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04/03/12

El chalet inacabado de Parquesol


Por Manuel Saravia Madrigal

La historia es conocida. El promotor inmobiliario Antonio Alfonso consiguió de forma sorprendente que se clasificara como urbanizable en el Plan General (PGOU) de 1970 una enorme superficie de suelo del que era propietario en su mayor parte (más del 90%). Estaba situado lejos de la ciudad, con un acceso endiablado, una topografía excesiva y sin ningún servicio no ya al pie del terreno, sino ni siquiera en las áreas próximas. No obstante se hizo el plan parcial correspondiente (por cierto: lo redactó el mismo técnico que había realizado el PGOU), que se aprobó en 1977 por el Ministerio de la Vivienda; y se empezaron a construir muchas viviendas (se dio licencia para 640 viviendas en 1981 y para 501 en 1982).


La revisión del PGOU de 1984 lo mantuvo como urbanizable, y desde entonces y en las décadas siguientes esa pieza ha condicionado decisivamente el urbanismo de la ciudad. Como sabemos, ni siquiera hoy se ha llegado a culminar toda la edificación que cabía en el sector.
Antonio Alfonso se reservó la extraordinaria parcela 63 (de 7.530 m2) y comenzó en ella, en 1978, la edificación de una casa imponente para su propio uso. Pero por distintos motivos, de todo tipo, el promotor abandonó en 1983 la obra de su casa y también la ciudad. Se hizo cargo del plan parcial Marcos Fernández, quien acabó siendo presidente del Real Valladolid, como también lo había sido Antonio Alfonso: el fútbol y la promoción inmobiliaria, siempre de la mano.


Marcos Fernández consiguió que se modificase el plan parcial en 1985, pero en esta operación la parcela del chalet, por un error técnico (suponemos), se quedó sin edificabilidad. Es decir: en esa parcela no se podía, ni se puede, edificar nada, porque todo lo que se podía construir en Parquesol ya se había repartido entre las demás parcelas del sector. Vaya por Dios.

Se puede acceder sin el menor esfuerzo. La valla metálica que cerca
la parcela es inexistente en algunos lugares.

En 1988 pasó a manos de unos nuevos propietarios (que son los actuales), el Grupo Foxá, quienes desde entonces intentan llegar a un acuerdo con el Ayuntamiento para realizar una nueva modificación del plan parcial que dé edificabilidad a la parcela.
Lo cierto es que actualmente esa parcela “sólo puede destinarse a usos de carácter colectivo públicos que no consuman edificabilidad lucrativa” (según un informe municipal citado en la prensa). El caso es que desde hace ya varios lustros los vecinos reclaman, tan reiterada como lógicamente, una solución.
Porque si la historia es conocida, los problemas que genera el citado inmueble lo son más aún. De hecho, en pocos casos resulta tan clara la vulneración de los tres aspectos que señala la viejísima y repetidísima norma urbanística que obliga a los propietarios de los inmuebles a mantenerlos en buenas condiciones de “seguridad, salubridad y ornato”. Porque aquí todo se incumple con estrépito. La seguridad brilla por su ausencia.


Se puede acceder sin el menor esfuerzo. Hay huecos en los forjados, hierros en espera peligrosísimos y ninguna protección para evitar posibles caídas. En ocasiones se ha utilizado una valla portátil como escalera para acceder a los pisos superiores.
Pero además de insegura la parcela también es insalubre. No sólo por el estado de la maleza, sino igualmente por parecer el edificio “un pozo sin fondo de basura”, como también se ha dicho. Nadie se ocupa de atender este lugar. Recordemos que hace poco unos muchachos encontraron en su interior el cadáver de un hombre que llevaba 18 días fallecido sin que nadie lo hubiese advertido o indicado.
Algo hay que hacer, ya sin demora. Y no basta con poner “un vallado en condiciones”, como a veces se ha planteado. Es necesario resolver por completo y con garantías el cumplimiento de todos los requisitos de seguridad, salubridad y ornato para los que el vallado no sería suficiente.


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