30/5/10

La estatua del Conde Ansúrez

Se levanta en el centro de la Plaza Mayor. Un prurito historicista reclamaba el deber de erigir un monumento al Conde Ansúrez, el repoblador de la ciudad.


Consta de un pedestal en piedra, de planta cuadrada, con relieves de bronce en cada cara. En la cima está la figura del personaje. Parece en actitud de proclamación. Está armada con espada y escudo. Sostiene un pendón y un pliego enrollado, y diríase a punto de “fundar” la ciudad. La estatua, como se ve, responde al cándido narrativismo decimonónico. Es obra del escultor Aurelio Carretero, quien se ofreció en 1900 para realizarla.

La estatua a principios del siglo XX, con el Ayuntamiento en construcciòn al fondo

Según explicaba el autor en la memoria, quería hacer una estatua que destacara la nobleza del conde “con líneas vigorosas”, sin elementos que distrajeran. La fundición de la estatua se realizó en 1901, pero aún habría de demorarse hasta el 30 de diciembre de 1903 la colocación del monumento en la Plaza Mayor. El pedestal fue hecho por el arquitecto municipal: figuran cuatro relieves de bronce firmados por A. Carretero, con la inscripción de dedicación del monumento en 1903, el escudo de la ciudad y dos episodios de la vida del Conde: su presentación ante el Rey y la construcción de la iglesia de Santa María la Mayor.

Los relieves del pedestal





-Fuente:CATÁLOGO MONUMENTAL DE LA PROVINCIA DE VALLADOLID
Monumentos civiles de la ciudad de Valladolid.
J.J. MARTÍN GONZÁLEZ

26/5/10

Valladolid. Mundial 82. El jeque que anuló un gol.

Cartel Oficial del Mundial España 82. Sede Valladolid

El avispado presidente pucelano, Don Gonzalo Alonso, supo aprovechar el retorno del Real Valladolid entre los grandes, para solicitar a la federación que la capital castellana fuera elegida sede para los venideros Mundiales de 1982. La elección o no de nuestra ciudad quedó supeditada a la construcción de un Nuevo Estadio, moderno y acorde al acontecimiento mundialista. Una vez aprobada la propuesta, el ayuntamiento vallisoletano recibió importantes ayudas y subvenciones públicas (del Consejo Superior de Deportes y de la Real Federación española de fútbol) para acometer las obras.
Unos meses más tarde, concretamente en Junio, el nuevo Zorrilla vivió 3 partidos mundialistas y contó incluso con la presencia del presidente de la FIFA, el doctor Havelange, entre sus espectadores más destacados. El grupo “D” del mundial debía disputarse entre Bilbao y Valladolid. En San Mamés jugaba siempre el cabeza de grupo, Inglaterra, mientras que los otros 3 componentes del grupo, Francia, Checoslovaquia y el exótico Kuwait ,jugarían entre sí en Zorrilla.
Con un calor aplastante y un sol de justicia, y siempre a las cinco y cuarto de la tarde de los días 17, 21 y 24 de Junio, se diputaron en Valladolid los siguientes partidos del Mundial:

-Checoslovaquia 1 (Panenka, de penalti)- Kuwait 1 (Al-Bakhhed).
-Francia 4 (Genghini, Platini, Six y Bossis)- Kuwait 1 (Al- Buloushi).
-Francia 1 (Six)-Checoslovaquia 1 (Panenka, de penalti).


A pesar de lo inapropiado de la hora, El Nuevo Estadio presentó buenas entradas y rondó o superó los 25.000 espectadores en cada partido. La Francia de Platini deslumbró en Valladolid, sobre todo en su partido ante los kuwaitis, a los que el público vallisoletano alentaba más a que a ninguno de los otros 2 equipos.

La anécdota
21 de junio, corría el minuto 35 del segundo tiempo del partido Kuwait-Francia . Alain Giresse, delantero de “les bleus” recibe un balón y marca el cuarto tanto para su selección. Inmediatamente, todo el equipo asiático se abalanza sobre el colegiado. Alegan haber escuchado el silbato del arbitro y que por ello el gol no debe subir al marcador.


Hasta ese momento todo puede entrar en la normalidad de un partido de fútbol. Lo sorprendente y único sucede a continuación. Desde el palco de autoridades del estadio José Zorrilla de Valladolid, un individuo ataviado con vestimentas árabes y turbante rojo hace aspavientos indicando al equipo kuwaití que abandonen el terreno de juego. Tras varios minutos de incertidumbre, el hombre del turbante aparece sobre el césped entre el tumulto de jugadores y acompañado por varios escoltas. Es el jeque Fahid Al Ahmad Al Sabah, hermano del emir de Kuwait. El público en las gradas y los jugadores franceses, tranquilos por una victoria segura, observan con estupor la insólita escena. Tras una conversación con el arbitro soviético Miroslav Stupar rodeada de jugadores y policías, Fahid Al Ahmad Al Sabah amenaza de nuevo con retirar a sus jugadores del terreno de juego si no se anula el gol.
Pasan varios minutos de desconcierto cuando el colegiado toma la sorprendente decisión de anular el gol. Stupar no había pitado, el gol era legal, pero inexplicablemente las presiones del jeque surten efecto y el tanto no sube al marcador.
La historia juzgó este hecho como anécdota ya que el partido terminó 4-1 pero el hecho en sí era muy grave por lo que la FIFA castigaría duramente a Miroslav Stupar, que nunca volvió a arbitrar un partido.


Por aquel entonces, el aforo del Estadio Zorrilla era de 33.000 espectadores, reducidos hasta los 26.512 actuales en posteriores reformas.

-Fuente: El blog de la ciudad de Valladolid
-Fuente: http://helektron.com/espana-82-como-un-jeque-rearbitro-un-partido/

Real iglesia de San Miguel y San Julián


Ocupa el edificio de la iglesia profesa de la Compañía de Jesús, tras la expulsión de ésta. Residen en ella desde 1775 las parroquias de San Miguel y San Julián. Es conocida habitualmente por San Miguel.
Antolinez de Burgos, Canesi y Sangrador se han ocupado del establecimiento de la Casa Profesa de la Compañía de Jesús en Valladolid. Parece ser que se funda en 1543 por los Padres Pedro Fabro y Antonio Araoz, los cuales habían llegado a Valladolid desde Lisboa, para asistir al matrimonio de Felipe II (entonces principe) y María de Portugal. El templo fue colocado bajo la advocación de San Antonio de Padua, el santo portugués. Estuvo situado en una casa propiedad de los Blanco, en la Redecilla, como decía una inscripción que Canesi menciona. Un paso hacia delante viene dado por la llegada a Valladolid en 1551 de Francisco de Borja, marqués de Lombay, miembro del equipo fundacional con Ignacio de Loyola. Atrajo a numerosos devotos, de suerte que la fundación en Valladolid quedó consolidada.
Don Alfonso Pérez de Vivero, vizconde de Altamira, y su mujer, María de Mercado, donaron a la Compañía sus casas principales, situadas donde hoy está la actual fábrica, comenzándose de esta suerte la edificación del templo. Pero el hecho decisivo para el engrandecimiento artístico fue la adquisición del patronato de la Casa Profesa por parte de los Condes de Fuensaldaña. Las diferentes escrituras nos dan una cumplida información.


La fundación del patronato la realiza doña Magdalena de Borja Oñez y Loyola, viuda ya de don Juan Urbán Pérez de Vivero, Conde de Fuensaldaña y Vizconde de Altamira, quien le había dejado poder para testar a favor de los dos. La escritura de testamento, que autorizaba la fundación del patronato, lleva la fecha de 21 de diciembre de 1610. Lo que se acuerda es la fundación de una casa de Probación para Novicios, unida a la Casa Profesa ya existente, con un fondo de 4000 ducados de renta al año. Deseaba la fundadora que la Casa de Probación quedara bajo la advocación de Francisco de Borja, en el caso de que éste llegara a ser beatificado o canonizado. Ella era nieta de éste, como hija de Juan de Borja, hijo del Duque de Gandía.
En cuanto a la Casa Profesa, ésta debería tomar la advocación de San Ignacio, del cual ella era sobrina. Al ser beatificado Ignacio de Loyola, se halló motivo para cambiar la advocación que hasta entonces tenía como templo de San Antonio de Padua.
La Compañía quedaba obligado a destinar la capilla mayor a entierro de los fundadores. Según se estipula, el sepulcro sería colocado en la pared del lado del evangelio, no en el centro, para que no estorbara a la liturgia.


No hay duda de que la fundación tuvo su cumplimiento, realizándose el sepulcro de los Condes. El 20 de diciembre de 1625, doña Magdalena de Borja firmaba un codicilo, dejando encargada a su costa una colgadura para adorno de las paredes, con un fondo de 3000 ducados. El 22 de diciembre de 1625, dejó un testamento cerrado, falleciendo el mismo día. Con las formalidades habituales, se procedió a la apertura del testamento cerrado. En él doña Magdalena, como patrona de la Casa Profesa de Valladolid, reconocía a ésta como heredera de todos sus bienes, dejando encargado el que se realizara la Casa de Probación, todavía sin comenzar. Entre los testamentarios figura su hermano don Francisco de Borja, Príncipe de Esquilache y Conde de Mayalde.


Este se sintió ofendido por el testamento, pues había tratado con doña Magdalena que le instituyeran a él como patrono, por el hecho de poseer familia, ya que los Condes de Fuensaldaña carecieron de hijos. Según los documentos que presenta al Príncipe de Esquilache, parece que la propia doña Magdalena había intercedido ente el General de la Compañía para que el patronato fuera transferido a favor de aquél. Pero lo único legal que permanece a la muerte de doña Magdalena es el testamento último, declarando heredera a la Casa Profesa de Valladolid. Sin embargo la reclamación, aunque tardía, fue escuchada por la Compañía. El Prepósito General de la Compañía de Jesús, con fecha de 2 de mayo de 1652, reconoció al patronato a favor del Príncipe de Esquilache. El día 13 de febrero de 1653, en nombre del Príncipe tomó posesión el patronato en Valladolid el Duque de Medina Sidonia. En el testamento realizado por don Francisco de Borja, hermano del príncipe de Esquilache, manifiesta su voluntad de establecer el panteón de su familia en la iglesia de Valladolid, en una bóveda que se habría de hacer bajo el suelo de la iglesia y adonde se trasladarían los cuerpos de su esposa y otro miembros, que yacían en el convento de Carmelitas Descalzas de Zaragoza, el llamado de las Fecetas. Pero pese a todo, este cambio de patronato no tuvo la menor efectividad. No se hizo el panteón, ni se pusieron los escudos de los Borja. En toda la documentación de esta Casa Profesa siguió mencionándose a los Condes de Fuensaldaña como patronos y fundadores del templo. Sin embargo, la función propia de Casa de Probación no tuvo cumplimiento. El papel de Seminario de Jesuitas siguió asumido por el colegio de Villagarcía de Campos, y en la ciudad de Valladolid, por el Colegio de San Ambrosio.
Otros benefactores ha tenido esta Casa Profesa. Así el licenciado Juan Martínez Cabeza Leal, que había ejercido como deán en la catedral de Plasencia. En su testamento de 25 de abril de 1628 dejó determinado que lo sepultaran en la iglesia de la Casa Profesa de Valladolid, donde dejó establecida una capellanía. Donó su librería al Colegio de Villagarcía, precisamente porque no se había realizado la Casa de Probación de San Ignacio.


Una notable fundación es la de la Marquesa de Viana, doña Magdalena Pimentel y Fajardo. Por escritura de 4 de enero de 1666 establecieron su sepulcro los Marqueses de Viana en la sacristía de Colegio de San Ignacio, cediendo en compensación a éste un censo que les correspondía, de 20.000 ducados. El sepulcro tenía que situarse en la pared de la sacristía, detrás del altar mayor, con los bultos de los Marqueses, imitando la disposición que tenían en la iglesia los de los Condes de Fuensaldaña. Enfrente estaría un altar. Sin embargo este sepulcro no llegó a realizarse; incluso en 1702 se redimió el censo de 20.000 ducados sobre los bienes del Marqués de Vega de Boecillo, cuyos beneficios se habían dado al Colegio. Sin embargo, la marquesa de Viana mantuvo su buena disposición hacia el Colegio, y en virtud de testamento de 8 de noviembre de 1702 dejaba a éste como heredero de sus bienes, una vez que se hubiera efectuado almoneda de los mismos. Figura la relación de bienes y la tasación, efectuada por el Hermano de la Compañía Francisco Mauleón. Una parte de estos bienes no se vendieron y se conservan en la iglesia. Disponía que ardiese perpetuamente una lámpara en el altar de Nuestra Señor de Loreto, que tenía juntamente la imagen de María Magdalena, patrona de la Marquesa. Este altar se encuentra en el lado del evangelio, y aunque no lleva escudos, es evidente que se mandó hacer a expensas de la Marquesa, la cual falleció el 12 de octubre de 1703. Esta capilla por tanto se puede considerar como la propia de los Marqueses de Viana. Canesi refiere que el Reverendo Padre General “dio sufragios de fundadores de Colegio”, a los Marqueses de Viana, es decir, a Don Rodrigo Pimentel Ponce de León y Doña María Pimentel Fajardo, precisando que ambos yacen en él. Presumiblemente se hallarán bajo el suelo de la capilla citada.
El mismo Canesi habla de otras instituciones. Así la Congregación de ciudadanos del Niño Perdido, regentada por los congregantes de los Niños del Albergue. También una Congregación de Sacerdotes. El Padre Villar, ye en el siglo XVIII, creó la Hermandad de la Buena Muerte y otra junto con ella del Corazón de Jesús. Ambas advocaciones reciben culto en la capilla del Cristo de la Buena Muerte. Como es sabido, los jesuitas figuran entre los impulsores del culto a los Sagrados Corazones.
La capilla de San Antonio de Padua fue fundada y dotada por los señores Juan de Benavente y Antonia de Benavente, el año 1632. Por su parte los señores Gabriel de Valdés y su mujer doña Magdalena de Santa Cruz establecieron la fiesta de las Esclavas, en 1632.
La iglesia y Colegio mantuvieron una vida muy activa. En 1733 se renovaba toda la botica y en 1765 se hacía un nuevo tabernáculo. Sin embargo, el año de 1767 la Compañía de Jesús quedó extinguida en todos los dominios españoles, y sus bienes fueron confiscados. El día 18 de abril de dicho año, Ángel de Bustamante, juez subdelegado para la ocupación de Temporalidades, realizaba el inventario de los bienes que contenían en el Colegio de San Ignacio, en todas sus dependencias e incluso en la finca que la Compañía poseía en Villanueva de Duero.


La política de Carlos III se dirigía a potenciar la vida parroquial. En virtud de ellos, por decreto de 12 de noviembre de 1775, las parroquias de San Miguel y San Julián, que poseían edificios viejos, se unifican y destinan al templo de San Ignacio. Como consecuencia de esto se trasladan al templo de San Ignacio los objetos e imágenes de las parroquias indicadas. Del altar mayor se quitó la figura de San Ignacio y se reemplazó por la de San Miguel; de igual suerte, en el tabernáculo se colocaron las figuras de San Julián y Santa Basilisa. El Rey mandó dar el nombre de Real al templo de San Miguel. Fueron retirados los símbolos de la Compañía y se colocaron los escudos reales en la fachada del templo.
La parroquia de San Miguel era una de las más antiguas del Valladolid medieval. Empezó como iglesia de San Pelayo y ya existía desde el siglo XI. Después del derribo, se hizo plaza, quitándose la cruz de piedra, que se encuentra en el panteón del Cabildo Metropolitano, en el cementerio de la ciudad. La parroquia de San Julián se hallaba a la esquina de las actuales calles de San Ignacio y de la Encarnación.


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Fuente: Monumentos religiosos de la ciudad de Valladolid. Parte Primera.
Por Juan José Martín González y Jesús Urrea Fernández

24/5/10

El Círculo de Recreo

La prosperidad agrícola, industrial y comercial de Valladolid se fue traduciendo a lo largo del siglo XIX en la creación de entidades culturales y recreativas. La que alcanzó mayor renombre ha sido el Círculo de Recreo. Sus miembros utilizaron primeramente un edificio en la calle Teresa Gil, y luego otro en la Acera de San Francisco.


En 1853 decidió la sociedad construir edificio propio, y para ello se buscó un solar situado en la calle del Duque de la Victoria, esquina a la de Constitución, que había pertenecido al Convento de San Francisco. Dio los planos el arquitecto don Antonio de Iturralde y Montel. Este primer casino tuvo corta vida, pues aparte de la ruina que se presentó, la sociedad había experimentado un empuje tal que requería un edificio adaptado a sus poderosos medios.

Sala de billar

Fue promotor del casino don José Antonio Pintó, quien presentó la petición ante el Ayuntamiento el 18 de abril de 1900. Los planos corresponden al arquitecto don Emilio Baeza Eguiluz, y se custodian en el archivo del ayuntamiento, como un ejemplo de admirable delineación. Hay plantas y alzados de sus fachadas, reproducidos en negativo. La planta baja se reservó para tiendas, en orden a obtener una rentabilidad, pero posteriormente el casino ocupó también este espacio. La entrada la tiene por la calle del Duque de la Victoria.


Don Juan Agapito y Revilla, arquitecto municipal, dio informe favorable al proyecto, sobre todo teniendo en cuenta el notable papel que en él se daba a la ornamentación, con lo cual el edificio constituiría “un elemento de ornato público de alguna estimación, ya que por lo general se deja relegado a segundo término tan importante particular”. Aprobado el proyecto, las obras se llevaron con celeridad, concluyéndose en mayo de 1902.

Biblioteca

El arquitecto valoró debidamente el emplazamiento del edificio en una esquina, y por eso la definió con torreón, cubriéndolo con cúpula bulbosa. Consta de cuatro alturas, graduadas con flexibilidad para no incurrir en monotonía. El piso principal ofrece un balcón corrido; las festividades de la ciudad ofrecían a los socios la posibilidad de contemplar los espectáculos desde allí. Los balcones se separan por pilastras y encima vienen ojos de buey de forma ovalada. En el cuarto piso el balconaje se muestra aislado. Aún viene un ático con barandillas y tejado de pizarra muy inclinado, todo de gusto francés. Se combina la piedra con el ladrillo, y hay proliferación de adornos de talla, como concierte al estilo ecléctico. Para valorar la fachada principal, en la cumbre el balcón se flanquea por dos estatuas femeninas a manera de cariátides, con los atributos de la industria y la agricultura. Cierra en el ático el escudo del Círculo, sostenido por dos niños.


En el interior reúne las distintas funciones de un casino. Hay biblioteca, salas de juego, pero sobre todo destaca el gran salón de fiestas. Para la decoración de estos interiores se efectuó un concurso, con gran concurrencia de ofertantes. De todo ello da cumplida información González García-Valladolid. Ganó el concurso don Eugenio Oliva Rodrigo, quien se encargó, como señalaban las condiciones, de le ejecución de toda la obra. Lo más notable es la pintura del salón de fiestas, donde se ha figurado la apoteosis del poeta Zorrilla, y se ha retratado a personajes ligados a la historia de Valladolid, con el conde Ansúrez.


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Fuente: Monumentos civiles de la ciudad de Valladolid. Por J.J. Martín González

22/5/10

La estatua de Miguel de Cervantes

Emplazamiento original en el campillo del Rastro

Las grandes reformas que el Ayuntamiento llevó a cabo en el entonces denominado campillo del Rastro (en XI-1873 dan comienzo las primeras obras de encauzamiento del río Esgueva por esta zona, al tiempo que surgía la calle de Miguel de Iscar) permitieron que por los años de 1877 se desarrollara delante de las casas que fueron de Juan de la Navas una plazuela que adoptó el nombre del Rastro, la cual hizo retomar al cervantista Marino Pérez Mínguez la idea surgida en 1862 de erigir un monumento que “recordara sólo que vivió en esta ciudad de Valladolid el Manco de Lepanto” y que presidiera este paraje.


En 1876 solicitó de las autoridades locales el oportuno permiso para levantar una estatua a Cervantes. Se lograron reunir 14.588 reales de diversos donantes de la ciudad.
Con tan exigua cantidad de dinero se iniciaron las obras de cantería dirigidas por el arquitecto municipal don Joaquín Ruiz Sierra y ejecutadas por el maestro Jacinto Peña.
El inspirador del monumento tuvo muy en cuenta el que se había erigido en Madrid en 1835, muy próximo a la vivienda en que murió Cervantes. En cada frente del pedestal se colocaron cuatro relieves, modelados por don Pedro de Berasategui.

La estatua en su nuevo emplazamiento en la plaza de la Universidad

El monumento vallisoletano se inauguró el 29 de septiembre de 1877 y fue la primera estatua pública que tuvo Valladolid y la segunda que se dedicó a Cervantes en España. Pero como se levantó sobre solar enajenado por el municipio esta circunstancia, unida a las críticas que recibió el diseño del pedestal, condujo a la aprobación, el 11 de julio de 1879, del diseño de otro pedestal nuevo hecho por el arquitecto Joaquín Ruiz Sierra y a que su emplazamiento se modificase ligeramente.

La estatua en la actualidad

En 1889 se acordó trasladar el monumento a la Plaza de la Universidad, momento en que la estatua de Cervantes se pintó imitando al acero, instalándolo en el centro de los jardines próximos a la Catedral.

21/5/10

La Antigua recupera la salud

Nueva imagen de la iglesia, cuya piedra contrasta con la de la torre

La iglesia de Santa María de La Antigua, una de las joyas patrimoniales de la ciudad, ya está curada. Después de un año de obras, el templo luce sin andamios y con una salud renovada. Una inversión de la Consejería de Cultura superior al medio millón de euros ha servido para acabar con las patologías que afectaban a este inmueble situado en pleno corazón de la ciudad. Desde hace años La Antigua sufre problemas de humedades y goteras como consecuencia del mal estado de su cubierta y de las canalizaciones de la parte superior. Concretamente, en la zona del ábside las gárgolas de evacuación no podían absorber todo el volumen de agua y además estaban más altas que los canalones. También se han sustituido las tuberías de bajada que discurren por el interior de las pilastras, antes agrietados y en muy mal estado. A esto se ha sumado el retejado completo del templo y la consolidación de los pináculos y la piedra de la balaustrada, que había sufrido desprendimientos en alguna ocasión y que obligaba a mantener vallada la parte baja del templo en su zona trasera para evitar posibles accidentes con los viandantes. En esta intervención también se han recuperado cresterías, pináculos y gárgolas, que estaban muy deteriorados. Así, dos de éstas últimas han tenido que ser sustituidas por réplicas. La intervención se ha completado con una limpieza integral del exterior del templo con excepción de la torre. La obra se ha llevado a cabo sin interrumpir el culto ni la actividad de la Cofradía de la Preciosísima Sangre durante la Semana Santa.
El nuevo aspecto del templo contrasta con el vallado que aún protege los jardines que dan a las calles Magaña y Arzobispo Gandásegui. El Ayuntamiento espera la decisión de la Dirección General de Patrimonio para excavar un aparcamiento para residentes de tres plantas y con capacidad para 336 vehículos. Los técnicos de la Junta han dado el visto bueno a la obra, pero han exigido algunas correcciones como alejar el muro pantalla de la torre. Urbanismo prevé que la obra puedan comenzar en septiembre tras las ferias.

-Fuente: Nortecastilla.es

18/5/10

Un entierro, simulado por el Duque de Lerma.

Doña Catalina de la Cerda

En 1603 murió Doña Catalina de la Cerda, esposa del Duque de Lerma. Las discusiones sobre si la enterraban en Medinaceli —como ella había deseado— o en Valladolid —como al duque le convenía— fueron muy largas, el camino de Buitrago a Valladolid muy penoso y, al llegar al convento de Belén, el cadáver despedía un hedor tal que fue preciso enterrarlo aquella misma noche.
Pero el duque de Lerma no podía renunciar a la pompa y el boato de que, por lo menos el ataúd, pasara por las calles de la capital de España, seguido de dignidades, potestades y grandezas.

Imagen obtenida de http://domuspucelae.blogspot.com

El día 10 de junio de 1603 pasaba por las calles de Valladolid un entierro que se dirigía desde el convento de padres dominicos de Belén a la iglesia de San Pablo. La noche anterior había llegado el ataúd de Buitrago, y ahora iban a su lado los representantes de todas las órdenes del clero, del cabildo de la ciudad y, tras ellos, vestido de pontifical, el obispo de Valladolid seguido de los presidentes y miembros de los Consejos, los grandes de España, el arzobispo de Zaragoza y el cardenal de Toledo. Pero, ¿Quién iba dentro de aquel ataúd? Sólo unos ladrillos cuyo peso correspondía aproximadamente al del cadáver de la duquesa de Lerma, la cual había sido enterrada la noche anterior, siete días después de su fallecimiento.

Duque de Lerma

¿Quién era aquel duque de Lerma? Era Don Francisco Gómez de Sandoval Rojas y Borja, grande de España y gentilhombre de cámara de Felipe III, ‘I Duque de Lerma’, ‘I Marqués de Cea’, ‘Sumiller de Corps y de los Consejos de Estado y de Guerra de Felipe III’, primer ministro y válido de Felipe III.
Aquellos ladrillos que ocupaban el ataúd eran un símbolo de lo que había dentro de las cabezas del valido y sus acompañantes.



17/5/10

La iglesia de San Juan Bautista


La iglesia de San Juan Bautista cuya existencia databa del siglo XII fue cedida a la Orden de San Juan del Temple para que organizase junto a ella su vida conventual. Al desaparecer la Orden templaria en el siglo XIV la iglesia se convirtió en parroquia.


Conocemos el aspecto exterior que tuvo la vieja iglesia. Constaba de tres naves de una torre no muy alta. En 1621 se efectuaron obras en su capilla mayor y en la sacristía; en 1660 el arquitecto Felipe Guerrero demolía la nave denominada del Santo Cristo y hacía la bóveda de la nave de Santa Lucía, tal vez cubiertas ambas primitivamente por artesonados. La bóveda de su nave central se fabricó en 1704 y en ese momento se proyectaban nuevas reformas en la capilla mayor. Fue reedificada por don Juan Fernández de Santa Cecilia cuyo retrato y letrero se encontraba en la nave de Santa Lucía junto al "hueco en la pared donde están las dos imágenes de San Cristobal y San Esteban".


El retablo mayor fue contratado en 1613 por Cristóbal Velázques que se ayudó de sus hijos Francisco y Juan; no se concluyó hasta 1622. Tenía tres cuerpos en los que se distribuían esculturas de los cuatro Evangelistas e historias de la vida de San Juan que primeramente fueron proyectadas como relieves (Bautismo de Cristo, Degollación del Bautista, Predicación en el desierto, Zacarías con San Juan niño, la Visitación y el Nacimiento de San Juan) y finalmente se hicieron en lienzo; en su ático el Calvario flanqueado por dos de estas pinturas. No se policromó hasta 1629 y la obra del dorado la hizo el pintor Jusepe de Angulo.
Este retablo sustituyó a la custodia que había hecho en 1610 el ensamblador Diego de Basoco. Sospechamos que a fines del siglo XVII se realizó otro retablo, ya que en esa época se puede fechar la escultura de San Juan Bautista conservada en el Museo Diocesano y que procede de este tempo. Además sabemos que los pintores Amaro Alonso (1687) y Pedro de Calabria (1704) hicieron varios cuadros para el altar mayor.


Los colaterales estaban dedicados a Santa Lucía, a la que se tributaba una especial veneración y a Ntra.Sra.de la Consolación, esta última colocada en el lado del evangelio. Su retablo fue realizado en 1678 por Blas Martínez Obregón y dorado por Pedro de Mondragón. Además había otros retablos dedicados a la Quinta Angustia y Nuestra Señora de la Espectación. El Santo Cristo de las Injurias tenía una capilla propia situada debajo del coro.
La parroquia permaneció en su propio templo hasta el año 1841, momento en el que pudo haberse hundido, los cultos se trasladaron a la iglesia que había pertenecido al monasterio de monjas bernardas de Ntra.Señora de Belén, situado en terrenos ahora ocupados por el Colegio de San José. También este templo se hundió en 1924 y la parroquia nuevamente se trasladó de sitio, en esta ocasión a la iglesia de San Esteban, actual Santuario Nacional.
Con motivo de celebrarse el veinticinco aniversario de la consagración episcopal del arzobispo don Remigio Gandásegui, se inició una suscripción popular. El arzobispo rechazó cualquier homenaje personal y publicó una pastoral en la que manifestaba que el dinero recaudado se destinara para construir de nuevo la iglesia antigua de San Juan que se conocía popularmente con el nombre de San Juan caído.
A la suscripción acudieron más de 5000 donantes y la primera piedra se colocó el 16 de julio de 1930. Los planos fueron dados por el arquitecto Manuel Cuadrillero, dirigiendo las obras Julián Varona. El templo, que fue descrito como "de estilo moderno, con reminiscencia del románico, tiene una sola nave, con un crucero y la armadura del tejado es aparente", fue inaugurado el día 23 de junio de 1932.


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-Fuente: Monumentos Religiosos de la ciudad de Valladolid. Tomo XIV, parte Primera.
Juan José Martín González y Jesús Urrea Fernández


14/5/10

La Casa Revilla


Por la plaza de Federico de Wattenberg y atravesando el pasaje que nos conducirá a la calle Torrecilla, llegaremos a la Casa Revilla. Fue residencia de los Infantes de Granada, hermanastros del rey Boabdil. Aquí vivieron don Bernardino de Granada y su esposa doña Cecilia de Mendoza, en 1571, año en que establecieron su mayorazgo.
En la época en la que Valladolid era Corte, entre 1601 y 1606, habitaba el palacio Don Juan de Idiáquez, Presidente del Conséjo de Órdenes, y entró a su servicio un mozo jóven llamado Francisco Loyola,
mozo que resultó ser una muchacha huida de un convento de monjas de Vitoria, que se llamaba Catalina de Erauso y que fue conocida en su vida militar como "la monja alférez".
El periodista comediógrafo y director del Museo de Bellas Artes de Valladolid, embrión del Museo Nacional Colegio de San Gregorio, Francisco de Cossío y Martínez-Fortún, vivió en ésta casa-palacio (era de sus abuelos) y de aquí salió para el destierro, impuesto por el Presidente del Gobierno, el General Miguel Primo de Rivera, a las islas Chafarinas.

La Casa Revilla es hoy biblioteca y sala de exposiciones.

Horario:
De martes a domingo y festivos de 12 a 14 h.
y de 18:30 21:30 h.
(Lunes cerrado)

C/ Torrecilla, 5.
Tfno.: 983 426 246


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-Fundación municipal de cultura. Casa Revilla

13/5/10

El desaparecido corral de boteros

Foto: Grupo Pinciano

Por Máximo Regidor
Era una calle con entrada por los soportales de la de Ferrari y sin salida, por lo que antiguamente se la llamaba “corral”, como a todas las que tenían esa circunstancia. De los “corrales” que existían, este era el de mayor importancia, aunque sus casas eran casi todas accesorias de las de Ferrari y Teresa Gil.(1)
El Corral de Boteros es algo familiar para los vallisoletanos, aunque desde 1863 el Ayuntamiento decidiera retirar lo de corral para incluirlo en el callejero con el rótulo de Calle de Boteros. Fue un rincón típico en la vida de la ciudad, hurtado ahora a la vista y a las tertulias de los ciudadanos, que en los años setenta del siglo XX nos acercábamos a pasar el rato, discutiendo de lo divino y de lo humano, en una tasca situada al fondo del corral.

El Corral de Boteros en la actualidad

Lo de "Corral de Boteros" le viene a este lugar porque en él tuvieron sus talleres, en muchos casos al aire libre, los artesanos del cuero. Allí dieron vida a la bota de vino, un recipiente del que se sirvieron durante siglos las gentes del campo y de la ciudad para apagar la sed y, de paso, alegrarse un poco la vida.


Al "Corral de Boteros" acudieron arrieros de todas las latitudes para surtirse de elemento tan útil. Peregrinos y andarríos se dieron cita en estos obradores del corral y, con ellos, los maragatos que hacían la ruta del pescado del Cantábrico, de Laredo a Valladolid, en cinco días. Nunca fue el "Corral de Boteros" un punto de reunión para las clases privilegiadas, pero sí consiguió no poca fama entre los que nunca tuvieron nada que perder. El soportal que todavía existe, aunque su acceso hasta él hoy parece imposible, dio sombra y refugio a los propios boteros y a su clientela variopinta. en su conjunto, el corral tuvo vida, por sí mismo y por la que le prestaban los vecinos de las viviendas que lo configuraban, aunque la entrada a las mismas se hiciera por las calles de Teresa Gil y de Ferrari. Hoy es solo una sombra dentro de la ciudad.


11/5/10

El colegio García Quintana


BREVE HISTORIA DEL CENTRO
Se sabe que nuestro colegio en origen estaba vinculado a la Escuela Normal o seminarios de primeras letras.
Estos importantes centros docentes, en los cuales se seguía hasta su terminación la carrera de Magisterio, se hallaban instalados en edificios distintos al que se encuentran ahora.
El de Maestros se instaló en el edificio que fue convento de PP. Premostratenses (Mostenses), calle de Teresa Gil. Después de la exclaustración de 1835 se destino este convento a varios fines y allí se instalaron la Escuela Normal de Maestros, la primer casa de socorro que hubo en Valladolid, el Orfeón Pinciano...
La escuela Normal o Seminario de Maestros de Primeras Letras fue creada en el año 1.845, siendo su primer director D. Simón A. Aranda hasta el año 1.855; desde 1.855 a 1.891 D. José María Lacort.
La Escuela Normal o Seminario de Maestras estuvo instalada primeramente en el ex-convento de San Diego, en la calle de este nombre, desde 1.861; luego se trasladó al citado convento de Mostenses, y en enero de 1.902 al número 3 de la calle de Francos, siendo Directora de este Centro Dª Petra Martínez desde su fundación hasta el año 1.868.


Desde la primera década del siglo XX se quería dotar a la Escuela Normal de un edificio adecuado, por eso se derribaron la iglesia y el convento de los P.P. Mostenses y ubicarla allí; en 1.912 se tiene el propósito de construir un grupo escolar en el solar, pero al surgir dificultades se propone que se ceda al Estado con la condición de que sobre el mismo se construya un edificio destinado a la enseñanza.
En 1.915 se inician las gestiones para el derribo de los mencionados iglesia y convento, el cual se termina en 1.917. En un principio se piensa en construir en dicho solar la Escuela de Comercio.
Por R. O. Del 2 de Febrero de 1926 se dispuso la construcción de este edificio, para ubicar en él la Escuela Normal de Maestros y de Maestras.


EL EDIFICIO ACTUAL
Ya en 1.926 y por una Real Orden de 2 de Febrero se dispuso la construcción del edificio, recibiendo el encargo el arquitecto D. Eduardo Callejo, natural de Valladolid y patrocinador de la Escuela
El solar del antiguo convento de Montenses era de forma triangular irregular y estaba situado entre las calles Teresa Gil, de José Mª. Lacort y de López Gómez.

Escuela Normal. 1927 (Foto: Valladolid hace 100 años. Joaquín Díaz)

El edificio fue concluido en 1.930, y en el que se instalaron, separadas, las Escuelas Normales de Maestros y de Maestras, aunque en 1.932 tuvieron que adaptarse a la nueva legislación republicana que ordenaba fundirlas en una única Escuela Normal.


Durante la Guerra Civil fue utilizado como Hospital Legionario y, durante algún tiempo, como sede transitoria de la Universidad. Al acabar la guerra recuperó su función original.
El edificio fue reformado en 1.978, después del traslado de la Escuela Universitaria del Profesorado a un nuevo edificio, habilitándose para dar cabida a los antiguos colegios de prácticas, que han venido funcionando por separado.
En 1.987, según orden del B.O.E. de 5 de Mayo, se fusionan los dos centros y pasa a denominarse Colegio Público de Prácticas García Quintana, domiciliado en: Plaza de España nº 7.

-Fuente: http://centros4.pntic.mec.es/cp.de.practicas.garcia.quintana/proyecto1.htm

8/5/10

El antiguo Hotel Conde Ansúrez


Joaquín Martín de Uña
A los seis meses de terminar la Guerra Civil, en sesión celebrada el 12 de septiembre de 1939, la corporación municipal aprobó el proyecto presentado por su alcalde, Luis Funoll, para la construcción de un hotel de lujo que reforzara las escasas y anticuadas instalaciones hoteleras de la ciudad.



 La penuria de las arcas municipales y el gran volumen de las obras públicas, que después del conflicto debía afrontar el Consistorio, determinó al regidor a pedir la colaboración de industriales y vecinos para la construcción del mencionado hotel.


A dicho fin se había constituido en junio la Sociedad Anónima Hotel Conde Ansúrez, cuyo consejo de administración estuvo presidido por el hombre de negocios Francisco Mateo e integrado por industriales y comerciantes como Teodoro de Uña y Ángel Chamorro, entre otros. El singular hotel se inauguró el 12 de setiembre de 1943 entre una gran expectación en el primer tramo de la actual calle Doctrinos, esquina con María de Molina.


El objetivo pretendido con la construcción del hotel, disponer de un alojamiento adecuado para las personas de marcada categoría social, política o económica, se alcanzó plenamente: 75 habitaciones con baño, 60 baños, 8 departamentos de lujo y "La mas moderna técnica en instalaciones y servicios", junto al cariño y celo de los accionistas, consiguieron superar el reto propuesto. Por ello, cuando en nuestra ciudad se asentaron hoteles de mayores proporciones y de instalaciones más modernas el Viejo "Conde", cedió el testigo a los nuevos restauradores.

El edificio en la actualidad

Quizás date de su inauguración la publicación de un 'Plano y Guía Turística de Valladolid' que , en tamaño cuartilla y doblado dos veces, sirvió para difundir el lujoso hotel. En la portada del pequeño folleto, impreso a dos tintas (marrón y verde), estaba encabezado por el emblema del hotel, bajo el que se situaba, al parecer, una acuarela de su fachada rematada por una gran bandera nacional.

Las páginas dos y tres recogían de forma sucinta los 'Edificios religiosos más importantes' y los 'Museos y palacios de mayor importancia'. La contraportada recogía una condensada 'Historia del Conde Ansúrez' que, a pesar de carecer de firma, denota la autoría de un concienzudo investigador de la vida del personaje.

6/5/10

La Monja Alferez y su paso por Valladolid

Catalina de Erauso

En la época en la que Valladolid era Corte, entre 1601 y 1606, habitaba el palacio sito en lo que es la actual Casa Revilla, Don Juan de Idiáquez, Presidente del Conséjo de Órdenes. En aquella época entró a su servicio un mozo jóven llamado Francisco Loyola, mozo que resultó ser una muchacha huida de un convento de monjas de Vitoria, que se llamaba Catalina de Erauso y que fue conocida en su vida militar como "la monja alférez". Después de peregrinar por varias ciudades se embarcó en San Lucar de Barrameda rumbo a América, donde acabó enroládose en el ejército después de varios lances pendencieros y desapareció al desembarcar en Veracruz. Se conoce una autobiografía titulada Historia de la Monja Alférez Doña Catalina de Erauso, escrita por ella misma, que algunos han considerado apócrifa. Este es el párrafo en el que relata su estancia en Valladolid:

"Entrado en Valladolid, donde estaba entonces la Corte, me acomodé en breve por el paje de don Juan de Idiáquez, secretario del rey, el cual me vistió luego bien. Allí me llamé Francisco Loyola y estuve bienhallado siete meses. Al cabo de ellos, estando una noche a la puerta con otro paje compañero, llegó mi padre, preguntándonos si estaba en casa el señor don Juan. Respondió mi compañero que sí. Dijo mi padre que le avisase que estaba él allí, y subió el paje, quedándome yo con mi padre, sin hablarnos palabra ni él conocerme. Volvió el paje, diciendo que subiese, y subió, yendo yo tras de él. Salió con Juan a la escalera, y, abrazándole, dijo: «¡Señor capitán, qué buena venida es ésta!» Mi padre habló de modo que él conoció que traía disgusto, y despidiendo una visita con que estaba, volvió y sentáronse, preguntándole qué había de nuevo. Mi padre dijo cómo se le había ido del convento aquella muchacha, y esto le traía por los contornos en su busca. Don Juan mostró sentirlo mucho, por el disgusto de mi padre y por lo que a mí me quería, y de otra parte, por aquel convento, de donde él era patrono por fundación de sus pasados, y por lo que tocaba a aquel lugar, de donde era él natural. Yo, que oí la conversación y sentimiento de mi padre, salime atrás y fuime a mi aposento. Cogí mi ropa y salí, llevándome cosa de ocho doblones con que me hallaba, y fuime a un mesón, donde dormí aquella noche y donde entendí a un arriero que partía por la mañana a Bilbao. Ajusteme con él, y partimos a otro día, sin saberme yo qué hacer ni adónde ir, sino dejarme llevar del viento como una pluma."

Casa Revilla


 
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