30/9/11

La desaparecida casa del Barco


Por Miguel Angel Pastor
La piqueta inhóspita derribó este bello edificio, en aquellos vertiginosos años de la voraz especulación inmobiliaria. La casa del Barco recibió tal apelativo por su airosa traza, como un navío anclado entre las calles Gamazo y Muro. Muy cercano, también de rasgos nobles, se alzaba el Frontón Fiesta Alegre, recinto dedicado a alguna actividad deportiva, amén de fiestas populares y circenses. Se convirtió posteriormente en la Casa Social Católica y tras muchos avatares y ocupaciones, también desapareció para siempre. La casa del Barco también conoció a muchos inquilinos. El Hotel Gredilla ocupaba una de sus plantas. Otras de ellas fueron de alquiler, alguna escuela privada y muchos estudiantes repartidos por aquellas ámplias habitaciones.


La singularidad de esta muestra arquitectónica no la redimió de su triste fin. Como la desaparición del Teatro Pradera y otros ejemplos de la indiferencia popular, nadie alzó su voz ante esta reliquia que daba prestancia a una calle céntrica que recibió el nombre de Gamazo, un hombre público, como también lo era Muro, un republicano de pro. ¿Quién puede recordar, a estas alturas, esta esquina rematada por una graciosa torrecilla? En el solar de lo que fuera casa del Barco se levantó una imporsonal edificación; bancos, compañías de seguros, despachos... El progreso, en suma.

-Fuente: 40 imágenes inolvidables. Escenas históricas de Valladolid y Provincia

27/9/11

La gruta del Campo Grande

La gruta al poco tiempo de su inauguración

La construcción de una cascada junto al estanque es una de las obras más largas de las realizadas en el Jardín histórico del Campo Grande.
Ya en el año 1879 se posibilita la creación de una montaña artificial que permitiera albergar esta cascada empleándose para ello piedra procedente del derribo de la antigua Casa Consistorial. Posteriormente se recubre dicha estructura con diferentes adornos como piedras de colores para el acuario. Durante 1880 se realizaron las primeras pruebas de funcionamiento, reconociéndose como uno de los sitios de recreo más agradables de la ciudad tras su inauguración en 1881.


Desde el principio se pensó en construir un estanque en el parque del Campo Grande, pero hasta enero de 1879 no se presentó el proyecto. Inicialmente iba a ser un cuadrado de cuarenta metros de lado, optándose luego por darle una forma más natural, acorde con el carácter paisajista del conjunto.


Construido con piedra revestida de cal viva, estaba terminado en marzo. Sin embargo faltaba un elemento esencial para completarlo: la cascada, ideada ya por Oliva pero carente de plano; su construcción sería larga y compleja.

La estructura se hizo con piedras procedentes de derribos, entre ellos de la antigua Casa Consistorial

Reconocida como una de las obras más largas de las realizadas en el Jardín histórico del Campo Grande la estructura se hizo con piedras procedentes de derribos, entre ellos de la antigua Casa Consistorial, y revestida de otras ornamentales, lo que incrementó muchísimo el peso haciendo temer su ruina. Más polémica resultó la búsqueda de las estalactitas naturales que dabían revestir el interior de la gruta.


La persona encargada de localizar una cueva natural de donde se pudiesen tomar eligió la hoy célebre de Atapuerca, en la vecina provincia de Burgos, para extraer las que consideró necesarias, pero un periódico burgalés puso el grito en el cielo acusando de vandalismo al Ayuntamiento de Valladolid.


En la actualidad, el acceso a la gruta está cerrado

El enfrentamiento con Burgos implicó a varias instituciones y no se saldó hasta que la intervención del Ministro de Fomento autorizó el traslado de las estalactitas a Valladolid, colocándose en junio de 1880. Durante ese año se realizaron las primeras pruebas de funcionamiento, reconociéndose como uno de los sitios de recreo más agradables de la ciudad tras su inauguración en 1881.

-Fuente: El Campo Grande. Un espacio para todos. ISBN: 978-84-936875


25/9/11

El Museo del Dulce de Enrique Cubero

Don Enrique Cubero Román nace en Villafrechós de Campos, provincia de Valladolid, el 6 de Abril de 1924.
Su ascendencia es confitera a la antigua usanza, en la que se trabaja el chocolate y la cera. Sus abuelos obtuvieron numerosos premios, siendo el más importante el concedido por S.M. la Reina Doña María Cristina de Austria en el año 1902, nombrándoles Proveedores de la Casa Real, así como el uso del Escudo de Armas (salvoconducto para entrar a palacio sin necesidad de pedir audiencia).
La infancia de Don Enrique transcurre dentro de la normalidad de un pueblo, y la humildad de un colegio nacional. Debido a la Guerra Civil la situación económica se agrava en todos los pueblos de Tierra de Campos.
En 1938 su familia se traslada a Valladolid, donde él comienza, con catorce años, tanto por tradición como por vocación, de aprendiz de confitería en el “Buen Gusto”, de la calle Mantería, regentada por Don Pablo Espartero, maestro que le enseñó las líneas fundamentales de la profesión.
Desde su infancia siente gran pasión por el arte, sobre todo, en la modalidad de dibujo, que trata de perfeccionar ampliando conocimientos después del trabajo en la Escuela de Artes y Oficios donde obtiene varios premios de dibujo, modelado y talla. Su gran vocación le hace documentarse a conciencia hasta el extremo de considerarse un auténtico autodidacta.
Su mayor aspiración es independizarse y establecerse por su cuenta, por lo que trabaja duramente alternando su trabajo en la confitería con campañas en las ferias, donde elabora sus productos a la vista del público.
En 1957 logra establecerse en un local muy pequeñito, acondicionado por él mismo, en la calle Conde Ansúrez, donde, con mucha ilusión y unos medios muy modestos, él en el obrador y su esposa Anselma en la tienda, consiguen atraer poco a poco una clientela que cada vez fue en aumento.


Es en 1960 cuando adquiere la confitería donde empezó su aprendizaje y a partir de aquí logra hacer ampliaciones constantes tanto de nuevos puntos de venta como de plantilla de trabajadores. Los cambios en el obrador fueron varios en su afán de buscar siempre la comodidad, la seguridad y la higiene en el trabajo.
Es en 1980 cuando abre las puertas de un nuevo establecimiento, más de mil metros cuadrados en pleno centro de la ciudad, dotado de las más modernas instalaciones de confitería, salón de te y un obrador, con la peculiaridad de trabajar a la vista del público a través de un gran mirador. Todo un reto, que marcó un hito en la historia de la confitería.
Por la gran responsabilidad de consolidar su empresa, no puede dedicarse a una de sus grandes pasiones, el arte; así que, una vez afianzado su negocio, empieza a aplicar éste en la confitería, presentándose a numerosos certámenes nacionales e internacionales y, allí donde va con sus obras, levanta la admiración de todos, lo que se traduce en una constante el tratar de superar con la siguiente obra a la anterior realizada. Toda su trayectoria profesional redunda en una serie de premios y homenajes tanto a nivel local, como nacional e internacional.


Uno de los más entrañables premios fue el que recibió en Tokio porque, mientras sonaba el Himno Nacional, se sintió muy orgulloso de ser español y dejar el pabellón de su país en el lugar más alto.
Recordaba también con mucho cariño el homenaje que le dedicaron conjuntamente el Ayuntamiento, la Diputación y la Junta de Castilla y León, por su labor de difusión de la ciudad de Valladolid y porque supuso un reconocimiento a toda su trayectoria profesional, de trabajo y esfuerzo.
Se le concedió la Medalla de Oro de la C.E.E.A.P., que es la máxima condecoración que otorga esta institución (Confederación Española de Empresarios Artesanos de Pastelería).
Está en posesión de la Insignia de Oro y Brillantes de la Asociación Provincial de Empresarios de Confitería de Valladolid.
El sueño de crear un museo para que sus obras perdurasen en el tiempo se hizo realidad el 27 de Octubre de 1994.
Con la inauguración de su museo, Cubero dio un paso más: consiguió entrar en el Libro Guiness de los Records en el año 1996 y fue un eslabón más en su cadena de éxitos porque se reconoció que su proyecto fue innovador y único; era la primera vez que alguien creaba un museo de monumentos de azúcar.


Su museo es un aliciente más para los visitantes que se acercan a Valladolid, pues en una misma sala pueden observar con detalle los monumentos más representativos, a escala, de esta ciudad.
Consideró un honor que la Cofradía Penitencial de la Sagrada Cena pensara en él para la exaltación de la Eucaristía en el tercer día de un solemne Triduo celebrado en la Catedral de Valladolid, el 4 de junio de 1994.
“Mi trabajo, como tú bien sabes, es muy dulce pero material, temporal, terrenal y por consiguiente efímero…” Así comenzó su discurso y así habló de tú a tú con Dios. Este acto fue considerado por él como una de las cosas más importantes que realizó en su vida.
Lamentablemente, sus ansias de vivir quedaron truncadas un 11 de Agosto de 1997 en la ciudad de Castellón, cuando se encontraba de vacaciones rodeado de toda su familia.
La ciudad de Valladolid le despidió con el calor y respeto que él se merecía y en su establecimiento de la calle de La Pasión se acumularon cientos de telegramas y cartas de familiares, admiradores y amigos de todas partes del mundo.


En el aire quedaba todavía su último proyecto, la portada de la Catedral de León (su obra inacabada); numerosas fotos y piezas esperan en su mesa de trabajo… Tal vez algún día, Quique, tu hijo, la termine por ti.
Cubero ha pasado a los anales de la historia de Valladolid por su dulce patrimonio artístico y porque su nombre preside desde el 25 de mayo de 1998 una de las calles de la ciudad.
La obras de arte “CUBERO” llevan un proceso de trabajo muy laborioso, determinado por el material elegido.


El chocolate es agradecido de trabajar pero requiere cierta temperatura de conservación y tiene mala vejez
El mazapán se modela bien pero al llevar frutos secos se apolilla y se enrancia.
El caramelo es dócil al tacto pero se reviene con la humedad.
Al final, “Cubero” se decantó por el pastillaje para la realización de sus obras. Es un material mucho más difícil de trabajar pero más duradero.
El pastillaje es una aleación de azúcar tamizado, clara de huevo, gelatina y glucosa.


A pesar de encontrar el material adecuado, no quiso embarcarse en realizar grandes obras sin antes observar que el azúcar no era totalmente inalterable, a pesar de su resistencia, pues se deterioraba con el humo y la polución del ambiente; problema resuelto al proteger todas sus obras en vitrinas de cristal, donde la conservación y el grado de humedad es idóneo.
Para realizar sus obras se sirve de planos originales, hace dibujos a escala y comienza a levantar paredes y ornamentos; se ayuda de numerosas fotos de tomas generales y parciales a base de teleobjetivos para no perder detalle.
En sus primeros trabajos dejó el color del azúcar en toda la obra, excepto en las puertas, las cuales teñía con cacao como si fueran de madera. Muchas horas de trabajo permitieron a “Cubero” mejorar sus obras.


Presentó la fachada de la Universidad en Valencia y marcó un hito a nivel nacional. Era la primera vez en la historia de la confitería que se conseguía imitar la piedra.
Sus imitaciones son tan perfectas que, incluso en un homenaje de la ciudad de Valladolid a Don Miguel Delibes, “Cubero” presentó una tarta con una perdiz roja reproducida en azúcar, que la misma prensa confundió con una perdiz disecada, lo que demuestra hasta qué punto logró dominar el difícil arte del pastillaje.


Ver mapa más grande


-http://confiteriascubero.com/

24/9/11

El desaparecido Cine Capitol


Hace más de 30 años que el simpático y castizo cine de la calle Panaderos cerró sus puertas sin que nadie se haya dignado a dedicarle el más mínimo recuerdo por lo mucho que supuso en los días en que no había televisión ni nada de nada en el mundo del espectáculo asequible o casero con que pasar las horas tediosas de las interminables tardes invernales. El ir a “Capi” un día a ver una película del Oeste y una comedia americana, bien pertrechados de pipas o “cacagüeses”, era una verdadera solución al problema para entretener al aburrimiento y las ganas de merendar en los tiempos del gasógeno, la cartilla de racionamiento, del riche más negro que el alma de Judas para todo el día y las labores de “picao” al cuadrado de la Tabacalera o de los “Ideales”, a los que se les llamó como suprema alabanza “caldo de gallina”.



Programas dobles con documentales de la UFA de la Segunda Guerra Mundial, con contraluces de torpedeamientos de barcos mercantes, piquetes y alambradas, bombardeos espeluznantes y lanzamientos masivos de paracaidistas alemanes desde un trimotor, fueron el “introito” de cada día como embocadura macabra de las películas que, entre el triscar de las pipas y el crugido de los “cacagüeses”, íbamos contemplando sentados en las duras butacas de Capitol, que eran un símbolo y un punto de apoyatura para el recuerdo de la dureza de la vida de aquellos días que no debíamos olvidar por la grandiosa fantasía de los salones que veíamos a través de la pantalla.


El Capitol, se inauguró en el otoño de 1931, con una película sonora, por supuesto, y hablaba en español, cosa no muy frecuente por entonces, que ustedes recordarán y que se titulaba “Su noche de bodas” y en la que hacían las delicias de los espectadores Miguel Ligero, con su proverbial gracia y simpatía, y la elegante y guapa Imperio Argentina, quien con su voz de cristal cantaba aquello de: “Recordar las dulces horas del ayer/Recordar aquella noche loca…”.
También en Capitol, puesto que teatro era, se hicieron representaciones de comedia y zarzuela, así como variedades.
Hubo también, revista en Capitol, desfilando por allí vedettes como Conchita Paez en “La pipa de oro”.
Pintado de color azul fue Capitol en sus primicias, con acomodadoras jóvenes, gentiles y agraciadas que con educación y destreza atendían al público con sus uniformes también azules y primorosamente hechos.
El Capitol quería ser el reflejo, al modo popular, del teatro Calderón. Si en el teatro Calderón se celebraban por carnavales grandes bailes de máscaras para la alta burguesía, el Capitol no se quedaba atrás y los organizaba para las clases más modestas. Pero el Calderón siempre ganaba en calidad, en cantidad y en recursos y artificios teatrales.
Poco a poco el querido cine de la castiza calle de Panaderos, se fue deteriorando como la salud de un enfermo a quien no se pone adecuado remedio hasta que el mal se hace incurable, acabando con su existencia. Nadie se acuerda de los viejos ni de lo viejo, por eso nadie nos hemos acordado del Capitol de otros días y a bullicio de su existencia jacarandosa, simpática y popular, acompaña hoy el silencio interminable del olvido.

Fuente:
-Valladolid en la nostalgia. (Angel Allué). ISBN: 84-86047-39-0
AMBITO EDICIONES
-Aire de Siglos - José Delfín Val

21/9/11

Ruta de Vinos y Tapas


Esta ruta adentra al visitante en el Valladolid histórico combinando lo mejor del patrimonio cultural de la ciudad con el enoturístico y gastronómico, herencia del pasado y de vigente actualidad.
Puede iniciarse el recorrido donde estuvo la antigua Puerta del Carmen, a través de la que entraba el vino de las tierras de Olmedo a Valladolid. Hoy este espacio se identifica con la Puerta Meridional del Campo Grande en un lateral del Centro de Recursos Turísticos de la ciudad. En esta zona y su entorno, podremos encontrar muchos bares y cafeterías, de las más modernas a las más tradicionales, donde reponer fuerzas con un buen desayuno o merienda.


Por la vecina calle de Miguel Íscar llegamos a la Plaza de España, embellecida por dos singulares fuentes. Todas las mañanas bajo su gran marquesina se instala un tradicional mercado en el que poder comprar todo tipo de frutas, verduras, hortalizas y flores. El olfato y la retina quedarán impresionados ante la gran variedad de colores y aromas. Muy cerca de aquí, en la calle Panaderos, puede visitarse uno de los mercados decimonónicos de la ciudad, el Mercado del Campillo, construido en 1880 por orden del alcalde Miguel Íscar.
Continuando por la calle Teresa Gil, en su intersección con la calle Regalado, se localizaba el Corral de Boteros, denominado así cuando aún la calle tenía salida, en el que se situaban los talleres y tiendas donde se fabricaban odres, pellejos y botas de vino de diferentes pieles.


Este camino nos lleva directamente hasta otra de las zonas más representativas de la ciudad, ya en aquella época, la Catedral y la Plaza de la Universidad, zona estudiantil por excelencia, donde en la actualidad se concentra un gran número de tabernas, bares y restaurantes donde encontrar todo tipo de pinchos y vinos. Especial importancia en esta zona adquiere la calle Paraíso y sus alrededores.
Siguiendo la ruta, iremos por la calle Angustias hasta la Plaza de San Pablo y de ahí a la Plaza de Santa Brígida, centro neurálgico de la ciudad en la época de Felipe II. Si avanzamos por la calle San Ignacio llegamos por fin al Monasterio de San Benito el Real cuya iglesia se considera uno de los templos más significativos de la ciudad de la que llama la atención su torre-pórtico proyectada por Gil de Hontañón en 1569.


En 1582 Juan de Ribero Rada había aportado las “trazas universales” para reconstruir toda la casa. El patio conocido como la hospedería alberga diferentes oficinas municipales, si bien, en otro tiempo, allí se encontraron los servicios públicos del monasterio. Éstos eran: la botica, el archivo y el banco más seguros de la ciudad junto con la bodega más importante, puesto que los benedictinos eran propietarios de grandes extensiones de viñedos. Además de monasterios como éste, también el de San Pablo o el Colegio de Santa Cruz, tenían sus propias bodegas y el privilegio de no pagar aranceles por introducir vino en la ciudad, algo obligatorio para el resto de los ciudadanos. Al lado de San Benito, se encuentra la Plaza del Val. En esta plaza se ubica otro de los principales e históricos mercados de la ciudad: el Mercado del Val, lugar donde se pueden adquirir todo tipo de productos frescos.


Desde antiguo esta zona estuvo repleta de mesones y figones que se extendían también hasta las plazas de San Miguel y de San Pablo para así dar alimento y cobijo a los muchos visitantes y mercaderes que trabajaban allí. Dicha tradición se mantiene y hoy en el entorno de este mercado, con estructura de hierro del siglo XIX, se pueden degustar algunos de los mejores vinos y viandas de Valladolid.
A partir de aquí la ruta nos conduce hasta la Plaza Mayor de la ciudad, que en origen fue Plaza de Mercado, una de cuyas aceras era conocida como Acera de la Odrería, donde lógicamente uno de los protagonistas era sin duda el vino. En los alrededores de esta plaza, se ubica la popularmente denominada “zona de vinos” por la cantidad de bares y restaurantes que en ella abren sus puertas. Posee, cada uno de ellos una especialidad gastronómica que muestra al cliente en forma de pincho o tapa. Aquí pueden degustarse alguno de los que se han alzado con el Pincho de Oro en el Concurso Provincial de Pinchos que se celebra cada año en el mes de junio. En todos estos establecimientos podremos disfrutar del maridaje del cualquier variedad de las cinco denominaciones de origen de los vinos de Valladolid con los pinchos y tapas que elaboran los diferentes profesionales del sector de la restauración.


La ruta puede finalizarse en el entorno de la calle Correos y de la calle Campanas. Tradicionalmente, estas calles estaban copadas por numerosos figones y tabernas, de los cuales alguno ya fue destacado por viajeros del siglo XIX, como “El Caballo de Troya”, establecido sobre una casa del siglo XVI. En cualquiera de los muchos bares y restaurantes de la zona puede degustarse el mejor vino junto con lo más variado de la gastronomía, los pinchos y las tapas, especialidad culinaria que ha convertido a la ciudad en un referente nacional. Se puede disfrutar de un perfecto maridaje entre cualquiera de los pinchos y los vinos de las denominaciones de Origen: Ribera de Duero, Rueda, Cigales, Toro y Tierras de León.


Esta experiencia del gusto la podremos ampliar a diferentes espacios de la ciudad que han quedado fuera de la ruta, pero presentan interesantes atractivos culinarios. Igualmente la oferta enogastronómica se amplía aún más si cabe, si nuestra visita a la ciudad coincide con el mes de septiembre con la Feria de Día o en noviembre con el Concurso Nacional de Pinchos y Tapas “Ciudad de Valladolid”. Resulta obligada referencia la sala de catas del Museo de la Ciencia, donde podremos emular a la nariz y a los paladares más selectos.

-http://www.vallatapas.es/

-Fuente: Sociedad Mixta para la Promoción del Turismo de Valladolid S.L


19/9/11

El Museo del Ferrocarril de Valladolid

Aunque el museo como tal no existe (el objetivo es crearlo), mas bien se trata de una exposición ferroviaria, lo denominaré así ya que con suerte esperemos que a medio plazo el abnegado esfuerzo de los miembros de ASVAFER de sus frutos, y además, museo suena más atractivo ¿no?
La Asociación Vallisoletana de Amigos del Ferrocarril (ASVAFER) es una asociación sin ánimo de lucro fundada en el año 1982 con el fin de fomentar la afición al ferrocarril en Valladolid, mediante exposiciones, viajes, conferencias, etc.


La Asociación actualmente cuenta con unos 90 socios, procedentes de diversos ámbitos, no siempre ferroviarios, y sus actividades principales están relacionadas con la conservación del Patrimonio Ferroviario Histórico de Valladolid, una ciudad con gran tradición ferroviaria desde que, en la década de los 60 del siglo XIX, la Compañía de los Caminos de Hierro del Norte de España decidió ubicar en ella sus Talleres Centrales. Estos talleres fueron durante un siglo el principal centro laboral de Valladolid.



ASVAFER restaura material ferroviario histórico. Ya se han rehabilitado seis locomotoras diesel de maniobras y otra eléctrica, que se hallan en perfecto orden de marcha. Otra de las restauraciones importantes ha sido la de una locomotora de vapor, aunque sólo a nivel estático.



También se han recuperado totalmente dos vagones de marcancías, un coche de viajeros y un furgón de correos. Además, se han restaurado exteriormente un automotor térmico (ferrobús). Actualmente ASVAFER tiene diversos vehículos ferroviarios en proceso de recuperación y algunos más ya adquiridos y pendientes de rehabilitar.



Las actividades de restauración se llevan a cabo en una nave cerca de la rotonda de locomotoras de la Estación de Valladolid-Campo Grande. Esta rotonda es pionera en el mundo por su forma de herradura, lo que hace de ella una pieza única de Patrimonio Histórico Industrial.


También recoge y preserva todo tipo de objetos ferroviarios como herramientas, faroles, señales, uniformes, etc. con el propósito de dar a conocer el ferrocarril y su historia. El destino final de estos objetos sería un Museo del Ferrocarril.



Anualmente, a principios de septiembre y coincidiendo con las Ferias y Fiestas de la Virgen de San Lorenzo de Valladolid, ASVAFER organiza en su Sede Social una exposición donde muestra sus actividades, como las maquetas a diferentes escalas. Esta exposición suele contar con gran éxito de público, que en alguna edición ha llegado a superar las 7.500 personas en 9 días.

Locomotora diesel rehabilitada

Otra de las actividades es la promoción del modelismo tripulado, para lo que ASVAFER dispone de material móvil con galga de 7 1/4. Este tipo de actividad está bastante extendido en muchos lugares de España y otros países.


La sede está ubicada en la antigua Estación de La Esperanza de Valladolid y los días de atención a los socios son jueves de 19 a 21 h y domingos de 12 a 14 h.
Las instalaciones se pueden visitar, previa cita. También es posible concertar visitas para grupos (colegios, etc.).



18/9/11

Despeñando toros en el Pisuerga

Dibujo de Ventura Pérez para ilustrar una copia de la "Historia de Valladolid" de Antolinez de Burgos. (Siglo XVIII). Fuente: Domus Pucelae

En el siglo XVII se puso de moda en Valladolid construir una rampa sobre el rio Pisuerga a la que se hacía subir a varios toros para dejarlos caer (despeñarlos) sobre las aguas. En el río les esperaba una abigarrada multitud que los lidiaban a nado o desde algunas barcas y posteriormente los obligaban a salir a tierra a donde se les daba muerte. El público contemplaba el espectáculo desde los jardines de la Huerta de la Ribera.
Los toboganes partían de los jardines del palacio de recreo o de verano llamado Palacio de la Ribera (hoy barrio de la Huerta del Rey), que el duque de Lerma mandó construir para Felipe III.
Lo describe Sangrador con motivo de la llegada a Valladolid del rey Felipe IV en 1660: "Al efecto se había construido contíguo al palacio una elevada rambla o pendiente de madera, cuya extremidad superior descansaba sobre las fuertes estacas clavadas en la tierra, introduciéndole la inferior en las aguas del Pisuerga. Preparado éste rápido descenso del modo conveniente se precipitaron por él algunos toros que sumergiéndose con estrépito en las aguas fueron acometidos por infinidad de valientes lidiadores, que unos desde las barcas y otros a nado, se arrojaban armados contra las fieras hasta obligarlas a salir a tierra. Multitud de gentes de a pie y a caballo provistos de rejones, lanzas y espadas les esperaban en la opuesta orilla, acometiéndoles con denodado arrojo hasta darles la muerte"

16/9/11

Timelapse "Valladolid en movimiento"


El Alcalde de Valladolid, Francisco Javier León de la Riva, la concejala de Cultura, Comercio y Turismo, Mercedes Cantalapiedra Álvarez, y el consejero Delegado de Presidencia, Fernando Rubio, presentaron el día 2 de septiembre de 2011 la proyección en el Stand de Valladolid de la 77 Feria Internacional de Muestras el video "Timelapse Valladolid en Movimiento", obra del fotógrafo Luisma Guerra, realizada con la técnica Timelapse.
Esta técnica consiste en hacer una foto o capturar una imagen cada cierto tiempo para luego, uniendo todas ellas, conseguir un efecto del paso del tiempo.
Así, el autor ha ido recogiendo imágenes tan sugerentes como la formación y el movimiento de las nubes, la caída de la noche sobre la ciudad, el transitar de sus gentes por las calles, teatros y museos, etc...
Esto le convierte en el primer " Timelapse " inédito de larga duración realizado en Valladolid con más de cincuenta escenarios diferentes para su creación y con tonos HDR, en el que se han invertido más de 1.200 horas de trabajo a lo largo de siete meses y se han necesitado más de 40.000 fotografías.




15/9/11

Los retratos del Conde Ansúrez

Retrato 1- El Conde Pedro Ansúrez (Samuel Luna)
Oleo/lienzo. 1,25x1 m. Firmado: Luna, 1898


En 1608 el Ayuntamiento encomendó a Pedro Díaz Minaya la realización de una copia del retrato que del Conde Ansúrez (retrato 2) poseía el Hospital de Santa María de Esgueva (hoy depositado por la Diputación en el salón de recepciones del Ayuntamiento) para colocarlo en las casas consistoriales.

Salón de Recepciones del Ayto. de Valladolid

Retrato 2

En 1639 el pintor Felipe Gil de Mena hizo otros dos retratos del conde y de su esposa Dª Eylo para colocarlos en la capilla mayor de la iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Antigua con el fin de perpetuar la memoria de quienes habían patrocinado su erección. El presente (Retrato 1) es una copia reducida, hecha a finales del siglo XIX, del retrato original (retrato 2) pintado posiblemente en 1606 seguramente por el mismo Pedro Díaz Minaya para el citado Hospital de Esgueva.

-Fuente: Patrimonio Artístico del Ayuntamiento de Valladolid, ISBN: 84-86808-83-9

"Una muchachita de Valladolid". Un curioso documento gráfico sobre nuestra ciudad.


Encontrar documentos audiovisuales relatívamente antiguos sobre Valladolid resulta una tarea fráncamente dificil. Una de las pocas opciones es recurrir al cine rodado en nuestra ciudad, el cual es casi inexistente. Rebuscando por ahí me decidí por "Una muchachita de Valladolid" del año 1958, una película cuyo título es más que sugerente a pesar de que solo tiene tres escenas grabadas en Valladolid. En dicho film Patricio Arnáiz, diplomático y solterón, presta sus servicios en una ciudad del noreste de Europa. Es Navidad y está solo porque su pareja actual prefiere divertirse con otros. Patricio comprende que necesita una mujer cariñosa que le cuide, y por ello vuelve a España dispuesto a encontrarla. En una procesión de Valladolid, ve a Mercedes, una chica joven y muy bonita. Mercedes caerá en sus brazos y acabaran delante del altar.



En la primera escena, la más corta de las tres, vemos al protagonista llegando a la ciudad por la antigua carretera N-620 (Burgos-Valladolid), posteriormente por la Plaza de Zorrilla con la Academia de Caballería al fondo y hospedandose en un hotel, casi con toda seguridad el actual Hotel Felipe IV. Yo erróneamente creía que se trataba del desaparecido Hotel Conde Ansúrez pero un amable seguidor del blog me ha corregido. La puerta y reja que se ve al fondo es la del jardín del entonces Ambulatorio 18 de Julio, hoy sede de la UGT, en la calle Gamazo.



En la segunda escena podemos ver el Pregón de las Siete Palabras y la procesión del Vía Crucis que discurre por la calle María de Molina, Calle Santiago y Plaza Mayor , con una toma de la citada calle María de Molina en la que podemos apreciar el gran cambio experimentado por esta vía, sobre todo la parte del Convento de las Francesas (justo en frente del cine Roxy) que en aquella época era visible desde dicha calle. Esta escena sí fue grabada desde el mencionado hotel. Es un documento muy curioso e interesante.




Finalmente, en la tercera escena podemos disfrutar de un breve recorrido por alguna de las salas (sillería de San Benito del Viejo y El Santo Entierro) y el claustro del Museo del Colegio de San Gregorio, en cuya puerta estaciona el protagonista cuando la calle Cadenas de San Gregorio todavía estaba abierta al tráfico.


12/9/11

El desaparecido Cine Castilla

En el barrio Girón, en el mismo área dotacional en la que se encontraba el colegio masculino "El Empecinado" se localizó el cine Castilla. Singular dotación para un barrio tan pequeño, permaneció activo durante muy poco tiempo. Los miembros del Teatro Corsario fueron los últimos que continuaron utilizando el cine hasta principios de 1998. La asociación de vecinos Valle Olid también hizo uso de sus locales -propiedad de la Junta desde el 12 de agosto de 1982, año en que el Ministerio de Cultura le transfirió su propiedad- hasta el año 1995. El edificio, que cuenta con unos locales de 1.892 metros, se encuentra deteriorado por las humedades, las cubiertas están en mal estado, sus fachadas ofrecen un lamentable estado de abandono y todavía quedan secuelas de vandalismo.

Edificio del antiguo Cine Castilla

El Ayuntamiento viene solicitando su cesión gratuita desde el año 1984, cuando todavía era alcalde Tomás Rodríguez Bolaños. Los diferentes titulares de la Concejalía de Cultura de los equipos de gobierno de Javier León de la Riva recogieron el testigo y, en distintas ocasiones, han mantenido conversaciones con el gobierno regional para que éste le ceda el edificio del Cine Castilla, ubicado en la avenida de los Cerros. El Ayuntamiento quiere hacerse cargo de la gestión pero pretende que antes la Junta realice los trabajos de reconstrucción.


9/9/11

La antigua casa del Portero Mayor de la Universidad


Información facilitada para este blog por Francisco Javier Medina Cuesta
En la calle Doncellas nº 7 y situada prácticamente oculta a la vista de los viandantes si no se va exprésamente a la Facultad, nos encontramos una pequeña y antigua casita que contrasta grandemente con los edificios que la rodean. Esta casa centenaria estuvo ocupada por los sucesivos Porteros Mayores (especie de responsables de lo bedeles) de la Universidad, el último, Andrés Medina Gómez, la ocupó por jubilación del anterior Portero Mayor Sr. Velasco, que la había ocupado durante unos 30 años, y este a su vez sustituyo a otro anterior y así desde su construcción, aunque no se puede asegurar que se construyera para este fin, de dar vivienda a los porteros mayores, a cambio de una cierta vigilancia de las instalaciones a horas no lectivas, pero sí se había ocupado por ellos casi desde su construcción. Como dato de interés hago constar que el Palacio de Fabio Nelli también estaba dividido en viviendas todo él, viviendas que estaban a su vez ocupadas por trabajadores de la Universidad, y así fue hasta 1960.


La casa era ya centenaria cuando la ocupó el señor Medina allá por el año 1966. Cuando falleció su esposa en 1977 continuó viviendo en ella en compañía de uno de sus hijos Francisco Javier Medina (actual director del área de informática de la UVA) y lo hizo hasta su jubilación allá por el año 1987, así que la ocupó durante 21 años.

La flecha señala la ubicación de la casa (años 70) antes de que la misma fuese prácticamente "fagocitada" por las actuales edificaciones. Foto:AMVA

Con la jubilación de Andrés Medina se acabó la ocupación de la casa por la figura del Portero Mayor y como la Universidad no podía derribar la misma, dado que era más que centenaria y según la ley no se puede, se pensó en hacer una Biblioteca, o Sala de Estudio o darle alguna funcionalidad académica o científica, pero la realidad es que esta tapiada y en un estado lamentable.



La casa constaba de 2 plantas de unos 80 m² cada una, con una escalera de madera de subida de una planta a otra, no de caracol, sino poligonal, toda ella de madera, y en tiempo bueno era un autentico sanatorio, pero muy fría en invierno. Tenia jardín por la parte de dentro todo alrededor y era una maravilla, era como vivir en un chalet en pleno centro de Valladolid. El número de gatos que había por el jardín y alrededores de lo que hoy es la Facultad de Derecho era tan enorme que no aparecían ratas por allí ni de broma (dice Francisco Javier, hijo del último portero mayor).
Por último indicar que la labor del Portero Mayor en esa casa era vigilar la zona en horas de desocupación de la Facultad y controlar luces y demás. Era obligatorio vivir allí si se quería conservar el puesto.


Ver mapa más grande

-Agradezco a Francisco Javier Medina Cuesta su amabilidad por la información facilitada.
 
Subir