8/2/12

Un ahorcado muy vivo

Todo estaba preparado en la Plaza Mayor vallisoletana, la mañana del 29 de diciembre de 1802, para ser escenario de uno de los espectáculos multitudinarios del Antiguo Régimen: una ejecución pública. El soldado Mariano Coronado había sido condenado a la horca por la autoridad militar. El capellán del Regimiento de Voluntarios fue el encargado de reconfortar su alma. Tampoco faltaron los cofrades de la Pasión, que acompañaron al reo hasta el suplicio y dispondrían su sepultura.
Ya en la Plaza, pusieron al reo bajo la bandera y le leyeron la sentencia. Después llegó al pie del suplicio donde se reconcilió. Subió al cadalso, el ejecutor le echó dos dogales y el condenado le dijo que esperara un poco, que tenía que hablar. Mandó que le rezaran dos Salves y un Credo. Cuando rezaba el capellán el Credo, el verdugo, siguiendo su oficio procedió a ejecutar la sentencia.
Al cuarto de hora, el clérigo mandó que se le bajara del cadalso y se lo entregó a la cofradía, para que organizase el entierro. Entonces tuvo lugar un hecho extraordinario:

“Cojió la caridad a el reo y le puso en el sitio que acostumbra para desde allí formar su entierro. Y a corto rato que allí se allaba quando enpezó la gente que el aorcado estaba bibo, a lo que fue tanto el concurso de gente que se juntó, que tuvo por pronta providencia la cofradía meterle en su sala”.

Refugiado en la iglesia de la cofradía, ésta le asistió hasta su restablecimiento, a la vez que envió dos comisionados para dar la noticia de lo acaecido al Capitán General que se encontraba en La Espina. Nada menos que lograrían el perdón del reo.


El reo había sido condenado a la horca y, efectivamente, había sido ahorcado, por lo que su deuda con la justicia había sido satisfecha. Ahora, que saliera vivo de dicha situación no era algo que corriera por su cuenta. Así, sorprendentemente, nuestro amigo Mariano, salio libre e “ileso” (al fin de cuentas no le habían hecho ningún daño) de aquel complicado dilema.
Pero la historia no acaba aquí, puesto que después de lo sucedido se proceso al verdugo, por considerarlo culpable de que el reo siguiera vivo (en todo sentido de la palabra). Afortunadamente para el verdugo, el juez decidió que él había hecho bien su trabajo y que la culpa del “desafortunado” (depende de donde se lo mire) hecho residía en haberlo bajado demasiado pronto de la soga.
En conclusión, Mariano Coronado había sido condenado a la horca y fue ahorcado, por lo que su deuda con la justicia estaba saldada. Ahora, si salio vivo o muerto de la horca, no era interés de nadie (excepto de Mariano, claro).

-Fuente: Frentes Avanzados de la Historia
-Fuente: Saber Historia
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1 comentario:

Jesus dijo...

Despues de saberlo, surgió el guión de "Cometieron dos errores". ;)

 
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