31/8/11

La Máquina Enigma en Valladolid

Máquina Enigma conservada en el Museo de la Academia de Caballería de Valladolid.
Fotografía extraída de la web Espiral Variable


Enigma era el nombre de una máquina que disponía de un mecanismo de cifrado rotatorio, que permitía usarla tanto para cifrar como para descifrar mensajes. Varios de sus modelos fueron muy utilizados en Europa desde inicios de los años 1920.
Su fama se debe a haber sido adoptada por las fuerzas militares de Alemania desde 1930. Para muchos expertos y analistas políticos la famosa máquina Enigma fue el “arma” más importante que se empleo en la II Guerra Mundial. Las ordenes e informaciones más decisivas de la contienda fueron transmitidas a través de esta máquina con el objetivo de que no fueran descifradas por el enemigo. Se dice que la Enigma provocó más victimas que la bomba atómica. Su facilidad de manejo y supuesta inviolabilidad fueron las principales razones para su amplio uso.


Su sistema de cifrado fue finalmente descubierto y la lectura de la información que contenían los mensajes supuestamente protegidos es considerado, a veces, como la causa de haber podido concluir la Segunda Guerra Mundial al menos dos años antes de lo que hubiera acaecido sin su descifrado.
Según el historiador Pastor Petit, Alemania regaló a Franco quince máquinas Enigma. Los aparatos llegaron rápidamente y se distribuyeron entre las máximas autoridades militares, quedando una de ellas en la Secretaría General de Estado y otra en el Gabinete de Cifra del Cuartel General del Generalísimo. Su funcionamiento resultó tan satisfactorio para el bando nacional que, en noviembre de 1936, se compraron diez ejemplares tipo comercial (denominadas claves mecánicas A y K).



Se estima que España poseyó alrededor de medio centenar de máquinas Enigma; de éstas, el Cuartel General del Ejército ha conservado las 26 que salieron a la luz a finales de 2008, y que han despertado la curiosidad de investigadores y expertos de todo el mundo. En la actualidad, la mayor parte de las 26 máquinas encontradas se han distribuido, a través del Instituto de Historia y Cultura Militar, a distintos museos militares de nuestro país, entre ellos el Museo de la Academia de Caballería de Valladolid.

28/8/11

El desaparecido Convento de la Santísima Trinidad

Del conjunto del convento no se conserva dibujo alguno, pero gracias a la documentación recopilada por María Antonia Fernández del Hoyo ha sido posible hacer esta reconstrucción bastante aproximada. Calculando la perspectiva desde la Plaza de Santa Ana y fiándonos del plano de Ventura Seco, podríamos tener esta vista del convento de los trinitarios si se hubiera conservado. Desde este punto no tendríamos mucho ángulo para ver la famosa espadaña de la iglesia, pero sí las torres del llamado “aposento nuevo”.
Montaje digital de Juan Carlos Urueña Paredes

El convento de la Santísima Trinidad se alzaba en la actual calle de María de Molina y era tan enorme que desde su portería, que salía a la plaza de Santa Ana, se prolongaba hasta la actual calle de los Doctrinos. Fue sin duda uno de los más grandiosos de Valladolid, comparable en empaque y extensión a los de San Benito o San Pablo.

La calle en la actualidad

Los trinitarios calzados tuvieron muy antigua fundación, debida según algunos a los reyes de Castilla sobre finales del siglo XIII. A finales del XV, la familia Zúñiga se hizo con su patronato que dotó con generosidad.

El convento según el plano de Bentura Seco de 1738. Remarcada, la situación de la portería

La iglesia del monasterio era similar en tamaño y estilo a la de San Benito y contenía como ésta un gran retablo mayor renacentista; que si el de la primera fue obra de Alonso Berruguete, éste del templo trinitario fue obra de su hijo Inocencio. Contuvo también ricas obras de arte y suntuosos sepulcros de sus patronos y protectores.

Montaje digital de Juan Carlos Urueña Paredes

Todo fue pasto de las llamas durante la guerra de la Independencia y los franceses terminaron de arrasar la mayor parte de lo que el fuego respetó. Quizá es la pérdida más lamentable del enorme patrimonio destruido en nuestra ciudad.

Aposento nuevo

Fue célebre el espectáculo de la voladura de la espadaña de la iglesia por los franceses, torre admirada por todos los que llegaron a conocerla, según el diarista Francisco Gallardo, el 13 de febrero de 1811, casi a la vez que se demolía la portería de San Francisco:

“Se derribó la torre espadaña de la iglesia que fue de trinitarios calzados. Era obra de mucho mérito por su bella arquitectura y firme construcción. Para derribarla se la dieron barrenos de fuego, y aún costó dificultad, y cuando cayó, fue entera sin desunirse piedra alguna.”

Cualquier vestigio del convento, morada del insigne Simón de Rojas, desapareció incluso de la memoria histórica de la gente.

Reconstrucción de la fachada de la portería de la Trinidad Calzada,
según el único dibujo que se conserva obra de Ventura Pérez

Pocos saben que en el terreno que hoy ocupa la calle Veinte de Febrero existió una de las iglesias más soberbias que hubo en la ciudad, y que el cine “Roxy” y el teatro “Lope de Vega” ocupan parte del solar de aquel monasterio.

-Fuente del texto y las fotografías: Rincones con Fantasma (Juan Carlos Urueña Paredes). ISBN: 84-95389-97-5


18/8/11

El profanador de Valladolid


Las investigaciones se iniciaron en 2002 a raíz del hallazgo, el día 20 de febrero de ese año, de distintos restos óseos en una capilla abandonada del barrio vallisoletano de La Overuela, en el antiguo poblado de Tafisa, que, como se pudo comprobar más tarde, pertenecían a una anciana cuyo cadáver fue profanado dos semanas antes en el cementerio del Carmen.
Los primeros trabajos de identificación se llevaron a cabo por parte de agentes de la Brigada Provincial de Policía Científica y de la Policía Municipal, quienes en enero de 2004 identificaron a Ruben H.E, el cual se llevaba adornos en forma de ángeles del cementerio de El Carmen de Valladolid. La Policía encontró en su domicilio ubicado en la calle Gavilla de Valladolid abundante material relacionado con las profanaciones de tumbas ocurridas en dicho cementerio. 'Buque', que es el mote por el que es conocido el autor de los hechos buscaba el cadáver de su abuela entre las sepulturas de el Cementerio de El Carmen y tenía antecedentes por delitos menores y perteneció a grupos radicales de extrema izquierda.











Material intervenido por la Policía en casa de Rubén H.E., en 2004.
Fotos: El día de Valladolid

La profanación de las cinco tumbas del cementerio de El Carmen de Valladolid se produjo a lo largo del mes de enero de 2004 y, posteriormente, se esparcieron parte de los restos por diferentes zonas de la ciudad, desde el río Pisuerga hasta las proximidades del camposanto, acompañados de objetos simbólicos. Aunque la intención de la Brigada de Policía Científica fue entonces la de remitir parte de unos y otros restos al Instituto Nacional de Toxicología para practicar la prueba de ADN y confirmar así si pertenecían al mismo cadáver, el de una mujer muerta hace diez años, finalmente no fue necesario practicar dicha prueba.


Bastó con la reconstrucción del esqueleto realizada en el mismo cementerio para que el juez encargado del caso dictaminara que las piezas que los profanadores dejaron en el ataud encajaban perfectamente con el cráneo, fémures, tibias y vértebras encontradas semanas después a un kilómetro de distancia, en una capilla abandonada ubicada junto a la avenida de Burgos. Los restos óseos fueron nuevamente inhumados en el cementerio de El Carmen.
Posteriormente, y en una calle próxima a la avenida de Palencia de la capital, apareció un cráneo que escondía en su interior la ficha auxiliar de un DNI y que fue abandonado junto a un triángulo de madera pintado de azul en el que figuraba la imagen de un ojo y de un símbolo similar al matemático que representa el infinito. Los restos de la calavera fueron trasladados hasta el Instituto Anatómico Forense de Valladolid con el fin proceder a su estudio. Por último, el día 18 del mismo mes se tuvo conocimiento de la profanación de otros nichos más en el recinto del mismo cementerio, después de que el torso de uno de los cadáveres fuera encontrado colgado de un árbol al otro lado de la tapia del camposanto y que otro cráneo apareciese sumergido en las aguas del río Pisuerga.


Rubén H.E. fue arrestado en febrero de 2004, entonces, por su declaración y el material hallado en su casa, se supo que se creía el dios egipcio Anubis y que pretendía resucitar a su abuela con diversos ritos para los que se surtió de restos humanos de nueve nichos.
Fue enjuiciado en noviembre de ese mismo año por el Juzgado de lo Penal 2. Debido a su enfermedad mental, se le consideró inimputable y fue absuelto penalmente, aunque la juez le impuso la obligación de recibir tratamiento durante cuatro años que, al parecer, completó satisfactoriamente con la única salvedad de que faltó a sus citas con el psiquiatra en los primeros meses, según confirmaron fuentes jurídicas. Una vez que cumplido el tratamiento, Rubén volvió a desestabilizarse y retomó las visitas nocturnas a los cementerios.



En abril de 2010 fue nuevamente detenido como presunto autor de los destrozos causados en una treintena de tumbas y nichos nuevamente en los cementerios de El Carmen y las Contiendas y por pasar pernoctando varias noches consecutivas en dichos cementerios. Fue ingresado en el Módulo Penitenciario del Hospital Clínico, por orden del juez instructor del caso. En la actualidad Rubén, está siguiendo un tratamiento en la Unidad de Rehabilitación del Psiquiátrico Doctor Villacián, una unidad abierta, pero en la que él duerme y come a diario, si bien puede entrar y salir a su antojo, según fuentes judiciales. Su evolución ha sido buena, y en la actualidad se encuentra "bastante bien".

12/8/11

Don Narciso Alonso Cortés


Narciso Alonso Cortés nació el 11 de marzo de 1875 en Valladolid, ciudad en la que residió de forma casi ininterrumpida hasta su muerte, ocurrida el 19 de mayo de 1972. En 1899 contrajo matrimonio con Victorina Fernández Vicario; de esta unión nacieron nueve hijos. Estudió Derecho y Filosofía, doctorándose muy tempranamente en ambas ramas.
Alonso Cortés fue catedrático de Literatura en el Instituto de Santander, responsabilidad que abandonaría para ocupar un puesto análogo en el de Valladolid; institución que llegó a dirigir durante doce años.











En el número 3 de la Calle Felipe II de Valladolid vivió este ilustre personaje

Don Narciso fue el primer director de la Casa de Cervantes de Valladolid y presidió el Ateneo de la ciudad, la Comisión provincial de Monumentos Historico-Artísticos y la Real Academia de Bellas Artes de la Purísima Concepción. Académico de la Lengua desde 1952, el Ayuntamiento de Valladolid lo nombró “Hijo ilustre” en 1916 y le concedió la “Medalla de Oro” de la ciudad en 1955.


Resulta muy difícil sintetizar la enorme contribución de Narciso Alonso Cortés a la historiografía, la literatura, la crítica literaria y artística y el humanismo en su sentido más amplio. Ejerció como profesor de Lengua y Literatura y colaboró –cuando no promovió- en numerosas publicaciones periódicas culturales. Su producción bibliográfica es vastísima.
Investigador infatigable y prestigioso interlocutor entre los estudiosos hispanistas de todo el mundo; biógrafo minucioso, articulista prolífico y gran especialista de la vida y la obra de José Zorrilla, Narciso Alonso Cortés y su magnífico legado bibliográfico son sin duda el legado de la casa de Zorrilla.

9/8/11

La Plaza de la Universidad


Por Joaquín Martín de Uña
La primera referencia cierta de la que sería Plaza de la Universidad, la recoge Don Matías Sangrador del documento de donación de los condes de Ansúrez a Don Salto, primer abad de la colegiata de Santa María la Mayor, por la que se entrega dicha edificación y se fijan las bases económicas para su funcionamiento. La citada institución abacial tuvo su primera sede en la iglesia de Santa María de la Antigua, que desde entonces recobró su función parroquial que aún conserva en nuestros días.


El comienzo de la actividad de la colegiata, como habitualmente sucedía en los centros de población medievales, supuso que su entorno se constituyera en el más importante lugar de la vida mercantil y social de la población y en ella se concretaron importantes actividades religiosas, mercantiles, municipales, docentes y sociales de la naciente villa.
Desde sus comienzos, el lugar se conoció como Plaza de Santa María o Plaza del Mercado, hasta que el mercado que se celebraba en el entorno de la colegiata (1248 y documentalmente probado, en 1260), comenzó a extenderse hacia la amplia zona comprendida entre las actuales Plaza Mayor, de la Fuente Dorada y de la Universidad, que fue el lugar de asentamiento de los primeros gremios artesanos, comenzando a conocerse la amplia zona como Plaza del Mercado Nuevo, denominación que con el paso de los años se transformó en Plaza del Mercado, mientras que la Plaza de Santa María comenzó a conocerse con el complemento de Plaza vieja del Mercado.


Nuestra Plaza Mayor fue la sucesora de algunos de los servicios prestados en la Plazuela de Santa María. Siendo la característica más común en las plazas mayores la presencia en las mismas de sus ayuntamientos, o casas consistoriales.
La colegiata tuvo gran trascendencia e importancia en el nacimiento de nuestra Universidad. No sólo porque en ella se estableció el primer Estudio General, sino porque durante los primeros años de existencia de los Estudios Generales y subsiguiente Universidad, en la vieja colegiata tuvieron lugar las Sesiones de Grado, así como la entrega de títulos de Doctor a los estudiantes universitarios que alcanzaban dicha categoría académica.


Tampoco fue esta plaza vallisoletana ajena a la vida judicial de la ciudad, pues en ella estuvo situado su rollo, una columna de piedra en la que un león sujetaba un banderín con el emblema del Conde Ansúrez y retenía bajo sus garras a un moro, ante el cual se daba publicidad a determinadas sentencias y disposiciones judiciales, sirviendo también de picota, junta a la cual se exponían al castigo público a los autores de determinados delitos. La fachada de la Universidad se situó en la Plazuela de Santa María en 1715, mientras durante años se conservó la primitiva puerta de entrada en la calle de las Librerías y sirvió de telón de fondo a las celebraciones universitarias, en las cuales no era extraña la celebración de corridas de toros.

Antigua puerta de entrada de la calle Librerías

Antes de que comenzara a edificarse nuestra inacabada catedral herreriana, los terrenos inmediatos a la desaparecida colegiata, estuvieron ocupados por distintas edificaciones que constituyeron las, en algún momento, llamadas Callejas de la Catedral y en una de cuyas casas (posiblemente habitadas por artesanos y profesionales relacionados con la universidad), nació el día 28 de Octubre de 1552, San Simón de Rojas, santo trinitario, cuya capilla actual en la catedral ocupa lo que fuera el solar de la casa de sus padres.
Dada la importancia histórica del nombre de la plaza, así como la tradicional defensa mariana de los vallisoletanos, resulta sorprendente su cambio debido únicamente a que la fachada de la Universidad se encuentra situada en ella.


Hasta mediados del siglo pasado todas las plazas que no fueran la Plaza Mayor, eran popularmente llamadas plazuelas, quizás por considerarla menos importantes en la vida ciudadana. El caso de la antigua Plazuela de Santa María, constituye la excepción a la regla pues sin entrar en disquisiciones sobre su superficie, tanto como eje de la vida ciudadana durante varios siglos, como su emplazamiento en ella de instituciones e historia, la vieja plazuela, lleva ventaja a la actual primera Plaza de la ciudad.

-Fuente: Paseos por la ciudad. (Joaquín Martín de Uña). ISBN:84-932336-1-7

6/8/11

La Facultad de Medicina de la Universidad de Valladolid


La Facultad de Medicina de la Universidad de Valladolid fue creada a principios del siglo XV gracias a un privilegio concedido por Enrique III de Castilla, es la primera Facultad de Medicina de España. Además de la licenciatura en Medicina, se imparten los estudios de Logopedia y Nutrición Humana y Dietética. En ella estudiaron o impartieron clase personajes ilustres como Pío del Río Hortega, Misael Bañuelos, Félix Rodríguez de la Fuente, o Salvino Sierra entre otros.

Historia
Hasta el siglo XV, la enseñanza de la Medicina en España se realizaba en el seno de los denominados Estudios Menores equiparándose con disciplinas como la alquimia, la astrología o la botánica. El 9 de junio de 1404, el rey Enrique III de Castilla concedió un privilegio real por el que se creó la cátedra de Medicina de Valladolid. Este privilegio es la prueba más antigua que atestigua el paso de los estudios de medicina desde los Estudios Menores hasta los Estudios Mayores, igualándose con otras materias como teología o leyes. Por ello, se considera que la facultad de Medicina de la Universidad de Valladolid es la más antigua de España.
No se conservan expedientes de estudiantes anteriores al año 1546. Durante el siglo XVI, las lecciones de la Facultad de Medicina se impartían en el edificio histórico de la Universidad, en las aulas situadas hacia el Corral de las Doncellas. En esta época el plan de estudios tenía una duración cuatro años, a lo largo de los cuales los alumnos tenían que demostrar que habían asistido a las actividades académicas.

Antiguo edificio de la Facultad de Medicina, del que se conserva
el pabellón anatómico, y Hospital Provincial de Valladolid.


En 1550, se creó en Valladolid la primera cátedra de Anatomía humana en España y la tercera del mundo en la que se realizaron disecciones de cadáveres humanos, bajo la dirección de Alonso Rodríguez de Guevara, para la enseñanza de esta disciplina según el método de la anatomía descriptiva de Andrés Vesalio, gracias a un permiso firmado por Carlos I de España, conservado en el Archivo General de Simancas:

«En cumplimiento de lo cual dichas universidades enviaron sus pareceres y vistos en el nuestro Consejo y porque por ellos consta que hay mucha necesidad y conviene para la salud humana que se haga la dicha anatomía, he consultado con la Serenísima Reina de Bohemia fue acordado que debíamos mandar dar esta nuestra carta por la cual damos licencia y facultad para que en los meses de Noviembre, Diciembre, Enero y Febrero de cada año se pueda hacer anatomía de un cuerpo de los que se condenasen por delitos graves a pena de muerte y se ejecutase en ellos la dicha pena, o de los que muriesen en alguno de los hospitales, cual pareciese que más conviene a los médicos de la Universidad de esa dicha villa»

Para tal efecto, se inauguró la primera sala de disección del mundo de habla hispana tal y como se recuerda en una placa de mármol blanco situada en la sala inaugurada, ya en las nuevas instalaciones construidas en el siglo XIX, por iniciativa del palentino Salvino Sierra en 1916.

Antiguo edificio de la Facultad de Medicina

En 1551 se publicó en Valladolid el primer libro de anatomía en castellano: el Libro de la anatomía del hombre de Bernardino Montaña de Monserrate. Hasta finales del siglo XVI, existían cuatro cátedras: dos vitalicias, Prima y Víspera, y dos pequeñas y no permanentes de las disciplinas de Medicina y Anatomía. En 1594 se creó la cátedra de Cirugía, por orden de Felipe II, junto con las cuatro que ya existían.


En el siglo XVII, Gaspar Bravo de Sobremonte, considerado el más celebre médico español de su época, defendió en la Facultad el nuevo modelo de circulación de la sangre de William Harvey. Hasta el año 1771 la enseñanza en la Facultad de Valladolid siguió los principios hipocráticos, usando los métodos de Galeno y Avicena. Ese mismo año se comenzaron a utilizar otras fuentes tales como Herman Boerhaave y sus discípulos de la escuela holandesa. Hasta el siglo XVIII, ser profesor de la Facultad era merecimiento suficiente como para ser designado médico de cabecera de reyes como Felipe II o Felipe III y algunos de ellos lograron una gran influencia.


Debido a la promulgación en 1807 de la ley de la reforma de la Universidad, fueron eliminadas todas las Facultades de Medicina españolas excepto las Facultades de Salamanca y Valencia. En 1808, el inicio de la Guerra de la Independencia Española y la invasión napoleónica, impidieron la puesta en vigor efectiva de la nueva ley y los estudios de Medicina en Valladolid continuaron. Con el fin de la guerra y la llegada de Fernando VII al trono, se elaboró un nuevo plan general de Universidades mediante el cual se permitía a la Universidad de Valladolid conceder la graduación en medicina. En 1827 fue añadido el nuevo ámbito de la cirugía.


En el siglo XIX, el Ministerio de Sanidad y la Diputación de Valladolid, encomendaron a Teodosio Torres el proyecto de construcción del edificio de la Facultad de Medicina y un hospital en el Prado de la Magdalena, lugar de recreo de situado al norte del casco histórico de la ciudad, limitado en su entorno por el Palacio de los Vivero, la iglesia parroquial de San Pedro, el convento de la Madre de Dios, la Iglesia de Santa María Magdalena y el Monasterio de las Huelgas Reales. El complejo se organizaba alrededor de un patio que separaba la Facultad y el hospital. Actualmente, se conserva parte del hospital, rehabilitado para usos administrativos, y el pabellón anatómico de la Facultad.


En 1845 se suspendió la enseñanza de medicina y cirugía en Valladolid y la Facultad fue trasladada a Salamanca. En 1857, el entonces Ministro de Educación, Claudio Moyano, restableció oficialmente la Facultad de Medicina de nuevo en Valladolid.
En octubre de 1889 se inauguraron las nuevas instalaciones de la Facultad en su actual emplazamiento y del Hospital Provincial. En el año 1960 se construyó el edificio del bloque central, conservándose de la antigua facultad únicamente el ala de anatomía. Asimismo se edificaron las instalaciones anexas de la Escuela Universitaria de Enfermería.


Durante los últimos años del régimen franquista, la facultad fue uno de los centros más activos del movimiento estudiantil. Las protestas y manifestaciones celebradas en aquellos años terminaron con el cierre temporal de la facultad en 1972. En 1974, los estudiantes de Medicina organizaron un recital de Raimon y un festival con la presencia de Oskorri y Elisa Serna que pese a la asistencia de 2.000 personas tuvo que ser suspendido. En 1975 como respuesta a la condena de siete estudiantes vallisoletanos, representantes de todos los centros universitarios llevaron a cabo un encierro en el Hospital Provincial que terminó con el desalojo y detención por parte de la policía. El 29 de enero del mismo año el rector de la Univeridad, el catedrático de ginecología y obstetricia José Ramón del Sol Fernández acudió a dar clase a la facultad pero se encontró con un aula vacía. A su salida de la facultad fue objeto de una lluvia de huevos lanzada por un grupo de estudiantes que le esperaban al grito de ¡Dimisión!, ¡Dimisión!. Desde el 8 de febrero y hasta el 26 de mayo de 1975 la facultad al igual que el resto de centros de la Universidad permaneció cerrado por orden ministerial en un intento de disminuir la capacidad de actuación de los movimientos estudiantiles.
El 3 de enero de 1978 se inauguró al lado de la Facultad el Hospital Clínico Universitario, sustituto del antiguo Hospital Provincial.



Descripción
El Aula Magna Pío del Río Hortega tiene aforo para 450 personas, posee asimismo tres salas de conferencias; una para 250 y otras dos para 70 personas. Cuenta con diez aulas con capacidad de 130 estudiantes y 40 sillas, una sala de conferencias para postgraduados con una capacidad de 64 personas y 6 pequeñas salas con 20 a 30 butacas.


La Biblioteca de la Facultad cuenta con más de 25000 volúmenes y posee salas de lectura para 450 personas. Existe también una hemeroteca, suscrita a más de 200 publicaciones y un sistema automático de búsqueda de información. Cuenta con una sala audiovisual con capacidad para 40 personas, un aula informática con capacidad para 30 y una clase de técnicas de emergencias para 30 estudiantes.


La Facultad posee un animalario, dirigida por un cirujano veterinario, equipado con los medios para alimentar y cuidar, según las recomendaciones de la Unión Europea, ratas, conejos, perros y cerdos.
Existen una serie Hospitales Universitarios y Asociados y centros de Salud de Valladolid en los que se desarrollan actividades docentes de la Facultad gracias a un convenio suscrito entre la Universidad y el Sacyl; el Hospital Clínico Universitario de Valladolid, el Hospital Universitario Río Hortega de Valladolid, el Hospital General Yagüe de Burgos, el Hospital del Río Carrión de Palencia, el Hospital General de Soria, el Hospital Comarcal de Medina del Campo, el Hospital de León y el Hospital General de Segovia.




Ver mapa más grande


-Fuente: Wikipedia

2/8/11

El proceso de Don Rodrigo Calderón

Don Rodrigo Calderón. (Fragmento del cuadro de Peter Paul Rubens)

El cuerpo momificado del valido del Duque de Lerma don Rodrigo Calderón descansa en el Convento de Porta Coeli de Valladolid. En este blog ya se publicó un artículo con fotografías inéditas relativo a dichos restos titulado “La Momia de Don Rodrigo Calderón”. Acerquémonos ahora a la figura de este ilustre y polémico personaje, a su vida y al proceso que le llevó al cadalso:

Por Laura García Sánchez (Historiadora)
El 21 de octubre de 1621, la plaza Mayor de Madrid amaneció en un clima de máxima expectación. Todo estaba dispuesto para que ese día fuera ejecutado Rodrigo Calderón, el ministro más odiado del pasado gobierno de Felipe III, fallecido unos meses antes. Eran muchos los que esperaban el momento en que por fin se haría justicia y se castigaría la corrupción y hasta los crímenes que había cometido quien fuera hombre de confianza del duque de Lerma, favorito de Felipe III. Pero todo el odio y el desprecio se tornaron en asombro y admiración ante el arrogante gesto y la compostura mantenidos por don Rodrigo Calderón cuando subió al patíbulo.
“Tiene más orgullo que don Rodrigo Calderón en la horca”, se diría desde entonces para referirse a quien, incluso en las circunstancias más adversas, hacía gala de una inquebrantable altanería (aunque calderón murió degollado, no ahorcado). Poetas como Góngora o el conde de Villamediana glosarían aquel episodio que encerraba una gran moraleja, la que resumía Villamediana en un cuarteto: “Éste que en la fortuna más subida/no cupo en sí, ni cupo en él su suerteº,/ viviendo pareció digno de muerte,/muriendo pareció digno en vida”.

Felipe III

Nacido en Amberes hacia 1570, hijo natural de un capitán español, la historia de don Rodrigo Calderón se vincula al gobierno de Felipe III y, más concretamente, a la figura de Francisco Gómez de Sandoval y Rojas, el famoso duque de Lerma. Gracias a su posición privilegiada como valido del rey a lo largo de veinte años, el duque de Lerma acumuló todo tipo de honores y prebendas, y supo aprovechar en su propio beneficio la autoridad que le había sido confiada.

Protegido por el favorito del rey
Tras un periodo en el que sirvió como paje en la casa del vicecanciller de Aragón, Rodrigo recaló en la del duque de Lerma, cuya confianza se ganó rápidamente por sus gentiles modos, su prestancia y su afectuosidad. Pese a la aparente timidez de Rodrigo, Lerma supo ver en él a un fiel servidor y paulatinamente le fue confiando misiones de mayor responsabilidad hasta convertirlo en su mano derecha.

El Duque de Lerma

Pero si la ayuda del duque fue inestimable en su ascenso económico y social, tampoco hay que pasar por alto que don Rodrigo supo ganarse la confianza de Felipe III, de quien fue nombrado ayuda de cámara. El cargo significó el primer paso en una carrera cortesana plena de recompensas y favores en la que alcanzó los más elevados y codiciados puestos. Se le concedieron el hábito de Santiago y la encomienda de Ocaña, recibió el condado de la Oliva y el marquesado de Siete Iglesias, fue nombrado capitán de la Guardia Alemana y sucedió el conde de Villalonga en la Secretaría de Estado. El ministro consiguió reunir en su persona todos estos honores, que antes estaban repartidos entre varios individuos.
Era inevitable que su meteórico ascenso le granjeara numerosos enemigos. Su actitud personal, altiva y poco diplomática, también lo perjudicó, especialmente en sus relaciones con la alta nobleza. Poco proclive a las visitas, trataba a los grandes señores de la corte con un manifiesto desdén, teniéndolos “lastimados por el poco caso que de ellos hacía”, según afirmaba un cronista. También se enfrentó a la camarilla de la reina Margarita de Austria, que consiguió que Felipe III lo destituyese de su cargo de ayuda de cámara. La reina murió de parto poco después, y los calumniadores acusaron a don Rodrigo de haberla envenenado.

Muerte de la Emperatriz Doña María de Austria, asistida por su hija Sor Margarita de la Cruz, acaecida el 24 de febrero de 1603, en las Descalzas Reales de Madrid (grabado por Pedro Perret hijo, 1636, B.N,. Madrid).

A fin de apaciguar los ánimos, marchó durante un año como embajador a los Países Bajos, donde fue recibido con grandes agasajos y colmado de valiosos regalos. A su vuelta siguieron las murmuraciones y censuras públicas en coplas y pasquines, azuzadas por del duque de Uceda (hijo de Lerma, pero enfrentado a éste) y por diversos religiosos. Lerma se había enriquecido, pero la indignación popular lo respetó mientras se desahogaba en don Rodrigo, considerado como el dilapidador de la economía del reino.

La caída del protector
En 1618, Felipe III, cediendo a las crecientes protestas por la mala administración del reino, despidió al duque de Lerma, que se retiró a sus tierras. Calderón quedaba ahora totalmente expuesto a sus enemigos. Algunos le aconsejaron que marchara al extranjero, pero eso hubiera supuesto reconocer su culpabilidad. “Avisos y tiempo tuvo el procesado para fugarse y poner a salvo su persona, pero prefirió someterse al fallo de las autoridades antes de confirmar, fugándose, la acusación de criminal que se le hacía”. Confiaba también en que sus títulos fueran suficiente protección. Por ello, se retiró a su casa de Valladolid.

Residencia de Don Rodrigo Calderón en Valladolid

Encarcelado en casa
Pero Calderón había calculado mal y sus rivales no cejaron hasta verlo entre rejas. En la madrugada del 19 de febrero de 1619 fue arrestado en su casa de Valladolid. En las semanas siguientes fue conducido sucesivamente al castillo de La Mota (Medina del Campo), al de Montánchez (Cáceres) y al de Santorcaz (Madrid), donde permaneció incomunicado bajo una atenta vigilancia. Posteriormente fue trasladado a Madrid, donde, con todos sus bienes confiscados, las autoridades habilitaron su casa como prisión, dividiendo la lujosa sala principal en tres compartimentos: uno para vivir, otro para ser usado a modo de oratorio y el tercero como lugar de reunión del tribunal de jueces de su causa. Dieciocho guardias se turnaban para vigilarlo.

Antes de su ejecución en Madrid. Dibujo siglo XVII

Calderón fue acusado de enriquecimiento ilícito, de diversas formas de abuso de poder –haberse servido de hechizos para manipular al rey y otras personas de la corte, haber alterado la justicia- y de haber tramado nada menos que siete homicidios, entre ellos el de la reina Margarita. Cuando llevaba un año preso se le sometió “al tormento de agua, garrote y cordeles”. Calderón admitió únicamente su participación en uno de los crímenes de los que se le acusaba. Las secuelas de la tortura fueron graves: “Quedó tan estropeado que en lo sucesivo tuvo que emplear una muletilla y una banda, donde sustentar uno de los brazos”.
Pese a ello, Calderón confiaba en que Felipe III, que le había dado tantas muestras de aprecio en el pasado, no le dejaría ir al patíbulo, y durante varios meses sus familiares creyeron que podrían obtener el perdón. Pero cuando el 31 de marzo de 1621 oyó repicar las campanas por la muerte del monarca exclamó: “El rey muerto, yo soy muerto también”. Sabía que el nuevo rey Felipe IV y, sobre todo, su valido, el conde-duque de Olivares, no lo perdonarían: con su ejecución ejemplar los dos querían mostrar el fin de una época de corrupción administrativa y la llegada de un gobierno dispuesto a restablecer el orden y la moralidad. Olivares, además, tenía contra él agravios personales, pues acusaba a Lerma y a Calderón de haberle negado el título de grande de España. La suerte del antiguo ministro estaba echada.
La sentencia no se hizo esperar. El 9 de julio se publicó el fallo. Se desestimaban algunas de las acusaciones más absurdas, como la de haber envenenado a la reina Margarita, pero se consideraban probados dos asesinatos: el del alguacil Agustín de Ávila y el de Francisco Juara. Por ello “le condenaron a que la prisión en que está sea sacado en una mula de freno y silla y le lleven por las calles públicas y le lleven a la Plaza Mayor, y en ella esté un cadalso para este efecto y en él le corten la cabeza, siendo degollado por la garganta hasta que muera de muerte natural”.

Una ejecución pública
Durante los más de tres meses que transcurrieron antes de la ejecución, Calderón impresionó a sus allegados y al pueblo en general por su fortaleza de ánimo. Arrepentido de su vida pasada, dormía en el suelo y llevaba bajo la camisa un cilicio y una cruz de púas aceradas. El 21 de octubre, a las 9 de la mañana, el alcaide de corte se presentó en su casa acompañado por setenta alguaciles a caballo y treinta a pie para llevarlo al cadalso. Antes de partir se despidió de sus antiguos criados y amigos, diciéndoles: “Señores, ahora no es tiempo de llorar, pues vamos a ver a Dios y a ejecutar su santísima voluntad”. Ya en el patíbulo rezó durante tres cuartos de hora y luego abrazó al verdugo antes de que éste lo vendara. Cuando el tajo cayó sobre su garganta, algunos creyeron oírle pronunciar por segunda vez el nombre de Jesús.


La ejecución quedó impresa en la memoria de los madrileños durante largo tiempo. Hubo pronto quien, olvidada la mala fama del reo, se preguntaba si la condena no habría sido injusta. Así lo afirmaba el cronista Monreal: “Este fin tuvo aquel poderoso magnate; si desvanecido y olvidado de su origen en la fortuna, resignado y contrito en la adversidad, quedando la duda, después de su muerte, de si en ésta tuvo más parte el odio de sus enemigos que sus propias culpas”.

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-Fuente: Historia. National Geographic. Nº 91

 
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