28/1/10

Convento y museo de Santa Isabel

Pese a la Desamortización y a los cambios socio-económicos de nuestra época, subsiste en el interior del casco urbano un numeroso grupo de conventos masculinos y femeninos. El de Santa Isabel se encuentra en la zona de mayor densidad (San Benito, San Agustín, Santa Catalina, San Quirce, Trinitarios Descalzos, Santa Brígida). La fachada enfrenta con la del Convento de San Agustín y las tapias enfilan la calle de Santo Domingo de Guzmán, de tan rancio sabor histórico.



Las obras de restauración emprendidas desde hace algún tiempo se han visto coronadas por la recuperación del claustro. Ha quedado consolidada y adecentada toda su estructura, se ha descubierto el pavimento de los corredores de la planta baja, formados por guijarros y cintas de piedra. La Junta de Castilla y León, a través de la Consejería de Cultura y Bienestar Social, ha impulsado la restauración y realizado la ordenación del recinto al efecto de la visita pública.



Los comienzos se remontan a 1472, cuando se funda un beatario para religiosas franciscanas. El Papa Inocencio VIII concedió en 1484 autorización para que las religiosas pudieran constituirse en comunidad conventual. En 1506 construía la iglesia el arquitecto palentino Bartolomé de Solórzano. En 1507 fue bendecida la iglesia. De una sola nave, se cubre con crucería gótica de terceletes. Pero el entablamento se perfila ya con formas renacientes. Tiene coro alto y bajo; éste, junto al presbiterio. Pero más relevante es el alto. La iglesia obedece a la tipología monasterial.

Claustro


El testero de la capilla mayor se cubre con un retablo de escultura. La arquitectura es obra de Francisco Velazquez, responde a una disposición clasicista, inspirada en el retablo mayor de la Colegiata de Villagarcía de Campos, que a su vez copia el del Escorial. Esta obra se contrata en 1613. De las estatuas y relieves se encargó Juan Imberto. Pero hubo una mudanza. En 1621 Gregorio Fernández contrató el relieve que muestra a Santa Isabel, reina de Hungría, ofreciendo limosna a un pobre.

Retablo Mayor

En el lado del evangelio se halla un retablo dedicado a San Francisco, realizado en la década de los años 70 del siglo XVI, por el escultor francés, afincado en Valladolid, Juan de Juni.
La visita a la clausura lleva directamente al claustro, que se hizo el mismo tiempo que la iglesia y, sin duda, por el mismo Solórzano. Tiene planta rectangular y ocupa dos pisos organizados con columnas toscanas.

Retablo de San Francisco

El piso bajo, adintelado sobre zapatas de madera, tiene notable altura, por corresponder a él las dependencias de uso común como el refectorio. Las columnas son esbeltas y los tramos amplios, lo que se explica por la levedad de los materiales, yeso y madera. Para favorecer la intimidad este piso bajo se cierra con antepechos de celosía de yeso, de labor gótica calada, acabados en su molduración en la cara que mira al interior del claustro, siendo planos por el exterior. Son de motivos muy variados, aunque lo son más los temas geométricos que ofrecen los antepechos del piso alto, que presentan arcos escarzanos.
El recorrido por los claustros, hollando el antiguo pavimento y el paseo por el jardín, en el que ha permanecido un esbelto tejo, transmite sosiego y espíritu.
El corredor bajo permite el acceso a diversas dependencias. Una de ellas, contigua al actual refectorio y con las mismas características constructivas, está cubierta con armadura de madera del tipo de artesa, de la primera época del Monasterio. En esta sala, con criterio museal, se han reunido diversas obras de arte. Entre las pinturas figura una de Santa Clara en la que el intenso realismo hace ver que se trata del retrato de una monja de la comunidad; dos lienzos con El Salvador y Virgen orando, ambos de medio cuerpo, son obras de Diego Valentín Díaz; el de la Inmaculada es de Felipe Gil de Mena; el cuadro de Santa Rosa de Viterbo es obra madrileña de mediados del siglo XVII; y de la misma época, la Visitación, el Arcángel San Rafael y un Santo mártir.

Sala del Museo

Sala del Museo

Propias del ambiente conventual son las imágenes de vestir. Con indumentaria suntuosa de bordados, encajes y pedrería, la Virgen de la Visitación, con rostrillo de plata y ojos de cristal, del primer cuarto del siglo XVIII. Por su patetismo destaca la Virgen Dolorosa, del último tercio del siglo XVIII, que lleva sobre el pecho un corazón atravesado por siete espadas y bordados en el vestido los instrumentos de la Pasión, cubriéndose con un manto de terciopelo negro bordado en oro. En comunidad se celebraban las fiestas navideñas, lo que daba origen a "Nacimientos". Se conservan tres Reyes Magos de vestir, el siglo XVIII.

Sala de tejidos

Entre las esculturas, un Crucificado de comienzos del siglo XVI. San Nicolás Tolentino y Jesús resucitado atribuibles a Juan Imberto. Del siglo XVII es un pequeño Crucifijo de marfil, obra hispano-filipina.

Capilla claustro bajo

En 1550 el doctor Francisco de Espinosa adquirió del Convento, con derecho de Patronato para él y para su hijo el doctor Jerónimo de Espinosa, una capilla, que ya estaba labrada, que puso bajo la advocación de San Francisco. Comunica con la iglesia y corresponde al primer cuarto del siglo XVI. Se cubre con bóveda de crucería estrellada. Preside un retablo con la figura de San Francisco, de Juan de Juni.

Capilla de San Francisco

Las paredes están revestidas con un zócalo de azulejería pintada, del siglo XVI. Dentro del arcosolio se muestra un Cristo Yacente, de madera policromada, de un seguidor inmediato de Alonso Berruguete, cercano a Isidro de Villoldo. En la pared está empotrado un relieve de alabastro, de San Juan Bautista, de estilo Felipe Vigarny.
En otra dependencia se ha concentrado el ajuar de cocina y mesa, que forma un variado museo de costumbres.

Cocina

En el contorno del patio se disponen capillas. En una de reducidas dimensiones se ve una bóveda en forma de venera, del siglo XVI. Otra capilla conserva su tracería del siglo XVI.
Hay dos modestas escaleras -como conventuales que son- para ascender al piso superior. En una de ellas hay un nicho con bóveda de venera y ornamentación de yesería, del tipo de Corral de Villalpando. La pared se adorna con azulejería de arista y pintada.
Los cuatro corredores del piso superior proporcionan el recogido ambiente de la vida monasterial. Pequeñas puertas y ventanas corresponden a las celdas que, con el más reducido mobiliario, se ofrecen a la visita como testimonio de austeridad. Junto a ellas capillitas-oratorio y en habitación contigua, la biblioteca-archivo que guarda rica información histórica. También desde esta zona superior se accede a una amplia sala en la entreplanta, que en su día pudo ser oratorio y que está comunicada por una ventana con la capilla de San Francisco. En ella se exponen ropas de culto y bordados de las colecciones del Monasterio, ampliando así la muestra museográfica.
Por el mismo corredor se llega al coro desde donde puede contemplarse la iglesia. La sillería es de nogal y de modesta traza, siglos XVI-XVII. Dentro de las vitrinas se exhiben figuras del Niño Jesús y otras advocaciones frecuentes en los interiores conventuales.


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Fuente: Editado por Caja Duero con la colaboración de Eloísa García de Wattenberg, Jose Ignacio Hernández Redondo y Juan José Martín González. Depósito Legal VA. 14.-1998

-Museo del Monasterio

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