5/12/13

Guía Secreta de Valladolid (Emilio Salcedo)



Emilio Salcedo (Salamanca 1929-Madrid 1992), dedicado al periodismo desde 1946 fue académico de la Real Academia de San Fernando, redactor en La Gaceta de Salamanca y redactor jefe del diario El Norte de Castilla en Valladolid. Emilio colaboró en las más prestigiosas revistas literarias españolas por su condición de crítico de arte y teatro.
Su trayectoria, más allá de su trabajo en El Norte de Castilla, se nutre de libros como Guía secreta de Valladolid, Teatro y sociedad en el Valladolid del siglo XIX, La palabra indirecta (escritores de Valladolid)...

Guía Secreta de Valladolid
Publicada en 1979 como una completa guía de la ciudad del Pisuerga en ella nos habla de Arte y monumentos. Museos. Historia, carácter, personajes. Rutas, parques, jardines, paseos. Instituciones, organizaciones, Vida cultural y social. Teatros, cines, espectáculos. Gastronomía, restaurantes. Vinos, bares. Lugares de alterne, vida frívola y galante, barrios "chinos" y ligues. Compras, comercios, souvenirs. Artesanía, cerámica y cientos de informaciones prácticas y direcciones útiles... para el Valladolid de aquella época.
Emilio Salcedo bien merecía dar nombre a alguna calle de nuestra ciudad.


25/11/13

Pucel Oca, el juego de Valladolid


Por Luis Amo (El Día de Valladolid)
Felipe II es el vallisoletano más retratado de la historia, pero ¿quién ha sido la mujer más retratada de nuestra ciudad?, ¿qué empresa instaló sus talleres generales junto a la Estación del Norte?, ¿en qué disciplina artesano-artística destacó sobremanera el leonés afincado en Valladolid desde los 9 años, Juan de Arfe? ó ¿qué nombre recibe el edificio más alto de Valladolid, levantado donde en tiempos estuvo el Palacio de la Ribera? Estas son algunas de las 1.200 preguntas que integran el juego del ‘PucelOca’ que se presenta para dar a conocer la historia y los rincones más escondidos de Valladolid. Se trata de una nueva herramienta turística promocionada por el Ayuntamiento, que nace con la intención de cautivar a naturales y foráneos, de indagar en lo más nuestro, para dar a conocer aspectos artístico, geográfico, cultural, religioso, político, histórico, arquitectónico o medioambiental de la capital.
‘PucelOca’ es un juego de mesa que conjuga las dinámicas de la tradicional ‘La Oca’ y ‘El Trivial Pursuit’. Muchos lo consideran como ‘El juego de los locos por Valladolid’, que ha sido presentado en la Feria de Turismo de Interior, y significa un divertido entretenimiento que se desarrolla sobre un tablero basado en el popular juego de la oca pero con la particularidad de contener en cada casilla preguntas y contestar respuestas que saber o que buscar (se permite internet, aplicación móvil o bibliografía), para poder avanzar hasta la última de las casillas, la número 63. Está ideado por Roberto Alonso y María Casado, y dirigido para que mayores y jóvenes puedan aprender más sobre múltiples temas pasando un rato ameno.
Se proponen dos modalidades de juego: los jugadores establecen un tiempo para jugar o ir avanzando por las casillas hasta completar el tablero y llegar a la última. Cabe destacar, además, que entre las curiosidades y similitudes del tablero destaca la salida desde el escudo de Valladolid; las casillas puente (Puente Mayor y Puente Colgante); la casilla de la posada (El Casino); la casilla pozo (Palacio de Pimentel); la casilla laberinto (Casa de los Marqeses de Valverde); casilla cárcel (Cárcel de Chancillería); casilla muerte (plaza del Ochavo) y última casilla, Plaza Mayor.
Es un juego de mesa, en definitiva, para retrotraernos a otros tiempos de la ciudad, pero también para poder ir in situ a conocer esas joyas desconocidas. Así las cosas, el juego de Valladolid, promovido por el Ayuntamiento y la Sociedad Mixta de Turismo, está a la venta en las librerías y jugueterías de Valladolid por un precio de 22 euros. El contenido de la caja es de las normas del juego con un tablero plastificado de mesa, tarjetas con un total de 1.200 preguntas con sus respuestas, además de las cuatro fichas y el dado.

1/8/13

Valladolid a vista de...¿globo? El grabado de Alfred Guesdon


Esta lámina coloreada, “vestida” de grabado y firmada por Alfred Guesdon, nos muestra un Valladolid de hace alrededor de ciento sesenta años, o acaso más, con unas características formales y parecido integral a la ciudad que por aquellos días sumaría unos 40.000 habitantes.
Estudiar el grabado francés lleva un par de horas de buena contemplación en busca de la fecha adecuada: después de 1852 y antes de 1864. Aquel Valladolid debió de ser un encanto, dispuesto como mandan los cánones cartográficos: arriba, el Norte con casa-ermita en el camino de Cigales, meandros del río y cárcavas de Cabezón; al Sur, el convento de Sancti-Spíritus, Puertas del Carmen, al lado de los Carmelitas Calzados, en él estuvo enterrado Gregorio Fernández y hoy es Hospital Militar; al Este, perdido en la lejanía, la chimenea de la fábrica de papel, de Garaizábal; y, al Oeste, el Pisuerga, barrio de la Victoria y Huerta del Rey. La línea inferior, la tapia frontera y fielato revelan o parecen revelar que el tomavistas estuvo en globo, acaso, más de una vez, antes de redondear el trabajo expresando cómo era la ciudad desde las nubes, a cielo abierto, embelleciendo un mundo de tejados. Parece que hay tema para un libro, sobrevolándolo todo desde las citadas Puertas del Carmen, de Madrid o de Carlos III, la isla de los Frailes a lo que ahora es la Plaza de Zorrilla. Aquí se contempla que estaba construido el Presidio Modelo que en 1852 ya era Colegio del Arma de Caballería, recién llegados los alumnos –cadetes- de Alcalá de Henares. Y como está intacta la Puerta del Campo –derrocada en 1864- hay dos hitos seguros para limitar el tiempo del dibujo. Desde el observatorio están claros el paseo de las Moreras y el plantío de olmos del paseo Alto. Están, asimismo, bien definidas tres de las cuatro puertas –la de Tudela se salió del grabado- y se pierden en el paisaje y sus encrucijadas los portillos del Prado, Polvora, Merced y Balboa. Aparecen, mal que bien o no aparecen catorce parroquias, con cinco templos agregados; 35 monasterios de monjas y frailes, cinco capillas y dos oratorios, muchos desabitados después de la exclaustración de Mendizabal.


10/7/13

El derrumbe de la torre de la Catedral

Fotomontaje de Juan Carlos Urueña Paredes (www.azulín.es), portada del libro La buena Moza
de Miguel Ángel Galguera

El mes de mayo de 1841 había comenzado en Valladolid con muy mal tiempo, con lluvias torrenciales y vientos de mucha fuerza. Durante todo el mes siguió más o menos la lluvia y el viento. El día 31, segundo día de la Pascua de Pentecostés, se celebraron en la catedral los Oficios correspondientes y los vallisoletanos se disponían a ir a la romería del Carmen, según la costumbre. A las 12 de la mañana arreció el temporal de agua, viento y granizo y los ciudadanos tuvieron que ponerse a refugio en sus casas. A las 3 de la tarde cesó la tormenta y la vida volvió a su quehacer diario. Horas después, cerca de las 5 de la tarde Valladolid se vio conmocionada con un ruido terrible y las casas cercanas sintieron una gran trepidación como consecuencia del derrumbe de la torre que se había venido abajo casi por completo, a partir del último cuerpo, el ochavado, donde estaban colocadas las campanas, arrastrando gran parte del tercer y segundo cuerpo, con el reloj incluido. Parte del derrumbe cayó a plomo sobre la fábrica de la catedral, sobre la capilla del Sagrario, destrozando la bóveda, y parte cayó sobre el lado que daba a poniente, cegando momentáneamente el cauce del río Esgueva. En su caída se llevó por delante las bóvedas, vigueteados, escaleras, balaustradas y cornisamientos y el antiguo rollo conocido como el león de la catedral que había sido trasladado desde la plaza de Santa María al atrio de la catedral. Tanto el historiador Matías Sangrador y Vítores como el periodista José Ortega Zapata narraron punto por punto estos acontecimientos. Ortega Zapata lo comentaba así:
[…] fue como si hubiesen disparado muchos cañones a la vez; y la ciudad y las habitaciones de las casas se vieron envueltas en densísima nube de polvo, casi impalpable, pero que asfixiaba […]

Grabado de Fournier que muestra la fachada de la catedral
de Valladolid antes de la caída de la torre en 1841

No hubo ningún muerto y sólo dos personas resultaron dañadas: el campanero Juan Martínez y su esposa Valeriana Pérez que tenían su vivienda en la torre en un cuarto junto al campanario. Al campanero le dio tiempo de cobijarse en uno de los vanos del tercer cuerpo que por fortuna no cayó con el derrumbe, pero la campanera cayó junto con los elementos de la torre que la “depositaron” entre escombros en la capilla del Sacramento, protegida por una viga. La mujer pasó 30 horas en aquella posición hasta que fue rescatada; estaba maltrecha y muy golpeada pero con vida.

Intervención de las autoridades
Las autoridades municipales, civiles, militares y religiosas acudieron sin demora al lugar de los hechos y se reunieron para decidir urgentemente los pasos a seguir. Llegó el alcalde Mariano Campesino, las tropas de guarnición, organizaron grupos de observación para estar alertas a posibles nuevos desprendimientos, otros grupos para el orden público, otros para salvaguardar el resto de la catedral y evitar el pillaje. También fue incluido como ayuda y mano de obra un grupo de presidiarios de los que estaban confinados en las dependencias del monasterio de San Pablo. A continuación llegaron los arquitectos, los maestros de obra y varios albañiles provistos con sus herramientas.
Decidieron trasladar todos los objetos de la iglesia a otras parroquias y el alcalde tomó posesión de las llaves de las puertas para dejarlas bien cerradas y abrirlas sólo para que los obreros pudieran entrar y salir en el transcurso de las obras que empezarían muy pronto. El Cabildo catedralicio agradeció a todos su presencia y ayuda y así lo hizo constar en el Libro de Actas.

Dibujo de Isidoro Domínguez Díez que muestra el derrumbamiento de la torre de la catedral de Valladolid.

Desmantelamiento de las ruinas
El informe de los arquitectos a la vista de cómo había quedado la torre fue desalentador. “El estado que presenta la torre es completamente desesperado”. El Ayuntamiento tenía prisa por emplear medidas eficaces para evitar daños mayores de futuros desprendimientos de las ruinas que aún quedaban en pie. Se procedió en primer lugar a despejar toda la zona de los escombros caídos y una vez realizado este trabajo y siguiendo los consejos de los profesionales, se tomó la decisión de hacer el desmonte de la parte de la cúpula y del octógono que se mantenía en pie de forma muy insegura. Tanto el Ayuntamiento como el Cabildo se encontraban bastante escasos de fondos pero además no era fácil encontrar gente que quisiera hacer un trabajo tan peligroso. Fue entonces cuando se presentó voluntario Francisco González, un presidiario que cumplía condena por homicidio y que presentó un plan para proceder al derribo, con un presupuesto bastante bajo de 10.500 reales y como pago de su trabajo, la exención de su pena; los arquitectos estudiaron y aprobaron el plan que se fue desarrollando con éxito y que concluyó el 14 de agosto de 1841.


Pero las autoridades no se conformaron con el desmonte de lo estrictamente ruinoso considerándolo insuficiente y decidieron que debía continuarse hasta llegar al primer cuerpo de la torre, es decir a la misma altura en que se encontraba la base de la torre de la parte este. Francisco González estuvo de acuerdo en seguir con la obra emprendida, pero esta vez cobrando, ya que había cumplido con lo pactado anteriormente. El Ayuntamiento le entregó 170.000 reales y la demolición continuó hasta la altura en que puede verse en la actualidad. Mientras tanto se iba haciendo muy despacio la labor de despejar los escombros acumulados de nuevo, salvando en lo posible los materiales que pudieran servir. Los compró el Ayuntamiento y se ocupó de su traslado, pero el resto de cascotes y escombro inútil permaneció en el sitio hasta el año 1843. También se fueron abriendo las calles afectadas, para que la ciudad volviera poco a poco a la normalidad.

Restos de la torre hundida en 1841 tras el proceso de demolición, con
la cornisa destrozada por el efecto de la caída de las piedras.

Así quedó la primera y única torre de la catedral que nunca más fue levantada de nuevo. La catedral se vio sin torre, sin campanas y sin reloj. Las campanas y el reloj eran todo un símbolo y una necesidad para la población que confiaba tanto en unas como en otro, para los acontecimientos religiosos y de otra índole y para la distribución de su tiempo. La torre de la catedral y su reloj se veían desde cualquier punto de Valladolid y esa referencia se había perdido para siempre. Así, la vecina Universidad tuvo que construir una torre propia en 1857 para poder colocar un reloj en ella, pues hasta 1841 se había regido por el reloj catedralicio.



Torre del lado de la epístola
La segunda torre, la que se conserva, es obra del siglo XIX. Su primer cuerpo, de planta cuadrada, estaba ya edificado en simetría con la torre de poniente.
En 1848 hubo un primer intento de reconstruir la torre perdida, pues el Cabildo pidió al arquitecto Epifanio Martínez de Velasco un estudio sobre el particular. Esto no siguió adelante hasta que en 1861 el Cabildo pidió al arquitecto Vicente Miranda un informe para levantar la torre en el mismo lugar que la anterior. El arquitecto, abrumado por la responsabilidad, pidió la creación de una comisión de arquitectos para ello, lo que se llevó a cabo. Estaba formada por Miranda, Jerónimo Ortiz de Urbina, Segundo Rezola y José Fernández Sierra, bajo la dirección de Antonio Iturralde Montel. Decidieron llevar a cabo una serie de catas en la base de la torre perdida y en la del lado de la Epístola. Un año después, en 1862, firmaban el proyecto. Éste trataba de construir ambas torres de la fachada de la Catedral siguiendo la forma de la torre desaparecida (es decir la torre trazada por Herrera más el remate ochavado) pero suprimiendo el segundo cuerpo de la torre, que tenía en los alzados dos ventanas superpuestas. Así, las torres proyectadas eran notablemente más bajas que la desaparecida, pero más económicas. No obstante, el proyecto no se pudo realizar por falta de fondos.
En 1878 se decidió construir la torre del lado de la Epístola siguiendo el proyecto de 1862. La dirección recayó en Antonio Iturralde Montel. En 1879 se subastaron las obras y empezaron a agruparse materiales en la Plaza de la Universidad. En 1880 se iniciaron las obras, con gran fuerza. Para subir las piedras, se instalaron dos máquinas de vapor. A finales de año, el cuerpo de base cuadrada con los grandes arcos (el segundo piso) estaba ya a la altura de los arranques de los arcos y se empezaban a montar las cimbras para realizarlos. Sin embargo, la falta de fondos hizo que las obras se pararan poco después. En la primavera de 1884 las obras comenzaron de nuevo. A finales del verano, estaba ya concluido el segundo piso, con sus grandes arcos, hasta la barandilla. Durante el otoño e invierno, se construyó el cuerpo octogonal y se subieron las campanas el 27 de marzo.

La Catedral sin las dos torres

La torre, sin la cúpula de remate ni el cuerpo ochavado finalizado (de los ocho arcos para las campanas sólo tenía terminados dos), se inauguró el 4 de abril de 1885, día de Sábado Santo, en la Vigilia Pascual, que antes de 1951 se celebraba el sábado por la mañana en vez de por la noche. El acto comenzó con el toque a Gloria de la campana dedicada a San Miguel Arcángel, que procedía de la antigua torre derrumbada y que se había guardado y conservado.En agosto de este mismo año de 1885 se terminaron los arcos restantes y a las 5 de la tarde del día 11, el arzobispo de Valladolid Benito Sanz y Forés, en otra solemne ceremonia bendijo los arcos concluidos y la colocación de las otras cinco campanas.

La torre durante la fase de construcción
Pronto empezaron las críticas por la escasa esbeltez y altura de la torre (es fácil imaginarse el efecto sustrayendo de la torre actual la estatua del sagrado Corazón, cúpula, y el piso del reloj y tercer piso del cuerpo ochavado) y porque las campanas no se oían por ser demasiado baja la torre. Así, Antonio Iturralde se vio obligado a hacerla más alta que lo proyectado en un principio. A principios de 1886 se aprueba el proyecto de reforma de la torre, que añadía sobre lo construido dos pisos más, ochavados, uno con el reloj y otro con una nueva sala de campanas, rematando con cúpula. A principios de la primavera de 1887 se terminaba el cuerpo del reloj y a finales del verano se estaban terminando los arcos del último piso ochavado, la nueva sala de campanas. En ese momento, surgen dudas sobre la estabilidad de la torre, pues Iturralde no había hecho cálculos de pesos ni de resistencia de materiales. Solventados estos problemas, en 1888 se subían las campanas al tercer piso del cuerpo ochavado, donde hoy se siguen encontrando. La torre se remató en 1890 con un tejado de escasa pendiente en lugar de la cúpula proyectada y un pararrayos.
Todavía quedaba por terminar el remate de la balaustrada, la cúpula y una linterna con que debía rematarse el proyecto. La falta de recursos hizo que de momento se cubriera de forma provisional a la espera de su culminación que llegaría años después.


Fachada de la catedral de Valladolid. La fotografía es anterior a 1923 por lo que la torre se encuentra sin la estatua del Sagrado Corazón.

Fin de las obras
En 1911 se instaló en la torre un reloj de cuatro esferas. En 1923 continuaron las obras para la culminación. Se construyó la cúpula, pero la linterna proyectada fue sustituida por la estatua del Sagrado Corazón, obra del escultor Ramón Núñez y en 1924 con la instalación del pararrayos en la estatua, se dio por finalizada la obra de la construcción de esta torre que se había iniciado en 1880.


Estado actual de la Catedral

Es lunes de Pentecostés del años 1841, mientras la gente regresaba de la romería del Carmen de Extramuros, la torre de la catedral de Valladolid -a la que los ciudadanos llamaban con orgullo la Buena Moza- se vino al suelo con gran estrépito arrastrando en su caída a Valeriana, la mujer del campanero. Recuperando algunos personajes reales e inventando otros, Miguel Ángel Galguera nos traslada, a partir de este singular episodio de la historia, a una época de bravucones y señores, guapas y trabajadores, gitanos y alguaciles, que verán cómo un gallego es el único capaz de tumbarse él solo a la Buena Moza de Valladolid.


-Fuente:http://es.wikipedia.org/wiki/Torres_de_la_catedral_de_Valladolid

2/4/13

El Pisuerga enfurecido. La gran riada del 6 de marzo de 2001.

Este letrero marca la altura a la que llegó el Pisuerg aquel día


La crecida que experimentó el río Pisuerga a su paso por Valladolid el 6 de marzo de 2001 ha sido una de las peores sufridas en los últimos 40 años. Fue la culminación de un proceso de reiteradas subidas de caudal y de inundaciones desarrolladas a lo largo del invierno 2000-2001.
Tampoco se trató de un episodio de inundación impredecible, como algunos medios de comunicación y los organismos responsables del control de la Cuenca del Duero quisieron hacer ver. Con la evolución que venía teniendo la dinámica atmosférica desde unos meses atrás, y del consiguiente comportamiento del Pisuerga y de otros afluentes del Duero no era en absoluto difícil que este acontecimiento se produjera.


El otoño-invierno 2000-2001 estaba siendo un periodo muy húmedo por las elevadas cuantías pluviométricas registradas, lo que ya venía provocando varios episodios de aguas altas con resultado de inundación. En muchos de los ríos de la Cuenca del Duero la inundación de primeros de marzo ya era la cuarta o quinta padecida. En Valladolid no siempre tuvieron iguales efectos estas subidas pese a que los caudales se mantuvieron altos durante todo el periodo.
Había, por tanto, motivos más que suficientes para estar sobre aviso, puesto que bastantes colectores de la región llevaban más agua que de costumbre y los embalses estaban al máximo de sus posibilidades, con capacidades de resguardo ínfimas y habiéndose realizado los desembalses demasiado tarde. Con este panorama un incremento de caudal podía ser suficiente para que los ríos ocuparan sus lechos menores y alcanzaran los mayores donde les fuera posible, como de hecho sucedió.

Foto: Jaime Orcajo

En cualquier caso, la que sería histórica inundación del 6 de marzo, junto a las otras padecidas aquel invierno, fueron la consecuencia lógica del comportamiento seguido por la dinámica de la atmósfera en aquellos meses, unido a las características físicas de las cuencas hidrográficas afectadas.
La inundación del 6 de marzo de 2001 fue una más de las muchas que ha experimentado este río y de las que le quedan por pasar.


Cronología de los hechos aquel día.
-A las 3 de la madrugada se produjo un repunte causado por los aportes de varios ríos intermedios, “algo que era imprevisible” en palabras del presidente de la CHD. Aunque mejor dicho, fue algo no previsto por el citado organismo.

-A primera hora de la mañana el Pisuerga llevaba en Cabezón el alarmante caudal de 2000 m3/seg, y ascendía a un ritmo de 30 cm por hora. Se había superado con creces la cota de riesgo. Su punta máxima en Valladolid se estableció en 2682 m3/seg a las 16 horas según los medios de comunicación, si bien la CHD lo estimó en torno a 2360 m3/seg (aforo directo medido). Se sobrepasaron en 4,15 m la altura máxima de las cinco anteriores crecidas habidas aquel invierno. El río estuvo a 6,5 m de altura sobre el nivel medio normal.

El puente de Cabezón conserva las marcas de la altura a la que llegó el agua aquel histórico día


-A las 07:45 h de la tarde las aguas ya habían descendido en Valladolid unos 10 cm en el Puente Mayor, con lo que el Pisuerga anunciaba su retirada. Lentamente las aguas fueron volviendo a su cauce. Como era lógico esta crecida con las horas fue propagándose aguas abajo. Así a las 3 de la tarde el caudal del Duero en Tordesillas era de 2500 m3/seg, de 1763 en Toro y de 1635 en el Barrio de Carrascal de la ciudad de Zamora.

Foto: Jaime Orcajo


Los efectos
Las peores consecuencias se centraron en el tramo de meandros de El Cabildo-La Overuela, y en el lóbulo ocupado en su mayor parte por el barrio de Arturo Eyries, teniendo que ser desalojadas algunas familias en estas zonas. También se vieron afectadas urbanizaciones como El Pichón, Entrepinos, La Vega, Camino de Badarroyo y las Aceñas (Simancas). Calles cortadas, aparcamientos inundados, centros culturales y deportivos dañados, como el caso del Museo de la Ciencia, cuyos destrozos se evaluaron en 80 millones de euros, fueron algunas de las consecuencias de esta histórica inundación
Los efectos de la crecida en Valladolid se podrían haber minimizado si hubiera habido, por una parte, la prevención suficiente y las actuaciones consiguientes y por otro, si la ciudad no ocupara el espacio que le pertenece al río. Pero eso implica la restricción de los usos y, por tanto, un coste económico y probablemente político que pocos están dispuestos a asumir.

Descargate el informe completo haciendo click abajo



-Extracto del informe realizado por Mª Teresa Ortega Villazán y Carlos Morales Rodrigez, (CRECIDAS E INUNDACIONES DURANTE EL INVIERNO 2000-2001 EN LA CIUDAD DE VALLADOLID Y SU ENTORNO) del Departamento de Geografía de la Ciudad de Valladolid.

26/3/13

Rincones con fantasma. Un paseo por el Valladolid desaparecido




Este libro, publicado por Juan Carlos Urueña Paredes en enero de 2006 resulta imprescindible para todos los vallisoletanos que sientan curiosidad por saber cómo fue nuestra ciudad en el pasado. Qué palacios, iglesias, conventos... había donde hoy se levantan bloques viviendas o impersonales plazas. 
El libro tuvo tal éxito que se agotó a los pocos meses de su publicación, a pesar de que se hicieron tres reimpresiones del mismo. Con el permiso explícito del autor os lo pongo aquí para que disfruteis de esta joya.

El Alcalde de Valladolid lo prologaba así:
"Dice Juan Carlos Urueña que el objetivo de su obra no ha sido otro que“... convocar a los espíritus” del pasado para, de su mano, reconstruir un Valladolid ya desaparecido, en el que ubicar e imaginar el acontecer de los vallisoletanos de otro tiempo. El reto de Juan Carlos era hacernos ver lo que ellos vieron; sus herramientas, estas cuatro: primera, los testimonios gráficos supervivientes de épocas pasadas; segunda, los estudios históricos existentes sobre nuestro patrimonio monumental y urbanístico; tercera, el software informático de tratamiento de imágenes; y cuarta, el cariño y la devoción por Valladolid y lo vallisoletano.
Los Rincones con fantasma de Urueña Paredes son un excelente ejercicio de reflexión sobre el pasado de nuestro entorno y hemos de mostrar profundo agradecimiento ante la sensibilidad que el autor ha demostrado como artista virtuoso, como lector empedernido de la bibliografía de tema local y, sobre todo, como vallisoletano. En una sociedad como la nuestra, en la que la que el protagonismo de la imagen es absoluto e indiscutible, el trabajo de Juan Carlos pone a nuestro alcance la posibilidad de recorrer virtualmente un Valladolid que ya no existe, ofreciéndonos la oportunidad de disfrutarlo con nuestros propios ojos.
Es tiempo de atrapar, querido lector, las mil y una anécdotas e historias hilvanadas por Juan Carlos Urueña para ayudarnos a identificar los fantasmas de un Valladolid que reclama toda nuestra atención y todo nuestro mimo. Es tiempo de descubrir las mil y una sorpresas que deparan estas páginas a quienes gustan de saber más y más sobre una ciudad que ansía que la amemos, la protejamos y sintamos por ella un infinito orgullo."


Descárgatelo directamente haciendo click abajo: 



20/3/13

La calle más antigua de Valladolid




Por Joaquín Martín de Uña
Alguno de los vecinos que actualmente ocupan viviendas situadas en la calle Don Juan Mambrilla, quizás, no solo desconozcan que "su calle" debe su nombre actual a un desafortunado acuerdo municipal, adoptado hace escasamente un siglo, sino también que antes de dicho acuerdo su nombre fue el de Francos y que es la primera calle de la que se conserva recuerdo en nuestra ciudad.


Casa de los Zúñiga

En su contrastado estudio sobre Las Calles de Valladolid, el investigador Juan Agapito y Revilla analiza documentalmente, la historia de ésta y remonta su antiguedad al Señorío de la villa por el Conde Ansúrez. La primera referencia escrita se encuentra en carta dotal de 21 de mayo de 1095, otorgada por D. Pedro Ansúrez y su mujer Dª. Eylo en favor de la iglesia de Santa María la Mayor, primera Colegiata vallisoletana. Según el citado historiador, las fincas existentes en la margen izquierda del ramal norte del Río Esgueva -cuyo curso discurre en la actualidad bajo la calle Paraíso- fueron cedidas por el Conde a los franceses (francos) que intervinieron junto a las huestes de Alfonso VI en la conquista de Toledo el año 1085.

Pasaje de los Alarcón

Una vez que los soldados francos fueron licenciados, según Floranes en sus Orígenes de los Estudios de Castilla, "tomaron Partido", es decir, pasaron a prestar sus servicios a diversos nobles castellanos. El capitán Martín Franco y su cuadrilla franca "se ajustaron" con el Conde vallisoletano y se instalaron en los  terrenos que les fueron señalados. Lo mismo ocurrió en ciudades de nuestro entorno como León y Zamora, entre otras.

En el plano de Ventura Seco se aprecia la calle con su primitivo nombre de Calle de Francos


En la actualidad se conservan algunos restos del brillante pasado de esta calle, -llegaron a existir siete casas palaciegas en su trazado- restos que en algunos casos aparecen integrados en las nuevas edificaciones, que no siempre mantienen el carácter tradicional de la calle. En el número tres de la calle se conserva la fachada y un escudo de la casa de los Mendoza y, mediante su reconstruído patio se comunica con la calle Paraíso, a través del Pasaje de los Alarcón.
  Siguiendo la acera de los números impares nos encontramos con la que fue casa principal del Marqués de Revilla, Alférez Mayor de la ciudad, palacio que más tarde fue propiedad de Diego de La Gasca, hermano del entonces Obispo del Perú quien le encargó reconstruir la primitiva parroquia de la Magdalena. Actualmente el Colegio de la Enseñanza y el Colegio Mayor Monferrant, se levantan sobre el solar de dicha casa señorial.
En el número 33 de la calle se encentra el convento de las Salesas -que anteriormente había sido sede de la Escuela Normal de Maestras- que conserva algunos vestigios de cierto interés.

Convento de las Salesas

En la acera de los números pares, más afectada por nuevas edificaciones, es de destacar el que fuera palacio de los Zúñiga, posteriormente de la Duquesa de Osorno y sede del primer Tribunal de la Inquisición en el cual pudo estar preso Fray Luis de León y del que fue sacado para su ejecución Alvaro de Luna.
Don Juan Mambrilla fue un hombre que, en su tiempo, pudo alcanzar cierta notoriedad, alcanzó el puesto de catedrático de la Facultad de Derecho, pero su posibles méritos, a mi entender, no parecen suficientes para cambiar el nombre de una calle que, durante más de setecientos años, se llamó calle de los Francos.

-Fuente: Valladolid, una ciudad contada. (Joaquín Martín de Uña)

21/2/13

Hostal Lucense; el andamio enquistado.




En 1996 cerraba uno de los hostales con más solera de Valladolid, sobre todo para los aficionados al mundo de los toros, el Lucense, con el objetivo de llevar a cabo una rehabilitación completa del inmueble. Tras 16 años cerrado, el edificio, situado en las confluencias entre el Paseo Zorrilla y la calle Puente Colgante, ha experimentado un visible deterioro que ha obligado a colocar andamios para evitar el desplome de su fachada, protegida en el PGOU. El problema se encontraba en que el edificio tenía múltiples propietarios, lo que ha dificultado que se pusieran de acuerdo a la hora de acometer la intervención. 


No obstante, tras llegar a una cuerdo entre las partes, el año pasado obtuvo la correspondiente licencia de obras tras varios proyectos desestimados. Así, el futuro de ese bloque será respetar la portada de ladrillo existente y levantar una torre de viviendas de modo retranqueado de manera que visualmente la nueva construcción vaya en paralelo a la contigua existente.
Su fachada, que fue limpiada de los carteles que la cubrían en 2010, está anclada a una antiestética estructura metálica desde hace más de una década. 


15/2/13

Un monolito al General Mola



La granja de Aguilarejo está situada en el término municipal de Corcos del Valle (Valladolid). Se distingue por la silueta inconfundible de su casa fuerte, que trasplanta a la Meseta el modelo torreado de palacio montés. Es una construcción de los años veinte que tiene adosada una capilla neorrománica y haciendo corro, en torno al pedestal del Corazón de Jesús, las casas de los aparceros. En la plazuela de la granja un monolito de tiempos de la guerra civil recuerda que aquel era el aeródromo usado por el general Mola en sus visitas bélicas a Valladolid, cuando todavía no existían las pistas de Villanubla


El  3 de  junio  de  1937,  el  general  Mola  fallece  cuando  se dirigía en avión de Vitoria a Valladolid, al chocar  a causa de la  niebla,  contra  un  cerro  en  las  proximidades de  Alcocero.  La noticia conmueve a toda España y se convierte en titular   de primera página  en  la  Prensa mundial. 

Vecinos de la localidad burgalesa de Alcocero (denominada Alcocero de Mola desde el accidente hasta nuestros días) junto a los restos del aparato siniestrado que ellos mismos tuvieron que bajar desde el monte. (Haga clic en la imagen para verla ampliada). 


Mola, organizador del  Movimiento  del  18  de  julio,  rodeado  de  una aureola  extraordinaria (entre el bando nacional se entiende)  muere  en  plena  ofensiva.  Franco  asume  personalmente el  mando  del  Ejército  del  Norte  y  nombra a su  colaborador   el  general  Dávila  como  sustituto  de  Mola.  


7/2/13

Hermanos Santaolaya. Otra vez la piqueta.



Tal vez no fuese más que el último vestigio de un antiguo almacén de frutas. Una simple fachada de ladrillo pero al menos para mi, tenía un especial encanto. 


Siempre soñé con que tal vez fuese restaurada y convertida en cualquier cosa, pero respetando ese frontal de estilo fabril que tanto me gustaba. Pero no, finalmente la dichosa piqueta se la ha llevado por delante, rememorando aquellos malditos años en los que Valladolid perdió gran parte de su patrimonio histórico en pro de inmensas y horrorosas moles de cemento y cristal. En este caso un hotel ocupará su lugar. Pero qué le vamos  a hacer. 


Sirva esta entrada para despedir a este encantador rincón que tanta personalidad daba a la calle Cardenal Cos. Descanse en paz.




-Fotos de las obras cortesía de https://twitter.com/LilithPiraten

4/2/13

Tadeo Jones; un ilustre explorador vallisoletano




Nombre, Tadeo Jones, lugar de nacimiento, Valladolid, fecha, el 26 de abril de 1977. Así consta en su pasaporte y serán pocos los que sepan que  el  famoso explorador nació en la capital del Pisuerga, no sabemos en qué hospital, pero seguro que esto es un hecho desconocido por casi todos los vallisoletanos. 







Creado por  el director y animador originario de Valladolid Enrique Gato, la película, ganadora de tres Premios Goya, ha hecho las delicias de pequeños y mayores.




Tadeo Jones es un patoso obrero de la construcción que quiere ser un famoso arqueólogo y que tiene facilidad para meterse en líos. Luego llegarían Sara, una intrépida arqueóloga; Belzoni, un loro mudo con mucho carácter: Jeff, el perro de Tadeo; y Freddy, un guía con un abrigo multiusos.
Un pucelano más del que sentirnos orgullosos.

-Fuente: El día de Valladolid

31/1/13

El edificio de La Unión y el Fénix



Es un edificio singular que se apodera visualmente de la calle Santiago. Destaca por su estilo, que mantiene la conocida imagen de la sede madrileña de la Unión y el Fénix en la calle Alcalá, proyectada años antes por los hermanos Feurer. Su estilo neobarroco contrasta con los cercanos edificios racionalistas que se construían entonces.

El edificio en 1950

A partir de 1930, el desarrollo de la política inmobiliaria de “La Unión y el Fénix Español”, cumpliendo el triple objetivo comercial, técnico-financiero y propagandístico, adquiere un ritmo de continuas realizaciones, y es en el mencionado año cuando se concluye la construcción de un edificio en Córdoba y la adquisición y reforma de otro en Bilbao, para seguir después, en 1931, el de Barcelona, de análogo estilo y suntuosidad que el de Madrid, el de Valencia en 1933 y el de Valladolid en 1936, este último construído por Gutierrez Prieto. 
Con locales comerciales de la compañía, oficinas y viviendas, se organiza en bajo, entreplanta, cuatro pisos y torre de remate. Destaca sobre todo el enlace de las fachadas a la calle Santiago y Constitución, con un potente cuerpo con columnas de orden gigante, que abarcan tres alturas.


Sobre el, se sitúa un relieve alegórico y la linterna, que a su vez sustenta la escultura que encarna la imagen de la empresa.
Las superficies limpias de ladrillo enfoscado y pintado de las fachadas están recubiertas de relieves alegóricos, decoraciones vegetales y animales y escudos del Ayuntamiento de la República.


-Fuentes: Guía de Arquitectura Urbana de Valladolid (Roberto Vivar Cantero), http://www.alexmadrid.es/fenix/


28/1/13

La tragedia de la Discoteca Siete Siete

FOTO: G.VILLAMIIL Y R. GOMEZ
(El Norte de Castilla)

Eran las 6:15 de la mañana de aquel 6 de octubre de 1996 en la Avenida de Santa Teresa nº 34, en el barrio de la Rondilla, cuando los últimos clientes abandonaban la discoteca Siete Siete. El local ya había cerrado, y los empleados hacían caja y recogían las copas vacías. En la discoteca había unas 20 personas  según relataron algunos testigos. Minutos después los bomberos reciben varias llamadas. Un incendio que en principio había sido controlado con un extintor por Jesús Arranz Sanz, uno de los propietarios del establecimiento, se reavivó produciendo grandes llamaradas y una intensa humareda. La discoteca cumplía los requisitos de seguridad, según las autoridades. Las causas del siniestro no se han determinado, aunque varios testigos afirmaron que el fuego se debió a una colilla o un papel encendido debajo de unos sillones.



Lucía Escudero Martínez, de  51 años, que trabajaba como guardarropa en el establecimiento, no consiguió llegar a la puerta. Mari Carmen Velasco González, una cuellarana de 37 años que, al parecer, había regresado a la discoteca para recoger su bolso, tampoco logró encontrar la salida. Las dos mujeres fueron las primeras víctimas, cuyos cadáveres calcinados fueron rescatados sobre las 9,30 de la madrugada.



Foto: ABC

Dos horas antes, el sargento del Cuerpo de Bomberos José Luis Vidal Arias, de 39 años, y el bombero Juan Carlos Matarranz de las Moras, de 34, quedaron envueltos en humo y llamas cuando buscaban los cadáveres de las dos mujeres. Habían logrado llegar hasta el guardarropa de la discoteca con equipos autónomos, pero los accesos se habían convertido en el tiro de una chimenea gigante que les retuvo de forma trágica.
El suboficial Gerardo Abia Romero había bajado con ellos y fue el único que consiguió salir.
A pesar de producirse quemaduras en la mano izquierda y en una oreja participó activamente en la búsqueda de sus compañeros y en el rescate de las dos mujeres. Sólo cuando el siniestro fue totalmente controlado accedió a trasladarse al Hospital del Río Hortega.

Así informó El Norte de Castilla

A pesar de la fatiga y la emoción, el suboficial Gerardo Abia cambió su botella de oxígeno en varias ocasiones para ayudar a localizar los cuerpos de las cuatro personas, que no empezaron a ser evacuadas hasta poco después de las 8,30 de la mañana.
En total cuatro personas murieron y otras seis resultaron heridas.
Los 44 vecinos del edificio en el que se encuentra la discoteca fueron desalojados inmediatamente por Protección Civil, debido al peligro de inhalación de humo y por su propia seguridad, ante la duda de si el fuego había afectado a la estructura del edificio. Según el alcalde, tras la inspección técnica de los responsables municipales se determinó que "las normas de seguridad con que contaba el establecimiento impidió males mayores, tanto en la estructura del inmueble como en cuanto a víctimas". Además de la destrucción de la discoteca, las dos casas más próximas, que se encontraban sobre la sala de fiestas, resultaron seriamente afectadas.



Foto: Ramón Gómez (El Norte de Castilla)


La única persona condenada por el incendio en la discoteca Siete Siete, fue el dueño de la sala de fiestas Jesús Arranz que fue condenado el 26 de octubre de 2000 por el Juzgado de lo Penal número 2 por dos faltas por homicidio correspondientes a las muertes de la empleada de la discoteca, Lucía Escudero Martínez, y de la clienta María del Carmen Velasco González, y por otras cinco faltas más de lesiones por imprudencia leve de los cinco heridos en el suceso.



Ver mapa más grande


-Fuentes: El Norte de Castilla, El País, Diario ABC

26/1/13

Juan Villa; el mago de Cuarto Milenio

Foto: Ikerjimenez.com


Hace cuatro años, un miembro del equipo de Cuarto Milenio, llamó a Juan. "Mira, necesitamos que hagas una figura de un señor muerto víctima de la peste negra. Los síntomas externos son dedos negros de gangrena, hígado hinchado, bubones en las axilas, cuello e ingle, costras purulentas... Tienes siete días". Una semana más tarde, el escultor se presentó en los estudios de Cuarto Milenio con su "cadáver" de poliuretano en perfecto estado de... autopsia. Así es Juan Villa de 34 años, asturiano de nacimiento, pero afincado en Valladolid desde los ocho y gerente de la empresa Prometeo Representaciones Volumétricas, con sede en la urbanización Vegalatorre de Cubillas de Santa Marta y fundada hace 10 años.
Formado en la Escuela de Artes y Oficios de Valladolid, pronto orientó toda su actividad a seguir disfrutando, ya desde el profesionalismo, de sus grandes pasiones de juventud: las películas de ciencia ficción, los efectos especiales, las maquetas y la construcción de caretas. Unas manos especialmente dotadas para la escultura, un asombroso don para captar el realismo y una imaginación prodigiosa para convertir materiales inverosímiles en elementos de atrezzo, hicieron el resto.

Instalaciones de la Empresa Prometeo en Valladolid


Resumir la actividad de este genio de la escultura es una tarea imposible. Arriesgando mucho, podría decirse que su misión es convertir en materia palpable todas las ideas que le piden sus clientes. Y aquí viene lo bueno, ya que los que llaman a la puerta de Prometeo, son iglesias, museos, exposiciones, compañías de teatro, planetarios, ayuntamientos, fundaciones culturales, excavaciones arqueológicas (como Atapuerca o Valle de Ambrona), bares o clubes deportivos.
Sin olvidar, claro está, el gran filón que ha encontrado en la antropología forense. Comenzó casi de puntillas hace ocho años y ahora es una referencia en España. Hace ocho años, a través de su faceta de profesor de caracterización de alumnos de institutos, contactó con miembros de la Sociedad Española de Criminología y Ciencias Forenses, con sede en Valladolid.


"Tengo que agradecer y destacar la pasión que todo el equipo de Cuarto Milenio pone en cada tema que conlleva atrezzo ; sobre todo a Iker y Carmen que nos encandilan y llevan a su universo tan mágico , misterioso y apasionante. Esto es clave, todos sentimos cada historia contada . Su apuesta por hacerlo a la vieja usanza, con modelos y maquetas es de agradecer. Realmente puedo decir que me siento la persona más afortunada por el trabajo que desempeño. Imaginaros: cada semana replicas arqueológicas, forenses, criminológicas, inventos perdidos en el tiempo, criptozoología, momias! Vampiros! Fenómenos extraños y un sinfín de temas que necesitan una recreación o una réplica para ser más visuales. Realmente es fantástico poder hacer todo esto cada semana!! Como artesano es un verdadero privilegio."
En diciembre de 2012 el equipo de Cuarto Milenio organizó una exposición en el Colegio Oficial de Arquitectos de Madrid con unas 150 piezas destacadas creadas por el artesano Juan Villa, dividida en áreas como 'Seres Asombrosos', Cielo e Infierno', 'España Mágica', 'Cuando los Dioses Visitaron la tierra' o 'La Morgue'. Constituyó una idea única y nunca abordada en España.
Además, todos los miembros del equipo del programa estuvieron presentes en diferentes horarios para poder charlar con los visitantes. 
El evento desbordó todas las previsiones, recibiendo miles de visitantes provocando incluso el colapso del tráfico en el centro de Madrid.
La fábrica de ilusiones marcha viento en popa y ya se está llevando a cabo una ampliación de las instalaciones.



 
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