios del siglo XIX y luego se acentúa en la primera mitad del XX, tiempo en el que al vaivén de los acontecimientos políticos variaron el nombre de las calles dependiendo del color ganador del momento. Sirva de ejemplo la actual c/ General Almirante: durante el siglo XVI se la denominaba “calle que va a San Miguel”, para conocerse hasta el siglo XIX como “calle de la Cruz”, luego como “calle de Berruguete; en el año 1863 se la denominó “Rondilla del Cuartel de Milicias o Calle de las Milicias”. Otro ejemplo es el de la c/Cánovas: primero fue “Lorigueros”, luego “Frenería”, posteriormente “Chapinería”, “Pretineros”, “de Orates” y por último en 1863 se le da el nombre actual.


Sin duda resultaría prolijo señalar todos los nombres de cada una de las calles del Valladolid medieval y moderno, en cambio, llaman la atención algunos nombres, ya desaparecidos, por su particular significado. Por ejemplo, entre la c/Montero Calvo y la c/Alegría había un callejón denominado “del Verdugo”, por encontrarse en él la casa del “ejecutor de la Justicia”, con anterioridad debió llamarse “calle del Lobo”, y entre medias de “Caldereros”.
Como nombres curiosos la “calle de Zapico” que según Juan Agapito puede ser una corrupción de la palabra “zapito” o vasija de madera que utilizaban los pastores al ordeñar. Estaba también la “calle del Hostiero” donde se hacían hostias, y la de “Chisperos”, callejón entre c/Montero Calvo y María Guerrero, en recuerdo de las herrerías que allí estaban instaladas y que producían numerosas chispas.
En fin, “Panta rei” (Todo cambia) ya sentenciaba Heráclito en el siglo VI a. de C.

-Fuente: Historias de Valladolid. (Miguel Ángel Martín Montes). ISBN:84-95389-95-9. Extracto del artículo “El callejero olvidado”.
 
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