30/3/12

El desaparecido Restaurante Rancho Grande

En esta casa molinera, en el paramo de S. Isidro, se instaló el Rancho Grande

"El Rancho Grande" formaba parte de una finca propiedad de Emilia Barbero, la madre de este clan que heredó uno de los "Cañarrua", Carlos Martínez Barbero.
En 1951, Leopoldo Fernández García, natural de Traspinedo, compró la casa y la finca de 15.000 metros cuadrados por una respetable cantidad de dinero, 155.000 pesetas. Con él llegaron su mujer, Epifania Chicote, y diez hijos pequeños dispuesto a arrimar el hombro para que aquella empresa tuviera final feliz.
"El Rancho Grande" era el primer proveedor de los pobladores del cuartel de Intendencia, que a base de bocadillos de chorizo y de queso encontraban el complemento alimenticio necesario para sobrellevar el esfuerzo que requería lo que se anunciaba en un rótulo a la entrada del recinto militar: "Todo por la patria". Los bocadillos costaban dos reales y se los quitaban de las manos, así que la familia pensó en mejorar la oferta gastronómica ampliando primero la taberna y adosando después un patio con enredaderas que era una especie de oasis en el caluroso desierto mesetario. El plato estrella de la taberna eran los huevos fritos con patatas y chorizo que, acompañados de pan y vino costaban dos pesetas.

Patio de el Rancho Grande

Durante muchos años se consumieron diariamente muchas docenas de huevos porque sus clientes castrenses fueron la mejor propaganda para que desde los barrios vecinos subiera mucho personal a probar los huevos de corral con puntillas que se iban del mundo.
Quienes con ocasión de la romería de San Isidro o de algún festejo familiar visitaron "El Rancho Grande" en aquellos tiempos recordarán también con cierta nostalgia las estupendas ensaladas de lechuga, tomate y cebolla, productos de la huerta que cuidaba con mimo Leopoldo; decir que pasaban de la tierra al plato no era un eufemismo.
El Rancho Grande ha seguido siendo hasta hace no muchos años un sitio acogedor, familiar y entrañable en el que uno se sentía como en casa. En 2004 se vendió el rancho y la finca por bastante más dinero de lo que costó medio siglo atrás. Su lugar lo ocupan ahora viviendas de nueva construcción.


-Historia de 100 tabernas vallisoletanas. (José Miguel Ortega Bariego). ISBN:84-611-2626-2



26/3/12

Las desaparecidas Piscinas Samoa


Por Joaquín Martín de Uña
El 29 de junio de 1935 se inauguraron las Piscinas Samoa. Se situaron en la margen izquierda del Pisuerga en un destartalado y polvoriento solar de lo que fuera el Espolón Nuevo, conocido en aquella época como "Las Moreras", en recuerdo del Jardín Botánico que existió anteriormente en el mismo lugar.
Las piscinas fueron para Valladolid una especie de oasis en la vida gris y menesterosa de la postguerra, cuando todo escaseaba. Hasta la alegría.

Como en todas las épocas, la rebeldía de la juventud ante una realidad en la que se encontraba inmersa y en la que no había tenido participación alguna, se enfrentó a la tristeza y el pesimismo, que marcó a la mayoría de quienes sufrieron la terrible experiencia de la guerra civil, con la esperanza de su juventud y con los escasísimos medios de que podía disponer: Su vitalidad y los restos de una sociedad caduca y pasada que había de transformar en un mundo más alegre y libre.Las desaparecidas piscinas fueron un escalón en ese progreso hacia un mundo soñado por la juventud de un Valladolid laureado e introvertido.

En la Piscina Samoa la diversión juvenil rompió el viejo tabú de la diversión en nuestra ciudad que se dividía entre las soporíferas (aunque pretendidamente selectas) veladas familiares y la pecaminosa asistencia a bailes como “La Cerve” o “La Puñalada” y a los “cabaretes”, de los que realmente Valladolid no estaba necesitado antes de la contienda civil, después de la cual adoptaron la denominación de Salas de Fiesta.
Las Piscinas Samoa constituyeron una tabla de salvación para muchos jóvenes (hombres y mujeres) que buscaban para estrechar los lazos surgidos durante los tradicionales “Paseos” por la calle Santiago en un lugar apacible donde el baile les permitiera sentir la proximidad del otro.

Nuevo aspecto de la zona de las antiguas piscinas tras la ampliación de la playa

Las instalaciones dedicadas al baño eran una pequeña piscina infantil y otra mucho mayor en la que se encontraba un trampolín de mediana altura, pero que desde cuyo borde al decidido “saltador” le parecía que nunca llegaría al agua, lo que en más de una ocasión determinaba que el arriesgado deportista descendiera a tierra firme utilizando las escaleras de la palanca “que para eso estaban”.Las instalaciones de las piscinas que estaban en un precario estado a causa de las crecidas del Pisuerga fueron derruídas en 1998 utilizándose ese espacio en la ampliación de la playa de las Moreras.
Enlace-Fuente: Valladolid. Paseos por la ciudad. (Joaquín Martín de Uña)
ISBN: 84-932336-1-7

23/3/12

El antiguo matadero municipal


El conjunto arquitectónico de lo que fuera Matadero Municipal de Valladolid es, sin duda alguna, el ejemplo más paradigmático e importante de arquitectura racionalista en la ciudad. Su realización, resuelta a través de un concurrido e interesantísimo concurso, puede compararse con lo acontecido en torno a la construcción de los tres mercados municipales, que durante algo más de treinta años se debatió, ampliamente, en el Valladolid de la segunda mitad del siglo XIX.


Si los proyectos de los nuevos mercados, los materializados y los dejados sobre el papel, protagonizaron la introducción sistemática y asentamiento del uso del hierro en la arquitectura vallisoletana, la obra del Matadero constituyó el fiel reflejo de las necesidades de una época, de una sociedad y una cultura, que en busca de modernidad y contemporaneidad con el resto de Europa no logró una lógica continuidad y madurez tras el desenlace de la Guerra Civil. Valladolid necesitaba de las instalaciones de un nuevo matadero, urgentemente, desde hacía años.


Los nuevos tiempos y la renovación de la arquitectura ya están presentes en el concurso convocado para elegir al mejor de los proyectos. Así, desde 1926, año en que éste se celebra, hasta 1932, momento en que, definitivamente, se confirma el proyecto a materializar, el trabajo ganador obra del ingeniero industrial Alberto Colomina y Botí, pasa de ser un notable ejemplo de lo que desde un principio pretendía, salvando las distancias, el jurado del concurso; "un establecimiento moderno".

El establecimiento, recientemente restaurado por el municipio, perdió su uso como matadero a finales de los años 80, y ahora forma parte del complejo dotacional Zona Sur

Paralizada la iniciativa entre 1926-31 por no conseguir la financiación para las obras, las condiciones bajo las que se había concebido el proyecto se modifican con el paso de los años, lo cual obliga a una reforma del proyecto en 1931, instalándose definitivamente el matadero en el solar situado entre el fielato de La Rubia y el camino de La Esperanza.


La constructora de Timoteo Rojas Carrera llevó a cabo la construcción del mismo. A finales de abril de 1931, Colomina firmó los primeros planos del Matadero que fue inaugurado en el año 1936. El Matadero llegó a convertirse en el principal ejemplo de arquitectura racionalista en Valladolid.
No conocemos al autor de las fotografías que aquí se muestran y que fueron encontradas en el domicilio del alcalde García Quintana. Sin embargo, una de ellas se publica en la memoria de la I Feria de Muestras de Valladolid que tuvo lugar del 15 al 30 de septiembre de 1935. La dureza del trabajo allí realizado queda patente a través de dichas imágenes.


El establecimiento, recientemente restaurado por el municipio, perdió su uso como matadero a finales de los años 80, y ahora forma parte del complejo dotacional Zona Sur. La parte restaurada es el edificio de entrada del antiguo matadero.

-Fuente: Francisco Javier Domínguez Burrieza, Antonia Virgili Blanquet y Juan Carlos Pastor Arnuncio.

19/3/12

Los hermanos Muyo. Los campeones vallisoletanos del "Un, dos, tres".


Los hermanos Muyo fueron una de las parejas de campeones que más semanas estuvo concursando en la sexta etapa del concurso «Un, dos, tres...». Procedentes de Valladolid, esta simpática pareja se animaron a escribir al programa porque a José Luis le habían robado el coche una noche que su padre se lo había prestado para salir.


Su primer programa fue el de París y después de seis semanas como campeones fueron desbancados en el programa dedicado a México (2 de noviembre de 1987), por otra pareja de futuros campeones, Belen y Angel, pero pero tuvieron fortuna y habilidad en la eliminatoria y consiguieron llegar a la subasta; finalmente, Inma y José Luis aceptaron la oferta de 500.000 pesetas que les hizo Mayra y se fueron a casa tan contentos, ya que el premio que les hubiera correspondido eran unos calendarios zaragozanos.

"La llegada a Valladolid, fue apoteósica (cuenta Inmaculada): había gente esperándonos. Como si fuésemos estrellas de cine. Y así fue durante las cuatro semanas siguientes. Recuerdo que hubo dos preguntas que recordaré siempre: una fue el de las especias. Cuando nos la leyeron, nos miramos. Hecho. Nos salimos. Mi padre es aficionado a la cocina y ese tema lo dominamos. Dimos, creo, que 14 respuestas. Y la otra fue cuando nos pidieron cuadros de El Greco, Goya y Velázque. Yo, licenciada en Filosofia y letras, que no he hecho otra cosa que estudiar arte. Es nuestra oportunidad, empezamos. Mayra: las Meninas,"un,dos,tres... responda otra vez. Las Meninas. Respondo, Los fusilamientos del tres de Mayo. Silencio. Todos nos miran, no digo nada. El tiempo pasa. Digo otra obra, creo.¡ Tiempo!. Nos lo dan de paso. Y ganamos. El progama siguiente..." (Leer la experiencia completa contada por la propia Inmaculada)


Entrevistados por Miguel Herrero en 2006
EnlaceEn 2006, el periodista Miguel Herrero entrevistó a los hermanos Muyo en el programa "El Flash Back de la Televisión", emitido por Canal 4 de Castilla y León el 27 de octubre de 2006. En el siguiente video podeis podeis ver la entrevista además de algún extracto de la participación de la pareja en el famoso concurso:



16/3/12

El Bar Rosina

Junto a la parada del autobús, en una casa molinera, estaba situado el antiguo Rosina

Si preguntásemos a los más viejos por las tabernas con más solera del barrio de Las Delicias, seguro que ninguno olvidaría a la "Rosina", que estaba en el número 64 de la Avenida de Segovia, en la confluencia con la calle Embajadores. Era una casa molinera larga y estrecha, una de las muchas que abundaron en el barrio cuando la gente no sabía de alineaciones urbanísticas y se hacía con sus propias manos la casita o el modesto negocio.
Este de la taberna que nos ocupa la abrió en 1940 Martín González y aunque en principio lo llamó "Casa Martín", enseguida desplazó ese título a un segundo plano porque tuvo una hija, de nombre Rosina, a la que quiso rendir ese homenaje. Los padres de entonces no se daban cuenta de que una cantina no es un regalo adecuado para una niña recién nacida, pero Martín y su mujer, Francisca Lucas, estaban tan felices con el acontecimiento que no dudaron ni por un instante trasladar su dicha al letrero que había sobre la puerta, "Bar Rosina", que no era un bar aunque quedaba más fino que llamarlo taberna, cantina, tasca o figón.


Componentes de la "Peña La Alegría", posando frente al Rosina

Era, eso sí, un local amplio al que se accedía tras subir un par de escalones. A la izquierda había un mostrador de mármol con un surtidor del que manaba agua constantemente, dando una gratificante sensación de limpieza. Y desde él, como ocurría con los púlpitos que han sido jubilados de las iglesias, se dominaba el panorama de la clientela que jugaba al dominó o al tute o se tomaba un porrón con sardinas en alguna de las nueve mesas estratégicamente distribuidas por la sala. Asimismo tenía un reservado en el que además de servir comidas y meriendas, se reunían dos peñas, "La Alegría" y "Los Acacharrumbios", nombre casi impronunciable que se le ocurrió a alguien que apenas podía pronunciar nombre alguno. El vino, a veces, convierte la lengua en estropajo...

El Rosina en la actualidad

El "Rosina" tenía dos puertas, una a la Avenida de Segovia y otra a la Plaza del Carmen, donde estaba la iglesia y la casa parroquial. En el "Rosina" tenía también parada el autobús urbano de la empresa Carrión, así que los viajeros esperaban tanto en invierno como en verano dentro de la cantina, un plan más confortable que hacerlo en la calle.
En 1972 se hizo cargo del negocio Jesús González, el hijo de Martín, quien no tardó en derribar la vieja cantina que tantas historias guardaba para hacer una moderna cafetería muy cerca de allí, que acertadamente también se llama "Rosina", porque ese nombre trasciende del entorno familiar para formar parte de la memoria del barrio.

-Historia de 100 tabernas vallisoletanas. (José Miguel Ortega Bariego). ISBN:84-611-2626-2


13/3/12

Templarios en Valladolid


La existencia de un convento templario en Valladolid es indudable, nombrándolo todos los historiadores locales, quienes citan una bula de Alejandro III (1159-1181) en la que aparece junto a otros cuatro que la orden tenía en la península. No sabemos la fecha concreta de su establecimiento en nuestra ciudad, pero sí que organizaron sus actividades en torno a una ermita dedicada a San Juan Bautista que existía desde la segunda mitad del siglo XII y que estaba situada junto a una de las puertas de la ciudad, a la que dio nombre. Posteriormente, y tas la ampliación de las murallas, quedó incluido en el interior de la ciudad, en una zona que adquirió gran importancia residencial y cortesana. Ocupó el espacio que actualmente está comprendido entre las calles Cardenal Mendoza, Colón y Huelgas y la plaza de San Juan.

La iglesia según dibujo del libro "La historia de Valladolid", de Antolinez de Burgos

Al ser suprimida la orden en 1312, la iglesia pasó a ejercer la función de parroquia y las dependencias del convento a poder de la Corona, como en otros lugares de Castilla. La reina doña María de Molina las cedió a su canciller, el abad de Santander don Nuño Pérez de Monroy, quien habilitó parte de ellas para hospital de pobres, y el resto lo convirtió en palacio, en el que en ocasiones se hospedaron los propios monarcas, entre ellos Pedro I cuando vino a Valladolid a contraer matrimonio con doña Blanca de Borbón. Al morir , don Nuño Pérez cedió el patronazgo del hospital al cercano monasterio de las Huelgas, que lo poseyó hasta que un incendio lo destruyó completamente, siendo los materiales empleados por las monjas para la construcción de su nueva iglesia.
En los solares que quedaron tras la desaparición del hospital se abrió una calle a la que, en memoria de los caballeros que allí vivieron, se dio el nombre de calle de los Templarios, paralela a otra llamada de la Magdalena, en la que se levantaba la iglesia del mismo nombre. Entre los años 1886 y 1889 se derribaron los edificios situados entre ambas, abriéndose la actual calle Colón, denominada así por creerse que en una casa cercana al templo de la Magdalena murió el descubridor de América.

Iglesia de San Juan Bautista según el plano de Bentura Seco

En cuanto a la iglesia, desempeñó sus funciones parroquiales hasta el año 1841 fecha en la que, debido a su estado ruinoso, se cerró al culto, siendo sustituida en su cometido por la del antiguo convento de Belén. Fue derribada poco después, pero conservamos dos representaciones de ells, por lo menos. La más antigua es de hacia 1738 y correspondiente al plano de Valladolid que por esas fechas realizó Bentura Seco y que conocemos por la reproducción que a principios de sigló se realizó bajo la dirección de Agapito y Revilla. En él nuestra iglesia aparece como un sencillo edificio rectangular cubierto con un tejado a dos aguas, con estrechas ventanas y una torre de cuatro cuerpos y remate piramidal.
La segunda puede situarse entre los años 1756 y 1774, y forma parte de la colección de dibujos que acompañaba a una de las ediciones de la Historia de Valladolid de Antolinez de Burgos que se conserva en la Biblioteca Nacional de Madrid. La iglesia de San Juan Bautista aparece también como un edificio alargado, sin cabecera, rodeado por contrafuertes y con una torre de mampostería de escasa altura que lleva en su parte superior un cuerpo de campanas y remata con un tejado a cuatro aguas. No parece posible reconocer en ella estilo alguno, quizá porque debió sufrir constantes modificaciones a lo largo de su historia.

Actual iglesia de San Juan Bautista

Nada ha quedado, pues, del antiguo monasterio. Juan Agapito y Revilla creyó ver en una lápida situada sobre la puerta de una casa ya desaparecida de la calle de Renedo el último testimonio de la presencia templaria en nuestra ciudad; quizá llegó a esta conclusión porque, aunque no pudo leerla, creyó que la cruz que en ella estaba inscrita era la cruz del Temple. Sin embargo, el análisis de esta lápida (realizado a través de una fotografía, porque ella desapereció con la casa), revela por el tipo de letra empleada (capital romana no usada en la Edad Media), así como por el sistema de abreviaturas, que cronológicamente puede situarse a finales del siglo XVI o comienzos del XVII. Mucho más dificil es la lectura del texto, pero por el significado de algunas palabras puede deducirse que se trata de una oración corta o una jaculatoria, lo que vendría a reforzar la presencia de la cruz, inscrita en un círculo, en su parte superior.

-Fuente: Aportaciones al estudio de la Orden del Temple en Valladolid por Javier Castán Lanaspa

10/3/12

Valladolid 1984. Gran desfile de las Fuerzas Armadas


Era el 27 de mayo de 1984. Seis mil hombres, cuatrocientos vehículos y casi un centenar de aviones participaron en el gran desfile del Día de las Fuerzas Armadas en Valladolid. En un ambiente de fiesta sin incidentes que pertubaran la tranquilidad, Valladolid recuperó, por unas horas, la capitalidad de España.













El acto contó con una parada militar en la Plaza Mayor, con los honores a la bandera en el Campo Grande y con el desfile militar en el paseo de Zorrilla. Los Reyes llegaron a la capital de Pisuerga en helicóptero poco antes de las once de la mañana. Ya en la plaza de Zorrilla y tras los honores de Ordenaza, el Rey saludó a las autoridades.

Foto: AMVA

Don Juan Carlos, escoltado por la Guardia Real a caballo, llegó a la tribuna real en un Rolls descapotable acompañado por la Reina Doña Sofía, el Príncipe de Asturias y las infantas. El capitán general de la VII Región Militar, teniente general Prudencio Pedrosa Sobral, abrió el desfile. Luego, la columna motorizada con las unidades motoacorazadas del Tercio de la Armada, regimientos de Infantería, unidades de la Brigada de Caballería Jarama, cañones antiaéreos y una representación de las unidades motorizadas.

Foto: AMVA

Simultaneando con la columna motorizada y en sentido contrario, el desfile aéreo. Aviones de los tres Ejércitos cruzaron en perfecta formación el cielo de Valladolid.
Tras un tiempo muerto hizo su aparición la columna de a pie. En primer lugar, una compañía de la Guardia Real, después representacioness de las Academias Militar y Naval, unidades de los tres ejércitos y de la Guardia Civil. Esta última se llevó la ovación más cerrada.



Por fin, tras un corto intervalo, la Legión militar, con las camisas abiertas, desfilando al compas de su propia música y a un ritmo de 140 pasos por minuto.
Al finalizar el desfile, el Rey hizo subir al capitan general de la VII Región Militar a su tribuna y le felicitó. La familia Real abandonó la tribuna entre aplausos.



La tranquilidad en Valladolid fue absoluta. Tan solo un grupo de pacifistas que ya desde semanas antes intentaron hacerse notar fueron eclipasdos ante el apoyo mayoritario de los vallisoletanos a las FAS.

-Fuente: Diario ABC (28 de mayo de 1984) y El Día de Valladolid 8 de marzo de 2012.

7/3/12

Las fuentes de Argales

Plaza de la Fuente Dorada (años 60)

Fuente Dorada
Tan solo nos queda el nombre que testimonia la existencia, hasta entrado nuestro siglo, de una fuente que servía agua del manantial de Argales y que dio su nombre a una de las más típicas plazas vallisoletanas, que acabó abandonando el que tenía: "Plaza de la Gallinería Vieja". La fuente recibió el nombre a mediados del siglo XVII por una bola y una aguja de bronce doradas que la adornaban, destacando por su belleza. A lo largo del tiempo la fuente ha sufrido diversas transformaciones hasta su desaparición.

La columna de la antigua fuente situada en la Plaza de Fuente Dorada se encuentra en la actualidad frente a la biblioteca de San Nicolás

Ya en nuestro siglo, esta plaza ha estado unida a un peculiar personaje, conocido popularmente como "Don Purpurino". Don Purpurino, finalmente, fue trasladado, a Tamariz de Campos donde se encuentra. Y fue sustituido por una gran columna con cuatro farolas, unos estanques, escaleras y cuatro caños. Era una fuente muy grande y el tráfico obligó a desmontarla.

Fuente de la calle La Estación

Otras fuentes
Además de la Fuente Dorada, el manantial de Argales suministraba agua a través de otras fuentes públicas de Valladolid como eran la de la Rinconada, situada en la plaza del mismo nombre, la del Campo Grande localizada en la "puerta del Carmen", el Caño de Argales que da nombre a una céntrica plaza de nuestra ciudad, o la fuente de la calle de La Estación, en las tapias del ferrocarril, frente a Panaderos, que sirvió agua hasta que los operarios de RENFE, hace unos años, cortaron ese tramo.

Fuente del Caño Argales

Testimonio del agua que llegaba al Convento del Corpus Christi, en el medio de la acera de Recoletos, es la fuente que se encontraba, hasta hace pocos años, al otro lado de la calzada entre los jardines. Pasó allí cuando el Convento del Corpus Christi se trasladó al Prado de la Magdalena, donde hoy se encuentra. Algunas de las obras de arte que atesoraba todavía se conservan en el.


-Fuente: Valladolid para pensar. Otra vida en Valladolid: La Naturaleza. (José María Martínez Ferreira)

4/3/12

El chalé inacabado de Parquesol


Por Manuel Saravia Madrigal

La historia es conocida. El promotor inmobiliario Antonio Alfonso consiguió de forma sorprendente que se clasificara como urbanizable en el Plan General (PGOU) de 1970 una enorme superficie de suelo del que era propietario en su mayor parte (más del 90%). Estaba situado lejos de la ciudad, con un acceso endiablado, una topografía excesiva y sin ningún servicio no ya al pie del terreno, sino ni siquiera en las áreas próximas. No obstante se hizo el plan parcial correspondiente (por cierto: lo redactó el mismo técnico que había realizado el PGOU), que se aprobó en 1977 por el Ministerio de la Vivienda; y se empezaron a construir muchas viviendas (se dio licencia para 640 viviendas en 1981 y para 501 en 1982).


La revisión del PGOU de 1984 lo mantuvo como urbanizable, y desde entonces y en las décadas siguientes esa pieza ha condicionado decisivamente el urbanismo de la ciudad. Como sabemos, ni siquiera hoy se ha llegado a culminar toda la edificación que cabía en el sector.
Antonio Alfonso se reservó la extraordinaria parcela 63 (de 7.530 m2) y comenzó en ella, en 1978, la edificación de una casa imponente para su propio uso. Pero por distintos motivos, de todo tipo, el promotor abandonó en 1983 la obra de su casa y también la ciudad. Se hizo cargo del plan parcial Marcos Fernández, quien acabó siendo presidente del Real Valladolid, como también lo había sido Antonio Alfonso: el fútbol y la promoción inmobiliaria, siempre de la mano.


Marcos Fernández consiguió que se modificase el plan parcial en 1985, pero en esta operación la parcela del chalet, por un error técnico (suponemos), se quedó sin edificabilidad. Es decir: en esa parcela no se podía, ni se puede, edificar nada, porque todo lo que se podía construir en Parquesol ya se había repartido entre las demás parcelas del sector. Vaya por Dios.

Se puede acceder sin el menor esfuerzo. La valla metálica que cerca
la parcela es inexistente en algunos lugares.

En 1988 pasó a manos de unos nuevos propietarios (que son los actuales), el Grupo Foxá, quienes desde entonces han intentado llegar a un acuerdo con el Ayuntamiento para realizar una nueva modificación del plan parcial que dé edificabilidad a la parcela.





En junio de 2016 el Ayuntamiento, anunció que asumiría directamente la demolición del chalé, alcanzando un acuerdo con los dueños –la mercantil Gastronoteca– por el que estos asumirían los gastos del derribo, a cambio de que Urbanismo regularizara la situación de alegalidad de la parcela. El derribo se hizo efectivo en diciembre de ese mismo año, dando fin a lustros de desencuentros que dieron fama como si de un monumento más de la ciudad se tratara a este engendro de ladrillo y cemento.

Labores de derribo del chalé en diciembre de 2016. -Foto: A. Mingueza


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2/3/12

Valladolid bajo las bombas.


Por Enrique Berzal
Terror a la represión, por supuesto, pero también a los bombardeos de la aviación republicana: de hecho, Valladolid fue la sexta ciudad de la retaguardia más bombardeada después de Córdoba, Palma de Mallorca, Granada, Ávila y Sevilla. El ruido de sirenas era algo aterrador: De súbito, familias enteras bajaban a los sótanos para ponerse a salvo. Junto a los refugios improvisados, las autoridades terminaron proyectando otros en la Plaza Mayor y en Fuente Dorada, mientras los vallisoletanos costeaban la construcción del aeropuerto de Villanubla para hacer frente a los aviones «enemigos».

A la izquierda, sede de 'Diario Regional', donde se
registró un fuerte bombardeo en abril de 1937

Según la prensa, fueron nueve los bombardeos en la capital y otros once en seis localidades de la provincia; hay quien habla de más de 50 muertos, mientras otros aportan una cifra precisa: 68 y 325 heridos. El Norte de Castilla, por su parte, consigna 412 afectados por los 20 bombardeos acontecidos en la provincia.
Hace unos años, José Delfín Val tuvo la deferencia de hacerme llegar un informe sencillo, elaborado en marzo de 1938 por la Delegación local de Falange, que daba cuenta, con todo detalle, de los bombardeos acaecidos en la capital. Arrojaba la cifra de diez ataques, 183 muertos y 861 heridos.


He aquí los datos concretos: todo comenzó un 1 de agosto de 1936 a las 8:30 de la mañana: 30 cuerpos sin vida y 120 heridos. Dos días después los aviones asediaban la capital mañana y tarde, con 12 horas exactas de diferencia. Entre uno y otro bombardeo fueron 29 las víctimas mortales y 126 los heridos. El día 5 no dejaron que llegase la hora del aperitivo: a la una de la tarde se cobraban 25 muertos y 110 heridos. Luego, un mes y 18 días de tranquilidad. El 23 de septiembre, a las 12:30, una bomba acababa con la vida de dos personas y 130 quedaban afectadas con heridas de distinta envergadura.

Combatientes de Valladolid, en el Alto del León.

La mañana del 8 de abril de 1937 fue estremecedora: un nuevo avión segaba la vida de 60 vallisoletanos y hería a 24. El 21 de mayo ocurrió a las tres de la tarde: esta vez dejó 15 muertos y 60 heridos. No habían pasado 24 horas cuando otro artefacto acababa con la vida de 7 personas y hería a otras 20. El bombardeo del 16 de agosto produjo la muerte de una mujer y dejó cinco heridos. De ahí que a finales de año la Cámara de la Propiedad Urbana hiciera un llamamiento a los vallisoletanos para que engrosasen «las Mutualidades para cubrir el riesgo de bombardeos».
Hasta que llegó el fin. Era enero de 1938 y el ejército republicano atravesaba malos momentos. La batalla de Teruel aún no había decidido nada y los dos ejércitos se mantenían con las espadas en alto. Todos se preparaban para el combate decisivo.


El día 25, la aviación republicana bombardeó Sevilla y Valladolid en una operación auspiciada por el general ruso 'Duglas' e Hidalgo de Cisneros, comandante en jefe del arma. En la ciudad del Pisuerga se cobró la vida de 14 personas e hirió a otras 70. Indalecio Prieto, ministro republicano de Marina y Aire, protestó: la decisión había sido tomada a espaldas suyas. 48 horas más tarde, los nacionalistas respondían con un violento raid sobre Barcelona que produjo 150 muertos y 500 heridos. Un mes después, el 'Nuevo Estado' franquista recibía una nota de Prieto proponiendo el cese de los bombardeos de ciudades por ambos bandos. La respuesta de Franco fue que allá donde existiera industria de guerra se seguiría bombardeando.

 
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