9/9/12

Aquel Valladolid de perfil bajo. Las casas molineras



A principios del siglo XX inmigrantes procedentes de las zonas rurales castellanas se asentaron en el cinturón exterior de la ciudad, ocupando tierras de labranza y construyendo sus casas al margen de la legalidad. 

Calle Vegafría

Se trataba de lo que tradicionalmente se ha venido llamando casas molineras y que constituyó la generalidad del caserío de los últimos años del siglo XIX en la calle Clodoaldo Tranque, avenida de Segovia o el Paseo de San Isidro en el barrio de Las Delicias. Se trataba, pues, de edificaciones dispersas que en su mayoría se habían levantado sin ningún tipo de licencia.

Calle Vegafría

Fue en el término denominado Vegafría donde podría haberse concentrado, en un principio, un número mayor de casas molineras.
Se trataba de casa de planta baja distribuidas en torno a un pasillo central que daba entrada a tres o cuatro habitaciones. Además, estas ocupaban una superficie útil entre cuarenta y cincuenta metros cuadrados, aparte del corral que se ubicaba en la parte trasera.

Calle Julio Ruiz de Alda

En ocasiones, con el tiempo los patios ocuparon una superficie que triplicó o cuadruplicó la superficie  construida del inmueble. Sus accesos, a veces, no se situaron en el interior del edificio, sino que inmediatos a ellos, posibilitando la entrada y salida a través, por ejemplo, de un paso de carros.

En la calle Canarias

En un primer momento, la solicitud de licencia de obras de una simple tapia de cerramiento o la construcción de un primer cuerpo de fachada podía encerrar la idea de edificar una casa molinera. Además, muchas de estas viviendas mutaron de tipología cuando sobre sus plantas bajas se proyectaron nuevos pisos. De hecho, a la hora de accederse a las licencias de obras, los proyectos de casas molineras debían demostrar que su construcción podía soportar, para el futuro, la elevación de sucesivas plantas. Y así fue.



Si damos un paseo por la calle Vegafría y alrededores podemos ver todavía en pie alguna de estas reliquias la mayoría en ruina y abandonada esperando una buena oferta por parte de alguna constructora, cosa que, en los tiempos que corren veo harto difícil.



-Fuente: El Valladolid de los Ortiz de Urbina. Fco. Javier Dominguez Burrieza
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4 comentarios:

Pedro Ojeda Escudero dijo...

El fenónemo -que haces bien en documenta- se extendió por todos los barrios periféricos de la ciudad, no solo por los que indicas.
En la Cañada de Puente Duero ocuparon -y todavía hay alguna- las lindes de la Cañada y de las tierras limítrofes, todas de forma ilegal. Hubo una dejación de las administraciones y finalmente varias fueron legalizadas al trascurrir el plazo legal sin que los dueños de los terrenos las reclamaran o pudieran reclamar. Curiosamente, sus nuevos propietarios vendieron los terrenos a precio de oro en los momentos de especulación urbanística de los años noventa... Aquellas casas, muchas de ellas sin agua corriente ni luz sirvieron para dar cobijo a miles de inmigrantes llamados por el crecimiento industrial de la ciudad.

Anónimo dijo...

Qué bonitas, una pena que no haya una ley para preservar estas piezas de cultura (por ejemplo, no comprar-vender con ánimo de especular).

Javi.Portillo dijo...

Yo lo que quiero saber es porqué se las llama molineras.y si es una denominación exclusiva de Valladolid y su provincia.

PPPPPP dijo...

YO RECUERDO LAS DE MIS ABUELOS, LA DE LOS MATERNOS EN LA CALLE PADRE MANJÓN (ANTIGUA TRAVESÍA DEL MARQUÉS) QUE ES EN LA QUE YO NACÍ Y LA DE LOS PATERNOS EN LA CALLE MESONES DE PUENTEDUERO. NINGUNA DE LAS DOS EXISTEN HOY EN DÍA. PERO A PESAR DE LOS AÑOS TRANSCURRIDOS (HACE UN MONTÓN QUE PEINO CANAS) NO OLVIDO LO QUE DISFRUTÉ EN SUS PATIOS SIENDO NIÑA.

 
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