29/9/10

La desaparecida Iglesia del Val

Aspecto que presentaría la plaza si no se hubiese derribado la iglesia

En la zona en la que se levanta el castizo Mercado del Val, único superviviente de los tres de similares características que tuvo la ciudad. En la plaza donde está el mercado se alzaba la iglesia de Nuestra Señora del Val, de la que tomó el nombre. Se trataba de un pequeño templo de una sola nave, donde los plateros de la vecina calle de la Platería, constituidos en cofradía bajo la advocación de san Eloy daban culto a esta Virgen, según Antolinez, muy popular en la ciudad.

Según un dibujo de Ventura Pérez

Con base en el único dibujo que existe, obra también de Ventura Pérez se ha intentado reconstruir la iglesia del Val. Se trata de una imagen confusa y la falta de descripciones escritas de su aspecto ha hecho difícil la labor. ¿Son pinturas semejando jaspes los “berretes” que aparecen en el arco de la puerta y en las pilastras…? ¿Qué hornacina es ésa que se mete en el ventanal…? Y sobre todo, ¿es un donante el sujeto que aparece “levitando” a la derecha del rótulo? Da la impresión de que la iglesia fue instalada reformando un antiguo edificio del siglo XV o principios del XVI, a juzgar por la moldura que enmarca la puerta de medio punto de grandes dovelas. Dado que no disponían de una hornacina para la imagen titular, pondrían sobre la puerta una tabla de pintura, quizás cerrada con una verja.

Algunos autores sitúan la iglesia la iglesia del Val en la misma esquina con la calle Zapico, pero en el plano de Bentura Seco se ve perfectamente que estaba mucho mas al centro la plaza

Tampoco se ve muy bien si la inscripción y el supuesto donante están pintados directamente en la pared o forman un solo exvoto postizo junto con la hornacina. En el año 1702, según Canesi, se reedificó (o reformó) la iglesia haciéndose la fachada “toda de piedra labrada”, pero conservando el rótulo. En cuanto a los materiales, pues las pilastras y el cuerpo bajo de la fachada parecen estucados y pintados, por lo que no parece lógico que fuera toda de piedra.

-Fuente del texto y las fotografías: Rincones con Fantasma (Juan Carlos Urueña Paredes). ISBN: 84-95389-97-5


27/9/10

El retorno de la Corte (1601-1606). Espejismo y decadencia

Palacio Real de Valladolid

Al igual que ocurría con el siglo XVI, la centuria del “Seiscientos” (el siglo XVII) no puede analizarse como una unidad. En este caso se distinguen dos periodos meridianamente diferenciados: uno, brevísimo, el Retorno de la Corte, y otro, que duró casi todo el siglo, la Decadencia. En buena medida el regreso de la Corte a la, ahora ya, ciudad de Valladolid obedeció a la lucha por el poder que se produjo entre las distintas facciones cortesanas. Lo cierto es que el auténtico promotor del traslado fue el Duque de Lerma.

El espejismo
La vuelta de la Corte provocó un vertiginoso crecimiento demográfico. Tan fue así que se alcanzó la cima de hasta sesenta mil habitantes. Con la llegada de esta abrumadora avalancha, fue preciso rehabilitar y acondicionar barrios enteros, que durante cuarenta años habían estado abandonados. La ciudad recuperó su porte señorial.
Se impuso una renovada atención a la limpieza de las calles y al cuidado de los edificios, lo que no quiere decir que se acabase con los ancestrales problemas de falta de higiene e insalubridad, provocados, fundamentalmente, por los dos ramales del río Esgueva. Asimismo, la demanda generada por la Corte reavivó, una vez más, la actividad económica.



La etapa fastuosa
La Corte que Felipe III estableció en Valladolid era mucho más complicada que la que encabezara su abuelo, Carlos I, y llevaba aparejada un gigantesco aparato burocrático.
Así las cosas, Valladolid se convirtió, por un breve lapso de tiempo, en una artificial ciudad palaciega. Como en tiempos anteriores se prodigaron las fiestas de toda índole, para tener contenta a la Corte, pero ahora la grandiosidad y la solemnidad se llevaron al paroxismo, como era propio de la sinmedida y la “sinrazón” de la época barroca.
Este disipado género de vida trajo consigo el encarecimiento de las subsistencias en toda la ciudad y el endeudamiento municipal, efectos, ambos, altamente negativos tanto a corto como a largo plazo.

Felipe III

La decadencia. La cruz
La marcha de la Corte, a los cinco años, puso de relieve cuan engañoso era el auge y el esplendor. A partir del mismo año 1607 Valladolid comenzó a dar muestras de postración. La población decreció progresivamente, hasta tocar fondo a mediados de la centuria. En 1646 había únicamente dieciocho mil habitantes y Valladolid permaneció en esta cifra durante doscientos años. Este descenso se debió, no sólo a los efectos generalizados de la crisis de la Castilla interior, sino también a las plagas, sequías, inundaciones (1628 y 1636), malas cosechas y crisis de subsistencia (1631 y 1632), que jugaron un papel de singular relevancia. El único sector de la población que se incrementó fue el clero y muy particularmente las monjas.
La expansión urbanística se detuvo y la economía se hundió, debido a que en tiempos anteriores no se habían consolidado los sectores productivos. En antaño floreciente comercio perdió su protagonismo y la industria padeció un profundo estancamiento, con la salvedad del sector textil, en determinadas coyunturas.

Recreación del Palacio de la Ribera.
Foto: domuspucelae.blogspot.com

La cara
Los signos de la parálisis o la regresión continuaron hasta la década de los setenta, cuando con gran lentitud se inició la recuperación. Valladolid pasó a convertirse en una ciudad modesta, de segundo orden. Pero no quita para que fuese la ciudad más poblada de la deprimida Meseta Norte y para que, en cierto modo, la Chancillería, la Universidad, el Tribunal del Santo Oficio y el Obispado hiciesen de ella una “capital regional”.

Fuente: Valladolid, de la noche de los tiempos al siglo de las luces. (Henar Herrero Suárez – Isidoro González Gallego). Editado por el Ayuntamiento de Valladolid. ISBN: 84-87473-21-0

-La Corte de los catarros

25/9/10

El Alcazarejo

Maqueta de Dionisio Manzano Urdiales

Por Miguel Ángel Martín Montes
El Alcazar Real fue uno de los elementos que completaba la trama defensiva de la villa de Valladolid
Situado en la confluencia del ramal norte del Esgueva con el Pisuerga. Su origen nos es desconocido. En los documentos y hechos históricos se cita la existencia del edificio desde finales del siglo XII, aunque es a partir de mediados del siglo XIII cuando se le nombra con mayor frecuencia, utilizado como punto de referencia dentro de la villa. Desde estos momentos hasta su donación a los monjes benedictinos en 1390, es conocido con el apelativo de VIEJO (Alcaçar viejo), como la primera cerca.
El Alcazar Real estaba formado por dos castillos: el Alcazarejo, que se situaba en la parte mas baja junto al río, mientras que el segundo (el alcázar mayor), ocupaba la zona más elevada de la terraza cerca de la iglesia de San Julián.

Hipótesis sobre la estrusctura del Alcazar Real durante los siglos XII al XIV. A.Alcazar mayor. B.Alcazarejo. C. Barrio Reoyo

El Alcazarejo
Tenía forma cuadrada. Cada lado medía 31 m y poseía ocho cubos macizos: uno en el centro de cada lienzo y otro en las esquinas. Su construcción era de mampuesto realizado a base de piedras calizas de mediano tamaño presentando unos muros de 2,30 m de ancho en el que las piedras están cogidas mediante una argamasa formada por cal y arena. Dicho castillo estuvo en pie hasta el año 1704 en que fue desmochado para acabar de completar el actual patio de Hospedería según el proyecto de Rivero de Rada.
Poseía sus propias defensas como eran los cubos, un foso y una contracerca o segundo muro defensivo. Situado próximo al Esgueva, en él batían sus aguas, siendo por tanto un elemento defensivo más. Además está rodeado, en la parte del Esgueva, por la muralla de la villa y entre ella y la contracerca del Alcazarejo estaba la Ronda.

Restos del Alcazarejo, junto a la Plaza del Poniente

Restos del Alcazarejo, junto a la Plaza del Poniente

Sólo sabemos que poseía una bodega que se mandó desembarazar para habilitar la capilla para los primeros monjes. Junto a él debían existir unos baños pues el rey manda que se entregue la llave de los mismos a los monjes. También disponía de un espacio interior que correspondía a un jardín, donde a principios del siglo XIV existían naranjos, y detrás, junto al Esgueva y las murallas, existía otro espacio que dedicaron a la huerta.

-Fuente: Conocer Valladolid. Curso de Patrimonio Cultural 2007/08
Editado por el Ayuntamiento de Valladolid. ISBN: 978-84-96864-26-9

23/9/10

Iglesia de San Juan de Letrán

Foto: Wikipedia

En 1550 el sacerdote cordobés Hernando de Dios obtuvo del Papa Julio III la bula fundacional del Hospital de San Juan de Letrán. Constaba de una casa don función de hospital y de la iglesia. Los beneficiarios habrían de ser enfermos sin medios de fortuna. Se fijó en trece el número de acogidos, en recuerdo de Cristo y los doce discípulos. Fueron patronos en la primera época Alonso Berdugo y Bernardino Velázquez, pero cupo la suerte que el Emperador Carlos V aceptara el patronazgo de la Corona, razón por la cual las armas reales se ostentan en la fachada y retablo mayor.

Iglesia de S. Juan de Letran. Del libro Recuerdos y Bellezas de España. 1861. Litografía de S. Isla

La iglesia se construye a partir de 1675, pero el edificio toma las galas barrocas en 1739. En este siglo se debilita la función hospitalaria. Al beneficiarse de las gracias espirituales del templo de San Juan de Letrán de Roma, viene a convertirse en santuario, de gran popularidad. Deja de ser hospital. Durante la invasión francesa fue destruido el convento de la Merced Descalza, lo que motivó que los frailes se instalaran en este edificio en 1819.


Al llegar la Desamortización, pasa a servir como ayuda de parroquia de San Ildefonso. En 1899 el edificio fue entregado a la comunidad de María Reparadora, que lo atiende al presente. La exposición del Santísimo Sacramento constituye motivo de especial veneración en el ambiente de la ciudad.
La iglesia es actualmente el centro neocatecumenal diocesano.


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-Fuente: Monumentos Religiosos de la ciudad de Valladolid. Parte Primera. (Juan José Martín González - Jesús Urrea Fernández)

20/9/10

Teresa Gil


Por Margarita Torremocha Hernández
Sobre esta mujer, a la que la población vallisoletana recuerda insistentemente, por llevar su nombre una de sus calles más céntricas, no es mucho lo que podemos decir, a pesar de la gran consideración que se la tiene en la ciudad.
Poseía los títulos de Infanta de Portugal y Ricahembra de Castilla. Era hija natural del rey Alfonso III de Portugal y hermana de Gil Alonso, que llegaría a ser el bailío de San Blas de Lisboa y del rey Dionis de Portugal.
Ella fue señora de Zaratán y de Arroyo, villas que originariamente pertenecieron a la Orden de San Juan y del Temple, respectivamente, y que fueron a parar a sus manos en 1283. A raiz de su muerte y de la disolución del Temple, Arroyo volvió a San Juan, mientras que Zaratán se convertía en señorío del monasterio de las Huelgas de Valladolid.
Su nivel socioeconómico se pone de relieve también en otras manifestaciones, pues como señala la historiadora A. Rocquoi, esta rica hembra contaba con algunos esclavos entre sus propiedades, siendo en esta época la presencia de esclavos o moros en Valladolid aún muy escasa.

Portada de la iglesia del Convento de Sancti Spiritus de Toro

Falleció en la villa de Valladolid en 1307 y a esta localidad, a la que debió favorecer en vida, la benefició con su riqueza y generosidad después de su muerte. Agapito y Revilla, en su obra sobre Las Calles de Valladolid, nos dice de ella: Por su testamento, otorgado el 16 de septiembre de 1307 legó 400 maravedís al monasterio de San Quirce de Valladolid, cuando bajo la advocación de Santa María de las Dueñas tenía su asiento al otro lado del Puente Mayor y junto al Pisuerga. Señora muy piadosa en el mismo testamento mencionado dispuso que se fundase en Toro un convento de dominicas bajo la advocación de San Salvador, que luego varió por la de Sancti Spiritus, siendo la primera priora una infanta llamada Leonor, que no se ha aclarado quien pudiera ser. Se supone que en los sencillos féretros de madera en nichos modernos de los lados del presbiterio de Sancti Spiritu de Toro, serán los de una incierta reina Doña Beatríz y Doña Teresa Gil.

Enterramientos de Teresa y la Reina Beatriz. Convento del Sancti Spiritus de Toro

Además de estas fundaciones, Teresa Gil, en este testamento de comienzos del siglo XIV dejó a cada uno de los conventos dominico y franciscano de la villa, mill maravedís por a faser libros para la iglesia con que digan las oras y para los franciscanos también "un missal mio e un breviario que yo e, e que son fechos segunt el ordenamiento dellos.

Teresa Gil. Cadáver con vestimenta exhumado en 2002

Asimismo por estas mandas dejó diversas indemnizaciones para los pobres de los pueblos y ciudades deonde residió, siendo así beneficiada Valladolid (2.000 maravedís para vestir pobres). Pero quizás tuvo una mayor presencia de su generosidad la villa -aunque temporal- a través de lo que también en sus disposiciones testamentarias dejó al convento de San Juan, que poseían los templarios extramuros, donde probablemente acogían a enfermos y peregrinos. A ellos les dejó las casas que poseía en Valladolid en la calle de su nombre. Sin embargo, este hospital debió desaparecer pronto, en 1311, cuando la Orden fue disuelta en Castilla.

Retrato de Teresa Gil en el convento de las Huelgas Reales

Poco más podemos añadir a estos datos -fundamentalmente póstumos- de una mujer acomodada, piadosa y generosa. En el ámbito familiar sólo es factible reseñar que, siguiendo ese mismo testamento, sabemos que no dejó hijos, ni marido.-Fuente: Mujeres Ilustres en Valladolid (Siglos XII-XIX). Excmo. Ayuntamiento de Valladolid. ISBN: 84-95389-61-4

Retrato de Teresa Gil. La historia de esta gran dama contada por José de Castro.
Obra del médico José de Castro Lorenzo. Este libro, editado por el Ayuntamiento de Valladolid, versa sobre la vida de Teresa Gil, fundadora del convento toresano por testamento otorgado en Valladolid el 16 de septiembre del año 1307.

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19/9/10

Las pajareras del Campo Grande

La faisanera

Las más antiguas de las tres edificaciones de esta índole que existen en el Campo Grande es la situada más próxima al paseo de Filipinos. Es también por su arquitectura la más interesante. Se construyó en 1914 siendo alcalde A. Infante. Se le dio entonces el nombre de “Faisanera”, sin duda porque se instalaron en ella esta especie de aves. El 10 de junio de dicho año se hizo la recepción de la obra. El contratista fue Juan Cormell.
La construcción, concuerda con el estilo de otros elementos ornamentales del Campo. En 1969 la Sociedad Colombófila solicitó su cesión, que se otorgó. Entonces se dijo: “La original construcción necesita arreglo, así mejoraría la perspectiva de esa zona”; en efecto fue restaurada.

El Palomar

El palomar, situado cerca de la entrada por el Paseo de Zorrilla a la altura de la Academia, de Caballería fue construido en 1932, inaugurándose el 24 de septiembre “Fiesta de niños y paloma”. Perteneció desde el principio a la Sociedad Colombófila Castellana. Sus trazas fueron debidas a la Sociedad Colombófila Castellana. Sus trazas fueron debidas al arquitecto Jacobo Romero, de acuerdo con el estilo imperante en el resto del Campo Grande.

La Pajarera

No hemos podido concretar la fecha de construcción de la tercera de estas edificaciones, la situada más próxima a la Fuente de La Fama. Todavía no estaba construida en 1932, pero suponemos que su creación se puede situar en la década de los años 30 o 40.


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-Fuente: Desarrollo urbano y proceso histórico del Campo Grande de Valladolid (María Antonia Fernández del Hoyo). ISBN:84-500-4970-9

17/9/10

Los primeros hipermercados de Valladolid


Por Santiago Martín

La tentación era demasiado grande como para no caer en ella. La tentación, con sus 57.500 metros cuadrados de superficie comercial, se había instalado frente al Nuevo Estadio, en la Autovía Puente Colgante, y el domingo 22 de diciembre de 1981, en la última página de El Norte de Castilla, los vallisoletanos leían que “El Hipermercado de Valladolid ¡merece la pena!”. EL hipermercado, no UN hipermercado o ESTE hipermercado: “el”, porque no había otro (e iba a tardar en haberlo).


El centro comercial Continente (al fondo) al poco tiempo de ser inaugurado

Una obra hecha en 120 días, inaugurada por Tomás Rodríguez Bolaños, a la sazón alcalde de la ciudad. El hipermercado, que hacía temblar al comercio tradicional. Y quizás en aquel momento la situación era para tener miedo a casi todo: el informe de la Cámara de Comercio de Valladolid señalaba que la situación del sector era de estancamiento.
Y frente a esta inmovilidad comercial: ¡la oferta! Así, entre exclamaciones. Y no era para menos. De lunes a sábado, de 10 de la mañana a 10 de la noche, se podían encontrar 250 artículos “¡al costo!”.
El hipermercado tenía para todos. La mamá se extasiaba ante el sujetador a 99 pesetas , aunque al lado había un mucho menos tentador delantal a 95 pesetas, que le recordaba que tenía que pasarse por los congelados, donde por 130 pesetas se llevaría a casa dos estuches de ocho empanadillas para arreglar la cena. El hijo mayor rebuscaría entre los LP`s a 120 pesetas. Si el padre se desesperaba ante la revolución familiar, podía matar las penas al modesto precio de tres duros, que daban derecho a un pincho de tortilla de patata y una cerveza.
Por otra parte, el sistema aquél de compra no era tan malo. Uno se pasaba toda la tarde del sábado fuera de casa y, si se tenía un poco de control, el dinero se gastaba en cosas al fin y al cabo útiles. Los niños se lo pasaban bien y podían toquetear cuanto les venía en gana…hasta que llegaba un vigilante. El gasto final se podía pagar con tarjeta; sería cuestión de acostumbrarse.

¿Llega la competencia?
Durante unos años, la hegemonía de Continente fue absoluta. En 1988, el panorama se amplía: El Corte Inglés llega a Valladolid, tras generar grandes expectativas y colas en las oficinas del Inem de ilusionados aspirantes a un puesto de trabajo en alguna de sus múltiples secciones.

Obras de cimentación de lo que sería El Corte Inglés

El gigante desembarca el 26 de febrero de 1988, y si Continente se emplazó frente al Nuevo Estadio, los grandes almacenes se encuentran donde años atrás estuvo el Estadio José Zorrilla. Una doble página en El Norte de Castilla señala la jornada como “Gran estreno. Primer día de la historia del Corte Inglés en Valladolid” y anuncia “Sesión continua de 10 de la mañana a 9 de la noche”. Aquello es una atracción fatal, como la que en esas fechas lleva cinco semanas en la cartelera vallisoletana.


Valladolid es una ciudad en pleno proceso de transformación, a todos los niveles, y las costumbres comerciales no escapan a la tónica general. Grandes superficies y grandes almacenes alcanzan una coexistencia sin problemas, sirviendo a distintas necesidades de un público que discierne y valora aspectos más allá del simple precio.

-Fuente: La transición en Valladolid 1974-1982 (Julio Martínez, ed.) ISBN: 84-930571-5-0



14/9/10

La Iglesia de San Nicolás


La primitiva iglesia de San Nicolás, mandada construir por el Conde Ansúrez en las inmediaciones del Puente Mayor, fue sin duda una iglesia pequeña que a juzgar por los restos -"algunos trozos de dovelas de una archivolta con los clásicos billetes"- localizados por Agapito y Revilla, era de estilo románico.

La primitiva iglesia de San Nicolás estaba situada junto al Puente Mayor.
En esta fotografía podemos verla al fondo a la izquierda

La primitiva iglesia de San Nicolas junto al Puente Mayor. Fotocomposición de Juan Carlos Urueña Paredes.
(Rincones con fantasma. ISBN:84-95389-97-5)

El viejo edificio subsistiría hasta la segunda mitad del siglo XVI, ocupándose de su patronato el Ayuntamiento de la Villa.

La actual Iglesia de San Nicolás

Las relaciones no debían ser muy cordiales entre el patrono y la feligresía, por no cumplir aquél con sus obligaciones, decidiendo el cura y parroquianos desligarse de la tutela municipal y construir un edificio nuevo porque "la dha yglesia era pequeña y la parrochia grande". En 1584 Juan de Nates y Pedro de Solórzano dieron las trazas para el templo y se comenzó a construir al año siguiente, prolongándose todavía las obras en 1595.



En 1591 el matrimonio formado por don Juan de la Moneda, mayordomo del Ayuntamiento, y doña Juana Sanz de Salcedo determinaron fundar en un "corral y campillo" situado junto a esta iglesia un monasterio "para que se recivan donzellas nobles sin dote por monjas" encomendándolo a la orden jerónima bajo la advocación de la Concepción. Los planos para este edificio se encargaron a Diego de Praves, que trabajaba en la obra en 1595, dando inmediatamente trazas para su coro bajo, sala de profundis, refectorio, etc., trabajos que ejecuta Gaspar Guisado.


El detalle más peculiar de este monasterio consistía en que la comunidad de religiosas se servía para sus cultos de la iglesia parroquial de San Nicolás, estableciéndose una inteligente servidumbre mutua para mayor beneficio de las ceremonias litúrgicas. Se volvía a repetir el proyecto establecido en 1578 entre la comunidad de monjas del Sacramento y la parroquia de San Ildefonso. Curiosamente esta última congregación abandonaría en 1606 su primitiva ubicación y se fundiría con las monjas concepcionistas jerónimas, colocándose ambas comunidades bajo la advocación de San Nicolás y aceptando la regla de San Agustín.
El claustro del monasterio fue diseñado igualmente, en 1600, por Diego de Praves y de su fábrica se encargaron primeramente Juan de Riaño y Gaspar Guisado, trabajando en 1607 Pedro Rodríguez, que hacía "los dos paños que tornó hazer a su costa" y cuya obra proseguía en 1612 el cantero Antonio de Arta.


Por su colaboración económica en la conclusión del templo, a los patronos del monasterio se les concedió el patronazgo de la capilla mayor de la iglesia, permitiéndoseles enterrar en el presbiterio en un sepulcro cuya cama realizó en 1600 Diego de Praves y sobre la que se colocaron los dos bultos funerarios. Todavía se conserva en pie la cabecera de la iglesia, englobada en el almacén de maderas de don Jaime Cuadrado, y en ella se puede leer la inscripción que copió Agapito y Revilla, situada debajo del escudo de los patronos.
La iglesia era "de una nave, en forma de cruz latina, con capillas a los lados".


En 1597 Diego de Praves y Juan Vila hicieron por encargo del canónigo don Diego de Toro y Castillo el retablo de San Miguel. A la cofradía del Santísimo Sacramento y Animas donó en 1620 don Bernardo de Salcedo, cura párroco de San Nicolás, la escultura original de Gregorio Fernández que representa al Ecce Homo y que actualmente se exhibe en el Museo Diocesano y Catedralicio. En 1748 se fabricó un nuevo retablo mayor que fue dorado en 1763.
La iglesia y el monasterio fueron desmantelados durante la guerra de la Independencia y en 1837 su solar y edificaciones subsistentes se habilitaron como fuerte; fue en aquel momento cuando la parroquia se trasladó definitivamente al templo que había pertenecido a los trinitarios descalzos y las monjas se acomodaron en el monasterio de Sancti Spiritus que también era de monjas agustinas.


La Orden de los Trinitarios Descalzos se instaló en Valladolid en 1606 "al pie de la cuesta de la Maruquesa". En 1670 adquirieron varias casas en la plazuela de San Quirce próximas al palacio del Conde de Benavente y trasladaron entonces su convento, cuya iglesia se demolió en 1715.
El templo que desde 1841 sirve como parroquia de San Nicolás se estaba edificando en 1732 y en 1750 los frailes "trasladaron a su Magestad en la capilla mayor nueva". En 1764 se estaba haciendo el convento porque Ventura Pérez anotó en su Diario "un religioso lego de la Santísima Trinidad descalza se cayó de la obra nueva del convento que al presente se estaba haciendo. Precisamente en ese año residía en Valladolid el trinitario descalzo Fr.José de la Santísima Trinidad, fraile arquitecto de su Orden a quien tal vez corresponda la sobria fachada de la iglesia, similar a la del convento de la misma Orden en Hervás (Cáceres).


Del convento solamente se conservan las dependencias adosadas a la nave del evangelio del templo y que corren por encima de la primitiva sacristía y de la citada nave. Es un edificio sumamente sencillo construido en ladrillo y tapial. Lo más importante y de un efecto teatralmente barroco, es la caja de su escalera; cubierta con una bóveda poligonal decorada con yeserías de marcos muy quebrados, indudablemente es uno de los conjuntos más interesantes del barroco vallisoletano aunque su estado de conservación, hoy consolidado, no es muy satisfactorio. Sobre una de las puertas que conducían a las celdas de los religiosos se puede leer una inscripción que permite fechar este conjunto: "HIC EST ORDO APPRO/BATVS ON...ANCTIS / FABRICATVS SED A SOLO SUMMO EO / INNOCS...III P.MXS". El Papa Inocencio XIII gobernó la Iglesia entre 1721 y 1724.
La iglesia ha perdido su nave de la epístola y la capilla que se habría en este brazo del crucero. Sin embargo el templo es de los más monumentales, por su gran escala. Sumamente sencillo, su nave principal se cubre mediante bóveda de cañón con lunetos y la del evangelio mediante bóvedas de arista. La separación de las naves se realiza por pilares que sostienen arcos de medio punto. Sobre el tramo central del crucero se montó una cúpula. La fachada enteramente edificada en piedra de sillería resulta excesivamente sencilla.


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-Fuente: Monumentos Religiosos de la Ciudad de Valladolid (Juan José Martín González y Jesús Urrea Fernández). Tomo XIV, parte primera.

13/9/10

El desaparecido Convento de San Diego

Fotocomposición de Juan Carlos Urueña Paredes (Rincones con fantasma ISBN: 84-95389-97-5)

De la Plaza de las Brígidas sale una callejuela a la espalda del Palacio Real, hoy dependencias militares. Se trata de la calle de San Diego, así llamada por estar en ella el desaparecido convento franciscano de ese nombre.

La calle en la actualidad

Fue patronato de la casa de Lerma, fundado a pesar del monumental enfado de la comunidad de San Francisco de la Plaza Mayor. Entre las crónicas que aluden a San Diego destaca por lo anecdótico la contenida en el libro de J.M. Quadrado, que sobre la historia de Valladolid escribió en 1885 y donde cita:

“Para completar la fisonomía de aquella Corte, en la misma plazuela se fundó con la protección del de Lerma un convento de recoletos franciscanos de San Diego, en una de cuyas celdas cuéntase que solía encerrarse Felipe III a hacer penitencia hasta salpicar de sangre las paredes”


Una última curiosidad sobre San Diego nos la relata Canesi en su “Historia de Valladolid”, al tratar de las cosas con que lo dotó en duque de Lerma cuando fue fundado. Cuenta que mandó hacer:

“…un oratorio, adornado con muchas reliquias y efigies de escultura muy primorosas; entre ellas, tres muy especiales, que son un Cristo crucificado, un San Lázaro y un San Lorenzo en las parrillas; hechuras de Rodrigo Moreno, de Nebrija, natural de Granada, que siendo manco del brazo izquierdo (dígolo por cosa singular) se valía de un muchacho que le aseguraba el escoplo para dar los golpes…”

Este es uno de los pocos vestigios que quedan del convento de San Diego, que tras la desamortización sirvió como depósito de libros, cuartel de la Guardia Civil, parvulario hasta que en 1895 se procede a su derribo.

Tan curioso artífice vino a Valladolid para solicitar una pensión por los servicios que prestó su padre durante ciertos disturbios en la ciudad de Granada, y se le ocurrió que podría conseguirla agrandando el duque, y así…

“…ejecutó estas tres alhajas con tan raro primor que regaló al duque de Lerma con ellas, por ver si así podría lograr su intento; mas fue tan infeliz que malográndose su esperanza, murió en Valladolid con tal miseria, que fue preciso enterrarle de limosna la cofradía de las Animas de la parroquia de San Juan, donde era feligrés..”

Imagen del claustro durante su derribo

Tras varios usos y restauraciones, san Diego fue derribado a principios del siglo XX.


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-Fuente: Rincones con fantasma (Juan Carlos Urueña Paredes). ISBN: 84-95389-97-5

10/9/10

La desaparecida harinera La Palentina

Foto-C.González García VAlladolid. Valladolid sus recuerdos y grandezas.

Se localizaba en el primer salto del Canal de Castilla, junto a la dársena de Valladolid. En el año 1846 en Palencia se puso en marcha la sociedad que fundó la fábrica, presidida por la viuda de José Suárez Conti, “La Palentina, de José Suárez Conti, tiene 18 operarios y un capital de 800.000 pesetas”. En 1851 se traslada esta fábrica de Palencia a Valladolid, siguiendo con la denominación de La Palentina. En 1856, el día 22 de Junio quedó totalmente destruida por un incendio, provocado por las multitudes que protestaban por la escasez y subida del pan. Asimismo en un documento aparecido en el Ayuntamiento de Valladolid se habla de “una indemnización a los herederos de José Suárez Conti de 335.120 reales por las harinas y las tres barcazas, quemadas en 1856, pertenecientes a la fábrica La Palentina”.


En 1858 se reedificó la fábrica, y continuó elaborando harina, con Aquilino Sánchez Serrano como dueño de la misma, que tenía como maquinaria: 10 piedras de moler, 16 cedazos, 10 ventiladoras, 4 batidoras y 6 cribas; cambiada toda ella más tarde por molinos Büher, ciclones plansichter, etc. Hacia 1902 los dueños de la fábrica son Arturo y Eladio Yllera. En el plano de Francisco Coello esta fábrica es citada como almacén de Salvados. En las fotos se puede ver que el cuerpo principal tenía tres pisos muy perforados en sus fachadas, (cinco huecos por planta), con cubierta a cuatro aguas, y paños de ladrillo con encintados de piedra en esquinas y en los enmarques de las ventanas.
No existe en la actualidad, pues en su lugar se ha levantado un grupo de viviendas.

Edificio de viviendas actual en el lugar que ocupó la harinera.

-Fuente: Las fábricas de harina en la provincia de Valladolid. (Miguel Angel Carrera de la Red). ISBN-84-404-6267-0
 
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