31/1/12

El Café Bar La Luna



En la Plaza de la Cruz Verde nos encontramos uno de los locales más emblemáticos de la ciudad, el Café Bar La Luna. Denominado originalmente Taberna El Segoviano abrió sus puertas en el año 1929 regentado por Juan Puentes y su sucesor e hijo Hortensio.





En esta fotografía del año 1995 vemos el bar La Luna cuya
fachada está prácticamente igual que en la actualidad. AMVA

Traspasado en los años 70/80? lo llevó Manolo Sánchez, padre del famoso torero homónimo y natural de Valladolid. Reformado hace unos 30 años, se cambió su nombre por el actual y desde hace unos 30 años fue Viki, la encantadora camarera quien lo regentó.











Era punto de venta anticipada de entradas de numerosos conciertos que se celebran en nuestra ciudad y un buen lugar donde tomarse tranquilamente un cafelito. Su fachada, descuidada desde hace decenios, no hacía sino darle un punto de atractivo encanto. Sería inconcebible esta Plaza sin su fuente y sin el Café Bar La Luna.

El 23 de noviembre de 2016 la junta de gobierno local dio licencia de demolición para el edificio en el que se asienta el mítico bar y contruir un nuevo bloque con nueve viviendas y locales comerciales. Sobre este bloque de principios del siglo XX no pesaba expediente de ruina alguno por parte del Consistorio, pero el Plan General de Ordenación Urbana (PGOU) tampoco contempla ningún grado de protección de su estructura, a pesar de su solera. No hay ningún impedimento legal pues para que la piqueta lo borre del mapa.
El 31 de julio de 2017, 30 años después el local cerró definitivamente sus puertas, dejando a la ciudad sin uno de sus locales más emblemáticos.


30/1/12

El Puente del Poniente


El denominado Puente del Poniente, también conocido como Puente de Vicente Mortes o Puente de González Regueral, cruza las aguas del Pisuerga para comunicar la Plaza de Poniente con la Avenida de Salamanca, pasando por la calle Vicente Mortes.

Fase de construcción


Historia
Debe uno de sus nombres (González Regueral) a don José González Regueral, alcalde de Valladolid entre 1949 y 1957, fallecido el 21 de mayo de 1987.

Estas son algunas referencias en el tiempo, de la historia del puente:
1939. El planeamiento urbanístico del Plan Cort contempla la expansión de la ciudad al otro lado del río (margen derecha), conocido como la Huerta del Rey, y aconseja la construcción de tres nuevos puentes.
1948. El Ayuntamiento de Valladolid, con el retraso lógico de las penurias de la posguerra, inicia las expropiaciones de la Huerta del Rey, y se compromete a la redacción de dos de los proyectos de puentes: El Poniente y El Cubo.
1950. Primer "Proyecto de Puente sobre el río Pisuerga en el Poniente", redactado por el ingeniero de caminos Luis Díaz Caneja, con un presupuesto de ejecución por contrata de 5.373.899,05 ptas. (lo que hoy sería 32.297,78 euros).
1953. Se realizan sondeos previos para el estudio de la cimentación.
1954. Proyecto reformado que incluye parámetros de mampostería y sillería, del ingeniero de caminos Francisco J. de Quevedo López, con un presupuesto de ejecución por contrata de 2.215.536,80 ptas. (13.315,64 euros).

Fase de construcción

1984. Redacción de un proyecto, por parte de la empresa de servicios de ingeniería EUROESTUDIOS, que contempla las actuaciones de limpieza de parámetros, renovación de juntas y acondicionamiento de sumideros.
1991. ¿Proyecto de rehabilitación?
1994. Proyecto de alumbrado público y ornamental, redactado por Luis Matilla Rodriguez, ingeniero de caminos, y por el ingeniero técnico industrial Francisco Alcón Enriques, con un presupuesto de ejecución por contrata de 5.593.100 pesetas (33.615,21 euros).



Descripción
Tres bellos arcos centrales de 25,50 metros, sobre el cauce, dos laterales en la margen izquierda, de 5,50 metros de luz, sobre un acertado paseo sobre las riberas del Pisuerga, y otro más de también 5,50 metros en la margen derecha, configuran la estampa inconfundible del que tiene el honor de ser el tercer puente construído sobre el río. Los bordes de las pilastras, las pilas y los estribos quedan revestidos (el proyecto original no lo contemplaba), por una muy cuidada sillería de perfecta escuadría.


Los nueve ligeros arcos de hormigón armado (tres por cada vano central) que sujetan el tablero, con puntales en sus laterales, conforman un conjunto estructural de ligereza y armonía, máxime cuando queda reflejado sobre las aguas.


Ver mapa más grande




27/1/12

La desaparecida Casa de la Beneficencia


En la calle de Boariza (hoy María de Molina), tuvo su primer
emplazamiento la Casa de la Beneficencia

Uno de los primeros centros asistenciales de carácter privado existentes en nuestra ciudad puede que fuera el de una institución que perdura en nuestro días: La casa de Beneficencia u Hospicio de Ancianos, como también fue conocida en sus comienzos. Fundada el día 18 de Julio de 1818 por iniciativa del que fuera Capitán General del Ejército y Reino de Castilla la Vieja, D. Carlos O'Donnell, secundado por destacadas personalidades vallisoletanas pertenecientes a la Iglesia, el Ejército y la Universidad, con una mínima representación del endeble comercio ciudadano de la época.
La intención fundacional no fue solamente debida a una iniciativa caritativa, sino que muy bien pudo estar influida por el cargo que ocupaba el promotor como presidente de la Real Chancillería y Juntas de Policía y Sanidad de Valladolid, quedando patente en el discurso pronunciado por el fundador en la constitución de la asociación, manifestado "en términos sencillos y escuetos" al expresar que fueron objeto de la fundación. "El piadoso y necesario de evitar la miseria y la exposición de la salud pública por la aglomeración de pobres de la ciudad, como de fuera, que se reúnen a implorar la caridad pública, dejando en los sitios en que se reúnen, miasmas suficientes a originar una epidemia que exige un pronto remedio",considerando que cualquiera que quisiera permanecer en la ciudad "justificando legítima causa y absoluta pobreza, se le corrigiese con prohibición de pedir en público", en cuyo socorro debían "ser preferidos los naturales (de la ciudad) con la misma prohibición".


El primer acuerdo adoptado por la Junta Rectora, después de su constitución, fue "dirigir un prospecto al público", exponiendo el objeto de la misma, invitando al señalamiento de "ofrendas voluntarias" (donativos) para dar comienzo a la ejecución del proyecto. El día 20 del mismo mes de su fundación se publicó el referido proyecto, que según Moisés Carballo de la Fuente (Presidente de la Casa de Beneficencia en 1918), autor de una Memoria Histórica de la Casa de Beneficencia, se parecía más a un bando de suspensión de garantías que "requerimiento a mover voluntades reacias y contribuir voluntariamente". Dicho prospecto fue especialmente remitido a 23 conventos de religiosos varones, así como a los monasterios de religiosas de las Huelgas Reales y de las Comendadoras de Santiago. El Cabildo Catedral, el claustro universitario y la Real Chancillería, colaboraron más tarde en la ayuda del centro benéfico, dentro de las posibilidades que su escasez de recursos las permitía.
El día 17 de agosto de 1818 José Milla Fernández, al que se había encomendado la búsqueda de un local donde poder albergar los pobres tutelados por la recién constituida Junta de Beneficencia, notificaba que la casa que serviría de asilo a los menesterosos, era la señalada con el número 18 de la calle Boariza (hoy de María de Molina), donde se habían instalado veintitrés camas "y demás utensilios necesarios".
Poco más tarde se constituye la junta directiva del centro, que ofició al gobernador de las Salas del Crimen para que insinuase a los señores alcaldes de Cuartel y al mismo Alcalde Mayor, para que se recogieran y llevaran a la Casa Socorro a todos los pobres que se hallaran mendigando y se prohibiera terminantemente la mendicidad pública.
Dados los múltiples problemas iniciales, las reuniones de la Junta eran muy frecuentes para tratar de su resolución consensuada. De entre todos aquellas acuerdos destaca la draconiana resolución de suprimir los socorros a los necesitados que mendigasen en la vía pública y solicitar de las autoridades que se les redujeran en la Cárcel, donde serían alimentados por cuenta de la Junta.
En estos difíciles años lastrados por la penuria económica de la Guerra de Independencia, la mayoría de las ayudas lo eran en especie, ocupando un lugar importante entre ellas el reparto de comida en conventos y cuarteles, así como la organización de corridas de toros, funciones de fuegos artificiales, rifas y cuantas ideas pudieran procurar fondos o bienes destinados a los asilados.











En 1840, la Casa de Beneficencia adquirió la casa número
15 de la Plaza de Chancillería (hoy de San Pedro)

Pese a todo el número de acogidos fue creciendo hasta el número de cuarenta, lo que determinó su traslado al convento de los P.P. Capuchinos, quienes caritativamente acogieron a mendigos e impedidos. Ante el continuo aumento de las necesidades asistenciales, la Junta acudió a las autoridades gubernativas y municipales, que utilizaron los reducidos medios a su alcance para atender dicha solicitud. El rey Fernando VII aprobó el 23 de enero de 1819 la fundación de la Casa de Beneficencia, sin que tan señalado reconocimiento tuviera efectos inmediatos.
En 1840, y para acoger el gran número de menesterosos que solicitaban su ingreso en la asociación, la Casa de Beneficencia adquirió la casa número 15 de la Plaza de Chancillería (hoy de San Pedro) establecimiento que ocuparon con una exigua inversión económica, mínima para conseguir cubrir sus apremiantes necesidades. Siguieron años duros para la caritativa institución, inmersa en una gran crisis repleta de deudas y de aumento de las necesidades a cubrir, situación que comenzó a mejorar a partir del año 1850.

Fuente: El Norte de Castilla (4 de febrero de 2001) - Joaquín Martín de Uña

25/1/12

Nuevo callejero de Valladolid


El Ayuntamiento de Valladolid ha publicado un nuevo callejero municipal, cuatro años después de la anterior publicación fechada en 2008, con una tirada de cerca de 12.000 ejemplares, un precio que aumenta de dos a tres euros y con un índice en el que se incluyen 124 nuevas calles.
El alcalde de Valladolid, Francisco Javier León de la Riva, presentó la publicación acompañado por el director territorial de Caja España-Duero, José Ramón Solís, ya que la entidad colabora con la publicación tomando el relevo de Caja Duero, que ha colaborado en los anteriores callejeros desde 2001.
Esta publicación, que sustituye a la editada en 2008, incorpora 124 nuevas vías públicas distribuidas por distintas zonas de nueva urbanización de la capital que, como ha explicado el alcalde, corresponden a nuevos desarrollos urbanísticos de los últimos años.
Así, las calles de nueva designación se han agrupado en campos léxicos como las embarcaciones en La Galera, jardines famosos en Los Viveros, y parques nacionales en Industrial Jalón, mientras que en la zona de Arcas Reales se ha identificado las vías con la numeración de estas antiguas estructuras ubicadas en la zona sur del término municipal. Mientras tanto, algunas nuevas calles de La Mangladilla, en Puente Duero, han recibido nombres de diversos personajes.
León de la Riva ha destacado el trabajo del Centro de Información Geográfica del Ayuntamiento para elaborar esta nueva publicación, que cuenta con 228 páginas en las que se recogen las en torno a 1.600 calles que conforman el entramado urbano así como información actualizada sobre más de 3.000 edificios y dotaciones públicas.
El precio del callejero ha pasado de dos a tres euros, un incremento que León de la Riva ha justificado en que, desde la primera edición de 2001, se ha duplicado con creces el volumen del mismo --de 103 a 228 páginas--. También ha apuntado que el Consistorio no quiere hacer "competencia desleal" a otras publicaciones similares editadas por empresas privadas.
El primer edil ha indicado que la tirada será mayor que en anteriores callejeros --11.750 ejemplares-- debido a que se ha negociado un precio "más ajustado" con la imprenta. "Como ahora hay menos gente que les pida encargos, se puede apretar más y obtener mejores tarifas", ha explicado el regidor.
El callejero ha añadido información planimétrica de 1.700 hectáreas del término, y de 23 nuevos kilómetros de la red de carril bici, que suma en total algo más de 80. Los cambios y actualizaciones recogidos en papel están a disposición de los ciudadanos en la página web municipal desde hace tiempo, ya que la cartografía digital se renueva de forma periódica.



CURIOSIDADES
En la presentación, el alcalde ha señalado que el nuevo callejero "es un artículo de primera necesidad para gran parte de la ciudadanía, ya sea por razones de trabajo --como para los taxistas o los periodistas-- o de mera curiosidad".
Como curiosidades, entre las calles de nueva designación figuran las dedicadas al Padre Bernardo de Hoyos --recientemente beatificado--, a Baden Powell -fundador del movimiento Scout--, a Bernardo Rodríguez Marinas --maestro herrador vallisoletano que se formó en Francia como primer veterinario reconocido en España, a finales del siglo XVIII--, y al jesuita Ventura Alonso, vinculado al barrio de La Pilarica.
También se destacan las vías dedicadas al astrofísico Carlos Sánchez Magro; a los pintores Elvira Medina, Juan Antonio Morales y Gabino Gaona; al párroco de San Andrés, Domicio Cuadrado; a Santa Joaquina de Vedruna, y al dramaturgo Pedro Calvo Asensio, natural de Mota del Marqués, así como el ex alcalde de la década de los 70, Santiago López, y al escritor Francisco Umbral, fallecidos ambos en 2007.
También se ha incorporado en los últimos años la calle dedicada al ginecólogo y ex rector de la Universidad médico José Ramón del Sol, que en su momento suscitó polémica por su papel en el cierre de la Institución académica en el curso 1974-1975. No obstante, el alcalde ha matizado que, a su juicio, fueron el ministro franquistas Cruz Martínez Esteruelas y el subsecretario Fedrico Mayor Zaragoza quienes dieron la orden.
"Yo estaba en su despacho en el momento en el que cogió el teléfono y recibió la orden, por lo que el que diga que Del Sol cerró la Universidad o no conoce la historia o falta a la verdad", ha aseverado antes de matizar que, en todo caso, la calle se ha nombrado con el título de profesor y no de rector.

-Fuente: El dia de Valladolid

23/1/12

El programa Tiempo de Viajar nos muestra el Valladolid de las leyendas




Todas las semanas Castilla y León Televisión, de la mano de Esperanza Dominguez nos ofrece un interesante programa llamado Tiempo de Viajar en el que nos propone disfrutar de los rincones más singulares de la geografía española y conocer desde casa las tradiciones, la gastronomía, las señas de indentidad y los secretos mejor guardados de cada lugar.
En esta ocasión, nos muestra un recorrido por la ciudad de Valladolid, centrándose principalmente en las leyendas, muchas de ellas desconocidas, sucedidas en la capital del Pisuerga. Nos os lo perdais.



21/1/12

El viaje olvidado; El primer vehículo de tracción mecánica que circuló por las carreteras españolas


El primer vehículo de tracción mecánica que circuló por las carreteras españolas lo hizo en Valladolid en el año 1861. Se le bautizó con el nombre de “Castilla” y se construyó en Londres, bajo planos del ingeniero Pedro Ribera. Era claro, un vehículo a vapor, ya que en aquellos años todavía no se había inventado el motor de explosión.
Vino desmontado a Valladolid en el otoño de 1860 para hacer un viaje experimental sobre aquellos viejos caminos tan machacados por diligencias y coches de caballos, entre Valladolid y Madrid. La distancia se las traía. Era, pues, una prueba muy seria en la que la dificultad no sólo estaba en la distancia, sino en el suministro necesario para mantener la caldera con vapor y en los puertos de montaña que habría que cruzar con arrojo.
Suponemos que lo que Ribera pretendía era ofrecer a la industria del transporte unas ventajas superiores a las que ofrecía el tren (la primera línea es de 1848) y el tiro de sangre por los caminos.
Este aparatoso automóvil que se movía a vapor, se desplazaba a seis millas por hora, podía arrastrar 20 toneladas y necesitaba quemar 47 kg de carbón en una hora para no pararse. Llegó a Madrid pasados y vencidos aquellos dieciocho y días y 250 kilómetros desde su salida de Valladolid; y el 6 de marzo de 1861 el periódico “La Correspondencia de España” publicaba la noticia para que toda España se enterara de la hazaña.


 No tiene desperdicio la reseña aparecida el día 6 de marzo de 1861: “Esta tarde ha recorrido las calles de Madrid, la locomotora que procedente de Valladolid vino hace días a la corte para demostrar la facilidad con que, movida por el vapor, recorre los caminos y sube las cuestas. A las cuatro de la tarde ha salido de un parador situado a las afueras, más allá del Puente de Toledo, ha penetrado en Madrid por la puerta de San Vicente, ha pasado dos veces por delante del Real Palacio para que lo examinara S.M La Reina (Isabel II), que estaba asomada a uno de los balcones, y después ha atravesado Madrid desde el arco de Palacio hasta el Prado por la calle Mayor y de Alcalá. Por lo que hemos podido observar la máquina va dirigida por tres hombres que van en un tender delante de ella y tiene ruedas de media vara de ancho. La autoridad tomó algunas precauciones y la prueba se ha hecho con toda felicidad”.
Debemos considerar al “Castilla” como el precursor del automóvil y nuevamente es nuestra ciudad testigo de un hecho histórico tristemente olvidado.

-Fuente: Historias notorias de Valladolid – José Delfín del Val (ISBN-978-84-938164-5-2)

19/1/12

La biblioteca del Conde de Gondomar

Don Diego Sarmiento de Acuña (Conde de Gondomar)

Por José Delfín Val
En el Palacio del Conde de Gondomar hubo una gran biblioteca que el conde había reunido durante sus años de embajador de Felipe III en Alemania, Francia e Inglaterra.
Los historiadores de Valladolid, que citaban esta biblioteca particular como un depósito cultural inmenso, valioso e irrepetible, coinciden en afirmar que el número de libros reunidos, en la que hoy conocemos como “Casa del Sol”, podría alcanzar la cifra de 15.000 ejemplares. Todos los fue adquiriendo y pagando de su bolsa (de la que cuentan que nunca se vaciaba) el culto Don Diego Sarmiento de Acuña, conde de Gondomar.
Debió ser el conde un hombre serio, de aplomo, conspicuo y circunspecto, a juzgar por el retrato suyo que se conserva en el Ministerio de Asuntos Exteriores, en Madrid. Fue nombrado regidor perpetuo de Valladolid después de haber sido Corregidor en el difícil año de 1602, año de implantación de la corte en nuestra ciudad.
De aquella gran biblioteca desaparecida de Valladolid hicieron elogiosos comentarios dos de nuestros historiadores más serios, Antolinez de Burgos y Canesi. Recurro a Jesús Urrea, quien en su libro Arquitectura y Nobleza. Casas y Palacios de Valladolid reúne las opiniones de ambos historiadores en un significativo párrafo al que se nos van los ojos, llorosos, porque dejamos perder tan valioso tesoro.

Palacio del Conde de Gondomar (Casa del Sol)

En síntesis, la colección de libros del conde de Gondomar estaba formada por libros “de todas facultades y lenguas, recogidos por los más esmerados y eruditos de aquella edad en España, Flandes, Francia, Alemania e Inglaterra; en que gastó muchos reales, unos de materia de Estado y otros de observaciones para todo género de contingencias de paz y guerra y muchos papeles escogidos de grande discreción y doctrina, y todos están colocados en cuatro piezas dilatadas con diez hileras de estantes cada una, sin que se descubra blanco en las paredes con ser muy altas, la una se compone de libros manuscritos, de rara curiosidad de doctrinas y experiencias políticas, y las otras tres de todo género de libros, todo señal de su gran gusto, talento y universal inteligencia, joya de gran valor por ser de las más nuevas impresiones y mucha curiosidad…”



En 1785 el heredero del título y mayorazgo de los condes de Gondomar, marqués de Malpica, cedió la biblioteca a Carlos IV. Hoy los libros y manuscritos de la citada biblioteca se encuentran repartidos entre la Academia de la Historia, la Biblioteca Nacional y la Bibliteca del Palacio Real, sobre todo en esta última.

17/1/12

Manuel Gago, el vallisoletano creador de El Guerrero del Antifaz

Manuel Gago García (Valladolid, 7 de marzo de 1925 - Valencia, 29 de diciembre de 1980) fue un guionista y dibujante de historietas español, creador de El Guerrero del Antifaz, entre otras muchas series.
Nació en 1925 en Valladolid, pero pasó su infancia entre Madrid y Albacete. Publicó su primer tebeo, El Espíritu de la Selva, en la editorial Hispano Americana, a los diecisiete años, en 1942. Poco después comenzó a trabajar para Editorial Valenciana, con las series Niño Gonzalo y Richard y Bakutu.
En 1944 publicó, también para Valenciana, la primera historieta del personaje que le daría la fama, El Guerrero del Antifaz, serie de aventuras ambientada en la España de los Reyes Católicos e inspirada en una novela de Rafael Pérez y Pérez. Los guiones de El Guerrero del Antifaz fueron realizados por el propio Gago, su hermano Pablo y su cuñado Pedro Quesada. La serie tuvo pronto un gran éxito y se publicó ininterrumpidamente, en cuadernos independientes, hasta 1966, llegando a alcanzar tiradas de 200.000 ejemplares.
Al tiempo que desarrollaba las aventuras de El Guerrero del Antifaz, Gago creó nuevos tebeos, como La pandilla de los siete (1945) y El Pequeño Luchador (1945 - 1956). El segundo, ambientado en el Lejano Oeste, tuvo también un gran éxito.


En 1946 Gago, que trabajaba casi en exclusiva para Editorial Valenciana, se trasladó definitivamente a Valencia. Otra serie de éxito que produjo por esas fechas es Purk, el hombre de piedra (1950-1957), ambientada en la prehistoria, con guiones de su hermano, Pablo Gago.
En 1950, sin dejar de trabajar para Valenciana, creó una empresa propia, junto a sus hermanos Pablo y Luis: la efímera Editorial Garga, para la que realizó varios tebeos de aventuras. Tras el fracaso del proyecto, inició con su padre la Editorial Maga, en la que trabajarían, además de él mismo, dibujantes como José Ortiz, Luis Bermejo, Pedro Quesada o Eustaquio Segrellles, entre muchos otros.

Para Maga, realizó, entre otras muchas, las siguientes aventuras: El pistolero justiciero (1951), El as de espadas (1954), El defensor de la cruz (1954), El capitán España (1955), El paladín audaz (1957), Puño de hierro (1957), El Aguilucho (1959), 'El cruzado negro (1961); al mismo tiempo, además de El Guerrero del Antifaz, desarrollaba otras series para Editorial Valenciana, como El guerrillero audaz (1962), e incluso trabajó para Bruguera, con El mosquetero azul (1962), con guiones de Francisco González Ledesma.

El pistolero justiciero

En 1966 optó por retirarse del mundo del tebeo, con más de 27.000 páginas dibujadas a sus espaldas; sin embargo, a partir de 1973 volvió a colaborar con Editorial Valenciana, y, en 1978, a causa del éxito de una reedición de las historietas del personaje, comenzó a publicar las Nuevas Aventuras del Guerrero del Antifaz, en formato vertical y en color, de las que llegaron a aparecer 110 números, quedando inconclusas por su fallecimiento el 29 de diciembre de 1980.


-Fuente: Wikipedia

15/1/12

Prohibido holgazanear y llevar bigote.


Aquí os muestro dos curiosos bandos publicados a mediados del siglo XIX en nuestra ciudad. Uno, de Mariano Campesino, alcalde primero, en el que se muestra decidido a mantener, de manera firme e inexorable, el orden público y a corregir los males que ofendan la buena moral de la sociedad. El otro, visto desde la perspectiva actual bastante gracioso, publicado por el también alcalde Pelayo Cabeza de Vaca y conocido vulgarmente como de los bigotes, en el que se prohibía usar bigote y otros distintivos militares sin pertenecer al Ejército ni a la Milicia Nacional.


Y algunos se quejan ahora de la falta de derechos y la dureza de las leyes. Eran otros tiempos, cuando Valladolid era un emporio militar. Ahora es otro cantar.

12/1/12

El monumento a José Zorrilla


Fallecido José Zorrilla el 23 de enero de 1893 el Ateneo de Madrid lanzó la idea de erigir en Valladolid un monumento que perpetuara la gloria del poeta, realizándose una subscripción nacional. Se anunció un concurso, que fue dirigido por figuras muy representativas de las letras y las artes.
Inmediatamente comienzan a recibirse propuestas y ofrecimientos de varios escultores para realizar dicha obra. Tras alguna duda se decide convocar concurso firmando las bases en marzo de 1899 con un presupuesto de 23.366 pesetas.




Se presentaron al concurso seis proyectos eligiéndose por unanimidad el de D. Aurelio Carretero, escultor riosecano que también intervino en obras tales como el proyecto de Vallisoletanos ilustres y en el estudio de la estatua del Conde Ansúrez.
Del proyecto sobre Zorrilla hay que destacar la composición monumental del conjunto y la bella apostura de la estatua. El pedestal tenía primitivamente dos cuerpos y zócalo, en la actualidad posee uno más, añadido en 1929 con trazas de Agapito y Revilla. Todo él parece piedra caliza excepto el zócalo que es de granito.


En cuerpo superior es un cono truncado coronado con friso y una especie de capitel circular, en éste hay ocho florecillas de bronce que lo decoran, en el friso una inscripción donde se lee “Al poeta Zorrilla”. El segundo cuerpo es una pirámide truncada con un saliente en la parte que da a la calle Santiago donde va sentada la estatua de la Poesía; ésta es también de bronce y va simbolizada por una doncella con alas de mariposa, lleva en una mano una lira y con la otra adelanta el pabellón de la oreja en actitud, un tanto anecdótica, de oir recitar al poeta; la figura viste una túnica griega que le cae en suaves pliegues, toda ella está bien modelada.

Preparando los cimientos para la estatua de Zorrilla.

En este cuerpo está también el escudo de Valladolid y algunas inscripciones: en el derecho una placa de bronce que dice: “Nació en Valladolid 21 febrero MDCCCXVIII. Murió en Madrid 23 enero MDCCCXCIII”; en la parte posterior: “Erigióse este monumento en virtud de suscripción nacional iniciada por el Ateneo Científico, Literario y Artístico de Madrid. Año MCM”.

Día de la inauguración

Aunque ha habido algunos cambios, la estatua está hoy con arreglo a su concepción primitiva. Zorrilla está mirando hacia la ciudad. Recita; por eso sostiene un pliego en una mano y con la otra parece modular la palabra. Viste conforme a su época. Lleva levita y abrigo; para mayor naturalidad, el pantalón cae desgarbadamente; enmarañados cabellos y barbas envuelven su cabeza. Carretero se atuvo a la personalidad de Zorrilla.


Se inauguró en septiembre de 1900, evento del que da cuenta detallada el Norte de Castilla del 14 de dicho mes: Misa de medio pontifical, comitiva con todas las autoridades y banda de música y llegada al emplazamiento del monumento para proceder a descubrirlo a la par que el Orfeón Pinciano interpretaba el “Himno de Castilla”.

9/1/12

El mercadillo de Fuente Dorada


Por José Delfín Val
Todos los domingos y festivos, supongo que bien de mañana, se instalan en los soportales de la plaza de Fuente Dorada una serie de tenderetes que forman un curioso mercadillo. Con frecuencia doy una vuelta, por si encuentro algún libro interesante. A veces he tenido suerte y salta, como trucha en río tranquilo, librito. Por ejemplo, los Apuntes Literarios de Whasington Irving, el autor de los Cuentos de la Alhambra, su libro más famoso; o una edición ilustrada por Eduardo Vicente de la Vida del Capitán Alonso de Contreras, pícaro y rufián del siglo XVII, auténtico Alatriste, contada por él mismo, según un manuscrito que se encuentra en la Biblioteca Nacional y del que escribió Ortega y Gasset un bonito ensayo. Los que amamos los libros los amamos incluso si traen heridas de guerra o cubiertas arrancadas.


Ese mercadillo está formado por una serie de puestos de venta de muy diversa mercancía en torno a los sellos, las postales, los libros, los tebeos, las monedas, los llaveros del Che, de Franco o de José Antonio, los soldados de plomo, los dedales de coleccionista, las fotos en color de artistas descalzas hasta la cabeza, los “deuvedes” excedentes de cupo y los trastos viejos de pequeño tamaño que estuvieron en manos de otros y a otros sirvieron. En fin, una variedad de cosas que buscan un segundo o tercer comprador y que se resisten a morir.
Estos soportales de la plaza de Fuente Dorada en los que se monta el mercadillo eran antiguamente los llamados soportales de guarnicioneros y de mercaderes. Hoy esta última denominación parece más ajustada a la realidad, al menos los domingos y fiestas de guardar. La verdad es que los mercaderes tienen mala imagen desde que Jesús de Nazaret los expulsó del templo. Quizá por eso hemos dado por muerta la palabra y la hemos sustituido por comerciantes.


Los otros soportales de la plaza, los de enfrente, se llamaban antiguamente soportales de lorigueros porque ahí se instalaban los vendedores de lorigas, esto es, la parte de la armadura que cubría el pecho. También hubo unos soportales llamados “de lanceros” y “de espaderos”. Así pues el lado de enfrente de nuestros animosos comerciantes de los días festivos era el lado de los mercaderes del hierro y de las armas; hoy podríamos decir que ellos ocupan los soportales de los cambistas, por no decir banqueros.
Este mercadillo de Fuente Dorada es visitado por coleccionistas meticulosos que buscan novedades de sellos, monedas, estampas, tarjetas postales de viejo Valladolid y relojes. Los que cambian o venden relojes y no tienen puesto se reúnen en corrillos de amigos. Ni que decir tiene que los diferentes puestos se instalen cada mañana en el mismo lugar de domingo anterior y se respetan los espacios. Cuando alguno está enfermo y falta a la cita, se le respeta el sitio. El espacio dejado por uno que lo dejó por jubilación ha tardado tiempo en cubrirse. Para ellos esto no es trabajo, es satisfacción.


Son muy apañados los precios de algunos tebeos que forman parte de nuestra propia historia. Es fácil encontrar algunos ejemplares primigenios de Flechas y Pelayos, el primer tebeo infantil masculino español, nacido en 1938 por sugerencia, según cuentan, de fray Justo Pérez de Urbel; el TBO, Pulgarcito, Jaimito y aquellos de El Guerrero del Antifaz que creó el dibujante vallisoletano Manuel Gago en 1944, quien después de triunfar con el invencible personaje que empezó a dibujar a sus dieciocho años, continuó haciendo para Editorial Valenciana El Pequeño Luchador y La Pandilla de los siete.


Algunas de estas colecciones han sido reeditadas con éxito de ventas. Ahora se les llama “cómics”, porque los tiempos son otros y mandan llamar “comic” a lo que nosotros llamábamos tebeos. Fueron, no puedo decir que nuestras principales lecturas, pero sí afirmo que fueron nuestras segundas y necesarias lecturas. Las primeras lecturas fueron las obligadas de la escuela y el colegio y éstas de los tebeos fueron las primeras voluntarias, necesarias antes de llegar el libro.

Hacia 1908 todavía podían contemplarse escenas como la de esta foto en la que un zapatero prepara
unos cueros para echar suelas en los portales de la Fuente Dorada. Más allá la Plaza del Ochavo y al
fondo el Corrillo. Lejanas quedaban las Ordenanzas en que se especificaba como debían
trabajar los cofrades de San Crispín y qué penas tenía no hacerlo (Colección Fernández del Hoyo).


Aquí en el mercadillo de los domingos de Fuente Dorada se puede encontrar uno con la horma de su zapato. Y si no lo es, al menos encontrará un par de hormas que agranden unos milímetros unos zapatos recién comprados que mancan al andar.

Fuente: Historias Notorias de Valladolid (José Delfín Val)

2/1/12

El desaparecido Colegio Hispano


Lo cierto es que el entonces colegio Hispano, hoy colegio y residencia universitaria La Salle, ocupó el edificio e instalaciones del colegio laico que ostentó el mismo nombre, y que estuvo situado en el número 24 de la calle Fray Luis de León.
Antes de llegar a la entrada del colegio, dirigiéndose a él desde la calle de López Gómez, lo primero que encontraba el transeúnte era un muro de unos tres metros de altura, en el que se abrían dos puertas de hierro con verja en su parte superior pintadas de color verde, que conducían a un pequeño patio en cuyo centro había un estanque en el que nadaban algunos peces de color rojo. Al fondo del jardín se encontraba una pequeña papelería que se conocía con el nombre de librería Bruño, donde los alumnos del colegio encontraban los materiales necesarios para poder hacer sus deberes. Cuadernos y blocs, lapiceros, pizarrines y plumas, gomas de borrar y secantes, tablas de logaritmos, reglas y sacapuntas formaban parte del escaparate junto a libros de la citada editorial.
A continuación estaba la fachada de una casa de dos pisos (donde se encontraban las habitaciones de la comunidad y los dormitorios de los escasos alumnos internos del centro. Atravesada la portería y un patinillo cruzado por un pasadizo situado a la altura del primer piso se desembocaba en el llamado patio de los pequeños, cuyo suelo parecía empedrado en parte, y dónde crecía un frondosa árbol.
Formando parte de la planta baja del edificio de la calle Fray Luis de León se encontraba una extraña jaula de grandes dimensiones, que aparte de servir como prisión al Guerrero del Antifaz (papel vivido por los pequeños alumnos), y de la que indefectiblemente terminaba escapando, su única aplicación práctica fue servir de alojamiento al corderillo que anualmente se sorteaba, junto a una cesta de Navidad, entre los alumnos del colegio.
Al fondo del patio (paralela a la repetida calle) se encontraba una edificación de un solo piso, donde se situaba la capilla del centro y las clases de los cursos de Bachillerato, así como un pasadizo que comunicaba el patio anteriormente citado con el patio de los mayores. De dimensiones más grandes que el primero de ellos, disponía en su centro de un frontón formado por un alto muro de ladrillo en cuyos extremos, completados por dos muretes en ángulo, se situaban unas extrañas canastas de baloncesto, cuando este deporte era prácticamente desconocido en nuestra ciudad.
Constituían todo el mobiliario deportivo y recreativo del colegio unos grandes sillares de piedra y el fuste de una columna, situados al lado derecho de una gran puerta carretera que abría a la calle Simón Aranda, y a la pared de la calle Santuario, próxima a la cual abría una puerta por la cual entraban y salían los alumnos que asistían a las clases.


No existían salas o gabinetes de Física y Química, dándose la clase de esta última materia -cuando era necesario mostrar propiedades y reacciones de líquidos- en una clase (creo recordar que era la ocupada por el 5º curso de Bachillerato) donde junto a la mesa del profesor, situado sobre una tarima, había un encerado que servía para explicar las lecciones. La pizarra se decoraba con trabajos realizados con tizas de colores la víspera de las fiestas más señaladas del colegio (La Inmaculada), Navidad o San Juan Bautista de la Salle). Además, había un grifo de agua corriente situado al final de una tubería de plomo de un metro aproximadamente de altura.
Dicha clase limitaba a su derecha y al fondo con una oscura habitación, dotada de puertas de vaivén, donde se depositaban las basuras que diariamente se generaban en las clases y en los patios del colegio.
Días de clase (de ocho a una y de tres a siete y media) y de una hora de estudio voluntario vigilado por un religioso (actividad conocida como vela); recreos en que los más pequeños jugaban a las canicas, la peonza o el clavo, juegos que siempre eran interrumpidos por el silbato que anunciaba el fin del descanso -y que era recibido con un <<¿Ya?>> de sorpresa por parte de los jugadores; tardes libres de los martes en que la clase conseguía, por su comportamiento, el número de vales necesarios para ir de paseo a San Isidro o al campo de deportes del colegio de Lourdes, o tardes libres de los jueves en que los alumnos que lo desearan podían ir a jugar al colegio y asistir al Rosario y Bendición que dichos días tenían lugar.
Domingos que comenzaban con la misa del colegio, y podían terminar en el cine del Lourdes, recuerdos, profesores y compañeros que fueron rindiendo viaje a lo largo de los años, viejas edificaciones que hace tiempo fueron derribadas, costumbres que cambiaron, ilusiones quizás realizadas...

-Fuente: El Norte de Castilla - 20 de febrero de 2000 - Joaquín Martín de Uña

1/1/12

¿Por qué se llama La Rubia un barrio?

La Rubia a principios del siglo XX

¿Será cierto que muchos vallisoletanos creen que el popular barrio de La Rubia recibió ese nombre porque una mujer rubia causó estragos entre la población?
La Rubia no es la fama de la moza rubia, sino la garanza. Si dejamos a la moza rubia de lado y nos quedamos solamente con la garanza, estaremos en el camino de la verdad histórica.
El barrio vallisoletano se llama La Rubia por la abundancia de esa planta que se daba en esa zona nada menos que desde el siglo XVI. El cultivo de la garanza, que aquí llamaban "rubia" por dar una flor amarilla, era la forma de vida de algunas familias asentadas a extramuros de la villa, más allá del camino de Madrid, pasada la Puerta del Carmen, y de algunos pueblos de la provincia. Era una planta que utilizaban los tintoreros para teñir de color ocre claro.

Garanza o Rubia Peregrina

En el siglo XVIII se cultivaba abundantemente en Mojados, quizá por haber tomado nota de los buenos resultados y provechosos beneficios que les trajo el cultivo de "rubia tinctorum" a los hortelanos de Tudela que ya en el siglo XVI pagaban con este producto el diezmo de San Benito.
Es, por tanto, el nombre del barrio de La Rubia, de Valladolid, una reminiscencia recordatoria de aquellas producciones que, por razón de decadencia profesional de tintoreros, zurradores y curtidores se ha perdido dejándonos solamente el nombre de la planta que les dio de vivir.

-Extracto del libro Historias Notorias de Valladolid - José Delfín Val
 
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