29/3/11

Las desaparecidas aceñas del Pisuerga

Fotografía cortesía de la web Domus Pucelae

Por Joaquín Martín de Uña
Cuando el uso del cauce de los ríos comienza, a finales del siglo XIX, a utilizarse como productor de energía eléctrica, se amplió la utilización de su fuerza natural en un cometido que igualaba en importancia a los tradicionales batanes y aceñas que desde épocas inmemoriales facilitaron la elaboración de tejidos y de harinas. En nuestra ciudad, los cauces del Pisuerga y de los dos ramales del Esgueva tradicionalmente estuvieron bien surtidos tanto en batanes (que en algún caso derivaron al final de su existencia en fábrica de papel) como en molinos de cereales o aceñas.
De las aceñas históricamente conservadas (según los trabajos de los investigadores María Francisca Represa y Eduardo González), las más antiguas fueron las conocidas como Aceñas del Puente, de San Benito o de los Frailes, cuya existencia era ya conocida en 1375, junto a la relación de otras de menor importancia situadas en los ramales de la Esgueva.
En el citado año, las aceñas eran propiedad de María del Corral, antes de pasar a ser propiedad de las monjas de San Quince, quienes a mediados del siglo XV se quejaban de que estaban viejas y mal reparadas, ya que el río las inundaba todos los años.

Fotografía: Nortecastilla.es

No era raro que la propiedad de dichas aceñas fuera compartida por varios propietarios y se sabe que durante los siglo XV a XVII fueron propiedad de los frailes de San Benito y de los religiosos Trinitarios que compartían la molienda de granos y un batán que funcionaba un día a la semana, así como que entre 1548 y 1550 se abrió en la pesquera una compuerta de 5,88 metros para permitir el paso de naves de pequeño calado en uno de los intentos de hacer navegable nuestro río mayor.
En 1655, las aceñas del Pisuerga pertenecían a la Trinidad Calzada, que encomendó al carpintero Antonio Pérez la reparación de las ruedas Gordilla y Flaquilla. Desde la margen izquierda del río y salvando un brazo desaparecido, se accedía a las aceñas por medio de un puentecillo de madera que en 1738 se sustituye por otro de piedra con tres ojos. Al año siguiente una crecida del río arrastró el tejado de las aceñas.




Video extraído de la serie El Pisuerga pasa por... (Planetazul Producciones)

Por el catastro de Ensenada se sabe que las aceñas tenían una producción media entre otras de la provincia, pues producía al año 100 cargas de harina y el batán 1.500 reales de beneficios. En 1822, y afectada por el Trienio Liberal y la desamortización de Mendizábal, la orden de San Benito cobra 178.600 reales al ser adjudicadas en subasta a Santos Rávago, alcanzando la subasta la cantidad más elevada en la pérdida de las propiedades benedictinas.
Herencias (Juan Antonio Rávago), arrendamientos (Manuel Martín Curiel de San Felices), gestión conjunta (con su problemas por la utilización de aceñas y batán) y subarriendos se suceden en el tiempo.
En 1875, las aceñas se utilizaron para elevar hasta la ciudad el agua del río hasta que se construyó el Canal del Duero. El paulatino deterioro parece que se inició en 1883, en que desaparece su casilla central, hasta que en 1902 García Valladolid da fe de que se encontraban ya en ruinas, ruinas que han ido desapareciendo en el transcurso de los años hasta nuestros días en que es difícil conocer cómo fueron unas de las construcciones más antiguas y útiles de nuestra ciudad.



-Fuente: http://www.nortecastilla.es/20091026/valladolid/batanes-acenas-20091026.html Imprime este artículo

2 comentarios:

valladolidenbici dijo...

Muy interesante e ilustrativo

carmen gonzalez dijo...

No tenia ni idea de lo que significaba aceña y ha sido un descubrimiento muy interesante. Siempre he conocido El Puente Mayor ya que naci hace 67 años en la Plaza de San Nicolas y solamente lo conociamos como la pesquera

 
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