21/12/12

La Fuente del Cisne




La Fuente del Cisne comenzó su andadura en 1886. En aquel año se quería realizar una fuente de adorno para los jardines de la plaza del Poniente. Es en ese año cuando se firman las trazas de la misma por parte de Gonzalo Bayón, dueño de una fundición, mientras el presupuesto es realizado por Francisco Sabadell, director de jardines. En noviembre de ese año, la prensa se hace eco del proyecto, asegurando haber visto los planos del mismo, en que habría un cisne con otras cuatro figuras que sostendrían otros cisnes.


En enero se llevó a cabo la subasta de las obras, recayendo en Julián Quintana. La colocación empezó de manera inmediata, ya que en marzo se estaba trabajando. Antes de finalizar el mes se da cuenta de que las operaciones de labra de la piedra habían concluido, iniciándose la colocación. En los primeros días de mayo, el pilón estaba instalado. Desde un principio se destacó la velocidad con que avanzaban las obras, algo muy reseñable en el XIX.
El 10 de junio se hizo funcionar la fuente, resultando satisfactorio el intento. Tan sólo quedaban algunos remates, tales como la pintura: la del cisne y su base, al natural, y el resto, de color bronce. Pero pocos meses después, la fuente tiene problemas, “es lástima que se haya estropeado”.


Un año después se ejecutan obras en la fuente, ya que se anuncia que ya estaba arreglado el pilón. Pero los problemas se estaban cebando con la construcción, ya que en enero de 1889 se avisa de la conveniencia de solucionar las dificultades de funcionamiento que estaba padeciendo la Fuente del Cisne, de la que se decía que estaba mal construida, con numerosas grietas y, sobre todo, desnivelada.


La situación era insostenible, y el arquitecto municipal declara inservible el pilón de la fuente. Propone, además, que sea trasladada al Campo Grande. El pleno aprueba el cambio, así como las 600 pesetas presupuestadas, siempre y cuando cubran todas las obras. Esto provocó un pequeño enfrentamiento, ya que mientras El Norte de Castilla aplaude la idea, La Crónica Mercantil piensa que hubiera sido mejor construir una nueva. No obstante, y a pesar de lo aprobado, nada se hizo durante algunos años.
Será en 1892 cuando se lleve a efecto el traslado. En febrero se comenzó a desmontar de su antiguo emplazamiento y ya en abril los materiales estaban en una de las plazas formadas a la derecha del paseo del Príncipe, en el Campo Grande. Se insiste en que había que recordar lo sucedido con anterioridad y no economizar en el firme.


En junio estaba prácticamente concluido el traslado, con modificación, por lo menos, del grupo central. A comienzos de julio se hacían las pruebas pertinentes con el agua, destacando que, en esta ocasión, la cimentación estaba en regla. Se añade, además, que el pilón también ha sufrido modificaciones, siendo más pequeño que el original. En agosto ya estaba concluida la obra, siendo visitada por un numeroso gentío, siendo efusivamente felicitado Sabadell.
Por fin, en septiembre fue inaugurada, llamando la atención tanto el juego del agua como las sirenas, posiblemente demasiado veraces para la mente del XIX gracias al color carne dispuesto sobre ellas.
En 1935 con motivo de la Feria Regional de Muestras se construyó la pérgola que hoy la rodea. Las sirenas fueron finalmente repintadas de color negro para evitar el “gran escándalo” que suscitaba entre las señoras.
La fuente ha sido recientemente rehabilitada en 2012.

-Fuente: El siglo en que cambió la ciudad. José Miguel Ortega del Río.

16/12/12

La leyenda de los leones de la Universidad



El atrio de la Universidad (facultad de derecho) está acotado por una serie de columnas rematadas por unos leones sosteniendo diversos motivos heráldicos, conociéndose el lugar como los leones de la Universidad. Estos fueron realizados entre 1724 y 1726 por José de la Portilla y Santiago González, ayudados por Antonio de la Cebada y Antonio de Bedia.


Existe entre los universitarios una leyenda urbana, un temor infundado,  que afirma que aquellos estudiantes que osen contar el número de felinos nunca finalizarán sus estudios universitarios. Es motivo por el cual, si preguntamos por la cantidad de leones allí colocados, eviten responder o digan no estar interesados en saberlo.



En aquella época, los leones, que se alzaron después de construir los edificios antecedentes al actual, portaban cadenas para demostrar el poder del rector, algo que según el Catedrático de Historia Contemporanea  de la Universidad de Valladolid Celso Almuiña ha trascendido de diferente manera a lo largo de los años. Almuiña afirma que la importancia atribuida a estos leones se remonta a la Edad Media, por las vinculaciones eclesiásticas con las que nacían muchas universidades y que atribuían al rector un fuero especial que le permitía juzgar a los estudiantes.


3/12/12

Los antiguos pasadizos de Valladolid

Antiguo pasadizo en el Palacio Real


Los pasadizos son elementos arquitectónicos a modo de galerías cubiertas que se tienden de una calle a otra, dejando sitio por debajo para permitir la circulación. Podía darse el caso de que estas galerías fueran paralelas al muro de las casas o que atravesaran cualquier obstáculo interpuesto hasta conectar con el otro punto objeto del enlace.
Responde al deseo de tener libertad de movimiento por las diferentes dependencias del Palacio, sin necesidad de salir a la calle y sin ser fiscalizadas por el público.
Cuando el Palacio resultaba pequeño, los monarcas arbitraban la solución de comprar casas inmediatas a él, con las que se comunicaban mediante pasadizos.

En la calle Caridad todavía se conserva parte de la típica estructura del pasadizo
que allí existió

Surge así una red de pasadizos en torno al Palacio Real; pasadizos que le unen por una parte, con los Monasterios cercanos de San Diego, San Quirce y San Pablo y por otra con el Palacio Viejo, donde el Monarca había establecido los Consejos e incluso con el más lejano de los Palacios, el de la Ribera.
Pasadizos de carácter provisional se construyeron en la Plaza de San Pablo, para las ceremonias de los bautizos de los príncipes e infantas, durante la época en que Valladolid fue Corte.
Aunque los pasadizos tuvieron su más cumplida representación en el área palacial, hasta el punto de dar nombre a una de las calles que la integran, hubo, en el Valladolid del siglo XVII, otros pasadizos, más o menos dispersos. Por ejemplo, en la calle de la Pasión, que entonces se denominaba del Pasadizo de Don Alonso, donde todavía se conserva parte de la típica estructura del pasadizo en la porción de calle correspondiente a la de la Caridad.

Pasadizo de caracter provisional que se contruyó con motivo del bautizo de Felipe II

Como elementos integrantes de la estructura urbana, los pasadizos tuvieron una razón de ser en el Valladolid de la Corte y fue la de formar un conjunto armónico en torno al núcleo palacial. Los demás son casos aislados, y responden a un mimetismo, por parte de la nobleza, para emular la acción del Duque de Lerma.
Debemos señalar, no obstante, que fueron derribados cuando ya no cumplían su primitiva función o cuando eran obstáculos para ampliar calles o edificar nuevas casas.
Se prohíbe asimismo, la edificación de nuevos pasadizos a partir de 1625. Se suprimen también restos de colgadizos existentes en algunas portadas.

-Fuente: Urbanismo y arquitectura de Valladolid en los siglos XVII y XVIII. María Dolores Merino Beato.

27/11/12

El desaparecido convento de San Bartolomé

El nº 62 marca la situación del desaparecido convento


Al otro lado del Puente Mayor existía el Hospital de San Bartolomé, sobre cuyas ruinas fue edificado el convento del mismo nombre para las religiosas de la Santísima Trinidad, sufragando los gastos el artífice platero y Regidor de la ciudad, D. Francisco Díez de Hurtado y su esposa.
El hecho se produjo años después de fusionarse el Hospital citado al General de Valladolid, en 1628, autorizando en esta misma fecha la fundación del nuevo monasterio de monjas Trinitarias sobre el mismo solar en que estuvo el antiguo hospital.
Refiere Matías Sangrador que la obra estaba concluida en 1632. Sufrió graves desperfectos cuando la inundación del Pisuerga del año 1636, así como las consecuencias de la acometida de agua que se traía de la Fuente del Sol, dañando las paredes de la iglesia.
Fue invadido por la francesada y derribado en 1837. Las religiosas se pasaron al convento de Jesús y María
Sobre el solar de este convento de San Bartolomé estuvo la estación de Ferrocarril de Rioseco, desaparecida también; a sus expensas se ha remodelado la actual Plaza de San Bartolomé.

-Fuente: Urbanismo y arquitectura de Valladolid en los siglos XVII y XVIII. Tomo I Siglo XVII

21/11/12

La Fuente El Sol




El paraje de la fuente el Sol era muy querido en el siglo XX, lugar a donde acudía mucha gente a pasar los días festivos y merendar; por eso, en julio de 1933, el concejal Cobos propuso, además de una plantación de árboles "que se limpien los caños de Morante y  Fuente el Sol, parajes a los que acude bastante público en los días festivos, y se instalen a mayor altura que están en la actualidad para que no abreven las ovejas, y el Ayuntamiento acordó repararlas con urgencia.


Fuente el Sol en el día de la inauguración de la reforma que se hizo en 1938

Las aguas de la fuente el Sol se consideraban de buena calidad. Tal es así, que en ocasiones se solicitaba el aprovechamiento particular de sus aguas.
Tan valorada era esta fuente que el mes de junio de 1934 se constituyó la "Asociación de Amigos de la Fuente del Sol" . 




Varias reuniones se celebraron de Junta Directiva y Junta General: 25 de junio, 20 de julio y 12 de diciembre de 1935. Estas reuniones solían celebrarse en la Casa Consistorial y alguna hizo la Comisión Promotora en las oficinas de la Fábrica de Harinas La Perla, sita en la Plaza de San Bartolomé.



El 7 de julio de 1936, fecha de la última reunión de esta Asociación se acordó presentar una instancia al alcalde para acondicionar la fuente y los accesos a la misma.
Tan emblemática era la fuente, que en plena guerra civil, y concretamente en 1938, el alcalde Luis Funoll, acometió su reforma, cuya inauguración se rodeó de una gran manifestación de boato y popularidad, y contó con la presencia de las autoridades civiles, militares y religiosas, y numerosísimo público.



Ver mapa más grande


-Fuente:  Fuentes de Vecindad en Valladolid. (Jesús Anta Roca)

16/11/12

Valladolid ve la luz

Edificio de la Electra Popular Vallisoletana


Por Joaquín Martín de Uña
Si a los primitivos habitantes del caserío vallisoletano se les hubiera ocurrido pensar que llegaría el momento en que la iluminación de sus vías públicas dejaría de ser un problema y se convertiría en algo tan habitual que únicamente la falta de suministro haría recordar lo imprescindible de la iluminación nocturna, quizá hubieran pensado que se trataba de un sueño irrealizable que tendría lugar muchos años después. Y estarían en lo cierto.
Quizá primero fueran las rondas nocturnas de las fuerzas de orden de la ciudad quienes aportaran la luz vacilante de sus rudimentarios medios, luz y compañía a los transeúntes en las oscuras noches.
Años más tarde las vías públicas principales comenzaron a iluminarse con antorchas y recipientes de barro que contenían aceite y una mecha situados en lugares oportunos y de forma constante, sistemas de iluminación utilizados en la celebración de fiestas públicas uno de cuyos complementos fue la iluminación de algunos edificios públicos, así como la de fachadas y altares de las iglesias penitenciales.
A mediados del siglo XIX, cuando ya la iluminación pública correspondía a los ayuntamientos, comenzaron a instalarse en las esquinas de las calles faroles de reverbero de aceite (1837), gas (1850) y petróleo (1870), así como en paseos y plazas se situaron farolas de candelabro, con un número variable de brazos, alimentadas por dichos combustibles, lo que dio lugar a que se hiciera familiar en las calles vallisoletanas la presencia de los faroleros, llevando una escalera y una larga caña con una mecha y un cono de zinc, con el cual encendían y apagaban faroles. Al final del siglo llegó la revolución de la luz eléctrica.



Traslado a los Filipinos de los restos de Fray Alonso de Orozco el 8 de diciembre de 1882. / M. DE U.

Inauguración
En una noticia publicada por EL NORTE DE CASTILLA en 1882 se comunicaba la inauguración de la luz eléctrica «en todos los establecimientos de esta capital y algunos particulares», si bien continuaron en servicio mil farolas de reverbero y gas, como recoge María Antonia Virgili en 'Urbanismo y Arquitectura en Valladolid en el siglo XIX'. En 1906 comenzó a funcionar la Electra Popular Vallisoletana, tras acuerdos con El Porvenir de Zamora y Electricista Castellana, siendo propietaria del salto de agua del Cabildo e inaugurándose la central el 20 de febrero en 1906. En 1908 la firma vallisoletana Anselmo León SA inauguró el salto de agua situado en la desembocadura del Esgueva.
Las ferias y fiestas de San Mateo fueron una de las grandes beneficiadas por el nuevo descubrimiento, no solo por la iluminación de paseos y templetes durante su celebración, sino por su utilización en las primeras proyecciones cinematográficas y en la música de los discos que alegraron dichas celebraciones. 
En las ferias de 1885 se resaltó «la brillante iluminación de gran novedad y sorprendente efecto», así como «la iluminación de forma caprichosa del templete de la glorieta de la Plaza Mayor». En 1888 se iluminaron el Campo Grande y el templete de la Plaza Mayor «por medio de seis arcos voltaicos». La iluminación electrónica, las lámparas de bajo consumo y un largo etcétera vendrían más tarde.

-Fuente:  El Norte de Castilla


13/11/12

La tumba del General Malher


En la puerta principal de la Iglesia de San Pedro Apostol, en el suelo, se puede ver una original y tenebrosa lápida. Tenebrosa por la calavera con dos tibias (como era costumbre marcarlas en el siglo XVIII) que se puede ver en la parte inferior de la misma. Bajo dicha lápida yace el General Jean-Pierre Firmin Malher, oficial del ejército napoleónico fallecido en trágicas circunstancias en unos ejercicios de tiro realizados en el Campo de San Isidro. 

Sebastian Blaze en sus memorias nos narra como murió el general: 
"Me reuní en Valladolid con el 2º cuerpo de observación de la Gironda, que allí quedó hasta el 17 de marzo. El 15 nos topamos una guerrilla en una vega cerca de la ciudad, y el general de división Malher fue muerto con la baqueta que un soldado dejó por inadvertencia en el cañón de su fusil. Enseguida se pasó revista de armas para dar con el culpable, es decir con el imprudente: dieciocho baquetas faltaban en las armas de la fila, cuyos tiros se dirigían hacia el general. Verdad es que el cuerpo estaba en su casi totalidad compuesto de quintos. Malher fue la primera víctima que tuvimos en una tierra que no tardó en ser regada con la sangre francesa".


Jean-Pierre Firmin Malher (Foto obtenida de Wikipedia)

Casimiro García Valladolid al tratar de la Iglesia de San Pedro en su obra "Valladolid, sus recuerdos y grandezas" (Tomo I, pág. 683) así lo narraba: 
“En ella está enterrado el general francés Malher, muerto el día 13 de Marzo de 1808 hallándose pasando revista á sus tropas en el campo de San Isidro, por una baqueta lanzada por el fusil de uno de sus soldados al hacer los ejercicios de fuego: tuvo lugar su sepelio el día 15 inmediato, después de los funerales que se celebraron en la misma iglesia, siendo acompañado el cadaver por toda la oficialidad del ejército francés acuartelado en Valladolid, desde el palacio de la Excma. Señora Marquesa del Arco, en la calle de Herradores, hoy de Alonso Pesquera, donde se hospedaba". (Información facilitada amablemente por el autor del blog Cofradías Sacramentales y de Gloria en Valladolid)


También Matías Sangrador Vítores en su obra "Historia de la muy noble y leal Ciudad de Valladolid", en el tomo II, página 208, confirma aunque sin entrar en tantos detalles que dicho general yace en esta iglesia.
Moraleja: hay que sacar la baqueta del cañón antes de disparar, al menos eso nos enseñaron en la mili.


18/10/12

Localizada la partida de bautismo de Manuel Canesi Acevedo ( 09/01/1681 )

Por Francisco Javier Meléndez Valero (Enero 2014) 
Email del autor: AQUAMEL2@YAHOO.ES
Se sabe que Manuel Canesi Acevedo, uno de los historiadores de Valladolid, falleció en abril de 1750, pero hasta ahora no se tenían noticias sobre su fecha de nacimiento.
Se sospechaba que podría haber nacido alrededor de 1680 pero no se había hallado  ningún documento que lo probase.


Fotografía de Héctor Zamora Carreras
El documento se encuentra en el Archivo General Diocesano de Valladolid
 A través de este blog, Vallisoletvm, tengo el placer de comunicar que en septiembre de 2011 localicé la partida de bautismo de Manuel Canesi.
Fue bautizado en la iglesia de San Julián y Santa Basilisa el nueve de enero de 1681 y por lo tanto sabemos ahora que murió a los 69 años de edad.

Firma de Manuel Canesi en el manuscrito de su Historia de Valladolid.
Biblioteca Foral de Bizkaia (Bilbao)

 Gracias a ese documento, hasta ahora inédito, hemos conocido que Canesi fue hijo natural de padres solteros. Sus padres contrajeron matrimonio cuatro años después de que Manuel hubiese nacido, y cuando la pareja ya había tenido sus tres primeros hijos.
 Cuando nació Canesi su madre era una mujer soltera de 25 años de edad mientras que su padre, con 41 años de edad, llevaba viudo dos años y medio y tenía dos hijos de su primer matrimonio.
 Ofrezco en este breve trabajo algunas de las informaciones que he ido recopilando sobre Manuel Canesi y su familia desde el año 2011 hasta ahora, febrero de 2014.

 Firma de Manuel Canesi en su testamento en 1750.
              Fotografía de Ángela Melero
             AHPV  (Archivo histórico provincial de Valladolid).

Algunos de esos datos eran hasta ahora desconocidos y los he obtenido de distintos documentos como partidas sacramentales, testamentos o pleitos de los siglos XVII y XVIII.
 Finalmente quiero referirme a un hecho curioso, relacionado con Canesi, sobre el que ofreceré más detalles en otra ocasión.
En 2011 pude comprobar que en algunos de los folios del manuscrito original de la Historia de Valladolid escrita por Manuel Canesi, fallecido en 1750, se hicieron varias anotaciones o añadidos que fueron escritos en años posteriores a 1750, en los que se daban informaciones sobre hechos ocurridos en distintos años entre 1752 y 1760.

Primera página del manuscrito de la Historia de Valladolid de Manuel Canesi.
Biblioteca Foral de Bizkaia (Bilbao)

 Cuando en 1996 se realizó la transcripción y la edición moderna del manuscrito parece que nadie se dió cuenta de la existencia de esos párrafos añadidos al texto original y fueron transcritos y publicados como si hubiesen sido escritos por el propio Canesi, a pesar de que se aprecia muy fácilmente que el tipo de letra es diferente y de que en ellos se citan años posteriores a 1750. Quienes se encargaron de la revisión histórica de esos párrafos parece que tampoco se dieron cuenta de ese detalle.

Descarga el texto completo haciendo click en la imagen inferior:


¿Por qué Fachadolid?



"Fachadolid" fue un término acuñado en los primeros años ochenta a partir de un artículo aparecido en la revista "Interviú". Un titular exitoso en los años (1979-1981) en los que Valladolid vivía una auténtica oleada de violencia que llevaba impreso el sello de la extrema derecha. Era el tiempo en que se atentaba contra el gobernador civil Román Ledesma y el cine Cervantes; se disparaban cuatro tiros en el bar "El largo Adios"; se agredía, extorsionaba y secuestraba al tiempo que se colocaban artefactos explosivos en la sede de distintos partidos políticos y sindicatos lo mismo que en el Ayuntamiento, la Universidad, "El Norte de Castilla" o las librerías Villalar e Isis. La llegada de Carlos Enrique Gómez como jefe superior de Policía supuso el principio del fin, careciendo de sentido desde entonces la utilización de esa peyorativa expresión.

El artículo
En las páginas 38 a 41 de aquel histórico número (al menos para la ciudad de Valladolid) y que he podido adquirir de segunda mano a través de la red, pudimos leer el polémico artículo


Hacer click sobre las imagenes para ampliarlas

Fuente: Por María Concepción Marcos del Olmo. (Una historia de Valladolid) ISBN: 84-95389-80

17/10/12

Torre de las Mercedes, el primer rascacielos de Valladolid





Levantado en el año 1964, se trata del primer "rascacielos" de Valladolid. Está enclavado en el Paseo de Zorrilla frente a la Plaza de Toros. El edificio, que fue levantado en pocos meses, está dedicado a viviendas privadas.


Fue creado como un edificio sin grandes pretensiones estéticas, donde primaba mas la funcionalidad, o sea cuantas mas viviendas mejor.


Al poco de su inauguración

El edificio en fase de construcción
Fue aquella una época de casi progreso en la que muchos trabajadores pudieron optar a comprarse una vivienda de cierto valor. 

El edificio al poco de su inauguración

Con una altura de 70 metros y 20 plantas ostentó el rango de edificio más alto de Castilla y León hasta ser desbancado pocos años después por el edificio Duque de Lerma con 88 metros de altura.
Está dividido en dos partes de diferentes alturas, siendo las más baja de 15 pisos.

Vista del Paseo de Zorrilla desde la planta más alta del edificio

16/10/12

La Casa de José Zorrilla


José Zorrilla nació el 21 de febrero de 1817 en la única casa que había por entonces en la calle Fray Luis de Granada (antes llamada calle de la Ceniza). Desde su nacimiento sus padres quisieron que se dedicara a las leyes y trataron de apartarle del arte de los versos.
En ella vivió Zorrilla durante los siete primeros años de su vida y, brevemente, a su vuelta a Valladolid en 1866 tras su regreso de México.




Tras su muerte, el Ayuntamiento de Valladolid decidió adquirir el inmueble para honrar la memoria del poeta, convirtiéndola en casa museo. La planta baja fue habilitada como biblioteca gracias a la labor de Narciso Alonso Cortés, importante estudioso de la obra de José Zorrilla. En 1895 se colocó en su fachada una lápida conmemorativa con un busto del poeta, obra del escultor Pastor Valsero con la inscripción:

Aquí nació el eminente poeta
D. José Zorrilla
Año de 1817
La casa es de aspecto y estructura sencilla, consta de dos plantas, sótano y jardín. En ella se conservan algunos muebles originales del poeta, como su escritorio, que fueron donados por su viuda. El amueblamiento de la casa pretende recoger el ambiente de la época en la que desarrolló su vida el poeta.
Entre las pinturas que decoran las paredes del piso principal figuran un gran cuadro titulado La llegada al campamento obra del granadino Ruiz de Valdivia, que representa una escena de guerra carlista; una Vista de Sevilla, atribuida al pintor Rafael Romero Barros; Don Quijote enfermo del vallisoletano Miguel Jadraque, realizado en 1905; un retrato del poeta pintado por Ángel Díaz Sánchez y otro lienzo en el que se muestra el aspecto exterior de la iglesia de La Antigua antes de restauración, pintado en 1876 por Santos Tordesillas.

Entre los recuerdos personales de Zorrilla destaca la mascarilla funeraria que obtuvo de su rostro el escultor Aurelio Rodríguez-Vicente Carretero y que fue utilizada para la realización del monumento al poeta que se encuentra en la Plaza de Zorrilla de Valladolid.

Cocina de la casa
En esta cama nació José Zorrilla

Visitando la Casa de José Zorrilla

La visita a la casa se realiza únicamente en visitas guiadas gratuitas de una duración aproximada de 15 minutos. Recorriendo todas las estancias de la casa aprenderéis más de la sociedad de mediados del siglo XIX y de la vida de José Zorrilla.

Escritorio original y silla en la que falleció Zorrilla
Máscara mortuoria de Zorrilla
Al visitar la casa podéis pedir que os pongan un vídeo introductorio a la vida del autor, es muy interesante y no se hace nada pesado.

Espectáculos y actividades

Durante todo el año se organizan diversas actividades en la Casa de José Zorrilla: representaciones teatrales, lecturas de sus obras o pequeños eventos.

Su jardín cobra especial protagonismo durante el mes de julio. En las noches más calurosas del año se representan obras teatrales acompañadas de un buen catering. El precio por asistir a estas sesiones es de tan sólo 10€.

Ver mapa más grande



El pozo del Monasterio de S. Joaquín y Santa Ana




El monasterio de San Joaquín y Santa Ana, no estuvo siempre en Valladolid, ni siempre se denomino con el mismo nombre.
El emplazamiento de origen o de fundación fue la localidad palentina de Perales. Fue la segunda fundación femenina en España de la orden del Cister, la primera fue  el monasterio de Nuestra Señora de la Caridad en Tulebras de Navarra.
Desde sus  inicios en 1260, transcurrió su devenir histórico en dicha villa, hasta que al correr nuevos aires en la iglesia y surgir el deseo de reforma, en el siglo dieciséis, se decidió su traslado a la ciudad de Valladolid, al mismo tiempo que surgía en el interior de la comunidad el deseo de abrazar la Recolección, una forma más austera de entender su hasta ahora consagración a Dios.

Las monjas de Perales deseosas  de este espíritu de reforma, más las que se las unieron de otros monasterios con los mismos ideales y  provenientes principalmente de Castilla, llegaron a esta ciudad el dieciocho de diciembre de 1595.
Antes el abad don Francisco de Reinoso había conseguido la aprobación de Felipe II, a este nuevo cambio de emplazamiento de la comunidad. A partir de ese momento dejo de denominarse de Nuestra Señora de la Consolación, para pasar a ser su nombre de San Joaquin y Santa Ana, y esto según dicen las crónicas por una revelación que tuvo una monja,  que el monasterio debía de denominarse  y tener por  titulares a los padres de la Santísima Virgen Maria es decir a San Joaquin y Santa Ana.

Para su acomodo, y después de buscar en la ciudad decidieron ocupar las casas que don Antonio de Salazar, regidor de la corte, les vendió. Unas casas entre la parroquia de San Lorenzo y el convento de los Trinitarios, a ninguno de estas entidades les gusto la nueva vecindad, y pusieron impedimentos todos los que supieron, no queriendo que tuvieran misa publica, al parecer todo se debía a un tipo de interés económico, debido a las limosnas de las que pudiera necesitar y conseguir el nuevo monasterio. Todo fue inútil, y las monjas consiguieron sus propósitos.

Monasterio de San Joaquín y Santa Ana

La casa que habitaron debía de ser señorial y contar con un patio columnado que sirvió de claustro. Hay elementos que aún hoy  nos indican restos del primitivo edificio; como el pozo del interior del claustro, las cuatro columnas que soportan el tejadillo y otra columna descubierta en uno de los paños del primer claustro. Por sus capiteles podrían ser del segundo cuarto del siglo XVI. Por tanto podrían pertenecer a la primitiva construcción.

Actualmente se sigue conservando  este pozo en el  denominado patio de los Laureles, por ser esta especie de árbol el que ha prevalecido en los últimos siglos, ni siquiera en mil novecientos sesenta y cinco cuando  los árboles por las heladas y nevadas se helaron y agostaron, sirvieron para erradicarlos pues en los años siguientes empezaron a  dar retoños, y a prosperar algunos de ellos, hasta que se hicieron adultos. 
Este pozo es y ha sido el más prominente de todos los pozos con los que ha contado el monasterio, ya que  ha llegado a albergar en su interior, unos  cuatro pozos todos ellos para aprovisionarse de agua las monjas, estuvieron en funcionamiento todo el tiempo que de ellos tuvo necesidad la comunidad, es decir, hasta la llegada de la canalización del agua corriente, en los edificios.
El suelo del patio esta empedrado con cantos rodados, el brocal lo componen  ocho losas de piedra reunidas dando forma de circunferencia, está flanqueado por cuatro columnas blancas con sus basas y todas de iguales capiteles, un tanto dañados por el paso del tiempo. Estas columnas soportan un entablamento de madera sobre el que se alza un tejadillo pequeño pero suficiente para cubrir el brocal del pozo, todavía consta de la polea, la soga y el cubo de metal, aunque hace tiempo que no se le da uso.

Sin embargo el agua que se sacaba de los pozos era cristalina y su última utilización era aprovechar su frescura, debido a su profundidad, para refrescar las botellas en el día de la celebración de Santa Ana, cuando se hacía mucha fiesta y  novenario que actualmente sigue celebrándose. A mediados del siglo XX no había neveras y era un modo común y artesano de enfriar las bebidas.
El pozo queda como testigo del paso del tiempo, del devenir de los días de las vidas de las hermanas que han vivido en este recinto su entrega a Dios, que se han sucedido con el paso del tiempo, por aquí pasaron Madre Evangelista, fundadora de Casarrubios del Monte, el mes próximo será introducida su causa de beatificación, también la marquesa de Canales con cuyo capital, se reedificó el monasterio, o la madre Ángela Francisca de la Cruz, que llegó a esta casa desde el Otero en León, para defender su causa ante la inquisición. Pero queda el pozo, espectador mudo de todos los cambios que con el tiempo se han ido produciendo. Ahí, enclavado en la edificación, que ya cuenta con doscientos veinticinco años, que se inauguro el 1 de octubre de 1787, diseñado por Sabatini, arquitecto real de Carlos III, en un estilo neoclásico, donde también Goya dejo su impronta con tres pinturas en la iglesia, frente por frente con otras tres pinturas de su cuñado Ramón Bayeu.

-Agradezco a Sor María Luisa del Convento de San Joaquín y Santa Ana la información y fotografías facilitadas.

Casa Juanito y El Paraiso del Plástico se mudan a causa de la ruina del edificio.



La ruina del inmueble sito en la esquina de las calles Teresa Gil y Regalado ha provocado que dos de los negocios con más solera de nuestra ciudad tengan que mudarse de lugar. El Paraiso del Plástico y Casa Juanito, que ocupan los bajos del citado edificio pasarán a la historia tal y como los hemos conocido durante los últimos decenios. Repasemos la historia de estos históricos locales:

El paraíso del plástico
Todo lo que se te ocurra que esté compuesto de plástico, lo venden aquí. El negocio está a puntito de cumplir cien años, aunque claro, lo del plástico todavía tardaría un poco en llegar. Por aquel entonces, en 1915, la tienda se llamaba Droguería A. Frechilla. La A. correspondía a Abraham, el abuelo de José, actual propietario del negocio, y el establecimiento estaba en el número 13 de Cánovas del Castillo. Fue en los años 30 del siglo pasado cuando Abraham se trasladó al local actual, bajo el rótulo de Droguería Madrileña, ocupando lo que hasta ese momento había sido la sombrerería de la vecina Casa Juanito. 



Lo del cambio de nombre llegaría a principios del decenio de 1950, cuando el plástico comenzó a convertirse en material habitual de numerosos productos. «Mi padre (Miguel Frechilla, el reconocido pianista) comenzó a vender algunos de ellos, como cepillos, pulverizadores para la colonia y algún juguete por Navidad», recuerda José. La apuesta por los productos de plástico se convertiría en la seña de identidad de la casa, que todavía conserva los mostradores originales. Y sobre ellos, numerosos juguetes «para que los niños los vieran mientras la madre compraba el barreño», rememora José. El próximo 2 de noviembre abrirá sus puertas a unos pasos, en el número 1 de la calle San Felipe.  (Fuente: El Norte de Castilla)


Casa Juanito
Juan García Alcubilla inauguró en 1895 una mercería que durante varias generaciones surtiría a muchos vallisoletanos, servicio que continúa en nuestros días. Era un amplio comercio en el que a la tradicional venta de hilos, cintas, agujas, etc se unía la venta de peletería, sombreros de señora y niño, encajes, tulas, terciopelos, así como una amplia sección de peletería, que la convirtieron en uno de los establecimientos más frecuentados por las vallisoletanas.


En 1985, la asociación formada por Miguel Sánchez y Leopoldo Adiego, adquirieron de los hermanos Juan y Fernando García, conocidos como "Los Juanitos", la mercería que fundara su padre, renovando el mobiliario y existencias, al tiempo que dedican trato preferencial, junto a los actuales objetos de mercería y complementos, a cuanto se relaciona con la Semana Santa, hábitos, capirotes, banderas, bordados, etc., que junto a las flores de su "Floristería Rebeca", adornan los "pasos" y locales donde tienen lugar los actos de celebración de la histórica semana. (Fuente: Aquellos entrañables comercios de Valladolid, tomo IV)



 
Subir