21/12/12

La Fuente del Cisne




La Fuente del Cisne comenzó su andadura en 1886. En aquel año se quería realizar una fuente de adorno para los jardines de la plaza del Poniente. Es en ese año cuando se firman las trazas de la misma por parte de Gonzalo Bayón, dueño de una fundición, mientras el presupuesto es realizado por Francisco Sabadell, director de jardines. En noviembre de ese año, la prensa se hace eco del proyecto, asegurando haber visto los planos del mismo, en que habría un cisne con otras cuatro figuras que sostendrían otros cisnes.


En enero se llevó a cabo la subasta de las obras, recayendo en Julián Quintana. La colocación empezó de manera inmediata, ya que en marzo se estaba trabajando. Antes de finalizar el mes se da cuenta de que las operaciones de labra de la piedra habían concluido, iniciándose la colocación. En los primeros días de mayo, el pilón estaba instalado. Desde un principio se destacó la velocidad con que avanzaban las obras, algo muy reseñable en el XIX.
El 10 de junio se hizo funcionar la fuente, resultando satisfactorio el intento. Tan sólo quedaban algunos remates, tales como la pintura: la del cisne y su base, al natural, y el resto, de color bronce. Pero pocos meses después, la fuente tiene problemas, “es lástima que se haya estropeado”.


Un año después se ejecutan obras en la fuente, ya que se anuncia que ya estaba arreglado el pilón. Pero los problemas se estaban cebando con la construcción, ya que en enero de 1889 se avisa de la conveniencia de solucionar las dificultades de funcionamiento que estaba padeciendo la Fuente del Cisne, de la que se decía que estaba mal construida, con numerosas grietas y, sobre todo, desnivelada.


La situación era insostenible, y el arquitecto municipal declara inservible el pilón de la fuente. Propone, además, que sea trasladada al Campo Grande. El pleno aprueba el cambio, así como las 600 pesetas presupuestadas, siempre y cuando cubran todas las obras. Esto provocó un pequeño enfrentamiento, ya que mientras El Norte de Castilla aplaude la idea, La Crónica Mercantil piensa que hubiera sido mejor construir una nueva. No obstante, y a pesar de lo aprobado, nada se hizo durante algunos años.
Será en 1892 cuando se lleve a efecto el traslado. En febrero se comenzó a desmontar de su antiguo emplazamiento y ya en abril los materiales estaban en una de las plazas formadas a la derecha del paseo del Príncipe, en el Campo Grande. Se insiste en que había que recordar lo sucedido con anterioridad y no economizar en el firme.


En junio estaba prácticamente concluido el traslado, con modificación, por lo menos, del grupo central. A comienzos de julio se hacían las pruebas pertinentes con el agua, destacando que, en esta ocasión, la cimentación estaba en regla. Se añade, además, que el pilón también ha sufrido modificaciones, siendo más pequeño que el original. En agosto ya estaba concluida la obra, siendo visitada por un numeroso gentío, siendo efusivamente felicitado Sabadell.
Por fin, en septiembre fue inaugurada, llamando la atención tanto el juego del agua como las sirenas, posiblemente demasiado veraces para la mente del XIX gracias al color carne dispuesto sobre ellas.
En 1935 con motivo de la Feria Regional de Muestras se construyó la pérgola que hoy la rodea. Las sirenas fueron finalmente repintadas de color negro para evitar el “gran escándalo” que suscitaba entre las señoras.
La fuente ha sido recientemente rehabilitada en 2012.

-Fuente: El siglo en que cambió la ciudad. José Miguel Ortega del Río.

16/12/12

La leyenda de los leones de la Universidad



El atrio de la Universidad (facultad de derecho) está acotado por una serie de columnas rematadas por unos leones sosteniendo diversos motivos heráldicos, conociéndose el lugar como los leones de la Universidad. Estos fueron realizados entre 1724 y 1726 por José de la Portilla y Santiago González, ayudados por Antonio de la Cebada y Antonio de Bedia.


Existe entre los universitarios una leyenda urbana, un temor infundado,  que afirma que aquellos estudiantes que osen contar el número de felinos nunca finalizarán sus estudios universitarios. Es motivo por el cual, si preguntamos por la cantidad de leones allí colocados, eviten responder o digan no estar interesados en saberlo.



En aquella época, los leones, que se alzaron después de construir los edificios antecedentes al actual, portaban cadenas para demostrar el poder del rector, algo que según el Catedrático de Historia Contemporanea  de la Universidad de Valladolid Celso Almuiña ha trascendido de diferente manera a lo largo de los años. Almuiña afirma que la importancia atribuida a estos leones se remonta a la Edad Media, por las vinculaciones eclesiásticas con las que nacían muchas universidades y que atribuían al rector un fuero especial que le permitía juzgar a los estudiantes.


3/12/12

Los antiguos pasadizos de Valladolid

Antiguo pasadizo en el Palacio Real


Los pasadizos son elementos arquitectónicos a modo de galerías cubiertas que se tienden de una calle a otra, dejando sitio por debajo para permitir la circulación. Podía darse el caso de que estas galerías fueran paralelas al muro de las casas o que atravesaran cualquier obstáculo interpuesto hasta conectar con el otro punto objeto del enlace.
Responde al deseo de tener libertad de movimiento por las diferentes dependencias del Palacio, sin necesidad de salir a la calle y sin ser fiscalizadas por el público.
Cuando el Palacio resultaba pequeño, los monarcas arbitraban la solución de comprar casas inmediatas a él, con las que se comunicaban mediante pasadizos.

En la calle Caridad todavía se conserva parte de la típica estructura del pasadizo
que allí existió

Surge así una red de pasadizos en torno al Palacio Real; pasadizos que le unen por una parte, con los Monasterios cercanos de San Diego, San Quirce y San Pablo y por otra con el Palacio Viejo, donde el Monarca había establecido los Consejos e incluso con el más lejano de los Palacios, el de la Ribera.
Pasadizos de carácter provisional se construyeron en la Plaza de San Pablo, para las ceremonias de los bautizos de los príncipes e infantas, durante la época en que Valladolid fue Corte.
Aunque los pasadizos tuvieron su más cumplida representación en el área palacial, hasta el punto de dar nombre a una de las calles que la integran, hubo, en el Valladolid del siglo XVII, otros pasadizos, más o menos dispersos. Por ejemplo, en la calle de la Pasión, que entonces se denominaba del Pasadizo de Don Alonso, donde todavía se conserva parte de la típica estructura del pasadizo en la porción de calle correspondiente a la de la Caridad.

Pasadizo de caracter provisional que se contruyó con motivo del bautizo de Felipe II

Como elementos integrantes de la estructura urbana, los pasadizos tuvieron una razón de ser en el Valladolid de la Corte y fue la de formar un conjunto armónico en torno al núcleo palacial. Los demás son casos aislados, y responden a un mimetismo, por parte de la nobleza, para emular la acción del Duque de Lerma.
Debemos señalar, no obstante, que fueron derribados cuando ya no cumplían su primitiva función o cuando eran obstáculos para ampliar calles o edificar nuevas casas.
Se prohíbe asimismo, la edificación de nuevos pasadizos a partir de 1625. Se suprimen también restos de colgadizos existentes en algunas portadas.

-Fuente: Urbanismo y arquitectura de Valladolid en los siglos XVII y XVIII. María Dolores Merino Beato.
 
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