2/9/12

La momia de Don Rodrigo Calderón

Una de las imágenes más perdurables asociadas al ocaso del valimiento del duque de Lerma fue la del favorito don Rodrigo Calderón camino del cadalso. Mitificado en la muerte, de una trayectoria política y personal plagada de desaciertos y excesos pero singular y meteórica. Marqués de Siete Iglesias y conde de la Oliva, capitán de la Guarda Alemana, secretario de cámara del rey y embajador extraordinario en los Países Bajos, don Rodrigo fue uno de los más poderosos y controvertidos ministros de Felipe III. Su notoria influencia cimiento de un asombroso patrimonio, amasado no siempre de manera lícita, conseguida por ser un apoyo imprescindible para el duque de Lerma, le permitió erigirse en poco tiempo en el alter ego del valido. Sucumbió, como un Faetón destronado del cielo que rimase Quevedo, a la pérdida del favor regio de su patrón y a las presiones de una oposición nacida en el propio seno del clan dirigente. Sometido a un largo proceso judicial en 1619, a tormento y privaciones, fue hallado culpable de decenas de delitos y condenado a la pena capital. Fue arrestado y el día 7 de enero de 1621 fue salvajemente torturado para conseguir que confesase los cargos que contra él pesaban de asesinato y brujería. Su ejecución pública en la Plaza Mayor de Madrid el 21 de octubre de ese mismo año fue, en palabras de Andrés de Almansa y Mendoza, «el día más famoso que ha mirado este siglo».


La momia

En Valladolid se conserva – o quizá sería mejor decir sobrevive– la momia de D. Rodrigo Caldéron, que vela con justificado celo la comunidad dominica de Porta Coeli, las “Calderonas” (c/Teresa Gil, 20).

Sala Capitular donde se encuentran los restos de Don Rodrigo Calderón.
A la derecha se puede ver la celosía de madera tras la que se guardan dichos restos

El que fuera todopoderoso ministro de Felipe III, Rodrigo Calderón, marqués de Siete Iglesias, conde de la Oliva, comendador de Ocaña, capitán de la Guarda Alemana de Su Majestad, secretario de cámara del rey, regidor perpetuo, alguacil y registrador mayor de la Chancillería de Valladolid, embajador extraordinario en Francia y los Países Bajos, fue ajusticiado en la Plaza Mayor de Madrid, el 21 de octubre de 1621, acusado de numerosos delitos (asesinatos, fraude, cohecho y malversación de caudales públicos).


La degollación fue el método de ejecución aplicado al reo, circunstancia que permitió tras una hemorragia masiva y su posterior inhumación sobre tierra, que su cuerpo de momificase de manera natural. Trasladado pocos años después a Valladolid, se conserva en el mismo arcón en que vino de Madrid. Desgraciadamente, los restos perviven muy deteriorados al paso del tiempo, pese al cuidado de las madres dominicas.



El desaparecido doctor Federico Carrascal realizó en 1984 un interesante estudio forense del cuerpo. Sus conclusiones han resultado muy valiosas para determinar los rasgos físicos del que fuera valido del duque de Lerma. Las horrendas huellas de la degollación – como también las de las torturas a las que fue sometido durante su proceso judicial– son hoy perfectamente visibles en el cuerpo.


La importancia de un personaje tan relevante de la Historia de España obligaría a proceder de inmediato a aplicar las medidas necesarias para la mejor conservación de los restos y a realizar un análisis más moderno que determinase cuestiones igualmente interesantes como las enfermedades que padeció, su alimentación, su talla (dado que las piernas fueron quebradas a la altura de las rótulas para poder introducirlo en el arcón de metro y medio de longitud) e incluso sus facciones (que hoy conocemos idealizadas a través de varios retratos de época). Si estuviéramos en cualquier otro país de Europa, más sensible e interesado de su Historia, el cuerpo de D. Rodrigo gozaría de mucha mayor atención y cuidado.




Acaso no han merecido recursos y atención de los medios los transitados despojos de Cristóbal Colón. ¿Por qué no tratar a la momia de don Rodrigo con la misma atención que han merecido las de San Juan de la Cruz (Segovia), Sor María de Jesús de Ágreda (Soria), Enrique IV (Guadalupe), el infante don Sancho (Toledo), Fernando III (Sevilla) o San Diego de Alcalá (Alcalá de Henares), entre otras?.




-Fuente: Diezsantos.es
-Fuente del texto "La Momia de Rodrigo Calderón": SANTIAGO MARTíNEZ HERNáNDEZ. http://servicios.nortecastilla.es/tu-noticia/tu_noticia_ver/momia-Rodrigo-Calderon-marques/33022/1.htm

-Mi agradecimiento al Vicario del Arzobispado de Valladolid D. Félix López Zarzuelo, así como a las hermanas del Convento de Porta Coeli por su amabilidad y entrega a la hora de facilitarme la visita a los restos de D. Rodrigo.

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6 comentarios:

vazquez74 dijo...

Así pasan los honores y las glorias de los mortales.

Anónimo dijo...

Joer, da cosa la momia, impactan las fotos.-

Gonzalo dijo...

CON POLIL le están manteniendo a base de POLIL !!!!!!!!!!

vergüenza le tendría que dar al Ministerio de Cultura

Samotracia dijo...

¡¡Interesantísima entrada!! Desconocía este retazo de nuestra historia.

Alfonso Carlos Bermejo Vicente dijo...

"Finis gloriae mundi". Así terminamos todos, desde el más encumbrado al más postergado, y nada puede evitarlo. Tan sólo nos queda tratar de ser recordados, al menos por los que nos han querido, y la esperanza de una vida eterna que sobreviva a la anterior. Y Don Rodrigo es mudo testigo de cuanto digo...

Anónimo dijo...

Somos especialistas en destruir nuestro pasado y borrar nuestra historia. Podríamos haber sido la ciudad más bella del mundo, con todas las riquezas que veían de América, en tiempo del gran (por la extensión de su Imperio) Felipe II; y nada queda de aquella grandeza. Valladolid parece un pueblo grande, olvidado por la historia. Comparese con Florencia, que solo gobernaba su territorio y poco más... Pena de españoles, autodestructivos.

 
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