30/7/11

El Archivo Histórico Municipal de Valladolid


El Archivo Histórico Municipal de Valladolid se encuentra en la que fuera iglesia de San Agustín. En 1940, la iglesia y el resto del conjunto monástico se encontraban en un estado lamentable, y se llegó a plantear su demolición para construir un cuartel de intendencia. En 1942 el Ejército (al cual habían sido cedidas las instalaciones tras la Desamortización) concretó la cesión de las ruinas de San Agustín al Ayuntamiento de Valladolid, aunque ésta no se llevó a efecto hasta 1966. Desde entonces, se han barajado diferentes opciones para la recuperación de la iglesia optándose finalmente por su rehabilitación como sede del Archivo Municipal.
La iglesia es lo único que nos ha quedado de toda la instalación del convento y la que se ha rehabilitado como sede de dicho Archivo.

La iglesia de San Agustín, en estado de abandono
antes de su conversión en archivo municipal

El proyecto de obras para la rehabilitación de la Iglesia de San Agustín se aprobó en el pleno de 8 de junio de 2001. La intervención abarcó 4.303,75 metros cuadrados de los que son útiles 3.089,75 y el edificio fue inaugurado el 2 de mayo de 2003, siendo el traslado del personal el que dio inicio a las actividades, el 18 de agosto del mismo año.



Historia del Archivo
El archivo municipal conserva documentos desde la Edad Media, pero en las fuentes documentales de la ciudad no se hará referencia al “Archivo” como tal hasta el siglo XIX.
Como todos los archivos de los concejos, el antecedente de éste lo encontramos en las iglesias, en las que se reunía el concejo y al mismo tiempo se custodiaban los documentos necesarios para sus reuniones y los generados como consecuencia de éstas.

Provisión Real de Carlos I. 1549

Los documentos se guardaban en arcas con tres llaves, símbolo por el que podemos identificar a los archivos en esta época. La primera mención al Arca de la Villa la encontramos en una carta plomada de Enrique II, fechada en Alcalá de Henares el 24 de enero de 1375.
En el libro de Actas del Concejo de 1499, hallamos un acuerdo, de 4 de septiembre, por el cual el Ayuntamiento ordena que se compre un Arca nueva, que servirá tanto para guardar los documentos importantes como para almacenar los patrones de las medidas utilizadas por el Concejo.


La primera referencia de la necesidad de depositar las arcas en un edificio la podemos encontrar en 1549, en las ordenanzas de Carlos I para Valladolid, es el momento en que los documentos han aumentado su volumen y se decide destinar dos arcas para su custodia, una se conservará en el archivo de la Iglesia de San Miguel y otra, en las que se guardarán las copias y traslados de los documentos, se depositará en el edificio del Concejo.


La historia del archivo hasta el siglo XIX está íntimamente ligada a las iglesias más importantes de Valladoldi: San Pelayo, Santa María la Mayor, San Francisco y San Miguel.
Después del incendio de Valladolid de 1561, los documentos pasaron, aunque no de forma definitiva, a la Casa Consistorial. Durante los siglos XVII y XVIII, la referencia al archivo en la Casa Consistorial es permanente, pero las iglesias siguen siendo un lugar de custodia para los documentos.

La iglesia de San Agustín, en estado de abandono
antes de su conversión en archivo municipal

A principios del siglo XIX, coincidiendo con las nuevas orientaciones filosóficas y políticas, la inquietud por recuperar los papeles municipales se constata en todas las reuniones y asambleas, las cuales permiten asegurar que la dispersión de fondos municipales y por consiguiente la pérdida de documentos es un hecho que lleva al Ayuntamiento a disponer de un lugar definitivo para su depósito, intentando rescatar muchos de los que se encontraban desaparecidos.


Esta situación se mantiene hasta el 2 de mayo de 2003, fecha en la que se inaugura el actual edificio de San Agustín, destinado a custodiar los fondos del Archivo Municipal. Este nuevo edificio comienza su andadura el 18 de agosto de 2003, con el traslado del personal.

El volumen de la documentación del Archivo en la actualidad es de:
• 35.000 cajas signaturazas
• 889 legajos
• 1.000 cajas controladas por las relaciones de entrega de las oficinas
• Un fondo fotográfico de 100.000 fotografías
• La biblioteca auxiliar cuenta con:
-Monografías (derecho local, legislación, jurisprudencia, historia de Valladolid, publicaciones municipales)
-Hemeroteca con periódicos y revistas editados en Valladolid
-Diccionarios, textos legales actualizados, obras generales de consulta.

Desde el mes de julio de 2011 ya es posible consultar online a través de la web oficial del Ayuntamiento (www.valladolid.es) algo más de 300.000 documentos administrativos e históricos procedentes del Archivo municipal.

http://www10.ava.es/knosysweb/knpag?x=bbdd


ARCHIVO MUNICIPAL. IGLESIA DE SAN AGUSTÍN
C/ Santo Domingo de Guzmán 8
47003 Valladolid

Teléfono: 983363870
Fax: 983.363.869
Correo-e: sam@ava.es

Horario de atención al público
Lunes a viernes de 08,30 a 14,30

27/7/11

Valladolid en la primera Guía Michelín


En el año 1900, cuando había poco más de 3.000 automóviles circulando en Francia, los hermanos Michelin decidieron crear una pequeña guía para facilitar el viaje a los primeros conductores del siglo XX.
Aquella primera Guía Michelin, que apareció en agosto de 1900, se distribuyó de manera gratuita entre talleres y distribuidores de neumáticos, e incluía un gran número de informaciones prácticas, sobre cómo cambiar un neumático o sobre el mantenimiento del vehículo. En su prefacio, André Michelin escribió: “Esta obra aparece con el siglo y durará tanto como él”. Y no se equivocó.

Llega a España en 1910
Después de diez años de experiencia en Francia, la Guía Michelin cruza los Pirineos para guiar los viajes de españoles y portugueses. Nacía así la Guía Michelin España & Portugal, que en 164 páginas recogía información de 61 hoteles y 159 localidades de España, Portugal y Francia.
En aquellos años viajar era una aventura, sobre todo teniendo en cuenta que la gasolina se comercializaba en algunas farmacias, droguerías y talleres mecánicos.
Una anécdota significativa es que la famosa guía que hoy identificamos por el color rojo de sus tapas imprimía entonces su cubierta en color amarillo. Se editaba en español y estaba impresa en España, aunque en esa época también se conocen ediciones en francés e inglés.


En este primer número de la guía, en las páginas 130, 131 y 132, se menciona a nuestra ciudad, una ciudad que apenas superaba los 60.000 habitantes y en la que tras unas breves líneas en las que se menciona los principales monumentos se hacía especial hincapié en las distancias kilométricas que separaban a Valladolid de las principales poblaciones de la región y del resto de España, indicando cual era la carretera que convenía seguir para posteriormente mostrarnos un plano de aquella pequeña ciudad que nada se parecía a la Valladolid grande y moderna que conocemos hoy.

23/7/11

El Museo Anatómico o de Ciencias Biomédicas de Valladolid


Los primeros pasos de éste Museo, datan de finales del siglo XIX y posteriormente tuvo su esplendor en 1917 cuando se creó el Instituto Anatómico Sierra.
Este Museo es fruto de la dilatada labor docente del Departamento Anatómico vallisoletano que a lo largo de años ha ido coleccionando modelos y preparaciones anatómicas para la enseñanza. Desde finales del siglo XIX hasta nuestros días están recogidas todas las formas y tendencias representativas del cuerpo humano. Fue fundado por ilustre anatómico palentino D. Salvino Sierra y Val, quien a la vuelta de sus viajes por los principales departamentos anatómicos europeos, quiso que nuestra ciudad no tuviese nada que envidiarlos.

Busto plastinado

El Museo se encuentra actualmente situado en el pabellón anatómico de la Facultad de Medicina de la Universidad de Valladolid. Consta de dos amplias salas, una de ellas en el segundo piso del bloque central del Departamento y otra que ocupa las galerías del Anfiteatro Anatómico "López Prieto". En ellas pueden admirarse piezas en cera, cartón, escayola, arcilla, plástico, piezas naturales en diferentes técnicas de conservación y preparaciones esqueléticas. Asimismo existe una amplia colección de instrumental, tanto para la práctica como para la docencia de la disciplina anatómica.


Piezas anatómicas
Existe una extensa colección de piezas modeladas en cera que reproducen exquisitamente las direcciones hechas por los anatómicos. París, Viena, Bolonia y Madrid entre otras Universidades poseen colecciones de éste tipo. La más antigua de nuestro museo data de 1860.


Los modelos en escayolas y arcilla son también muy numerosos y son de destacar los de la colección de P. Velasco. El cartón es uno de los materiales más recientes y los que pueden contemplarse son de la casa Auzoux de París.


El plástico revolucionó las representaciones anatómicas por su manejabilidad y resistencia y en la actualidad los modelos empleados son de éste material.
En cuanto a piezas naturales, pueden verse una serie de desecaciones ostológicas, muchas de ellas de principios del S.XX. En la actualidad son completadas con parafinaciones, corrosiones, inclusiones en resina y plastinaciones.


La sección de osteología cuenta con más de 500 cráneos y 200 esqueletos con datación de edad y sexo, de gran valor antropológico. No se ha descuidado la anatomía comparada, pudiéndose contemplar una amplia serie de cráneos y esqueletos articulados a parte de los 2500 esqueletos catalogados para uso científico.


Entre los esqueletos ilustres del fondo museográfico figura el de Chu-Lin, el otrora famoso oso panda gigante del zoo de Madrid. El museo tiene firmados convenios con zoos de España para hacerse cargo de los animales cuando mueran y emplear sus restos con fines científicos y expositivos.

Instrumentos y aparatos
La tradición de la práctica anatómica en nuestra Universidad ha dado lugar a una recopilación de instrumental, donde pueden verse cajas para inyecciones, escalpelos o útiles para embalsamamientos.


La evolución del material docente puede comprobarse al contemplar desde visores de mano estereoscópicos, hasta transparencias en cristal, pasando por una amplia gama de proyectores, microscópios y preparaciones histológicas.

En una estantería del museo un bote de cristal alberga el cuerpo de una niña recién nacida con dos cabezas. Su nacimiento está datado en 1883 y sus familiares fueron conservando sus restos en formol de generación en generación hasta que alguien decidió en 1980 entregarlos al museo. "Está sentada en una silla, con una cinta que sujeta ambas cabezas", explica Francisco Pastor, profesor de Anatomía. Fuente: Norte de Castilla

Con poco más de seiscientas visitas anuales y la idea erróneamente extendida de que las instalaciones estaban casi restringidas al uso docente para alumnos de la facultad de Medicina, el hasta hace poco conocido como Museo Anatómico, ha pasado a integrarse ahora dentro del Muva (Museo de la Universidad) como espacio expositivo de las Colecciones de Ciencias Biomédicas. Ahora se le quiere dar la visibilidad que merece mediante visitas libres o concertadas con guías a través de un convenio con el Ayuntamiento. Además se le ha dotado de un servicio de vigilancia y en julio y agosto abre sus puertas de 10:00 a 14:00 y de 16:00 a 18:00 horas.
La variedad del material recopilado a lo largo de los años bien merece una visita por todos aquellos que admiren la belleza de la vida, del hombre y del arte.


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Director: J. F. Pastor Vázquez Departamento de Anatomía Humana - Facultad de Medicina C/ Ramón y Cajal, 7 - 47005 Valladolid - España Teléfono: 983 423056 - Fax: 983 423022

Entrada gratuita Lunes a viernes: 10 a 14h. y 16 a 18h. Visitas libres y concertadas.

19/7/11

La Estación de la Esperanza


Por V. Presencio Revilla
La calle de la Estación de Ariza está situada en el barrio de La Farola. Tiene una superficie de 2.055 metros cuadrados y una longitud de 211 metros. Por su zona izquierda hay una alta tapia que delimitaba la Factoría de Montaje 1 de FASA Renault, desde hace años ya solares y, enfrente, hay unas vallas de madera que delimitan un pequeño huerto y la casa del guarda de la estación. A continuación hay edificios de la estación, en piedra natural. Sus ventanas y pórticos describen un arco de medio punto.


En el andén se encuentran bancos metálicos. En el edificio que sirvió para la estancia del jefe, actualmente se ubica la Asociación Vallisoletana de Amigos del Ferrocarril (ASVAFER), creada en el año 1982.
El nombre de esta calle más bien debería de haber sido el de 'Estación de la Esperanza' que es como se la denomina, por estar próxima al Camino de la Esperanza y no de Ariza, que está situada en la localidad que su nombre indica.
La línea férrea de Valladolid a Ariza nació fruto de la idea de los gobiernos españoles de mediados del siglo XIX de conectar el este y el oeste español. Aparecieron varios proyectos, como el de Valladolid a Calatayud, Medina del Campo a Calatayud, Palencia a Calatayud y el que nos ocupa de Valladolid hasta Ariza.


Muchos avatares sufrió la línea, incluso antes de su construcción. La autorización para los estudios previos se concedió el 14 de diciembre de 1863 a Antonio Marqués. El primer proyecto se presentó en 1866. A su vez, se presentaron otras solicitudes de concesiones para líneas similares, lo que retrasó la concesión definitiva hasta 1882 al propio Antonio Marqués.
En 1883 se presentó una modificación del proyecto debida, entre otras cosas, a la construcción del Canal del Duero, que obligaba según el antiguo proyecto a más puentes que encarecían la obra. Al año siguiente, 1884, Marqués transfirió la concesión a la Compañía del Ferrocarril del Duero.


En torno al año 1884 sobreviene en España una época de penuria que obliga a solicitar a la Compañía del Ferrocarril del Duero a solicitar prórrogas a la concesión, al no haberse iniciado las obras, para evitar su caducidad. Ante la imposibilidad de la compañía de hacer frente a las obras vende la concesión al consorcio promotor de la Compañía del Norte. Aquí es cuando entran en juego las dos grandes compañías de la época: Norte y MZA (Compañía de los Ferrocarriles de Madrid, Zaragoza y Alicante).
Desde la fecha de compra por Norte, 1890, hasta la apertura definitiva de la línea, en 1895, tanto Norte como MZA negociaron de manera conjunta la compra de otras líneas para así extender sus redes. Como fin a aquellas negociaciones y contratos, Norte, que ya tenía la línea en construcción, se vio obligada a transferirla a MZA.


El 1 de enero de 1895 se inaugura la obra si bien es cierto que, durante los primeros años se mantuvieron obras de consolidación y de remate de las instalaciones.
La calle de la Estación de Ariza está situada en el barrio de la Farola y hace referencia a una línea ferroviaria de 295 kilómetros que une Valladolid con Ariza (Zaragoza) por la ribera del Duero hasta Almazán (Soria). Desde allí, por el puerto de Alentisque, entra en la cuenca del Ebro y desciende hasta Ariza, empalmando con la línea que une Madrid con Zaragoza y Barcelona, también explotada hasta 1941 por MZA.
Curiosamente, siendo Valladolid la ciudad de origen de la línea, no es la estación especifica de este ferrocarril (Valladolid-La Esperanza) el kilómetro 0 de la línea, sino que está a mitad de camino entre esta y la de Valladolid-Campo Grande, por entonces propiedad de Norte hasta la creación de Renfe.


Desde su origen esta estación no fue prevista para el servicio de viajeros, sino para el de mercancías. De hecho el proyecto del edificio principal de la estación es llamado Edificio de Empleados, en vez de Edificio de Viajeros. Además, dicho inmueble no disponía de ninguna puerta hacia la población.
Queda patente su carácter transversal, y como tal, no parece haber gozado de mucha simpatía por parte de quienes han planificado la explotación ferroviaria en este país. La línea Valladolid-Ariza ha sido uno de los testigos más desafortunados de esta política, conociendo un deterioro mayúsculo que tuvo como consecuencia serias y sucesivas restricciones de velocidad y de peso, pese a contar con un trazado muy favorable.
La infraestructura fue deficiente ya desde los inicios. Su ligero carril de 32,5 kilos, no se renovó salvo contadas excepciones, y el precario asentamiento de los raíles (balasto y tierra compactada) se degradó muchísimo.
Con estas condiciones que impedían una digna explotación comercial y unos horarios que, sobre todo al final, eran poco menos que ridículos resultaba burlesco pedirle rentabilidad a esta línea, por lo que se cerró al tráfico de viajeros en 1985 y totalmente en 1994 (aunque desde 1985 ya no pasaban casi trenes).


Actualmente, conservan tráfico de mercancías los tramos Valladolid-Apartadero de La Carrera (trenes de coches de Renault) y el Allendeduero - Aranda-Chelva - Aranda-Montecillo (trenes de contenedores de la lechera Pascual); al margen de la estación de Ariza (perteneciente al Madrid-Zaragoza) y del cruce de Coscurita (del Torralba-Soria). Al ser una línea en la que la economía de construcción predominaba, solo contó con un paso superior y cinco inferiores entre Almazán y Ariza. Los puentes metálicos, tampoco eran el punto fuerte de la infraestructura. Con los años, se resintieron por el aumento del peso del material. Durante la guerra, el tráfico de material militar obligó a reparar la mayoría. Se han construido pasos superiores de carreteras sobre la traza, sustituyendo los pasos a nivel, aun con el ferrocarril ya cerrado. En los últimos 15 años de servicio de viajeros, existían muchas limitaciones a 30 kilómetros por hora y, en el mejor de los casos, la velocidad era de 50 kilómetros por hora.


La estación sufrió numerosas modificaciones a los largo de los años para dar servicio a las numerosas industrias que se instalaron en sus alrededores, como la Azucarera Santa Victoria, fundiciones y almacenes de hierros, silos de cereal, los depósitos de CAMPSA o la antigua factoría de FASA Renault.
Desde 2007, 4 de las vías de esta estación se encuentran electrificadas para suplir la escasez de vías en la Estación de Valladolid-Campo Grande, debida a las obras de adaptación de esta última al servicio de Alta Velocidad.


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-Fuentes:
-Norte de Castilla
-http://esperandoaltren.blogspot.com
-http://ferrocarriles.wikia.com

18/7/11

El desaparecido Cine Roxy


'Valladolid cuenta con un nuevo coliseo', titulaba a toda página la imponente crónica dedicada el 4 de marzo de 1936 por EL NORTE a una «noticia altamente interesante» como era la inauguración del Cinema Roxy impulsado por los hermanos Emilio y José Lafuente -dueños de los cines Lafuente-.

Fachada del Cine Roxy el día de su inauguración

El flamante coliseo de María de Molina, entonces huérfano de edificios colindantes, contaba con los últimos adelantos de la época, un diseño modernista a cargo del «notable arquitecto Ramón Pérez Lozana» y un patio de butacas con su ya mítico anfiteatro superior con capacidad para 1.150 espectadores -150 más que ahora- en una sala.


Aquel «elegante cinematógrafo» mantiene aún hoy su espíritu original y ha celebrado su 75 aniversario el último mes de marzo. No fue un cumpleaños precisamente feliz a cinco meses vista de su cierre definitivo para reconvertir los patios de butacas en salones de juego del Casino de Castilla y León, merced al acuerdo alcanzado el 24 de noviembre de 2010 entre su actual propietario, el empresario y presidente del Atlético de Madrid, Enrique Cerezo, y los responsables del negocio ubicado en Boecillo. Afortunadamente la Junta de Castilla y León denegó finalmente en el mes de mayo el traslado, ya que, según explicó el Ejecutivo regional, la normativa actual sólo permite el cambio de ubicación dentro del mismo término municipal en el que se está autorizado.


La construcción del cine Roxy fue tal vez el mejor premio al que aspiraban los empresarios hermanos Lafuente visto los éxitos iniciales cosechados por el Cinema que llevaba su nombre.
Fue construido en 1936 por el joven y notable arquitecto Ramón Pérez Lozana.
Emplazado en la calle María de Molina, de planta rectangular sobre el que se elevan dos pisos. La arquitectura corresponde al tipo moderno. La fachada, de líneas sencillas, alteradas tan solo por una marquesina, buscando los efectos de la luz y decoración a base de grandes ventanales y artísticas vidrieras. La obra a excepción de la que por su naturaleza requería obreros especializados fue efectuada por artistas locales.


Decían los hermanos Lafuente en una entrevista concedida al diario El Norte de Castilla:
“A lo largo de la actuación en el Cinema Lafuente, hemos podido apreciar la predilección de los espectadores por las películas netamente españolas; ello nos marca la pauta a seguir en nuestro nuevo Cine, esto es: preferencia por las cintas de producción nacional, congratulándonos de poder contribuir así al mayor desarrollo y producción de esta industria en España; pero sin olvidar las grandes marcas extranjeras, de cuyas casas heremos desfilar lo más prestigioso en directores y artistas.
Aspiramos a que el Cinema Roxy, sea un espectáculo para todas las clases, ya que a todas nos debemos y a todas van siempre nuestro ferviente deseo de agradar en correspondecia a la gentil acogida que siempre han hecho, sin distinción ni matices a nuestras representaciones…”

Con la proyección de Don Quintín el Amargao de Luis Buñuel
daba comienzo la andadura de este emblemático cine.


Equipado con un aparato de proyección R.C.A. PHOTOPONE, reconocido en aquella época como lo más moderno y de calidad y sonido más fiel, hacía que el Cine Roxy pudiera codearse con los mejores del momento. La película que se proyectó en la inauguración fue “Don Quintín el amargao”.

15/7/11

Valladolid en Google Street View


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Desde finales de 2009 Valladolid ya se puede ver calle a calle en Google Street View, una herramienta más de Google y de Google Maps. Esta aplicación permite ver con todo detalle las calles de la capital en 360 grados y localizar sitios concretos con facilidad, como por ejemplo, la Calle Filipinos o la Plaza de Zorrilla.

Coche de Google Maps Street View fotografiado por mí por casualidad en la confluencia de las calles Conde Benavente y Puente Mayor en Enero de 2010

Y como no, él también me fotografió a mi (el señalado por la flechita)

A Google Street View se puede acceder desde Google Maps. Es tan sencillo como localizar en Google Maps la calle o zona que nos interese, aumentar lo sufuciente la zona que deseemos ver y hacer doble click sobre la misma. A los pocos segundos aparece una vista en 360 grados a pié de calle que podemos mover y aumentar a nuestro antojo.


12/7/11

El primer semáforo de Valladolid

Primer semáforo de Valladolid, en la calle Regalado

A mediados del siglo XX Valladolid estaba creciendo en todos los sentidos. La ciudad alcanzaba ya los 140.000 habitantes lo que se hacía notar en un espectacular incremento del parque de vehículos a motor, por encima de los 9.000 en 1957.
Aunque todavía transitaban carros de tracción animal por nuestras calles, éstas ya estaban empezando a ser tomadas por automóviles y motocicletas que inexorablemente iban a cambiar los ritmos y costumbres de una apacible ciudad provinciana. La gente estaba acostumbrada a cruzar por donde le daba la real gana y era frecuente que los chicos convirtieran la calle en improvisado campo de futbol, sin que los coches que transitaban de vez en cuando supusieran ningún peligro.
Pero en pocos años aquella tranquilidad se vio amenazada como lo acreditaba la notable subida en el número de siniestros con víctimas registrados en el casco urbano durante el año anterior, concretamente 2 muertos y 54 heridos como consecuencia de colisiones entre vehículos y 5 muertos y 77 heridos por atropellos. Esta cifras fueron consideradas alarmantes tanto por los medios informativos como por el Ayuntamiento que, al tiempo que recomendaban más cuidado y disciplina a peatones y conductores, se plantearon muy en serio la necesidad de impulsar una reordenación del tráfico. El alcalde don José González Regueral, anunció que en la segunda semana del mes de enero de 1957, una vez concluidas las fiestas navideñas, se iba a acometer la tan demandada reforma del tráfico con la implantación de discos prohibiendo todo lo que hasta entonces había estado permitido.

Aunque los semáforos se implantaron por el creciente tráfico de Valladolid, en los primeros meses
de su funcionamiento aún era posible ver imágenes tan insólitas como ésta, con un
carro girando desde la calle Regalado a Duque de la Victoria y el guardia urbano
vigilando la maniobra, como si no se fiara de la eficacia del semáforo que se ve a la izquierda

La Corporación Municipal encargó a la Sociedad Ibérica de Construcciones Eléctricas la fabricación en hierro fundido, de los postes necesarios para regular el cruce de Duque de la Victoria con General Mola y Regalado que, según los informes técnicos, era el más conflictivo. Los cronistas municipales explicaban en sus comentarios previos a la definitiva instalación las características y funcionamiento de los semáforos, como si la gente nunca hubiera visto uno, hablando del cometido de cada uno de los tres discos luminosos y de la obligatoriedad de que todos, conductores y peatones, respetaran el significado de los colores. Y por fin, en el comienzo de las ferias y fiestas de San Mateo del 57 se produjo la inauguración del primer cruce regulado por semáforos de Valladolid, con una inusual afluencia tanto de vehículos como de viandantes.
Durante los días siguientes, el diario El Norte de Castilla tuvo que hacer casi de autoescuela para explicar a los ciudadanos cómo interpretar las nuevas señales. Por ejemplo, «si hay luz roja con una flecha de dirección en verde, la circulación está permitida solamente en el sentido de la flecha, pero no continuar de frente», apreciación necesaria porque no todos los conductores sabían descifrar la complicación del mecanismo. El 6 de septiembre de 1957, el periódico informaba de que técnicos madrileños, supervisados por personal municipal, acordaron desmontar y cambiar de ubicación algunos.
El columnista Publio explicaba el 13 de diciembre de 1957 una nueva dificultad: el semáforo «obliga a la gente a permanecer unos momentos quieta, expuesta a la lluvia, si la luz está roja». El debate del tráfico, ya en 1957, era un clásico en EL NORTE, con protestas porque había coches «mal aparcados» en María de Molina o Duque de la Victoria que entorpecían el tráfico. En fin, nada nuevo bajo el sol.

-Fuentes:
-Valladolid Cotidiano (1939-1959). (José Miguel Ortega Bariego). ISBN: 84-95917-40-8
-El Norte de Castilla (23-09-2010)

9/7/11

Gustavo Martín Garzo


Nació en Valladolid en 1948. Su infancia transcurrió en Villabrágima que, junto con Medina de Rioseco, aparecen como escenario de muchas de sus novelas. Cursa Filosofía y Letras en Madrid, especializándose en psicología clínica, profesión que ha ejercido hasta hace unos años. En estos años de estudios universitarios nacen en él dos de sus grandes pasiones: el cine y la literatura.
A la crítica literaria llega de la mano de revistas como Un ángel más, de la que fue codirector con Carlos Ortega y Miguel Suárez, y El signo del gorrión, de las que además fue fundador.
Su primera novela se publica en 1986, Luz no usada, que en la actualidad considera una novela de aprendizaje. Una tienda junto al agua, su segunda novela, aparece en 1991 y obtiene en León el Premio Emilio Hurtado 1991 por su libro El amigo de las mujeres.
En 1993 publica El lenguaje de las fuentes, por el que consigue el Premio Nacional de Narrativa, que obtiene una excelente crítica y acogida en los medios literarios más exigentes, y se da a conocer a un público más amplio.
En 1995 recibe el Premio Miguel Delibes por su novela Marea oculta, ese mismo año publica La princesa manca. En 1996 aparece La vida nueva, y en 1997, cuatro textos suyos Los cuadernos del naturalista, Ña y Bel, El pequeño heredero y El pozo del alma una especie de ensayo autobiográfico. En 1999 recibe el Premio Nadal por Las historias de Marta y Fernando.


En el 2000 publica El valle de las gigantas y Una miga de pan. 2001 fue el año de El hilo azul y La soñadora, ambos recibidos con entusiasmo por crítica y público. En 2003, publica El libro de los encargos –compilación de artículos-, Pequeño manual de las madres del mundo –relatos-, y Tres cuentos de hadas –libro en la mejor tradición del cuento centroeuropeo-, con el que obtiene el Premio Nacional de Literatura infantil y Juvenil, afianzan la importancia de Gustavo Martín Garzo en la literatura en español. Sus últimos libros son: Los amores imprudentes, y Mi querida Eva, su última novela hasta el momento.
Colabora en los más importantes medios periodísticos. En el año 2003 obtuvo el Premio de la Fundación Germán Sánchez Rupérez al Fomento de la Lectura por su artículo Instrucciones para enseñar a leer a un niño, y en el 2007 el Premio 150 aniversario de El Norte de Castilla por su artículo Las colinas de Gnog.
La tendencia a sumergirse en el mundo de lo fantástico y del misterio, el gusto por el prodigio, el amor que crea y destruye, la infancia, el papel primordial de la mujer y el asombro del perpetuo descubrimiento de la literatura son los temas recurrentes de sus relatos y ensayos.
En el año 2006 ha publicado La calle del paraíso, un libro de memorias sobre Valladolid y en el 2007 El cuarto de al lado, un libro con pequeños textos que van desde el poema en prosa hasta el pequeño relato.



4/7/11

La playa de Valladolid


Sí, sí, has leído bien,"La Playa de Valladolid". Si no eres de la capital del Pisuerga debes saber que Valladolid puede presumir de ser de las pocas ciudades que a pesar de estar a 250 km del mar tiene su playita, que muchas quisieran.


Vista de la playa desde lo alto del edificio Duque de Lerma
Valladolid siempre había utilizado su río para esparcimientos lúdicos y deportivos. En el siglo XIX, los aprendices de curas ingleses del Colegio de San Albano asombraban por su destreza al patinar sobre las aguas heladas del Pisuerga, y en los albores del XX se jugó frente al Puente Mayor uno de los primeros partidos de water polo de este país protagonizado por dos equipos, el Rana y el Cangrejo.


Cerca de este escenario se instalaron poco después casetas de baños para hombres -La Carola y el Niágara- y en vista del éxito, una para mujeres -El Jordán-, que tuvo menos aceptación porque el entonces llamado sexo débil no estaba por la labor de mostrar en público sus interioridades.



Todas aquellas nostálgicas casetas de madera desaparecieron al construirse las piscinas Samoa, año 1935, pero lo que de verdad añoraba la ciudad humilde que no podía irse al Norte a pasar las vacaciones, era una playa.
Y eso fue lo que el alcalde González Regueral propuso a la Corporación Municipal, construir una pequeña playa fluvial desde las Aceñas del Batán hasta las piscinas, casa de baños incluída, que permitiera el lícito esparcimiento de las clases modestas, o sea la mayoría, durante los cálidos meses del estío.



Una idea acogida con entusiasmo por todos...menos por el Jefe Provincial de Sanidad, señor Alvarez Romero, que en un escrito del 11 de noviembre de 1949, desaconsejaba el proyecto porque y resumiendo, "los colectores del alcantarillado y el general desembocaban demasiado cerca de la ciudad".


Un año después, o se hizo caso omiso del documento o se cumplieron las recomendaciones, ya que en el verano de 1951 entró en servicio una modesta playita con los servicios que también aconsejaba Sanidad: unos vestuarios de 44 metros de longitud por 4,75 de anchura que albergaban seis cabinas para señoras, seis para caballeros, aseos, guardarropa y botiquín.


Lo mínimo para echar a andar, aunque a todas luces insuficiente para la creciente demanda de bañistas fluviales que obligó al Ayuntamiento a ampliar considerablemente esos servicios y a mejorar también la calidad y limpieza de la tierra, mezclada con pequeñas piedras que eran un martirio para aquellos tritones de agua dulce.


El nuevo edificio de la playa del Batán -esa fue su primera denominación- no solo era más espacioso sino mucho mejor dotado que el anterior. En 1953 es adjudicada la explotación de la casa de baños a un vecino de la calle Fuente el Sol, Benigno Valdés Iglesias, quien se comprometió a realizar un desembolso en género para después ponerlo en alquiler.
El Ayuntamiento autorizaba al concesionario a servir bocadillos y meriendas en la terraza del edificio, así como refrescos con los precios asignados para bares de tercera categoría. Aquella terraza con vistas a Las Moreras y al río con su recién estrenada playa tuvo mucho éxito porque el baño abría el apetito y se podía comer y beber por muy poco dinero.


En la actualidad

Así fueron transcurriendo los veranos en la playa del Batán, con guardias municipales de uniforme al acecho de algún bañista que se propasara para imponerle una multa y tener contento al concejal. Y que nadie sin saber nadar, se fuera más allá de la barrera de seguridad indicada en unos discos que avisaban de la profundidad.
Cada año la Corporación Municipal libraba una partida presupuestaria para reconstruir lo que las riadas se habían llevado por delante en invierno e ir mejorando paulatinamente la dotación de servicios, pero nunca se atrevió de verdad a afrontar el problema de limitación de espacio de la playa, acotada aguas arriba por la presa del batán y por las piscinas aguas abajo. Y cuando muchos años después se ha superado por fin esa endémica dificultad resulta que el Pisuerga está contaminado y a la gente le ha dado por irse de vacaciones al Caribe.

-Fuente: Valladolid Cotidiano (1939-1959). (José Miguel Ortega Bariego). ISBN: 84-95917-40-8




 
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