10/4/11

La leyenda del Convento de San Francisco. (...y parte 2)


Por indicación de Lucifer, el franciscano se colocó el alba litúrgica y se acercó a la sepultura portando un cáliz que, con gran temor, tuvo que acercar a la boca del difunto y de donde salió la hostia de su última comunión hasta caer en el interior del vaso sagrado. Cuando el religioso se dirigía al altar mayor para depositar el cáliz en el sagrario, seguido ceremoniosamente por algunos demonios portando antorchas, en medio de un estruendo de chillidos infernales el cuerpo del juez fue arrebatado por los aires de manos de los horrendos seres y sacado de la iglesia por un hueco practicado en lo alto del la bóveda. Mientras tanto, sobre Valladolid descargaba una fuerte tormenta, con truenos y relámpagos, que atemorizó a la ciudad entera.
Días después, durante la ceremonia del funeral, el franciscano relató todo lo que había presenciado para que sirviera de aviso y escarmiento a los fieles, dando gracias de que en tan penoso trance su estado de gracia le hubiera servido para librarse de la furia de Lucifer.
Pero en torno a esta leyenda queda pendiente por determinar la identidad del jurista, que intencionadamente se elude en el relato, lo que ha dado lugar a que algunos autores hayan aventurado distintas suposiciones. Una de ellas fue propuesta por Pedro Ladrón de Guevara el realizar ciertas anotaciones a la obra de Juan Antolinez de Burgos. Este identificó al personaje como don Rodrigo Ronquillo, Alcalde de Casa y Corte de la Real Chancillería de Valladolid, natural de Arévalo y muy estimado por Felipe II, una teoría que tiene poca consistencia debido a sus contradicciones temporales, que bien pudo estar alentada por el regocijo que producían entre el pueblo los castigos ejemplarizantes a impopulares personajes de alta alcurnia, especialmente a este pesquisidor, tan rechazado por su actuación en el castigo a los Comuneros de Castilla. La historia, que por sus intenciones moralizantes además fue transmitida de forma entusiasta por vía oral entre la comunidad franciscana, e incluso llegaba a mostrar con orgullo a los curiosos el agujero de la bóveda por el que habían escapado los demonios, también fue utilizada por algunos autores con fines doctrinales, dado el carácter ejemplarizante del relato y el impacto que la fantástica historia causaba entre una población atemorizada por las predicaciones religiosas.


A pesar de que la historia es recogida por escrito por primera vez hacia 1480, las referencias impresas que nos han llegado se deben a que la leyenda fue recogida y publicada por el historiador Juan Agapito y Revilla en el tomo VI del Boletín de la Sociedad Castellana de Excursiones, donde califica el caso de estrambótico y donde informa que el hecho fue también reflejado por Matías Sangrador y Vítores en el tomo II de su Historia de Valladolid.
La truculenta historia en torno a este impopular funcionario de justicia, a su vez fue recogida por José Zorrilla en su novela teatral “El Alcalde Ronquillo o en Diablo en Valladolid”, obra que se estrenó en 1845 en el Teatro de la Cruz de Madrid y, a continuación, en la novela histórica “El alcalde Ronquillo, memorias del tiempo de Carlos V”, publicada en 1868 en Madrid por Manuel Fernández y González, en una época en que hacían furor los dramas históricos de corte romántico.
Hoy en día, tanto la leyenda del convento de San Francisco como las supersticiones del Teatro Zorrilla, han quedado para siempre relegadas al olvido. (ir a la parte 1)

-Fuente del texto e ilustraciones: http://domuspucelae.blogspot.com


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