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16/03/12

El Bar Rosina

Junto a la parada del autobús, en una casa molinera, estaba situado el antiguo Rosina

Si preguntásemos a los más viejos por las tabernas con más solera del barrio de Las Delicias, seguro que ninguno olvidaría a la "Rosina", que estaba en el número 64 de la Avenida de Segovia, en la confluencia con la calle Embajadores. Era una casa molinera larga y estrecha, una de las muchas que abundaron en el barrio cuando la gente no sabía de alineaciones urbanísticas y se hacía con sus propias manos la casita o el modesto negocio.
Este de la taberna que nos ocupa la abrió en 1940 Martín González y aunque en principio lo llamó "Casa Martín", enseguida desplazó ese título a un segundo plano porque tuvo una hija, de nombre Rosina, a la que quiso rendir ese homenaje. Los padres de entonces no se daban cuenta de que una cantina no es un regalo adecuado para una niña recién nacida, pero Martín y su mujer, Francisca Lucas, estaban tan felices con el acontecimiento que no dudaron ni por un instante trasladar su dicha al letrero que había sobre la puerta, "Bar Rosina", que no era un bar aunque quedaba más fino que llamarlo taberna, cantina, tasca o figón.


Componentes de la "Peña La Alegría", posando frente al Rosina

Era, eso sí, un local amplio al que se accedía tras subir un par de escalones. A la izquierda había un mostrador de mármol con un surtidor del que manaba agua constantemente, dando una gratificante sensación de limpieza. Y desde él, como ocurría con los púlpitos que han sido jubilados de las iglesias, se dominaba el panorama de la clientela que jugaba al dominó o al tute o se tomaba un porrón con sardinas en alguna de las nueve mesas estratégicamente distribuidas por la sala. Asimismo tenía un reservado en el que además de servir comidas y meriendas, se reunían dos peñas, "La Alegría" y "Los Acacharrumbios", nombre casi impronunciable que se le ocurrió a alguien que apenas podía pronunciar nombre alguno. El vino, a veces, convierte la lengua en estropajo...

El Rosina en la actualidad

El "Rosina" tenía dos puertas, una a la Avenida de Segovia y otra a la Plaza del Carmen, donde estaba la iglesia y la casa parroquial. En el "Rosina" tenía también parada el autobús urbano de la empresa Carrión, así que los viajeros esperaban tanto en invierno como en verano dentro de la cantina, un plan más confortable que hacerlo en la calle.
En 1972 se hizo cargo del negocio Jesús González, el hijo de Martín, quien no tardó en derribar la vieja cantina que tantas historias guardaba para hacer una moderna cafetería muy cerca de allí, que acertadamente también se llama "Rosina", porque ese nombre trasciende del entorno familiar para formar parte de la memoria del barrio.

-Historia de 100 tabernas vallisoletanas. (José Miguel Ortega Bariego). ISBN:84-611-2626-2


13/03/12

Templarios en Valladolid


La existencia de un convento templario en Valladolid es indudable, nombrándolo todos los historiadores locales, quienes citan una bula de Alejandro III (1159-1181) en la que aparece junto a otros cuatro que la orden tenía en la península. No sabemos la fecha concreta de su establecimiento en nuestra ciudad, pero sí que organizaron sus actividades en torno a una ermita dedicada a San Juan Bautista que existía desde la segunda mitad del siglo XII y que estaba situada junto a una de las puertas de la ciudad, a la que dio nombre. Posteriormente, y tas la ampliación de las murallas, quedó incluido en el interior de la ciudad, en una zona que adquirió gran importancia residencial y cortesana. Ocupó el espacio que actualmente está comprendido entre las calles Cardenal Mendoza, Colón y Huelgas y la plaza de San Juan.

La iglesia según dibujo del libro "La historia de Valladolid", de Antolinez de Burgos

Al ser suprimida la orden en 1312, la iglesia pasó a ejercer la función de parroquia y las dependencias del convento a poder de la Corona, como en otros lugares de Castilla. La reina doña María de Molina las cedió a su canciller, el abad de Santander don Nuño Pérez de Monroy, quien habilitó parte de ellas para hospital de pobres, y el resto lo convirtió en palacio, en el que en ocasiones se hospedaron los propios monarcas, entre ellos Pedro I cuando vino a Valladolid a contraer matrimonio con doña Blanca de Borbón. Al morir , don Nuño Pérez cedió el patronazgo del hospital al cercano monasterio de las Huelgas, que lo poseyó hasta que un incendio lo destruyó completamente, siendo los materiales empleados por las monjas para la construcción de su nueva iglesia.
En los solares que quedaron tras la desaparición del hospital se abrió una calle a la que, en memoria de los caballeros que allí vivieron, se dio el nombre de calle de los Templarios, paralela a otra llamada de la Magdalena, en la que se levantaba la iglesia del mismo nombre. Entre los años 1886 y 1889 se derribaron los edificios situados entre ambas, abriéndose la actual calle Colón, denominada así por creerse que en una casa cercana al templo de la Magdalena murió el descubridor de América.

Iglesia de San Juan Bautista según el plano de Bentura Seco

En cuanto a la iglesia, desempeñó sus funciones parroquiales hasta el año 1841 fecha en la que, debido a su estado ruinoso, se cerró al culto, siendo sustituida en su cometido por la del antiguo convento de Belén. Fue derribada poco después, pero conservamos dos representaciones de ells, por lo menos. La más antigua es de hacia 1738 y correspondiente al plano de Valladolid que por esas fechas realizó Bentura Seco y que conocemos por la reproducción que a principios de sigló se realizó bajo la dirección de Agapito y Revilla. En él nuestra iglesia aparece como un sencillo edificio rectangular cubierto con un tejado a dos aguas, con estrechas ventanas y una torre de cuatro cuerpos y remate piramidal.
La segunda puede situarse entre los años 1756 y 1774, y forma parte de la colección de dibujos que acompañaba a una de las ediciones de la Historia de Valladolid de Antolinez de Burgos que se conserva en la Biblioteca Nacional de Madrid. La iglesia de San Juan Bautista aparece también como un edificio alargado, sin cabecera, rodeado por contrafuertes y con una torre de mampostería de escasa altura que lleva en su parte superior un cuerpo de campanas y remata con un tejado a cuatro aguas. No parece posible reconocer en ella estilo alguno, quizá porque debió sufrir constantes modificaciones a lo largo de su historia.

Actual iglesia de San Juan Bautista

Nada ha quedado, pues, del antiguo monasterio. Juan Agapito y Revilla creyó ver en una lápida situada sobre la puerta de una casa ya desaparecida de la calle de Renedo el último testimonio de la presencia templaria en nuestra ciudad; quizá llegó a esta conclusión porque, aunque no pudo leerla, creyó que la cruz que en ella estaba inscrita era la cruz del Temple. Sin embargo, el análisis de esta lápida (realizado a través de una fotografía, porque ella desapereció con la casa), revela por el tipo de letra empleada (capital romana no usada en la Edad Media), así como por el sistema de abreviaturas, que cronológicamente puede situarse a finales del siglo XVI o comienzos del XVII. Mucho más dificil es la lectura del texto, pero por el significado de algunas palabras puede deducirse que se trata de una oración corta o una jaculatoria, lo que vendría a reforzar la presencia de la cruz, inscrita en un círculo, en su parte superior.

-Fuente: Aportaciones al estudio de la Orden del Temple en Valladolid por Javier Castán Lanaspa

10/03/12

Valladolid 1984. Gran desfile de las Fuerzas Armadas


Era el 27 de mayo de 1984. Seis mil hombres, cuatrocientos vehículos y casi un centenar de aviones participaron en el gran desfile del Día de las Fuerzas Armadas en Valladolid. En un ambiente de fiesta sin incidentes que pertubaran la tranquilidad, Valladolid recuperó, por unas horas, la capitalidad de España.













El acto contó con una parada militar en la Plaza Mayor, con los honores a la bandera en el Campo Grande y con el desfile militar en el paseo de Zorrilla. Los Reyes llegaron a la capital de Pisuerga en helicóptero poco antes de las once de la mañana. Ya en la plaza de Zorrilla y tras los honores de Ordenaza, el Rey saludó a las autoridades.

Foto: AMVA

Don Juan Carlos, escoltado por la Guardia Real a caballo, llegó a la tribuna real en un Rolls descapotable acompañado por la Reina Doña Sofía, el Príncipe de Asturias y las infantas. El capitán general de la VII Región Militar, teniente general Prudencio Pedrosa Sobral, abrió el desfile. Luego, la columna motorizada con las unidades motoacorazadas del Tercio de la Armada, regimientos de Infantería, unidades de la Brigada de Caballería Jarama, cañones antiaéreos y una representación de las unidades motorizadas.

Foto: AMVA

Simultaneando con la columna motorizada y en sentido contrario, el desfile aéreo. Aviones de los tres Ejércitos cruzaron en perfecta formación el cielo de Valladolid.
Tras un tiempo muerto hizo su aparición la columna de a pie. En primer lugar, una compañía de la Guardia Real, después representacioness de las Academias Militar y Naval, unidades de los tres ejércitos y de la Guardia Civil. Esta última se llevó la ovación más cerrada.



Por fin, tras un corto intervalo, la Legión militar, con las camisas abiertas, desfilando al compas de su propia música y a un ritmo de 140 pasos por minuto.
Al finalizar el desfile, el Rey hizo subir al capitan general de la VII Región Militar a su tribuna y le felicitó. La familia Real abandonó la tribuna entre aplausos.



La tranquilidad en Valladolid fue absoluta. Tan solo un grupo de pacifistas que ya desde semanas antes intentaron hacerse notar fueron eclipasdos ante el apoyo mayoritario de los vallisoletanos a las FAS.

-Fuente: Diario ABC (28 de mayo de 1984) y El Día de Valladolid 8 de marzo de 2012.

07/03/12

Las fuentes de Argales

Plaza de la Fuente Dorada (años 60)

Fuente Dorada
Tan solo nos queda el nombre que testimonia la existencia, hasta entrado nuestro siglo, de una fuente que servía agua del manantial de Argales y que dio su nombre a una de las más típicas plazas vallisoletanas, que acabó abandonando el que tenía: "Plaza de la Gallinería Vieja". La fuente recibió el nombre a mediados del siglo XVII por una bola y una aguja de bronce doradas que la adornaban, destacando por su belleza. A lo largo del tiempo la fuente ha sufrido diversas transformaciones hasta su desaparición.

La columna de la antigua fuente situada en la Plaza de Fuente Dorada se encuentra en la actualidad frente a la biblioteca de San Nicolás

Ya en nuestro siglo, esta plaza ha estado unida a un peculiar personaje, conocido popularmente como "Don Purpurino". Don Purpurino, finalmente, fue trasladado, a Tamariz de Campos donde se encuentra. Y fue sustituido por una gran columna con cuatro farolas, unos estanques, escaleras y cuatro caños. Era una fuente muy grande y el tráfico obligó a desmontarla.

Fuente de la calle La Estación

Otras fuentes
Además de la Fuente Dorada, el manantial de Argales suministraba agua a través de otras fuentes públicas de Valladolid como eran la de la Rinconada, situada en la plaza del mismo nombre, la del Campo Grande localizada en la "puerta del Carmen", el Caño de Argales que da nombre a una céntrica plaza de nuestra ciudad, o la fuente de la calle de La Estación, en las tapias del ferrocarril, frente a Panaderos, que sirvió agua hasta que los operarios de RENFE, hace unos años, cortaron ese tramo.

Fuente del Caño Argales

Testimonio del agua que llegaba al Convento del Corpus Christi, en el medio de la acera de Recoletos, es la fuente que se encontraba, hasta hace pocos años, al otro lado de la calzada entre los jardines. Pasó allí cuando el Convento del Corpus Christi se trasladó al Prado de la Magdalena, donde hoy se encuentra. Algunas de las obras de arte que atesoraba todavía se conservan en el.


-Fuente: Valladolid para pensar. Otra vida en Valladolid: La Naturaleza. (José María Martínez Ferreira)

04/03/12

El chalet inacabado de Parquesol


Por Manuel Saravia Madrigal

La historia es conocida. El promotor inmobiliario Antonio Alfonso consiguió de forma sorprendente que se clasificara como urbanizable en el Plan General (PGOU) de 1970 una enorme superficie de suelo del que era propietario en su mayor parte (más del 90%). Estaba situado lejos de la ciudad, con un acceso endiablado, una topografía excesiva y sin ningún servicio no ya al pie del terreno, sino ni siquiera en las áreas próximas. No obstante se hizo el plan parcial correspondiente (por cierto: lo redactó el mismo técnico que había realizado el PGOU), que se aprobó en 1977 por el Ministerio de la Vivienda; y se empezaron a construir muchas viviendas (se dio licencia para 640 viviendas en 1981 y para 501 en 1982).


La revisión del PGOU de 1984 lo mantuvo como urbanizable, y desde entonces y en las décadas siguientes esa pieza ha condicionado decisivamente el urbanismo de la ciudad. Como sabemos, ni siquiera hoy se ha llegado a culminar toda la edificación que cabía en el sector.
Antonio Alfonso se reservó la extraordinaria parcela 63 (de 7.530 m2) y comenzó en ella, en 1978, la edificación de una casa imponente para su propio uso. Pero por distintos motivos, de todo tipo, el promotor abandonó en 1983 la obra de su casa y también la ciudad. Se hizo cargo del plan parcial Marcos Fernández, quien acabó siendo presidente del Real Valladolid, como también lo había sido Antonio Alfonso: el fútbol y la promoción inmobiliaria, siempre de la mano.


Marcos Fernández consiguió que se modificase el plan parcial en 1985, pero en esta operación la parcela del chalet, por un error técnico (suponemos), se quedó sin edificabilidad. Es decir: en esa parcela no se podía, ni se puede, edificar nada, porque todo lo que se podía construir en Parquesol ya se había repartido entre las demás parcelas del sector. Vaya por Dios.

Se puede acceder sin el menor esfuerzo. La valla metálica que cerca
la parcela es inexistente en algunos lugares.

En 1988 pasó a manos de unos nuevos propietarios (que son los actuales), el Grupo Foxá, quienes desde entonces intentan llegar a un acuerdo con el Ayuntamiento para realizar una nueva modificación del plan parcial que dé edificabilidad a la parcela.
Lo cierto es que actualmente esa parcela “sólo puede destinarse a usos de carácter colectivo públicos que no consuman edificabilidad lucrativa” (según un informe municipal citado en la prensa). El caso es que desde hace ya varios lustros los vecinos reclaman, tan reiterada como lógicamente, una solución.
Porque si la historia es conocida, los problemas que genera el citado inmueble lo son más aún. De hecho, en pocos casos resulta tan clara la vulneración de los tres aspectos que señala la viejísima y repetidísima norma urbanística que obliga a los propietarios de los inmuebles a mantenerlos en buenas condiciones de “seguridad, salubridad y ornato”. Porque aquí todo se incumple con estrépito. La seguridad brilla por su ausencia.


Se puede acceder sin el menor esfuerzo. Hay huecos en los forjados, hierros en espera peligrosísimos y ninguna protección para evitar posibles caídas. En ocasiones se ha utilizado una valla portátil como escalera para acceder a los pisos superiores.
Pero además de insegura la parcela también es insalubre. No sólo por el estado de la maleza, sino igualmente por parecer el edificio “un pozo sin fondo de basura”, como también se ha dicho. Nadie se ocupa de atender este lugar. Recordemos que hace poco unos muchachos encontraron en su interior el cadáver de un hombre que llevaba 18 días fallecido sin que nadie lo hubiese advertido o indicado.
Algo hay que hacer, ya sin demora. Y no basta con poner “un vallado en condiciones”, como a veces se ha planteado. Es necesario resolver por completo y con garantías el cumplimiento de todos los requisitos de seguridad, salubridad y ornato para los que el vallado no sería suficiente.


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02/03/12

Valladolid bajo las bombas.


Por Enrique Berzal
Terror a la represión, por supuesto, pero también a los bombardeos de la aviación republicana: de hecho, Valladolid fue la sexta ciudad de la retaguardia más bombardeada después de Córdoba, Palma de Mallorca, Granada, Ávila y Sevilla. El ruido de sirenas era algo aterrador: De súbito, familias enteras bajaban a los sótanos para ponerse a salvo. Junto a los refugios improvisados, las autoridades terminaron proyectando otros en la Plaza Mayor y en Fuente Dorada, mientras los vallisoletanos costeaban la construcción del aeropuerto de Villanubla para hacer frente a los aviones «enemigos».

A la izquierda, sede de 'Diario Regional', donde se
registró un fuerte bombardeo en abril de 1937

Según la prensa, fueron nueve los bombardeos en la capital y otros once en seis localidades de la provincia; hay quien habla de más de 50 muertos, mientras otros aportan una cifra precisa: 68 y 325 heridos. El Norte de Castilla, por su parte, consigna 412 afectados por los 20 bombardeos acontecidos en la provincia.
Hace unos años, José Delfín Val tuvo la deferencia de hacerme llegar un informe sencillo, elaborado en marzo de 1938 por la Delegación local de Falange, que daba cuenta, con todo detalle, de los bombardeos acaecidos en la capital. Arrojaba la cifra de diez ataques, 183 muertos y 861 heridos.


He aquí los datos concretos: todo comenzó un 1 de agosto de 1936 a las 8:30 de la mañana: 30 cuerpos sin vida y 120 heridos. Dos días después los aviones asediaban la capital mañana y tarde, con 12 horas exactas de diferencia. Entre uno y otro bombardeo fueron 29 las víctimas mortales y 126 los heridos. El día 5 no dejaron que llegase la hora del aperitivo: a la una de la tarde se cobraban 25 muertos y 110 heridos. Luego, un mes y 18 días de tranquilidad. El 23 de septiembre, a las 12:30, una bomba acababa con la vida de dos personas y 130 quedaban afectadas con heridas de distinta envergadura.

Combatientes de Valladolid, en el Alto del León.

La mañana del 8 de abril de 1937 fue estremecedora: un nuevo avión segaba la vida de 60 vallisoletanos y hería a 24. El 21 de mayo ocurrió a las tres de la tarde: esta vez dejó 15 muertos y 60 heridos. No habían pasado 24 horas cuando otro artefacto acababa con la vida de 7 personas y hería a otras 20. El bombardeo del 16 de agosto produjo la muerte de una mujer y dejó cinco heridos. De ahí que a finales de año la Cámara de la Propiedad Urbana hiciera un llamamiento a los vallisoletanos para que engrosasen «las Mutualidades para cubrir el riesgo de bombardeos».
Hasta que llegó el fin. Era enero de 1938 y el ejército republicano atravesaba malos momentos. La batalla de Teruel aún no había decidido nada y los dos ejércitos se mantenían con las espadas en alto. Todos se preparaban para el combate decisivo.


El día 25, la aviación republicana bombardeó Sevilla y Valladolid en una operación auspiciada por el general ruso 'Duglas' e Hidalgo de Cisneros, comandante en jefe del arma. En la ciudad del Pisuerga se cobró la vida de 14 personas e hirió a otras 70. Indalecio Prieto, ministro republicano de Marina y Aire, protestó: la decisión había sido tomada a espaldas suyas. 48 horas más tarde, los nacionalistas respondían con un violento raid sobre Barcelona que produjo 150 muertos y 500 heridos. Un mes después, el 'Nuevo Estado' franquista recibía una nota de Prieto proponiendo el cese de los bombardeos de ciudades por ambos bandos. La respuesta de Franco fue que allá donde existiera industria de guerra se seguiría bombardeando.

28/02/12

La finca y el castillo de Canterac

Fachada posterior del Palacio de Canterac asentado en la parte posterior en
que actualmente esta asentado el Centro de Personas Mayores Juan Carlos I
Foto: Manuel Lázaro Cuellar

En el jardin del Centro de Personas Mayores Juan Carlos I del barrio de Las Delicias, aún quedan restos de lo que en tiempos fuera una gran finca de más de 90 hectáreas.

José de Canterac
Foto: AMVA

Lo único que conocemos actualmente son los diferentes propietarios de la Finca de Canterac a lo largo de la historia:
En 1826, el Prior y Depositario del Convento de San Pablo de Valladolid, firma escritura de venta, a favor del general de origen francés Don Cesar José de Canterac.
En 1850 vendió la viuda de Cesar José de Canterac la finca a los Condes de la Oliva y Marqueses de Sieteiglesias. Posteriormente estos edifican en dicha finca un palacio, también conocido como Castillo de Canterac.

Puerta de entrada a la finca de Canterac, con arco ojival, verjas de hierro forjado,
con dos torretas almenadas a ambos lados situadas en medio de un muro de unos 100 metros.
Foto: Manuel Lázaro Cuellar. AMVA

En 1918 la Orden de los Escoceses compra la finca.
En 1943 se derriba el palacio.
En 1970 es cedida y vendida al Ayuntamiento de Valladolid. Ceden 70 ha pero con la condición de no edificar viviendas, y venden las otras 13 ha.


En la zona cedida es donde en la actualidad se ubican los servicios dotacionales del Barrio de Delicias (Parque de Canterac, Colegio, Instituto, Centro de Personas Mayores, Ambulatorio, Espacios deportivos, Bomberos y Policia Municipal).

26/02/12

El desaperacido Hospital de la Caridad

Fotomontaje de Juan Carlos Urueña Paredes

En la calle de San Ignacio estuvo el hospital de la Caridad o de la Misercordia, que ejerció largos años su piadosa función, según Canesi, sostenido por linajudas familias pero no por eso sobrado de recursos.


Poco aludido en los libros antiguos, presentamos como única curiosidad su reconstrucción, por su vetusto aspecto.

Así luciría el edificio si se conservase en la actualidad
Fotomontaje de Juan Carlos Urueña Paredes


Éste sería el aspecto aproximado del Hospital de la Caridad a mediados del siglo XVII. Gracias a la documentación aportada por Jesús Urrea en su obra "Arquitectura y nobleza", sabemos que lindaba con el palacio de los Pesoa o casa de la Cadena, del que solo se conserva la puerta y las columnas de su patio interior. Es curioso el tosco balcón que dividía su gran portal en dos alturas, que no se sabe la función que pudiera tener.


Podemos ver su situación en el plano de Bentura Seco y el dibujo de Ventura Pérez que ha servido para su reconstrucción.



18/02/12

La desaparecida Casa del Cordón

La casa del Cordón podría lucir así, ciñéndonos literalmente al dibujo de la
Biblioteca Nacional obra de Valentín Cardereda (1836) y su situación según el plano de Ventura Seco.
Fotomontaje de Juan Carlos Urueña Paredes

En Valladolid también tuvimos nuestra Casa del Cordón y Casa de las Conchas, como en Salamanca y Burgos, pero aquí desaparecieron.
La de las Conchas o de las Veneras estuvo en frente del colegio de Santa Cruz, y al no conservarse ni rastro de cómo era no se ha podido reconstruir. Sin embargo, se conserva un dibujo de la del Cordón, recopilado en el libro "Arquitectura y Nobleza" por Jesús Urrea. Es un mero apunte que se conserva en la Biblioteca Nacional, pero que permite recrear este vetusto edificio que perteneció al marqués de Aguilafuente, y que se quemó en 1898 cuando estaba dedicado a manicomio municipal.


El dibujo no es más que un bosquejo y poco deja entrever. La reconstrucción ha sido dificultosa, pues los elementos no están nada claros. El remate triangular en forma de frontón de tres de sus ventanas no corresponde a un edificio del siglo XV, lo que hizo pensar en una actuación posterior que aportase tales adornos clásicos. Efectivamente, Jesús Urrea en su libro "Arquitectura y nobleza" documenta el reparo que sufrió en 1668 cuando se cambiaron suelos, puertas y ventanas de toda la casa.

Fotomontaje de Juan Carlos Urueña Paredes

En la actualidad

El mismo autor opina que el edificio sería de ladrillo salvo la portada y la cimentación. El dibujo parece darle la razón, pues los rasgos de la portada delimitan lo que parecen sillares y los del resto de la fachada son más menudos.

Según el Plano de Bentura Seco

Sin embargo, consultadas otras opiniones dignas de crédito, se nos sugirió la posibilidad de que todo el edificio fuese de piedra dado el empaque de su portada. Ante la duda se optó por una solución intermedia, y se ha recreado con un tipo de piedra más pequeña e irregular que la de la portada. Otras fuentes, a la vista del dibujo, indicaron que los frontones de las ventanas parecían en realidad tejadisos de madera, y así se han representado.


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-Fuente: Rincones Con Fantasma (Juan Carlos Urueña Paredes)

 
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