10/10/16

Los disparos de la fachada del Ayuntamiento de Valladolid



Las labores de adecentamiento que se llevaron a cabo en 2008 con motivo del primer centenario de la construcción de edificio del Ayuntamiento de Valladolid sacaron a la luz los disparos que un grupo de falangistas hicieron contra la ventana del despacho del alcalde (por aquel entonces Antonio García Quintana) durante el levantamiento militar de 1936 que dio origen a la Guerra Civil. El propio alcalde, el último socialista que tuvo en sus manos el bastón de mando municipal hasta la restauración de la democracia, dio la orden de evacuar el edificio por las puertas traseras después de que los sublevados «acribillaran a balazos la fachada desde la Plaza Mayor», según relata Julio del Olmo, presidente de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH), quien desvela que la fachada de la Casa Consistorial aún luce 53 desconocidos impactos de bala concentrados, sobre todo, en torno a la ventana del aún despacho del alcalde –situado en la primera planta del lateral derecho–. Los ladrillos desconchados y los agujeritos en la piedra sobreviven al paso de los años como testigos mudos de la simbólica caída del último vestigio republicano al día siguiente del alzamiento nacional.

Fachada del Ayuntamiento engalanada con motivo del centenario de su construcción

Los agujeros que produjo una ráfaga de ametralladora llevaban allí y estaban perfectamente localizados pero la suciedad acumulada se había encargado de camuflarlos durante años hasta que esta última limpieza los ha vuelto a dejar perfectamente visibles en el ventanal de la primera planta situado más a la derecha según se mira de frente a la casa consistorial.

"Al verlos, los técnicos preguntaron si se tapaban o los manteníamos y decidimos dejarlo como constancia de lo sucedido", explicó el consejero delegado de Presidencia, Fernando Rubio, de quien dependían las obras de recuperación del Ayuntamiento con motivo del centenario.

No es el único disparo que hay en el Ayuntamiento ya que uno de los cuadros de la Sala de Comisiones alberga en su marco una bala que también se ha decidido mantener. Otros vestigios de la Guerra Civil es una placa del General Mola que queda oculta en el despacho del alcalde y que nadie en Democracia se ha replanteado su retirada.


Fuentes:

8/10/16

La Casa del Reloj



En la actualidad en Valladolid no es el único edificio con esfera en su cima, pero hace años a este bloque le llamaban la casa del reloj porque era el único que lo tenía y no es para menos, las manecillas de este emblemático reloj comenzaron a moverse en el año 1953. A las doce del mediodía sonaba el ángelus, la gente se paraba y rezaba. Pero hace mucho tiempo que el ángelus que un día hizo las delicias de los vallisoletanos con sus notas, puso fin a su musicalidad matinal por las molestias que causaba a los vecinos.



Parece que poco a poco las energías del reloj se fueron agotando, hasta hace unos años, nadie sabe concretar exactamente cuántos, el reloj se paró y se despidió del frenético ritmo de la ciudad. «Hace lustros que no funcionaba. Al edificio le faltaba vida. 
Con mucho empeño y cariño en 2014 se reparó y se consiguió que volviese a funcionar y sus manecillas volviesen a retratar el tiempo. Se mordernizó reparándolo y actualizándolo para disfrute de todos y ahora, a partir de las 22:30 el reloj se ilumina con luces de ‘led’ para que no pase desapercibido a nadie. Un total de cuatro meses de esfuerzo y perfección para que este histórico reloj que un día marcó el ritmo de la ciudad volviese a contar el tiempo.




13/5/16

Restaurante La Goya. Matriarcado en Biarritz



Su historia comienza en 1902, cuando Gregoria Rodriguez (Goya) compra la finca de labranza Biarritz, "que va de puente a puente". "Esto era un merendero. El comedor -indica su hija Matilde, era una caballeriza; el bar, en el mismo sitio que el actual, lo regentaba Goya y por las mañana ponía vinos para los que iban y venían de la Fábrica Nacional de Armas, de las fincas de Palero, de Calero... y por las tardes; aquí había unos bancos de piedra -indica señalando hacia la pared del comedor- y se jugaba a la rana, se ponía tortillas, ensaladas...". Aún conservan en el patio dos juegos de ranas. Goya no estaba sola. Con ella trabajaban su hermano Nicolás y su cuñada Matilde Molina, padres de las hermanas que siguen al frente del negocio. 

En esta fotografía de principios de los 70 podemos ver a la izquierda de la imagen parte del restaurante.

La guerra del 36 también interrumpió la vida del merendero. "Los italianos lo confiscaron -la caballeriza- y lo utilizaron para recauchutar ruedas, aunque el bar siguió funcionando" indica Matilde.
La familia lo recuperó tras el conflicto, sin embargo nada volvería a ser lo mismo. Poco después falleció Gregoria y Nicolás y Matilde continuaron con el merendero.
Las caballerizas, que años antes ya se habían transformado en comedor, vivieron una tercera vida. Allí se comenzaron a servir bodas y comidas de postín. 


De izq. a der. Aurora Rodriguez Molina, Roberto Álvarez, Matilde Barrientos y María Luisa y Pilar Rodriguez Molina (Photogenic/ M.A.SANTOS)

El paso del tiempo se ha dejado sentir en la finca. El patio, donde estaban los bancos de piedra bajo un emparrado, se transformó a mediados de los 70 en un comedor de verano cuyo espacio central está marcado por el brocal de un pozo rodeado de la más variada vegetación. En el interior, además del comedor principal, con chimenea en invierno y siempre vistas al río, hay otro más pequeño, de 22 plazas.
Lo que no ha variado es la cocina. Las recetas. "Son las de mi madre", señala Pilar mientras alimentala cocina de carbón. "Antes había dos bilbaínas pero se quedaron pequeñas y ésta la hizo hace más de 60 años el mejor fumista de Valladolid, Balbino de Diego.
Es una eterna cocina de mercado. Solo hay un problema: cierra el mes de agosto, la noche del domingo y todo el lunes. El resto de los días abre a la hora del café de media mañana.

Fuente: La Posada de El Mundo (Mar Torres)

30/4/16

Las desaparecidas "Bodegas Caballero"



Hubo desde 1950 una bodega en la calle San Martín nº 8, que antes había ocupado durante tres años un local en la vecina calle La Lira. Me refiero a "Bodegas Caballero", de Román Caballero, productor de Cigales que se vino a la capital aun a sabiendas de que iba a costarle abrirse camino en un marcado amplio pero ya muy saturado.
Repartía a domicilio y vendía a granel en el establecimiento que estaba a un costado de la iglesia de San Martín, esquina con la calle Los Moros. "Caballero" estaba registrado como bodega, pero la fuerza de la costumbre la convertía en taberna porque los parroquianos hacían allí tertulia y de paso se metían entre pecho y espalda unos cuantos campanillos de aquel clarete fresco y espumoso que Román eleboraba en su lagar de Cigales.


El local era amplio, con vivienda en la parte superior y una bodega en el sótano donde Román Cabellero llenaba sus garrafones para repartirlos valiéndose de una bicicleta en la que llegó a cargar hasta cuatro en un ejercicio de habilidad circense muy celebrado por los chicos del barrio. Después compró un remolque, más tarde un Issocarro y por último un 2CV, más adecuado para la demanda creciente de su vino.

El edificio en la actualidad

Vendió mucho y trabajó más, así que un día cerró su bodega y alquiló el local que ha dado para dos bares, en uno venden huevos del fraile y en otro palomitas a una clientela renovada que ignora lo que antes hubo allí porque el vertiginoso paso del tiempo acaba devorando la memoria.

Fuente: Historia de 100 tabernas vallisoletanas (José Miguel Ortega Bariego)



22/4/16

La calle La Lira



Se desconoce cuando y porqué se fijó el nombre de esta calle, pero si puede deducirse la época en la que se abrió la misma probáblemente en 1595.
La calle se abría entre San Martín y Santa Clara y estaría frente a las Casas del infante Don Juan de Granada. A esta calle se la puso o quiso ponérsele nombre oficial en sesión del Ayuntamiento de 10 de Abril de 1863, diciendo: "La travesía desde la calle de S. Martín a la de la Torrecilla se llamará  calle...", pero se dejó el nombre en blanco en el libro de actas ¿Sería, por tanto, el de la Lira?






Fuente: Las Calles de Valladolid. Juan Agapito y Revilla

 
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