8/10/09

Iglesia y Convento de San Pablo



Historia de la iglesia
Esta iglesia conventual fue lugar de descanso de los restos mortales del infante Don Alfonso, hijo de Sancho IV y Doña María de Molina, muerto en 1291. Aquí permanecieron hasta que el año 1600, al adquirir el patronato el Duque de Lerma, fueron trasladados al monasterio de San Benito.


También sirvió de panteón de la reina Doña Catalina, madre del rey Juan II, trasladado en 1419 a la capilla de los Reyes Nuevos de Toledo, así como del mismo Juan II antes de hacerse el monumental sepulcro de la Cartuja de Miraflores (Burgos). El infante Don Juan, hijo de Carlos I y Doña Isabel de Portugal, muerto en 1528, y la reina Doña María de Portugal, esposa de Felipe II, recibieron sepultura en la iglesia hasta su traslado definitivo al panteón de Reyes, en El Escorial.


Esta iglesia sirvió de suntuoso marco en las solemnes exequias de reyes y príncipes. En él recibieron las aguas bautismales los reyes Enrique IV, Felipe II y Doña Ana Mauricia, hija de Felipe III y Doña Margarita de Austria.


Aquí fue jurado príncipe de Asturias el futuro Enrique IV. En presencia de de reyes y nobles de Castilla recibió el capelo cardenalicio Adriano de Utrech, y celebró, en 1618, su primera misa el cardenal Duque de Lerma. Fue lugar predilecto de numerosos obispos que después desempeñaron su actividad pastoral en el Nuevo Mundo.

Acceso lateral al convento

En 1409 la Orden de Alcántara abrió el camino de las grandes asambleas de las Ordenes Militares y Cortes de reino en el convento.



Historia del convento
Se pudo construir hacia el año 1276, por una donación de Doña Violante, esposa de Alfonso X el Sabio, quien cedió los terrenos para su edificación. El provincial de los dominicos obtenía carta de la reina con la concesión de “los terrenos comprendidos entre la Cascajera hasta San Benito”. En dicho lugar existía una capilla dedicada a Nuestra Señora del Pino, “por un gran pino que en ella había”.

Acceso lateral al convento

Esa pequeña ermita sirvió de iglesia a los frailes quienes edificaron junto a ella su pobre casa “hasta que la cofradía de los pellejeros” compuesta de las personas más notables de la población, y a quien pertenecía la ermita, cedió gratuitamente algunas casas contiguas al Santuario, con las cuales dieron mayor extensión al convento.



En 1286 Doña María de Molina, esposa del rey Sancho IV, favorecía a los frailes predicadores reedificando, con magnificencia, el convento acogido a la protección del apóstol San Pablo. Aunque en su vida comenzó la obra y quiso que allí recibiera sepultura su hijo, el infante Dn. Alfonso, “no pudo acabarlo por la muerte que lo acaba todo”. A pesar de ello, hizo testamento donando a los dominicos las rentas que le pertenecían en el portazgo de la Ciudad, para construir la iglesia y el claustro que ella había iniciado.

En su interior podemos contemplar el Cristo Yacente

De regreso del concilio de Constanza (1418), Fray Luis de Valladolid –hijo de este convento- recibió el nombramiento de confesor del rey Juan II. Puso estudio de teología en la Universidad de Valladolid, siendo lector y decano de la facultad.
Años más tarde, en 1463, el cardenal Fray Juan de Torquemada, tío del inquisidor general Tomás de Torquemada, comprendió que “la fábrica y edificios que años atrás se habían comenzado en tiempos de la reina Doña María, eran estrechos y por muchas partes arruinados y la iglesia muy pequeña y por ser de tierra muy mal segura”.


Trató de renovarla y la levantó desde los cimientos, “muy suntuosos y de fuerte muralla de piedra”. Para la empresa recibió préstamos del pontífice Pío II. Muerto en 1468, otro dominico, Fray Alonso de Burgos –obispo de Palencia, confesor de la reina Isabel- prosiguió la construcción y ornamentación del templo que “con la muerte del Cardenal Torquemada quedaba manca”. Decidió terminar la obra, “aunque la empresa era dificultosísima por ser lo que faltaba mucho y de muy grande costa y al parecer imposible en muchos años…con todo eso la acabó en pocos y muy pocos años e hizo cuanto en aquel convento hay que ver y estimar: el claustro principal, el sobreclaustro, coro, refectorio, hospedería, dormitorios, capítulo, librerías y otras oficinas con la portada de la iglesia, retablo y reja de la capilla mayor”.

Situación del convento según el plano de Bentura Seco de 1738

Las obras fueron contratadas con Simón de Colonia. El convento agradeció a sus mecenas tan innumerables beneficios cediéndole, para edificar, la mayor parte del terreno del Colegio de San Gregorio, actualmente Museo Colegio de San Gregorio, propiedad del Estado. Al otorgar testamento recordaba, de nuevo, su obra, “otrosí mandamos a nuestro monasterio de San Pablo, cien mil maravedís con que paguen sus deudas e se desempeñen e rueguen a Dios por nuestra ánima”. Posteriormente el dominico Fray García de Loaysa, cardenal de la iglesia, levantó la soberbia sacristía, “tan suntuosa sacristía que para iglesia conventual lo fuera”.
En el año 1601 adquirió el patronato del convento Don Francisco de Rojas y Sandoval, gran duque de Lerma, quien proponiéndose –al decir de los contemporáneos- emular la obra del Escorial realizó las últimas reformas. Su esplendidez permitió levantar la cubierta de la iglesia a la altura que contemplamos actualmente, adelantando el segundo cuerpo de la fachada introduciendo los escudos de la casa ducal de Lerma, las cuatro figuras de los evangelistas y la repisa de la Virgen, junto con los machones que enmarcan la fachada. Invirtió en las obras una cantidad superior a sesenta mil ducados. Deseaba que el templo sirviera de descanso de sus restos y de su esposa.

Antigua Puerta de los Carros del convento

La historia de la ciudad relata el ocaso del convento en la primera década del siglo XIX. En 1809 entraron en la ciudad 1.200 soldados franceses de infantería y bastantes de caballería, siendo acuartelados en el convento e iglesia. “El hortelano del convento dio muerte en la misma huerta del convento a un soldado francés y lo tiró al pozo, lo cual motivó que Napoleón decretase la supresión del convento, el secuestro de todos los bienes y la muerte del hortelano, que fue ejecutado.

Detalle de la fachada

Las mesas de piedra del refectorio del convento se convirtieron en asientos para el Campo Grande y las baldosas las colocaron en las aceras de las calles”. Demolido el convento, con su piedra se construyó el antiguo Presidio Modelo, que, posteriormente, sirvió para Academia de Caballería, derruida más tarde. Después de estas destrucciones solo quedaría en pie la iglesia que todavía admiramos por su grandeza y hermosura.
El 18 de agosto de 1835, por disposición del Capitán General de Castilla la Vieja le llegó la exclaustración. Por esta disposición los frailes tuvieron que abandonar el convento. Pocos años después fueron derruidos los pocos edificios conventuales que quedaban, respetándose solo la iglesia conventual. La comunidad fue restaurada en 1893. El espacio del que disponían los frailes para vivienda era mínimo. Es la razón por la que hubo que adaptar la antigua sacristía como vivienda conventual. Así sigue siendo hasta hoy.


Ver mapa más grande


-Fuente: http://sanpabloysangregorio.dominicos.es
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2 comentarios:

jesus dijo...

Estoy muy interesado en encontrar el original donde esté publicado el grabado de la fachada y plaza de San Pablo con pie de imagen VALLADOLID wiew by Litborde.
Gracias y un saludo

Jesús Ángel dijo...

Ese grabado en concreto no se donde podrías conseguirlo, pero en el libro "Valladolid, grabados y litografías".ISBN: 84-505-8215-6, en la página 45 hay uno similar del autor Née Desmaisons.
Un saludo

 
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